Mi madre apenas era una adolescente cuando ocurrió el asesinato de Gaitán el 9 de abril de 1948. Esta muerte generó una ola de violencia política en todo el país. En casa, nunca se habló del tema y de la violencia que ocurrió. Lo que si sé es que después de esa fecha mi madre se mudó de Anserma para la ciudad de Cali, donde primero trabajó de criada y luego se reencontró con mi padre quien había también dejado el pueblo conservador de Anserma, en el departamento de Caldas.

Por Jhon Sánchez

La historia del 9 de abril que todos los colombianos hemos estudiado en los libros de texto ahora se nos cuenta en la version de novela. Una novela que se amarra a la descripción histórica hora a hora, pero que a la vez se envuelve con el mito. Esta es Mi Pequeña Eulalia en una patria sin dueño. Tuvimos la oportunidad de conversar con la autora Aida Yepes, a quien conozco desde que era un niño.

Aida, muchas gracias por concedernos esta entrevista.

JS: La novela esta contada desde dos narrativas: la estrictamente histórica y la de la familia Lorenzana en Frontino Antioqua. ¿Porque escogió esta forma de contar la historia? ¿Esto es algo que usted ha venido experimentando desde antes?

AY: Efectivamente este estilo caracteriza las dos novelas que he escrito “La Impronta” y “Mi pequeña Eulalia en una patria sin dueño”. Ambas están contadas en dos planos: el histórico y el ficcional, y esta estructura la he escogido porque la parte ficcional permite captar mayor atención a la historia y le da mayor fluidez a su lectura; en tanto que la parte histórica le proporciona coordenadas de equilibrio a la parte ficcional, no permitiendo que ésta se desborde.

Para el caso especifico de Mi pequeña Eulalia, la parte ficcional está protagonizada por la familia Lorenzana, quien con todas sus aventuras y desventuras nos desnudan el componente psicológico y humano de los integrantes de una familia.=

JS: Me imagino que la parte histórica le costó mucho esfuerzo. ¿Como consiguió los datos históricos y como hizo para acomodarlos en una narración que va hora por hora?

AY: Fue dispendiosa la recolección de toda la información. Recurrí a material de archivo, grabaciones de la Radiodifusora Nacional, notas periodísticas, periódicos de la época, documentales y entrevistas con personajes que protagonizaron muchos hechos de los descritos. Luego ordené cronológicamente los acontecimientos, siguiéndolos día tras día, hora tras hora.

El lector puede tener la confianza que cada hecho descrito, correspondiente al plano real, tiene un registro documental serio, como lo exige la investigación histórica.=

JS: Escoge usted un narrador omnisciente con un personaje principal, que es Eulalia. Todos los personajes aportan a la narrativa en inclusive tenemos el punto de vista del perro y de la mula. A mi me parece muy difícil escribir desde el punto de vista omniciente. Nos puede comentar al respecto. Ademas la novela me hizo acordar de las obras de Dostoievski. Desde el punto vista literario me pregunto quienes han sido sus influencias.

AY: “Mi pequeña Eulalia en una patria sin dueño” tiene un marcado acento psicológico, debido a que explora los mundos interiores de todos los personajes, independientemente que sean personas o animales, ya que cada uno de ellos arrastran sus propios dramas. Igualmente describe el contexto político, social, religioso de un período determinado, en un entorno geográfico determinado, por ello, creo, Mi pequeña Eulalia te recordó las obras de Dostoievski.

De las obras de este gran escritor ruso tuve la oportunidad de leer Crimen y Castigo y quedé fuertemente impactada, pero igual impresión me han generado otros escritores que han abordado diferentes tópicos, como el social, el romántico, el costumbrista, el religioso, por decir sólo algunos. Pero no puedo decir que sigo una línea escritural ya estereotipada o afirmar que estoy bajo la influenciada de un estilo, una temática o una estructura. Mi única influencia es el compromiso que tengo con la historia y con mi propia historia.

