Todo el mundo esta preocupado por la inflación en estos días. Pero los políticos están culpando a los beneficios del gobierno en lugar de la creciente desigualdad y ganancias corporativas.

Por Sonali Kolhatkar

«Inflación» es la nueva palabra en boga del año. Es la razón por la que Reserva Federal está interesada en elevar el impuesto diseñado para aumentar el costo de algunos préstamo. Es la excusa dada para no renovar el programa ampliado de crédito tributario infantil el cual sacó brevemente de la pobreza a millones de familias estadounidenses. Es el nombre de una de las piezas clave de la legislación que puede salvar el primer mandato del Presidente Joe Biden: La Ley de Reducción de Inflación. Y es la base de las quejas de los republicanos en contra de los demócratas, cuando estamos de cara a las elecciones de mitad de mandato este Otoño.

Con toda esta preocupación sobre la inflación, uno se pregunta por qué se ha prestado tan poca atención a otra palabra: desigualdad.

Durante décadas, oficiales de gobierno, expertos de los medios de comunicación, principales economistas, políticos y otros, se contentaron con permitir e incluso posibilitar que el dinero fluyera hacia arriba, enriqueciendo a los que ya son ricos. Le prestaron poca atención a la creciente desigualdad, no hicieron mas que encogerse de hombros y lamentar la injusticia de todo ello.

Para los políticos fiscalmente conservadores, pareciera que la inflación equivale a problemas, pero la desigualdad es perfectamente tolerable.

El líder de la minoría del Senado Mitch McConnell (Republicano del Estado Kentucky) decidió el año pasado que la inflación era el resultado de que el gobierno «inundara el país con dinero», a través de modestos beneficios a los estadounidenses de bajos recursos. Curiosamente, no consideró que los masivos recortes fiscales realizados por su partido en 2017 dirigido a los ricos, fuesen igualmente responsables de desatar el exceso de riqueza.

Durante años, los sueldos se estancaron y en respuesta a ello el gobierno federal hizo poco. La última vez que el congreso aumentó el salario mínimo federal fue hace más de 13 años. El Instituto de Política Económica en un reciente análisis ha constatado que «teniendo en cuenta el aumento de los precios en Junio, el actual salario mínimo federal de $7.25 USD por hora, tiene menos valor ahora que en cualquier momento de la historia desde Febrero de 1956.»

De acuerdo con el IPE, «Un salario mínimo nacional de $15 USD incrementaría el ingreso de millones de trabajadores, incluyendo meseros en restaurantes, empleados de supermercados, y trabajadores esenciales de la salud.» Pero si los políticos insisten que más dinero en los bolsillos de las personas es la causa de la inflación, aumentar el salario mínimo es quizás la última cosa que ellos quieran.

Ha existido cierta intervención del estado para tratar la desigualdad, especialmente desde comenzó que la pandemia del COVID-19. Después de dos años de una devastadora pandemia, durante la cual millones de estadounidenses sufrieron en términos de salud y riqueza, muchos pudieron llegar a fin de mes gracias a políticas como los subsidios de desempleo a través de la Ley CARES de 2020, junto con los cheques mensuales entregados desde 2021 por la legislación ampliada del crédito fiscal infantil, la condonación limitada de préstamos de deuda estudiantil, y una pausa temporal en el pago de los créditos estudiantiles.

A medida que millones de estadounidenses renunciaban a sus trabajos porque les pagaban demasiado poco o les causaban humillaciones, los empleadores se vieron obligados a empezar a ofrecer sueldos más altos, pero solo lo suficientemente alto para mantenerse al día con la inflación.

El alto valor del alimento y la gasolina ha socavado esos modestos logros. La inflación es, en efecto, un problema grave, precisamente porque a quienes más perjudica es a las personas de mas bajos recursos — y claramente no porque ellos hayan tenido una excesiva cantidad de dinero por minuto.

Políticos y especialistas, que atribuyen la inflación al escaso aumento en el bienestar financiero de los ciudadanos, ahora están haciendo que ese dinero extra, valga aún menos al aumentar las tasas de interés. La Reserva Federal acaba de aumentar la base nacional de tasa de interés en tres cuartos de puntos, en un rango de 2,25% al 2,5%.

No es exagerado sugerir que tales políticas están diseñadas para mantener a la gente en la pobreza. Por ejemplo, un articulo del New York Times publicado a comienzos de este año, titulado «¿Cómo las tasas de interés más altas pueden reducir la inflación?» entrega una clara explicación de como «la Reserva Federal desencadenó un efecto domino» al aumentar las tasas. Esto significa que, «directa o indirectamente, van aumentando una serie de costos en los préstamos para los consumidores.»

