Democracia o Esparta

29.09.2020 - Ciudad de Buenos Aires, Argentina - Néstor Impemba

Democracia o Esparta
(Imagen de Viviane Monconduit/pixabay)

Sobre el nacimiento de la Democracia y pobre mi madre querida

Según ya me contaba mi progenitora, los libros de Historia sitúan a Atenas, unos 500 años antes de nuestra Era, como un Estado democrático. Claro que cuando me fui haciendo grande y experimenté la necesidad de la democracia sobre mi osamenta para seguir creyendo en algo, analicé algunos detalles. Aquella democracia era muy sui generis: las decisiones las tomaba el sexo masculino, reunido en un palacio, con los esclavos esperando en la puerta para escoltarlos y las mujeres en la casa haciendo los quehaceres (con otras esclavas). Y recordemos que muchos de estos demócratas debían aún, antes de regresar a su hogar, pasar a tener sexo con sus efebos, hecho cuyos detalles más profundos no quiero imaginar, pero creo que los chicos no eran parte de las decisiones que allí se tomaban. Y mi pobre madre se deshacía en explicarme que los malos eran los Espartanos, que tiraban a los deformes por un cerro. Este evento sacrílego según la moralina occidental de hoy, no me suena menos doloroso que niños naciendo en campos de refugiados, otros naciendo con sus piernas o sus pieles deformadas por la contaminación del agua, u otros buscando a sus madres entre los escombros de un edificio bombardeado en nombre de la democracia.

Los harapos de mi región

Analicemos cómo viene vapuleada nuestra supuesta “forma de gobierno”, en principio común a los países de la América del Sur, haciendo foco en el cono del que somos, geográficamente hablando, una parte sustancial. Una curiosidad que no me impresiona como casual es la tendencia a pasar de un modelo de gobierno a otro, pero más o menos isócronamente en todos estos países. De un golpe, todos viran a gobiernos militares; de otro, todos recuperan su línea electoral. En un tris, todos pasan por gobiernos de centro-izquierda; y al tiempo los neoliberales se apoderan de la región. Un simple análisis de la Física elemental, me dice que para mover tantas voluntades en bloque se necesita una fuerza muy grande, y aplicada como palanca, desde algún “costado”. Costado Norte. La fuerte vara que mueve las voluntades haciendo rodar esta parte del Mundo a los tumbos, se “apoya” en una educación precaria, una economía especulativa y una prensa que parece un altavoz de aquellos demócratas atenienses, veinticinco siglos después.

País por país

El último extraño ciclo de las “democracias regionales” comienza por la remoción poco clara de un presidente en Paraguay: Lugo. Entre gallos y medias noches, se lo aparta de su cargo sin que nadie (ni la derecha de los países aledaños) pueda entender con seguridad de qué se lo acusa. Sigue Dilma en Brasil, cayendo junto a Lula, aunque tampoco nadie logre captar el fondo de la cuestión. Sí que la Embajadora yanqui en Paraguay justo se había mudado…a Brasilia. Y llegará Bolsonaro, impresentable, homofóbico, misógino y con la Biblia como escudo (ya bajará algún arcángel a aclarar que este es Mesías sólo por culpa del Registro Civil)  Mientras los chilenos y los ecuatorianos luchan contra gobiernos claramente traidores al pueblo, los hermanos trasandinos se preparan a cambiar su Constitución, en medio de una represión desenfrenada de la policía más parecida a un ejército nazi que se haya visto desde la Segunda Guerra. Bolivia, el país más plurinacional, es arrasado por una especie de dinastía aria, que en el fondo sólo pretende recuperar los recursos nacionales para una minoría de clase. Uruguay sufre el desplazamiento de la centro-izquierda por un frente de derecha y ultraderecha que vota un presidente de consenso y comienza a derribar todas las leyes sociales y populares de los últimos 15 años. Los próximos meses les permitirán a quienes me leen hoy observar a un reyezuelo incapaz, desbaratar el entramado social contentivo y, cuando la gente se lo reclame en las avenidas (nótese que no dije en la-calle), él se refugiará tras sus nuevos amigos los militares.

Argentina en el peor momento

La pandemia llega a comprometer severamente al gobierno argentino, quien ya debió tomar las riendas de una economía de descapitalización de la producción, sumada a la fuga de divisas como estilo. No se podía esperar otra cosa de aquel presidente 2015-2019, que para celebrar su elección se fue a la estancia de un inglés. Cuando se inician los intentos de reencausar la economía, aparece el virus y devasta a los más necesitados. Pero lo peor es que los derrotados de octubre comienzan, encabalgados en la prensa hegemónica, una campaña destituyente que incluye presiones para habilitar actividades riesgosas, marchas por supuestas libertades perdidas, no asistencia a sesiones parlamentarias, subversión policial y declaraciones vergonzantes de políticos acabados. El subcontinente camina derecho a los viejos años sesenta; al reino de la impunidad y el arreglo entre sillones de cuero y Whisky del bueno, a las espaldas de la masa trabajadora. Otro modelo de democracia, la participativa, es el antídoto.

Categorías: Opiniones, Política, Sudamérica
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