Cuando leo lo que está pasando en Cuba, me acuerdo de Francia en 1946, recién terminada la II Guerra Mundial.  En esa época viví en París siendo niña, porque mi papá trabajaba allí.

Y lo he dicho muchas veces: París era un lugar siniestro: muy pocas luces en las calles, no había casi autos ni mucha gente caminando. No había vivienda por lo cual nos alojamos en un hotel bastante rasca, donde daban una comida infame, unas sopas aguadas y nada más. No había calefacción y se pasaba mucho frío.

Los niños franceses no tenían zapatos sino unos zuecos de madera que al caminar se escuchaba clap, clap, clap.

Todas las personas parecían tristes, desanimadas y derrotadas.

Pero en Cuba no va a ser igual. Porque ellos van a recibir ayuda del mundo entero, así se ve en las declaraciones de los gobiernos y de la población de muchos países. Y porque los cubanos son alegres, confían en el futuro y con razón. Porque en Cuba nunca hace frío.  Puede haber huracanes, pero saben muy bien protegerse de ellos.

Porque además, el tal Don Aldo está destinado a perder las elecciones de medio tiempo, o  quizás lo quiten antes por un impeachment, o le dé un infarto o porque alguien se atreva.

Y déjenme que les cuente algo por si no lo saben:

La primera vez que Fidel fue a las Naciones Unidas en Nueva York, un periodista yanqui le dijo: ¿Usted debe llevar un chaleco antibalas debajo del uniforme, ¿verdad? Entonces el comandante se abrió la chaqueta, después la camisa, mostró el pecho desnudo y respondió: “Sí, llevo un chaleco MORAL, que me ha protegido siempre”

Total, las penurias de los cubanos van a terminar muy pronto y Cuba volverá a ser en un ejemplo de coraje y de resistencia para todos nosotros, como siempre ha sido.

PATRIA O MUERTE, VENCEREMOS