Cuando un tuit puede desestabilizar a un jefe de Estado, la batalla por el alma digital de la democracia ha comenzado. España se sitúa en la vanguardia de un movimiento global para recuperar el espacio público digital, desafiando la impunidad de las plataformas.
Diagnóstico y acción: España anuncia medidas de proteger a menores en las plataformas
El presidente Pedro Sánchez ha calificado el panorama digital como “un Estado fallido”: un espacio donde las leyes se ignoran, la desinformación campa y los menores están expuestos a contenidos dañinos, discursos de odio y algoritmos diseñados para la manipulación. El negocio reside precisamente en crear burbujas de información que enganchan y polarizan.
En respuesta, España ha anunciado cinco medidas históricas:
- Prohibición del acceso a redes sociales para menores de 16 años.
- Responsabilidad penal para directivos por infracciones en sus plataformas.
- Tipificar como delito la manipulación algorítmica para amplificar contenido ilegal.
- Creación de una “Huella de Odio y Polarización” para medir el impacto divisivo.
- Investigaciones coordinadas con la Fiscalía contra Grok (IA multipropósito de “X”), TikTok e Instagram.
La línea roja: menores y verificación de edad
La prohibición a menores de 16 años sitúa a España a la cabeza de la regulación digital, pero genera tensiones. A los 14 años ya se permite trabajar con autorización y, hasta ahora, abrir cuentas en redes con consentimiento parental. Expertos como José César Perales señalan que cualquier límite de edad tiene un componente arbitrario. ¿No sería más razonable distinguir entre plataformas de comunicación social (acceso a los 14 con supervisión) y aquellas diseñadas para generar adicción o consumo intensivo (16 años)?
La protección requiere matices: no se trata solo de prohibir, sino de retrasar la exposición a dinámicas de manipulación y hiperestimulación en edades donde la personalidad se está formando. El sistema educativo se erige como un espacio crucial para desarrollar pensamiento crítico antes de que el individuo sea absorbido por el consumo digital.
Para implementarlo, España propone un sistema robusto de verificación de edad basado en la cartera digital europea (eIDAS), utilizando tecnologías de “prueba de conocimiento cero”. Sin embargo, expertas como Paloma Llaneza advierten riesgos: soluciones basadas en reconocimiento facial podrían crear bases de datos biométricas masivas y vulnerables.
Algoritmos en el banquillo: del código secreto a la responsabilidad penal
La medida más innovadora se escenifica como “la criminalización de la manipulación algorítmica”. Pero incluso pese a lo sencillo de su enunciado, desde el punto de vista legal (civil/penal) es como vaciar una piscina con un colador. Se exige a las plataformas que colaboren en la identificación de delitos, protegiendo al mismo tiempo su propiedad intelectual pero evitando que anteponga sus intereses al bien común. En ese juego hay deben encontrarse ambos intereses o intenciones. Llegar a acuerdos por el bien de los más jóvenes y por el bien de que la sociedad no sea un mercado de almas a cambio de jugar o descargar gratis una app.
No es una sospecha infundada de que no es trigo limpio la escusa del algoritmo, la libertad del mercado y otros ideologemas liberales: está documentado que destacados representantes de esas élites tecnológicas retrasan deliberadamente la exposición de sus propios hijos a las mismas plataformas y pantallitas que promueven globalmente. Esta prudencia privada contrasta con la narrativa pública de neutralidad digital. La regulación española intenta extender esa cautela a toda la sociedad.
Los algoritmos no son oráculos neutrales; son herramientas diseñadas para maximizar el engagement (adicción, adhesión o “enganche”), priorizando contenidos polarizantes o que les den más oportunidades para monetizar con anuncios y propaganda político/social disfrazada de noticia. La ofensiva regulatoria busca limitar su capacidad para modelar opiniones y hábitos desde la adolescencia.
La reacción desmedida de Elon Musk, quien tardo poco en tildar a Sánchez de “tirano y traidor” (y más agravios que seguirán en su plataforma “X”), ejemplifica la colisión entre la legitimidad democrática de los Estados y el poder privatizado de los ‘tecno-señores’. Gente que cuenta o pesa doble: por un lado, su voto unitario como ciudadano (un voto, un hombre); por otro, el peso cualitativo de su inmenso capital, comprador de voluntades y con un poder enorme para doblar la realidad a favor de sus intereses o de un estrato social en la cumbre.
No es un caso aislado. El mismo día del anuncio, la Fiscalía de París registraba las oficinas de X en Francia por una investigación relacionada con la ‘manipulación algorítmica’. Ahí reside el problema: la ventaja la tienen los dueños de las plataformas. Buscar la verdad en este ámbito es como buscarla en tinta de calamar. La solución pasa por llegar a acuerdos y dejar las aguas claras. Luego, los adultos de 16 o 18 años que hagan de su vida lo que vean.
