Este hermoso libro se posa en un territorio poco habitual: el cruce entre divulgación científica, poesía rimada y humor irreverente. Publicado por Oxímoron ediciones, el más reciente libro de Simón Pablo Espinosa invita a conocer las aves chilenas desde una mirada lúdica y afectuosa, donde cada pájaro habla en primera persona, se queja, reflexiona y hace reír, sin perder el rigor ni la vocación educativa. Las ilustraciones de Bako (Juan Pablo Bascuñán) acompañan los textos con un estilo realista y a la vez juguetón, lleno de detalles y guiños visuales que amplifican la experiencia de lectura para niños y adultos.

Espinosa es comunicador, creador de contenidos y fundador y director de En Volá, una de las plataformas de divulgación sobre cannabis, cultura y políticas públicas más influyentes del mundo hispanohablante. Su trabajo se ha caracterizado por combinar divulgación científica, periodismo cultural y humor, siempre desde un enfoque accesible, crítico y pedagógico. Es autor de los libros La Casa del Sordo, Historias En Volá, El Libro Verde de la Marihuana y Cocós de Chile, y ha contribuido a ampliar el debate público en torno al cannabis, posicionándose como una voz reconocida en temas de educación, cultura y políticas de drogas en Chile y América Latina.

Aunque este nuevo libro se dirige principalmente a niños y niñas de entre 4 y 8 años, Cocós de Chile dialoga con lectores de todas las edades y revela otra faceta del autor: una escritura que conecta la curiosidad científica con la poesía, la observación de la naturaleza y el juego. En esta entrevista, conversamos con Simón Pablo Espinosa sobre el origen del proyecto, el humor como puerta de entrada al conocimiento, la relación entre poesía e infancia y la importancia de aprender —a cualquier edad— desde la risa y el asombro.

Cocós de Chile mezcla poesía, humor y divulgación científica. ¿Cómo nació la idea de hablar de las aves chilenas desde este cruce tan poco convencional?

Afortunadamente, para mí es un cruce de lo más convencional. El humor y la poesía son una feliz herencia de mi madre y la divulgación científica o pedagógica es algo muy antiguo también, que se potenció mucho por la experiencia del contraste entre un buen y un mal profesor en el colegio.

El amor por las aves se la debo a un gran amigo, el padrino del niño que también fue contagiado con el asombro por el vuelo. Cuando mostró interés por las aves, rápidamente las ideas se transformaron en rimas para hacerlo reír, las rimas son una excelente herramienta pedagógica, la repetición genera sentido.

¿Hubo alguna experiencia personal; infancia, observación de aves, lectura, paternidad, que detonara este proyecto?

Fue una pasión tardía, que nace con las primeras excursiones en solitario o con ese buen amigo montañista, que también compartía el amor por la poesía y las rimas. Luego se transformó en una forma de conocer ecosistemas y sus historias.

El subtítulo dice “para pichones de 1 a 99 años”. ¿En qué momento te diste cuenta de que el libro no era solo para niños?

Es un libro muy genuino, en el sentido en que nunca fue pensado como una publicación, si no en un recurso para hacer reír a Pedro y al hacerlo, me reía yo también, un intercambio muy justo, desde mi punto de vista. Mientras me reía, comentaba con otras personas de mi edad, difícilmente catalogables de «adultos», pero que recibían los poemas con la mayor alegría. Me gusta creer que el aprendizaje no tiene que estar separado de las risas, que se puede crear espacios igual de divertidos que formativos, para eso se necesita que los tutores también estén pasándolo bien de verdad.

¿Cómo dialogas con la infancia desde la escritura sin subestimarla ni “infantilizar” el lenguaje?

No reparo en complejidades ni licencias narrativas, no hay ninguna complacencia ni menosprecio, le entrego al lector, los mejores versos que soy posible, sea quien sea. Me gusta esa frase de Nietzsche «Jugar con la seriedad de un niño», no me leí el resto del libro.

¿Qué te permite la rima y el humor que no te permitiría un libro informativo tradicional sobre aves?

La musicalidad de las rimas es una dimensión que me entretiene y asombra siempre, es extraña y no siempre calculable, hasta que ya es demasiado tarde y ya está escrita. A veces es un gran acierto y otras veces un vergonzoso fracaso, pero no le tememos a la goma de borrar. Me apoyo mucho en el flujo propio de cada rima con la misma importancia que la palabra que busca dar, al mismo tiempo, sentido y sonido. Sospecho que el placer de un buen remate para una rima hace que sea mucho más fácil recordarla, y, por lo tanto, aprender.

Los pájaros del libro tienen voz propia, carácter y personalidad. ¿Cómo construyes esas voces sin caer en estereotipos simples?

Me imagino, tontamente, sus agonías y pesares, sus inseguridades. De qué se lamentará el Pájaro Carpintero… seguro que, del sueldo, es lo primero que pienso. La comida tampoco debe ser muy buena si es que sólo sale de un árbol tan duro..¿ por qué no prueba otros restaurantes? Volvemos al problema del sueldo.

¿Crees que el humor es una buena puerta de entrada al conocimiento? ¿Por qué?

La risa es un fenómeno incontrarrestable, te desbloquea y abre a cualquier relato que venga después, te permite experimentar el lenguaje con un placer puramente intelectual y, al mismo tiempo, tan básico y natural. Si se mezcla correctamente con el interés del educador y el espíritu pedagógico, cualquier cosa se puede lograr.

Si Cocós de Chile fuera un pájaro, ¿cuál sería y cómo cantaría?

Sería robusto y fanfarrón como una enciclopedia, un búho desactualizado y bueno para juzgar a los vecinos, pero que lo único que quiere es que alguien le preste oído.