En términos reales, el articulo ofrece ejemplos de como «los consumidores pueden esperar pagar más en sus deudas de crédito.» Además, «se espera que las tasas de interés aumenten para los créditos automovilísticos», junto con «los créditos estudiantiles privados, que también deberían esperar pagar más.»

Si más dinero en los bolsillos de las personas pobres es supuestamente la razón de la inflación, ¿por qué más dinero en los bolsillos de los ricos no es un factor incriminatorio? De hecho, algunos temían que en 2017 los recortes de impuestos que hizo Trump pudieran haber estimulado la inflación.

A los conservadores fiscales les gusta ver la inflación como el resultado natural y predecible de reducir la desigualdad de riquezas— “ ¡demasiado dinero en manos de la plebe! » —en lugar de aumentarlo. La visión económica de los conservadores es que cuando los ciudadanos de repente tienen mas dinero para gastar, los precios suben (¡magicamente!). Pero son las empresas fabricantes y distribuidoras las que fijan los precios y se aprovechan de ese exceso de dinero en manos de las personas para inflar sus ganancias.

De acuerdo con el IPE, «el ya excesivo poder de las empresas ha sido canalizado hacia el aumento de los precios en lugar de dirigirse a la forma más tradicional que se ha adoptado en la última década: suprimir sueldos.»

Los principales economistas andan con rodeos respecto a la conexión existente entre la inflación y el exceso de ganancias corporativas. Por ejemplo, los economistas del Sitio Web del Banco de Reserva Federal de Nueva York escribieron, «Los observadores del mercado y periodistas se han estado preguntando si las empresas se han aprovechado de la alta inflación para aumentar sus ganancias.» Después del detallado análisis que ha confirmado reiteradamente la ya mencionada conexión, ellos se autoconvencieron, concluyendo que «el aumento de sus ganancias no puede seguir incrementando»

La intervención del gobierno para mitigar la desigualdad funciona, como lo demostraron los beneficios entregados en la época de pandemia, tales como los subsidios de desempleo y los créditos fiscales infantiles. Una intervención similar podría ayudar a aliviar la inflación, si se dirige a los correctos culpables: usureros empresariales. Y los políticos lo saben.

En la Ley Reducción de la Inflación de 2022 — la cual en su mayoría no esta relacionada con la inflación pero que probablemente le permite al Senador Joe Manchin (Demócrata del Estado Oeste de Virginia) guardar las apariencias y explicar su radical giro en el proyecto de Ley— donde hay una disposición que insinúa al poder de gobierno a intervenir en la inflación: control en los precios de los medicamentos.

En los últimos años, el precio de los medicamentos se han disparado. Según la Fundación de la Familia Kaiser, «La inflación aumentó de tal manera los precios que superó por la mitad todos los medicamentos cubiertos por Medicare en 2020.» La Ley de Reducción de Inflación, según un análisis del proyecto de Ley realizado por el Washington Post, «limita a $2,000 USD anuales el costo de los medicamentos para los adultos mayores, bajo la cobertura de Medicare, obligando a las compañías farmacéuticas a pagar un reembolso si aumentan los precios más rápido que la tasa de inflación y debe ofrecer vacunas gratuitas a los adultos mayores.»

Este tipo de intervención gubernamental reconoce tácitamente que las empresas pueden permitirse el lujo de seguir fabricando medicamentos incluso cuando se enfrentan a controles sobre sus excesivas ganancias.

Si los precios están subiendo, hay que detener a los responsables que fijan los precios, así de simple. Si pudo aplicarse en los medicamentos, ¿Por qué no hacerlo con los alimentos, gasolina y otras necesidades?

Principales economistas y políticos se confían en la confusión pública, acerca de qué es lo que impulsa la inflación. El exceso de dinero que fluye hacia la cúpula piramidal de la riqueza, y no hacia su base, es donde se encuentra el verdadero culpable.

 

Sonali Koltahtkar es la fundadora, presentadora y productora ejecutivo de «Rising Up with Sonali», un programa de radio y televisión que se transmite por las estaciones de Free Speech TV y Pacifica emisora. Ella es una escritora miembro de el proyecto Economía para todos en el Instituto de Medios de Comunicación Independientes.

 

Traducido por: Nicole Valenzuela Pimentel