Darren Reid, Universidad de Coventry para The Conversation

São Paulo, la ciudad más grande de Sudamérica, se sumió hace poco en la oscuridad a plena luz del día, a causa del humo del bosque amazónico que se incendia a más de 2,700km de distancia.

Estos incendios han centrado la atención del mundo en los bosques de Sudamérica, pero la crisis entorno a ellos tiene raíces más profundas. Para comprender qué es lo que está sucediendo en la Amazonía hoy en día, es necesario entender cuán profundo está enraizada la explotación de los bosques y los indígenas (que viven ahí) en la economía global.

Los primeros exploradores portugueses llegaron a Brasil el 22 de abril de 1500. Al principio, no parecía que la región ofreciera oro y plata, lo que hacía a Centro América un objetivo tentador para los colonizadores, pero poseía un recurso más evidente: vastos bosques con un aparente suministro inagotable de madera.


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La región del Palo de Brasil produjo un valioso tinte rojo que se puso de moda en la corte francesa. Los bosques de Brasil rápidamente se convirtieron en el objetivo de europeos ambiciosos. El Palo de Brasil era tan imperante antes de la colonización que dio su nombre al país, pero después de siglos de explotación, estos árboles ahora son especies altamente en peligro de extinción.

En un inicio, los indígenas fueron incentivados para ayudar con la cosecha de madera a cambio de bienes europeos, pero eventualmente, los nativos fueron esclavizados, obligados y manipulados para destruir los bosques que habían proporcionado la madera para sus hogares, y las plantas para su dieta.

Una vez que se eliminaron los árboles, la tierra se convirtió en plantaciones para aumentar la producción insaciable de cultivos comerciales (como el de la azúcar), alentando a la esclavitud de más pueblos indígenas. Cuando se dieron cuenta que eran muy pocos, trajeron un vasto número de personas del África y las forzaron a la esclavitud junto a los nativos.

Economía global, costo local

La “Mata Atlântica”, un vasto bosque tropical que se extendía desde la costa este del país hasta su interior fue un claro objetivo para los colonizadores navegantes que, necesitaban asegurarse de que los materiales que consechaban pudieran ser transportados con facilidad hacia los mercados extranjeros.

Sin embargo, el costo ambiental de este proceso fue enorme. Hasta el 92% de la Mata Atlântica ha sido destruida en los últimos 500 años, desapareciendo lugares en los que cientos de culturas distintas evolucionaron durante los últimos milenios. Un gran número de especies desaparecieron junto esta.

Los pueblos indígenas de la Amazonía peruana fueron esclavizados por los barones del caucho en el siglo XX.Walter Hardenberg / Wikipedia, dominio público

En el siglo XIX, los británicos talaron aún más bosques para instaurar plantaciones de caucho. Pese a estar oficialmente interesada en alentar la abolición de la esclavitud, la empresa amazónica peruana de propiedad británica forzó violentamente a los indígenas a la servidumbre. El antropólogo Wade Davis comentaría más tarde:

Las atrocidades horrendas que se desataron sobre los indígenas de la Amazonía durante la fiebre del caucho, no se compararon con nada de lo que se había visto desde los primeros días de la conquista española.

El empresario norteamericano, Henry Ford, fundó una fábrica productora de caucho en el interior del bosque Amazónico en 1928. Él esperaba «desarrollar esa tierra maravillosa y fértil» para producir el caucho que su empresa necesitaba para neumáticos, válvulas y juntas de automóviles. Fordlândia, como se la conocía, fue abandonada en 1934.

Ruinas de Fordlândia, circa 2005. Méduse • CC BY-SA 3.0 WikipediaFordlândia requirió que Ford Motor Company «desarrolle» áreas significativas del bosque tropical.

A mediados del siglo XX, el porcentaje de la primera población indígena encontrada por los portugueses se había reducido en un 80% o 90%. Mientras tanto, la demanda mundial de carne de res aceleró la destrucción de los bosques en Sudamérica debido a que se  liberararon nuevas tierras de pastoreo.

Las marcas mundiales, como McDonalds, se han relacionado con la carne de res brasileña, de la cual, la mitad se produce en tierras que alguna vez fueron bosque tropical. Así como la demanda de azúcar y caucho impulsó la esclavitud histórica, el apetito mundial por la carne impulsa la deforestación y el desplazamiento de los pueblos indígenas eh la actualidad.

Nuevas fronteras

La crisis actual en la Amazonía comenzó con mineros de oro ilegales, madereros y agricultores que incendiaron tierras para despejar terrenos para nuevos emprendimientos. Este proceso ha sido promovido y celebrado por el gobierno de Jair Bolsonaro, y el poderoso sector de agronegocios del país. Las personas que ya han sido interceptadas enfrentan una situación cada vez más grave. Esto es especialmente cierto para los grupos no contactados que aún no han cultivado resistencias biológicas contra enfermedades que personas de afuera pueden introducir, o el difícil desarrollo de la experiencia cultural necesaria para navegar por el complejo panorama político actual.

Muchas culturas indígenas brasileñas están orientadas en torno a sus bosques. En la era moderna, sus sistemas de creencias perduran en grupos como los Kaingang, una parte de la comunidad Gê, que ocuparon las partes meridionales de la selva amazónica y vivieron en toda la Mata Atlántica. Deben nutrir y proteger de forma activa estas creencias frente la tremenda presión externa.

A diferencia de Estados Unidos, los bosques espesos y ubicaciones no exploradas, sin mencionar a los pueblos no contactados, mantienen la continuidad entre los primeros días de la colonización europea y el Brasil moderno.

Los pueblos indígenas han demostrado una notable fuerza y ​​resistencia frente a más de 500 años de aslatos colonialistas, pero aún continúan siendo vulnerables a una economía global insaciable que se beneficia de la destrucción de los bosques de Sudamérica y de las personas que viven ahí. Los últimos incendios son simplemente el capítulo más reciente de una historia mucho más antigua.

Darren Reid, profesor titular de Historia Americana y Cultura Popular, Universidad de Coventry

Este artículo fue reeditado de The Conversation bajo una licencia Creative Commons. Lea el artículo original aquí.


Traducción del inglés por Erika Rodriguez