Entrevistamos a Ángel Martín, para conversar sobre su producción, en formato vídeo, de El día del león alado, el cuento de Silo que lleva el mismo nombre. Sigue la entrevista completa, su transcripción, y el enlace a la película.

—Buen día, amigas y amigos. Estamos con Ángel Martín, amigo humanista de hace mucho tiempo. Ángel nos está hablando desde Málaga, en España. Desde que conocí a Ángel siempre le he tenido asociado a su interés por la producción audiovisual. Hoy estamos hablando con él porque es quien ha dirigido el corto titulado “El día del león alado”, una producción basada en un cuento del libro del mismo nombre del escritor y pensador Mario Rodríguez Cobos, Silo; un libro que se publicó en 1992.

¿De qué va la historia y cuál es el significado de esta historia para ti?

—El relato es muy complejo porque es denso, porque es profundo, porque mezcla muchos planos.

Hace toda una descripción de la situación psicosocial que desde el año 92, hace ya 34 años, predice un futuro que bien podría ser hoy en día. Entonces, por un lado hace como una crítica a los valores del sistema social en el que vivimos.

Por otro lado introduce un elemento de ciencia ficción en torno a un grupo de gente que está empeñado en encontrar un antídoto frente a esa locura social, a ese vacío existencial que tiene la población en ese futuro que predice el libro.

Y finalmente también hay otra parte, en la que se resuelve positivamente. Dentro de ese marco de ciencia ficción aparecen otros espacios, mitológicos, que a su vez están asociados a la interioridad del ser humano, pero es difícil de describir porque haría falta leerlo e irlo desmenuzando, pero básicamente ese sería el argumento: un relato de ciencia ficción que pretende por un lado hacer una denuncia de la dirección hacia la que avanza este sistema social, y por otro lado da una respuesta desde el punto de vista de la ciencia ficción.

—Está hecho con inteligencia artificial, ¿Ha sido un proceso complejo?

—Sí, ha sido relativamente complejo, porque se trabaja con una serie de herramientas que están limitadas porque no te permiten hacer todo lo que tú querrías, sobre todo en lo que hace a esas escenas o diálogos que pueda haber sobre todo al final, en el último capítulo del libro.

No me quiero enrollar con la cosa técnica, pero digamos que la consistencia facial, corporal y de escenario entre plano y plano que tiene que existir si quieres que el relato sea coherente, a la inteligencia artificial le cuesta mucho en este momento. Y entonces hay que andar haciendo muchos trucos para que más o menos no se note y quede bien.

Pero lo más difícil no ha sido tanto la cosa técnica, sino poder traducir el relato a imágenes. Hay partes del libro que son muy fáciles de llevar a imagen visual porque ya las tenía en mi cabeza desde siempre. Hay otras partes que son difíciles por lo conceptual de las frases. Por ejemplo, aquella frase que dice «La incapacidad para establecer relaciones coherentes se haría sentir». ¿Cómo traduces eso en modo visual?. Y después hay otras partes que directamente hay que descifrarlas antes de poder transformarlas en imágenes, porque no sabes muy bien a qué se refieren. Yo creo que están hechas de ese modo ambiguo para que el lector tenga que trabajarlas, o sea, tratar de ver a qué se refiere el autor. Por ejemplo, cuando habla de “las paredes de manganeso flexible”. ¿Qué son las paredes de manganeso flexible? Entonces, claro, eso te lleva a tener que investigar, hasta que descubres que nuestros antepasados, cuando pintaban en las cuevas, y lo que usaban como pintura negra era manganeso. Entonces, ahí ya estableces la relación y te das cuenta de que se está refiriendo a una pintura prehistórica en una cueva. O dice «Vio los lienzos fosforescentes.» ¿Eso qué es?

Y bueno, pues ahí uno se va a dormir con esas preguntas que intenta descifrar y después pasan cosas como que estás en semisueño, en la siesta y en la televisión tienen puesto un documental sobre el Polo Norte y escuchas que el locutor habla sobre la aurora boreal y entonces ahí de pronto estableces la relación que en ese momento ya es evidente, pero es evidente a posteriori… En fin, que hay muchas partes del relato que te exigen saber a qué se está refiriendo el autor para poder traducirlas.

Y bueno, de última no deja de ser la traducción particular de uno. Quizás a otra persona le vengan otras imágenes…

—Ha sido entonces un proceso interno personal también tuyo…

—Sí, sí, porque ese relato que he leído muchas veces, al tratar de llevarlo  a imágenes lo he redescubierto hasta el último detalle. Y aún así todavía me quedan algunas dudas que no he conseguido resolver, pero digamos que el hecho de tenerlo que llevar a imágenes te lleva a profundizar casi en cada frase y eso te lleva a hacerte preguntas acerca de a qué se refiere ese relato, sobre todo en la parte más mística, más del espacio interno, de significados. Ahí está todo el tema del león alado, del jinete, que no sabemos bien qué traducen…

—Dado que lo has hecho con inteligencia artificial, sabemos que hay muchas personas en este momento que son absolutas fans, absolutas defensoras de la inteligencia artificial y mucha otra gente que le tiene temor, que le preocupa. ¿Cuál es tu posición?