Marco global: soberanía estatal vs. tecno-feudalismo
La iniciativa española no está aislada. España se ha unido a la “Coalición de los Digitalmente Dispuestos” con otros países europeos, alineándose con el Reglamento de Servicios Digitales (DSA) de la UE.
Frente a esto, emergen estructuras como el “Board of Peace” de Donald Trump que cabe describir como “un club exclusivo de membresía permanente tras el desembolso de mil millones de dólares, que refleja una visión donde la gobernanza global se comercializa. Es para los que pueden. Que es tanto decir que si por mis millones puedo es que debo… Si esa es la lógica del poder, no hay otro criterio que “aumentar aún más mis millones”, lógicamente. La pregunta es inquietante: ¿avanzamos hacia una gobernanza digital democrática o hacia feudalismos tecnocráticos donde los más ricos escriben las reglas?
¿Prohibición efectiva o medida cosmética?
Expertos como María del Mar Sánchez Vera (Universidad de Murcia) sugieren que: —“…sin mecanismos eficaces, la prohibición podría ser más cosmética que real”. —Los jóvenes eluden barreras con VPNs y acceso a entornos paralelos. Sin embargo, dado que la evidencia del daño a la salud mental no es concluyente, una medida mucho más efectiva que la prohibición sería atacar la raíz del problema: el diseño adictivo de las plataformas. Su modelo de scroll infinito y reproducción automática (una verdadera navegación dopaminérgica) está diseñada para cautivar o enganchar, no para informar o conectar.
También es crucial proteger la identidad digital de los menores: lo publicado en la adolescencia puede persistir y usarse en su contra en la vida adulta. Aquí conviene reflexionar o releer la frase de nuevo y pensar… Qué hice y como era yo, en mi adolescencia y poco después, previo a estos tiempos virtuales y algorítmicos que de haber dejado huella indeleble podrían usarse en mi contra. La adolescencia e incluso algo después, es tiempo de aprender donde están los límites y qué sabor te dejan las consecuencias de lo que uno hace. Una sociedad algorítmica que no olvida y todo lo transparenta (a conveniencia para matar social o políticamente a un contrario)…
Ya hubo alguien que se anticipó a ello. El ruso Yevgueni Zamiátin (en español Evgueni o Yevgeny Zamiatin). La novela que viene a cuento aquí es “Nosotros” (Мы, 1920–1921). Zamiátin la escribió justo después de la Revolución Rusa. En su distopía, la sociedad vive en casas o espacios de cristal, con transparencia obligatoria. Allí no hay vida privada, todo puede ser observado convertido en dato. La ocultación o la privacidad es estigma o razón de sospecha. El Estado se llama “El Estado Único”. Escrito en 1920 pero resuena como si fuera 2026. ¿Datos y un orden que los manipula e interpreta, haya correlatos, infiere, hasta asociarlos indeleblemente a nuestra identidad… esto no es un “algoritmo” que nos hace transparentes desde que nacemos?
Esta novela casi olvidada y anterior a otras, como “1984” de Orwell, vienen bien a cuento. Podrían ser buenos símiles moderno de lo que algunos sueñan o ya tienen.
En Nosotros, las personas no tienen nombres, sino números (el protagonista es D‑503). Como el European Digital Identity Wallet que propone la UE —una identificación digital interoperable para todos— bajo el cual hoy se podría asociar toda la interoperabilidad de información sobre una persona desde su nacimiento: su identidad, su historial, sus interacciones… aficiones, desvíos, “tropiezos”… Ese es el peligro. Esa es la alegoría de Nosotros, la distopía que nos advierte sobre la pérdida de privacidad y la sobre-ingeniería de control social, todo en nombre de la seguridad. Una excusa perfecta.
Conclusión: un punto de inflexión histórico
España y otros Estados al regular el acceso de los menores a las redes y plataformas, marca un punto de inflexión en la relación entre Estados democráticos y el poder tecnológico privado. La batalla es desigual. A la hora de formar opinión o manipular éstas, “las redes sociales son más ricas y poderosas que muchos países”, pero se hace necesario para una convivencia sostenible de lo social y lo mercantil llegar a acuerdos claros.
La pregunta final es quién gobierna el espacio digital: ¿los representantes electos o una nueva aristocracia económico con la ayuda de un estrato social tecnológico operando desde paraísos legales? La respuesta definirá no solo la seguridad de los menores, sino la salud de nuestras democracias.
Fuentes:













