Las bolsas de plástico eran parte integral de la vida en Kenia. Solo en los supermercados del país se utilizaban anualmente más de 100 millones de bolsas de plástico, y cada mes se desechaban al menos 24 millones. Se ahogaba bajo el peso de las bolsas de plástico.

“Todos los mercados de alimentos, grandes o pequeños, utilizaban bolsas de plástico para envolver alimentos crudos o cocinados para sus clientes. No podíamos imaginar una vida sin bolsas de plástico”, cuenta a IPS Jane Wanjeri, una vendedora de comida de Kibra, un asentamiento informal del condado de Nairobi.

Añade que incluso “hubo un tiempo en que las bolsas de plástico se usaban como retretes voladores. La gente de por aquí hacía sus necesidades en ellas y las tiraba por falta de retretes”.

Peor aún, en 2017, un estudio del gobierno de este país de África oriental, con más de 55 millones de habitantes, dio la voz de alarma sobre que los residuos plásticos estaban entrando en la cadena alimentaria, ya que al menos 50 % del ganado de las zonas periurbanas había ingerido plásticos.

El uso de bolsas de plástico estaba creando una catástrofe irreversible, se advirtió entonces.

En una medida innovadora en ese año, el gobierno prohibió las bolsas de plástico de un solo uso. La prohibición incluye severas sanciones de multas de entre 20 000 y 40 000 dólares y o de uno a cuatro años de prisión por su incumplimiento. Más de seis años después, la prohibición es una de las más estrictas y eficaces del mundo.

“Las bolsas de plástico tardan más de 100 años en degradarse”, remarca Patrick Mureithi, investigador y activista medioambiental independiente de Kenia.

Cuando los Estados miembros de las Naciones Unidas convinieron en 2022 en negociar un nuevo tratado mundial para poner fin a la contaminación por plásticos, en un paso histórico para proteger la vida silvestre, el medioambiente y a los seres humanos de los graves efectos nocivos de la contaminación por plásticos, este país ya estaba bien encaminado.

“La prohibición de las bolsas de plástico de un solo uso es una de las tres estrategias que el país está utilizando para combatir la contaminación por plásticos. Otras estrategias son la mejora de la gestión de residuos sólidos y respuestas administrativas y presupuestarias que incluyen incentivos a las empresas para que reciclen el plástico», afirma Omondi Otieno, funcionario del Ministerio de Medio Ambiente y Bosques.

Pero estudios recientes muestran que Kenia no ha avanzado mucho en la mejora de la gestión de residuos sólidos.

Un informe reciente, titulado “Hacer que las políticas funcionen para la economía circular de plásticos de África”, concluye que, a pesar de la prohibición, «no se ha producido una reducción notable de la cantidad total de residuos plásticos en Kenia».

Según el Pacto sobre el Plástico de Kenia (KPP), una ambiciosa iniciativa de colaboración multisectorial para hacer frente a los residuos plásticos en Kenia y eliminar la contaminación por plásticos, se calcula que en el país se generan 22 000 toneladas de residuos al día, de los cuales al menos 20 % son plásticos.

El consumo diario de plástico en Kenia a través de artículos como pajillas para beber e un solo uso, botellas y envases de plástico alcanza una media de 0,03 kilogramos por persona.

Se calcula que la cantidad de plástico que se convierte en residuos en todo el país oscila entre 0,5 y 1,3 millones de toneladas al año, de las que solo se recicla 8 %. El resto se deposita en vertederos, se incinera o se devuelve al ambiente.

Según el KPP, aproximadamente 80 % de los materiales de envasado de plástico utilizados localmente están hechos de polímeros vírgenes importados transformados en envases en el país. Y, en menor medida, los materiales reciclados en el país, con sólo alrededor de 20 % de los envases, se importan en forma de productos envasados o fabricados.

Además, del total de plásticos producidos en el país, se estima que 36 % se utiliza en envases. De ese 36 %, al menos 85 % acaba en vertederos, tanto regulados como no. La Ley de Gestión Sostenible de Residuos de 2022 no ofrece una definición clara de reciclable.

En este sentido, KPP publicó las Directrices de Diseño para la Reciclabilidad en Kenia, con el fin de garantizar que 100 % de los envases de plástico sean reutilizables o reciclables para 2030.

Esas directrices fueron firmadas y aprobadas por las principales partes interesadas, como fabricantes de envases de plástico y destacadas marcas de bienes de consumo de rápida rotación (FMCG, en inglés).

También fueron respaldadas por pequeñas y medianas empresas comprometidas, asociaciones informales de recicladores y recicladores, influyentes asociaciones industriales, oenegés medioambientales, grupos de defensa y la sociedad civil, y el ministerio del sector.

Por primera vez en normas de su tipo, las directrices se centran en abordar los residuos plásticos y la contaminación en su origen. Se trata de replantear el diseño, el uso y la reutilización de los envases de plástico de una manera más circular, en contraposición al sistema lineal habitual de «tomar-hacer-desperdiciar».

“Una economía circular del plástico es un modelo económico sostenible en el que los plásticos permanecen en circulación durante mucho más tiempo y fuera del medio ambiente. En un sistema circular, los plásticos se reutilizan y reciclan al final de su vida útil», explica Omondi.

Afirma que la creación de una economía circular del plástico tendrá importantes consecuencias positivas para las especies, los ecosistemas y los sistemas socioeconómicos en general, incluida la extensa costa keniana del océano Índico, estimada en 1420 kilómetros.

Las estimaciones del gobierno keniano muestran que solo en el condado costero de Mombasa, al menos 3,7 kilogramos de residuos plásticos por habitante acaban en el océano.

Sin paliativos, expertos como Mureithi advierten de que en 2025 podría haber más plásticos que peces en el océano Índico, donde cada año llegan más de 1300 billones (millones de millones) de piezas de plástico.

Estas directrices son un paso en la dirección correcta, apuntan los especialistas consultados, ya que proporcionan recomendaciones a los responsables de la toma de decisiones sobre cómo diseñar los envases de plástico para que sean compatibles con las proyecciones actuales y futuras de la infraestructura de reciclado mecánico.

Para mantenerse al día con un mundo dinámico, las directrices se actualizarán y modificarán en respuesta a los cambios en la recogida, clasificación, tecnologías de reciclado e infraestructura dentro del país, aseguran las autoridades.

 

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