Un estudio científico alerta sobre los efectos mortales a largo plazo del humo de incendios. En Chile, pese a avances legales, los voluntarios siguen sin un seguimiento sanitario permanente tras las emergencias.
Por Esteban Medina
La exposición al humo de incendios forestales no termina cuando se apagan las llamas. Así lo demuestra un reciente estudio científico que vincula las partículas finas PM2,5 con enfermedades respiratorias y cardiovasculares que pueden desarrollarse años después. En Chile, donde los incendios se repiten cada verano, esta evidencia abre una pregunta de fondo: ¿estamos dimensionando realmente el daño a largo plazo que enfrentan quienes combaten el fuego?
La investigación, publicada en la revista Science Advances, señala que la inhalación prolongada de partículas PM2,5, presentes en altas concentraciones en el humo de incendios, está asociada a miles de muertes prematuras anuales en Estados Unidos. Estas partículas microscópicas penetran profundamente en el organismo, provocando inflamación persistente y daños que no siempre se manifiestan en el corto plazo. El estudio subraya que los efectos son acumulativos y especialmente riesgosos para quienes se exponen de forma reiterada.
En Chile los bomberos constituyen uno de los grupos más expuestos a este tipo de contaminación. Voluntarios con años de servicio relatan que, especialmente en décadas anteriores, la falta de equipos de protección respiratoria adecuados derivó en diversos casos de cáncer pulmonar y otras enfermedades. Aunque hoy el uso de equipos de respiración autónoma es obligatorio, la exposición al humo continúa siendo frecuente durante extensas jornadas de combate contra incendios forestales y de estructuras. Sin embargo, una vez finalizadas las emergencias, no existe un sistema nacional obligatorio de seguimiento médico permanente que permita monitorear los efectos de esta exposición prolongada.
En la red de atención primaria los bomberos pueden acceder al Examen de Medicina Preventiva del Adulto (EMPA), un chequeo gratuito que considera evaluación clínica básica y exámenes como glicemia y colesterol para detectar factores de riesgo cardiovascular y enfermedades crónicas. Sin embargo, está orientado a la población general y no incluye evaluaciones específicas para identificar daños por exposición reiterada al humo y a partículas finas como el PM2,5, por lo que no reemplaza un control médico regular pensado especialmente para quienes enfrentan este tipo de riesgos.
Sin seguimiento sanitario obligatorio
Fuentes al interior de la Junta Nacional de Bomberos de Chile indicaron que, como política general, no existen chequeos médicos obligatorios a nivel nacional para los voluntarios. Se explicó que algunos cuerpos de bomberos pueden realizar evaluaciones médicas por iniciativa propia, pero que no hay una instrucción obligatoria dada desde la Junta Nacional en esta materia. Asimismo, se precisó que la Junta no actúa como superior jerárquico de los cuerpos, sino como una corporación que los agrupa y coordina, con responsabilidades de administración de recursos y definición de estándares, conforme a la Ley Nº20.564, que establece el Sistema Nacional de Bomberos y regula la organización, funciones y normas básicas de los Cuerpos de Bomberos y de la Junta Nacional como servicio de utilidad pública, además de sus respectivos estatutos.
Por su parte, el Departamento Médico Nacional (DMN) de Bomberos de Chile, entidad asesora en materias de salud de la Junta Nacional, informó oficialmente que existe una recomendación de evaluación de condición de salud para los integrantes de los cuerpos del país. Esta contempla una encuesta estandarizada que puede ser aplicada por médicos acreditados ante la Superintendencia de Salud y que, en caso de detectarse problemas de salud, puede establecer limitaciones en el área operativa. Asimismo, se recomienda que los voluntarios mayores de 50 años realicen un chequeo médico anual acompañado de electrocardiograma. No obstante, debido a la autonomía de cada cuerpo de bomberos, el DMN no puede obligar a realizar estos exámenes de manera periódica, salvo en instancias específicas como entrenamientos en los campos de la Academia Nacional de Bomberos.
Desde la salud pública, la kinesióloga Nilse Tapia Contreras, profesional especializada en atención respiratoria y manejo de salas ERA (Enfermedades Respiratorias del Adulto), advierte que en Chile no existen programas estructurados de seguimiento sanitario a largo plazo para personas expuestas de manera reiterada al humo de incendios. Según explica, la respuesta institucional suele concentrarse en atender los efectos inmediatos de la exposición y las emergencias agudas, pero deja fuera el monitoreo preventivo necesario para detectar oportunamente enfermedades crónicas asociadas a la inhalación prolongada de partículas finas.
Avances legales sin seguimiento obligatorio
Bomberos de Chile ha impulsado además convenios con instituciones como la Mutual de Seguridad para facilitar el acceso a exámenes preventivos sin costo para sus voluntarios, medida orientada a la detección temprana de factores de riesgo e implementada en 2023. Sin embargo, estas iniciativas funcionan bajo esquemas de acceso voluntario y no constituyen un sistema nacional permanente de vigilancia sanitaria posterior a cada emergencia.
En ese contexto, el proyecto de ley que actualmente se tramita en el Senado y que amplía beneficios para bomberos en caso de accidentes y enfermedades representa un avance relevante al reconocer nuevas coberturas y facilitar el acceso a prestaciones. No obstante, el texto no establece la obligación de realizar controles médicos periódicos ni crea un sistema de seguimiento sanitario sostenido en el tiempo. A la luz de la evidencia científica disponible, la pregunta ya no es si estos seguimientos son necesarios, sino cuánto más puede postergarse su incorporación como política pública en un país cada vez más expuesto al fuego, como Chile.