En cuanto al punto de vista, Mi pequeña Eulalia tiene un narrador omnisciente, no pude haberla contado en forma diferente, por cuanto el plano histórico de la novela me determinó a utilizarlo. El grado de profundidad de esta narración me permitió dar a conocer, además de los acontecimientos propiamente históricos, las costumbres, valores y creencias de la época. Este narrador tiene la capacidad de estar en todas partes a la vez, de ahí los saltos que se hicieron de la capital de la república a Antioquia y de los diferentes municipios del departamento de Antioquia a Bogotá.

JS: Cita usted a Laureano Gómez durante el discurso que dió en Medellín el 25 de junio de 1949. “Y así tenemos al fenómeno mayor que ha ocurrido en los últimos tiempos, el 9 de abril. Fue un fenómeno típicamente comunista pero ejecutado por el basilisco”. ¿No le parece a usted que esa es una acusación que siempre se repite en nuestra historia cuando hay una sublevación social?  

AY: Si, totalmente de acuerdo, esa acusación lanzada por Laureano Gómez es una constante en nuestra historia. La vimos en la década de 1920, cuando los indígenas, trabajadores de los enclaves, colonos y campesinos se movilizaron en aras de mejorar sus condiciones de trabajo y de vida y fueron combatidos desde el Estado con políticas contra-insurgentes, justificadas en el anticomunismo. Igualmente en 1928 fue brutalmente reprimida la huelga de  trabajadores del  banano  (provocando  más  de  mil  muertos), y días después de esa matanza se promulgó  el  Decreto  4 del  18  de  diciembre  de  1928,  mediante  el  cual  se  declaró  a  los  trabajadores bananeros  que  participaron  en  la  huelga: «cuadrilla  de  malhechores conformes a las  doctrinas  comunistas  y  anarquistas»  y todo para justificar la pena de muerte que se  les  aplicó, pena  de  muerte que  legalmente  no  existía. Y para no seguir tan lejos volvamos al régimen de Laureano Gómez quien refuerza el vínculo militar entre Corea y el Batallón Colombia con la firma del Pacto de Asistencia militar, en 1952, con el argumento de que Colombia enfrenta una conspiración comunista, encarnada en el liberalismo.

Así sucesivamente la represión se viene legitimando resultando significativo para los voceros del régimen recurrir a estratagemas de la guerra sucia, psicológica y política.

JS:Y uno lee la novela en el 2021 durante un tiempo de muchas protestas sociales en Colombia. Es inevitable hacer un paralelo y para mí es inevitable desconfiar del gobierno actual y pienso en la novela como una reafirmación de mi desconfianza. Es más, usted misma escribe, “toda la ficción que se teje alrededor de la represión es excusa para encubrir la barbarie del mismo sistema.” (Pág. 201). Puede comentar al respecto.

AY: La cita de la Pág. 201 es una afirmación del Fraile del Panóptico y con ella quiere significar que es consigna del régimen poner velos de misterios para no develar sus verdaderas intenciones.

En ese orden de ideas, ahora habla la autora: el sistema confunde, desinforma, causa polarización, configura una opinión pública sesgada y todo ello va en una línea recta: las ejecuciones extrajudiciales

JS: La mitología colombiana hace parte muy importante de la novela. La presencia del diablo encarnado en Belcebeth pero el origen de la violencia va más alla de la figura maligna como Belcebeth. Hay maldad por parte del gobierno, de los conservadores, de la iglesia y de las guerrillas. ¿Porque usted lo encarna a la imagen del diablo?

AY: En Mi pequeña Eulalia hay un componente mitológico muy fuerte, pero ciñéndome totalmente a tu pregunta, afirmo: Belcebeth no es más que un personaje, uno de los tantos que personifica el mal. El mal, si lo denominamos diablo, está representado en mucho de los personajes

Y tienes toda la razón, el origen de la violencia va más allá de las acciones perversas como las propiciadas por Belcebeth … Las causas de la violencia ya están enquistadas en nuestra sociedad y cada día se encostran más debido a las acciones repetitivas de mentes perversas que manipulan, roban, desfalcan, corrompen para favorecer sus propios intereses, aún a costa de las necesidades básicas de la población inerme que, literalmente, aguanta hambre o no pueden estudiar por carecer de las condiciones básicas… Esos corruptos sí que son endemoniados, son el diablo encubierto.

Sin excepción el diablo está presente en las posiciones de poder, de ahí que las negociaciones, los acuerdos, los pactos tambaleen. Donde veamos reductos de bien es porque al otro lado de la balanza se ha cimentado una edificación del mal.

Por ello, yo no hablo del diablo como el imaginario colectivo de la población, formando parte de su identidad regional. La figura del diablo va más allá de una simple significación cultural. Yo creo en su existencia, en lo que no creo es que esté metido en su cueva. Él está latente entre nosotros: en los fenómenos de la naturaleza; en las relaciones afectivas; en las líneas de mando, llámese estas gubernamentales, políticas, guerrilleras o religiosas.

JS: Yo he estado pensando acerca de los nombres además de Belcebeth, José María, Jacobo, Rafael, Agustín y hasta la misma Eulalia. Creo que ellos representan también estereotipos. ¿Estoy en lo cierto o se basó en personas reales?

AY: Su apreciación es totalmente cierta. La mayoría de los nombres de los personajes ficcionales de la novela tienen una connotación religiosa: para destacar la creencia y valores que hay en la cultura, de la época, cuando a la mayoría de los niños los bautizaban con el nombre del santo del día o por escogencia del párroco que suministraba el sacramento. Tan es así que Belcebeth se iba a llamar Ignacio (nombre de un padre de la Iglesia Católica), pero terminó llamándose así debido a la condenación de un sacerdote.

Adicional a ello, los nombres escogidos están ajustados a los roles que deben desempeñar, ejemplo de ello: la personalidad de Eulalia y la edad que tenía cuando inició la historia; el carácter protector de Miguel, Gabriel y Rafael; los nombres dados por la abuela Gabriela a todos sus hijos, terminando en Juan el más pequeño como los apóstoles; el nombre de Jacobo marcando tres generaciones.

JS: Y a José María, uno de los personajes principales, lo desaparecen. Este un drama que estamos viviendo desde que tengo memoria. El Estado siempre busca la manera de evitar las normas del debido proceso. En Estados Unidos se inventaron las cárceles en Guantánamo, Cuba, para torturar y encarcelar sin cargos a cientos de personas. Y en Colombia tenemos lo que usted describe como, “Para que el régimen pueda sobrevivir hay que matar a quien se oponga. El único veredicto aceptable para la traición es la muerte; entonces si el régimen te considera culpable de traición, la única conclusión a la que debió haber llegado es que tú debes sufrir la muerte como un traidor”. ¿En Colombia la simple oposición basta para ser enemigo público y para ser desaparecido, no es cierto?

AY: Esta cita corresponde, igualmente, a una parte del dialogo sostenido entre el Fraile del Panóptico y José María, conversación que conlleva a la ecuación oposición = desaparición forzada + exterminio.

Recordemos que José María Lorenzana es un personaje de ficción, en el desarrollo de la novela estuvo la mayor parte del tiempo recluido en el Panóptico de Tunja (centro de reclusión terrorífica de la época), y su acompañante de presidio fue el Fraile Agustino, conocido en la historia popular como “El Espanto del Panóptico”.

Hay registros históricos que durante el régimen de  Rojas  Pinilla, mientras el país  fue  inundado  por  un  lenguaje  de  reconciliación, el 24 de agosto de 1954,  mediante  un  acto  de  traición,  tropas  del  ejército dieron  captura  a  Franco  y  a  ocho  de  sus  hombres, fue  incomunicado  en  una  celda  del  Servicio  de Inteligencia  Colombiano   en  Medellín; luego pasó  a  la  cárcel  de  La  Ladera  de  Medellín  y  más  tarde  al temido  Panóptico  de  Tunja,  en  donde  estuvo  en  prisión  hasta  el  final  del gobierno  de  Rojas.

Como estos hechos ocurrieron con posterioridad al periodo histórico trazado en la novela, no quise perder estos recursos para hacer la denuncia de las conductas recurrentes del régimen, volqué, entonces, estas circunstancias sobre un personaje ficcional: José María Lorenzana.

Reafirmo, entonces, lo que deduce tu pregunta: la voz contraria, el disenso y la oposición son posiciones de riesgo.

JS: Y usted nos cuenta acerca de arrería y nos describe cada pueblo empezando por Frontino. ¿No me diga que usted hizo ese viaje tal como lo hicieron los arrieros para escribir la novela?

AY: La novela esta ambientada entre los años 1948 y 1953, desde esa época a hoy en día los avances han sido muy marcados tanto en infraestructura como en comunicaciones; los caminos de herradura por donde transitaron las arrierías de Ludovico ya no existen; las distancias entre los pueblos han sido acortadas considerablemente. De ahí que la descripción de esos caminos y las condiciones de abandono de los pueblos atravesados por esa misma arriería, con sus referencias del entorno como el clima, la vegetación y la fauna, fueron estudiados minuciosamente en diferentes textos (esencialmente monografías) y exploraciones virtuales.

JS: Los científicos hablan de que el trauma transgeneracional. Un trauma que se transmite de padres a hijos. Uno de mis cuentos, The Fragrant Flavor of Strawberry Rhubarb Pie aborda el tema. Creo que usted hace lo mismo; al finalizar el libro usted nos deja pensando que todos somos hijos de esa violencia del 9 de abril, que todos los colombianos tenemos Belcebeth en los genes. ¿Existe alguna cura?  

AY: Así como el trauma transgeneracional que se transmite de padres a hijos, las causas de la violencia se extienden en el tiempo, repitiendo los patrones de conducta de una década a otra.

Mi pequeña Eulalia en una patria sin dueño está sobrecargada de posturas de maldad, de hijos que se engendraron dentro de la franja histórica descrita, la cual se caracterizó por el abandono estatal y la iniquidad. Después esos niños crecieron y se reprodujeron cíclicamente hasta llegar a nuestros días, arrastrando sus genes impuestos debido al hambre, el desempleo, la carencia de oportunidades.

En cuanto a la pregunta concreta ¿Existe alguna cura? ¡Sí la hay! Eulalia lo escribió en los siguientes términos: Yo leí en los libros de Erasmo, tu padre, que la paz solo se logrará cuando tengamos las vías necesarias para que la comida no se pudra en los campos y que la educación no quede represada solo en la ciudad; cuando en nuestro pueblo se extingan los partidos existentes y haya nuevas fuerzas que no funden en sangre sus cimientos; cuando los gobiernos trabajen realmente para el pueblo con función social y las religiones se respeten mutuamente”(Pág. 184)

La abuela Gabriela también dijo al respecto “las cadenas solo se romperán cuando se corrijan las injusticias provenientes de la mala gestión de los gobernantes y cuando sean cauterizadas las almas de quienes se apropian de los diezmos” (Pág. 168).

JS: ¿Qué estás escribiendo ahora?

AY: La novela “Cuando se estremezcan los orbes”. Una apuesta literaria marcada por dos planos, al igual que la Impronta y Mi pequeña Eulalia, pero en esta oportunidad trabajo el plano físico y el plano espiritual.

JS: Te veo en Colombia…


AIDA LUZ YEPES ARRUBLA nació en Caicedonia Valle, Colombia, en 1962. Es abogada, especialista en derecho laboral y seguridad social, con estudios en ciencia política y maestría en dirección de desarrollo local.

Su primera novela es La Impronta, publicada por Artnovela en Buenos Aires, Argentina. Mi pequeña Eulalia en una patria sin dueño es su segunda novela. Ha escrito fábulas y poemas -algunos publicados y otros inéditos- entre los cuales están: Fisgón y Rodeora, fábula publicada en inglés y español por la Biblioteca Municipal de Pleasanton, California (USA); Retablo de mi cuarto, poema que integra la compilación Vivir Soñando y el poema Legado de Ana que forma parte del libro Aires de Libertad, compilado y publicado por el Centro de Estudios Poéticos de Madrid, España.