Por Patricio Guevara

Paola Guzmán Albarracín era una adolescente como cualquier otra, con metas a futuro, con anhelos, con sueños, con pasatiempos y con una familia que la amaba. Lamentablemente una serie de sucesos la llevaron a decidir terminar con su vida un 13 de diciembre de 2002. Dichos sucesos, son los que 18 años después aún resuenan y permiten que en 2020 el nombre de Paola encuentre justicia.

Desde Pressenza Redacción Ecuador, hablamos con Lita Martínez, directora ejecutiva del Centro Ecuatoriano para la Promoción y Acción de la Mujer (CEPAM-Guayaquil) que junto al Centro de Derechos Reproductivos lograron un fallo histórico desde la Corte Interamericana de Derechos Humanos contra el estado ecuatoriano.

“Este acoso, esta seducción, este hechizo, que es la práctica de un depredador sexual. Porque lo que él hizo es identificar a su presa, a su víctima, en este caso, Paola Guzmán Albarracín.” Lita Martínez CEPAM-GUAYAQUIL

Según nos cuenta Lita Martínez, la historia de Paola Guzmán Albarracín empieza en el 2001 en un colegio vespertino público de la ciudad de Guayaquil cuando tuvo problemas en una asignatura. En aquel entonces, Bolívar Espín era el vicerrector de la institución y estaba encargado de supervisar las notas de las estudiantes; ésta fue la excusa para que Paola se convirtiera en su víctima. Pasó un tiempo hasta que producto de ese abuso sostenido por parte de Bolívar Espín, Paola quedara embarazada. En ese momento Espín la lleva con el doctor del colegio para que le realice un aborto, con la única condición de que también tenga relaciones con él.

Como comenta Lita, estas situaciones extremas afectaron la personalidad de Paola al punto de convertirla en una adolescente triste y retraída, lo cual también afirma Petita Albarracín, su madre. El 12 de diciembre de 2002 convocan a la madre de Paola al colegio, situación que fue el detonante final para que Paola decidiera tomar fósforo blanco. Paola asiste a su colegio con síntomas de envenenamiento, pero no recibe ningún tipo de atención médica, en vez de eso, la inspectora la obligó a rezar y pedir a perdón a Dios por lo que hizo. Petita Albarracín recoge a Paola en taxi para llevársela a un centro médico, pero fallece al día siguiente. Inevitablemente Paola muere como consecuencia de una acumulación de hechos de violencia extrema a la que fue expuesta, por una institución educativa indolente y por falta de apoyo. Después de su muerte y por testimonios de sus compañeras se revela toda la verdad a su madre. Ella, decidida por hallar justicia, empezará con una odisea que definirá cerca de dos décadas de su vida y la de su familia.

“Nosotras en su momento pudimos dejar establecido que el manejo de la autopsia, de la investigación, la cadena de custodia, fue llevada de una manera irresponsable y carente de todo carácter científico y muy revictimizante.” Lita Martínez CEPAM-GUAYAQUIL

La pregunta que surge es ¿por qué la Corte IDH sentencia en contra del estado ecuatoriano? La respuesta es sencilla: Jueces, policías y medios de comunicación no hicieron más que dejar impune el caso Paola y señalarla como la causante de su propia desgracia. Los medios dijeron que fue un suicidio por una relación amorosa de la estudiante con un profesor; la policía nunca logró apresar a Bolívar y realizar una investigación digna; y la justicia solo emitió una sanción administrativa a Bolívar Espín por faltar a su cargo por 3 días, se dijo también que no había pruebas suficientes para demostrar que el abuso sobre Paola no fue consentido. Finalmente, en 2008 el caso prescribe y dejó irresoluta esta injusticia.

Es así que, en 2005 en un tribunal público de organizaciones sociales. se presenta el caso Paola desde CEPAM-GUAYAQUIL y en 2006 la Corte IDH determina que tiene las condiciones necesarias para generar un informe de fondo. Desde 2006 hasta 2020 empieza un proceso complejo para la Corte IDH porque se trataba de un caso de violencia sexual sin precedentes que exigía un estudio a fondo del contexto no solo de Ecuador, sino de toda la región. Considerando tristemente que no era una realidad solo de nuestro país.

Me atrevería a decir que la situación no ha cambiado en 18 años, y tiene que ver con lo que la corte reconoce: Este no es un hecho aislado, este no es un delito común, esto está inserto en la cotidianidad en nuestra estructura, en nuestro sistema patriarcal machista, donde las relaciones de poder hacen parte de esta cotidianidad y la vida misma de las mujeres sigue siendo tomada sin ninguna sanción o con una justicia que tarda tanto tiempo y se naturaliza con mayor facilidad” Lita Martínez CEPAM-GUAYAQUIL

Este complejo proceso llegó a su fin el pasado 14 de agosto donde la Corte IDH manifiesta que “Ecuador es responsable por la violencia sexual ejercida por una autoridad educativa en contra de la adolescente Paola Guzmán Albarracín». Pese a que el estado ecuatoriano presentó ante la corte una serie de normativas y protocolos, no pudo establecer el impacto que todo esto tiene en la realidad. Es decir que no hay datos o medición sobre casos de acoso y violencia de género en el Ecuador, todo queda inútilmente en papel ante una justicia lenta y burocrática.

En este sentido, como manifiesta Lita Martínez, al estado ecuatoriano se le viene un enorme trabajo en dos líneas: 1) Revisión de los procesos judiciales, revisión de la normativa, de la política pública para homologarla a los estándares internacionales que la corte establece. 2) Cumplimiento puntual de la sentencia, de medidas que se establecen en este caso.

“Cada una de las personas que hacemos parte del estado ecuatoriano tenemos nuestro marco de respeto y responsabilidad para empezar a desnaturalizar, desmitificar y a romper todos estos eslabones que hacen parte de este sistema perverso que aún habita en el Ecuador.” Lita Martínez CEPAM- GUAYAQUIL

Con este triunfo, la familia de Paola puede cerrar un ciclo. Para Petita y Denisse (hermana de Paola) es un cierre a esta lucha, a este duelo y a un proyecto de vida que las ha llevado 18 años. Ahora podrán recibir un trato apropiado por parte del estado ecuatoriano, lograron limpiar el nombre de Paola y ahora comenzarán un nuevo proyecto de vida. Sin duda es un tema que deja muchas reflexiones a nivel judicial, estatal, civil y comunicacional.

Luego de 18 largos años, Paola puede descansar en paz y pudo encontrar justicia. Su caso permitió que desde la Corte IDH se establezca un precedente histórico como la primera deliberación de un caso de violencia sexual y que servirá de base para muchos casos a futuro. El nombre de Paola Guzmán Albarracín nunca más estará en las sombras.

Nuestro rol como ecuatorianas y ecuatorianos, como seres humanos, es nunca permitir que haya otra Paola. Que no se naturalice la violencia, que nuestros niños, niñas jóvenes y adolescentes pueden tener espacios libres de violencia y llenos de derechos.