—Bueno, como cualquier tecnología en sí, no es ni buena ni mala, depende para qué se la use. Podemos usar la inteligencia artificial para poner en imágenes algo que a lo mejor puede ayudar a comprender mejor por ejemplo un relato, como en este caso, o puedes usar la inteligencia artificial para generar imágenes fake y difamar a alguien, o inventarte cualquier cosa como ya estamos viendo en las redes sociales.

Entonces, yo creo que no es tanto la tecnología, sino el uso que se haga de ella y eso ya depende de la intencionalidad que tengan las personas que hagan uso de ella, ¿no? Pero que exista esta tecnología me parece que brinda una oportunidad sobre todo para democratizar lo que son las expresiones artísticas que hasta ahora estaban en manos de unos pocos: los grandes productores de Hollywood, los “cuatro directores”, ese mundillo relativamente pequeño que hasta ahora tenía la posesión de la producción artística audiovisual. De algún modo la lanza a todo el mundo. Cualquiera puede hoy en día ponerse a expresar lo que sea que quiera expresar, usando la tecnología y eso me parece pues… eso, democratizar el asunto, ¿no?

—Si te parece volvemos al comienzo de la conversación y tu recorrido a la hora de elegir temáticas y el formato, ¿por qué te interesa especialmente el formato audiovisual?

—Yo creo que dentro de lo que es mi propósito —que  viene siendo mi propósito desde hace 37 años­— que es la difusión del humanismo universalista, veo que los tiempos han ido cambiando, se van acelerando y necesitamos adaptarnos a las nuevas tecnologías en términos de dar a conocer ese mensaje que queremos llevar a la gente.

Igual que hace 35 años, quizás la forma de llevar este mensaje pasaba por hablar con la gente en la calle, hacer carteles para pegarlos por los barrios, hoy en día yo creo que esas formas de dar esa señal y llegar a otras personas —sin quitar que lo otro siga siendo válido—, yo creo que hay que aprovecharlas. Entonces, pues ahí están las redes sociales, están las nuevas tecnologías, está el campo audiovisual sobre todo en una época donde la gente ya directamente no lee, se ha perdido esa cosa pero a la gente sí le entran las cosas por los ojos en términos ya sea de televisión, ya sean redes sociales, vídeos. Entonces, por ahí yo creo que hay que aprovecharlo. Adaptarse y modernizarse, por así decirlo.

—De lo que conocemos, el vídeo ha tenido muy buena aceptación, ¿Te ha llegado feedback, te han llegado respuestas comentarios de gente que ha visto el vídeo? ¿Qué le ha parecido?

—Sí, no paran de reenviarme mensajes algunos amigos que andan en grupos de gente siloísta. Está bien. El tema es, yo creo, poder llegar más allá de la gente inmediata, o sea de los mismos siloístas que andamos por el mundo haciendo cosas. Por eso estamos preparando la versión del vídeo en diferentes idiomas, con subtítulos, etc. para que la gente se lo pueda descargar y de este modo podamos llegar a uno que está haciendo sus actividades en un barrio de Ámsterdam, por ejemplo, y le gustaría hacer un video fórum invitando a la gente a que vean el vídeo e intercambiar sobre qué le parece cada uno. Bueno, para eso precisamente estamos preparando esas versiones que pueden ser puestas en cualquier lado. Ese es para mí el interés: más allá de la gente más cercana, que pueda llegar a gente que no conozca la obra de Silo y que pueda preguntarse acerca del significado y de lo que este hombre dice y también -sobre todo- observar qué le pasa a esa persona en su interioridad al ver el vídeo, que en realidad no es el vídeo, es el relato de Silo.

En fin, que esa para mí es la prioridad, que llegue a gente que no nos conozca.

—¿En qué proyectos nuevos estás? ¿Tienes algún proyecto inmediato? ¿Qué ideas tienes?

En lo que ando como idea y también haciendo diferentes incursiones pero todavía no en serio, es con el tema de la realidad virtual. Porque entiendo que por ahí va justamente la posibilidad de poner algo en marcha que irónicamente sea exactamente lo mismo que se describe en el relato de El día del León alado, donde ese comité de gente usa el tema de la realidad virtual para poder llevar a cabo el proyecto que ellos tienen en mente, que es de algún modo hacer que la gente se despierte y descubra que no somos planos, que tenemos interioridad, etcétera, etcétera. Entonces, ando viendo con varios amigos cómo podríamos meterle mano al tema de la realidad virtual, justamente como forma de poder implementar lo que se narra en el libro.

—No sé si quieres comentarnos algo más…

—No… que me lo he pasado muy bien llevando a imágenes el relato de de Silo, que he descubierto que Silo ha ido dejando ciertas miguitas de pan en el relato para quien las quiera descubrir y estudiar. He descubierto algunas, creo que faltan unas cuantas más, pero animar a la gente a que se lea no solamente El día de León Alado, sino todo el libro entero.

—Muchas gracias. Esperamos la próxima producción que estoy segura que no va a tardar tanto en llegar. Muchas gracias.

—Vamos hablando. Gracias, Juana.