El bombardeo del colegio primario Shajareh Tayyebeh en Minab, sur de Irán, durante el ataque estadounidense-israelí del 28 de febrero de 2026, no solo es un dato militar trágico, sino una herida humana profunda que humaniza el coste de esta guerra. Según la narrativa iraní oficial y evidencias preliminares, un misil de precisión lanzado en la oleada inicial de la ofensiva coordinada EEUU-Israel impactó directamente el edificio, colapsando aulas llenas de niñas en plena rutina escolar.
El crimen más maldito
- Montreal, Canadá -

Las niñas de Shajareh Tayyebeh: vidas cotidianas truncadas
Shajareh Tayyebeh era un colegio público para niñas de primaria (6-12 años) en un barrio modesto de Minab, provincia de Hormozgan, cerca de una base naval del CGRI –objetivo confirmado de los strikes aliados ese día–. El sábado 28 de febrero, día escolar en Irán, unas 170 alumnas de familias humildes (pescadores, obreros, empleados) llenaban el patio y aulas con mochilas rosadas o verdes decoradas con flores y dibujos animados. Hablaban de deberes de matemáticas, recitaciones del Corán o dulces soñados, ajenas a la escalada bélica.
Sara Shariatmadar, 6 años (segundo grado), era vivaz y juguetona; su padre Mohammed, mecánico, le leía cuentos por las noches prometiendo dulces. Fatima al-Zahra Mohammad Ali, 9 años (cuarto grado), memorizaba el Corán para una competición en Teherán; su padre, veterano manco de la guerra Irán-Irak, la veía como su orgullo. Zeinab Mirkhayali, también 9 años, era diligente y estudiosa, «el sueño familiar» de su padre Seyyed Ibrahim, empleado municipal. Grupos inseparables compartían lápices, cantaban en recreos y fantaseaban profesiones en un Minab pacífico.
Alrededor de las 10:00 IRST, durante la primera oleada de ataques aéreos de F-35I israelíes y misiles Tomahawk/JASSM estadounidenses desde el Golfo, el misil –posiblemente guiado de 500-2000 libras– destruyó el tejado central justo tras un anuncio de evacuación por alertas. La maestra principal no tuvo tiempo: aulas enteras quedaron sepultadas.
Padres en el horror: mochilas vacías entre escombros
Padres corrieron al colegio en un caos de polvo y gritos. Mohammed Shariatmadar esperó horas entre ambulancias: «Cada nombre anunciado destrozaba una familia». Recibió el cuerpo de Sara envuelto en paño blanco, su mochila rosada –con cuadernos de dibujos– esparcida metros allá. Amina Ansari, madre de Fatima, vio el pandemonio: «Seguridad apartaba familias; cada cuerpo era un grito». Seyyed Ibrahim recogió la mochila de Zeinab en silencio mortal: «Mi trabajadora, mi memorizadora del Corán… mi sueño muerto».
Vídeos muestran padres cargando mochilitas vacías, zapatos diminutos, cuadernos rasgados; vecinos cavando con uñas mientras llantos colectivos llenan el aire. La morgue colapsó: camiones refrigerados llevaron cuerpos a ritos islámicos apresurados. Un padre anónimo: «Niños sin política ni guerras… ¿por qué ellas?».
Irán cifra 180 muertos (mayoría niñas), 96 heridos; verificaciones independientes confirman decenas vía footage, aunque disputan origen exacto del misil. EEUU-Israel habla de «posible colateral» por base cercana, sin asumir responsabilidad directa. Estas niñas –Saras risueñas, Fatimas recitadoras, Zeinabs soñadoras– pagan el precio de strikes aliados, humanizando el horror más allá de radares y SAM.
Mientras, en el silencio roto de Minab, donde mochilas rosadas y cuadernos infantiles yacen entre escombros como ecos de risas extinguidas, emerge la verdad más cruda de toda guerra: las niñas de Shajareh Tayyebeh –Saras que soñaban cuentos, Fatimas que recitaban versos sagrados, Zeinabs que memorizaban futuros– no eran peones en mapas estratégicos ni blancos colaterales en radares. Eran el latido inocente de familias humildes, robadas en un instante por un misil que atravesó su rutina para recordarnos que, detrás de cada strike «preciso», hay tragedias irreparables que ninguna narrativa propagandística –ni aliada ni iraní– puede maquillar. Su pérdida no solo sangra a Minab, sino que interpela a la humanidad: ¿cuántas infancias más habrán de sacrificarse en altares de poder antes de que la razón venza al ciclo de venganza? En sus mochilas vacías reside la pregunta que ninguna victoria militar responde.












