Los Estados Unidos tienen un historial probando armas biológicas en el público – ¿también se usaron garrapatas infectadas?

26.07.2019 - Pressenza London

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Los Estados Unidos tienen un historial probando armas biológicas en el público – ¿también se usaron garrapatas infectadas?
Un salpullido en expansión es el signo inicial de aproximadamente el 80% de las infecciones de la Enfermedad de Lyme (Imagen James Gathany Proveedores de contenido): CDC/ James Gathany • Dominio público)

Michelle BentleyRoyal Holloway for The Conversation

La Cámara de Representantes ha ordenado al Pentágono que revele si usó garrapatas para infectar al pueblo americano con la Enfermedad de Lyme entre los años 1950 y 1975. Las acusaciones vienen de Chris Smith, el representante republicano de Nueva Jersey. Smith, un veterano activista sobre la Enfermedad de Lyme, dice que las aseveraciones provienen de un nuevo libro sobre la enfermedad y el hombre que la descubrió: un científico especializado en armas biológicas llamado Willy Burgdofer.

Hay problemas con estas denuncias, entre ellos que Burgdofer no descubrió la Enfermedad de Lyme hasta 1982, casi una década después de haber afirmado que las garrapatas podrían haber sido usadas. Otros científicos han desestimado las acusaciones, y no hay pruebas de que sean ciertas.

Sin embargo, los Estados Unidos tienen un historial de pruebas de armas biológicas sobre el público.

Un historial en la prueba de armas biológicas

El programa de armas biológicas de los Estados Unidos empezó durante la Segunda Guerra Mundial. Pero la primera prueba pública real no ocurrió hasta 1949, cuando científicos introdujeron una bacteria inofensiva en el sistema de aire acondicionado del Pentágono para ver cómo podría lucir un arma biológica.

Un año más tarde, la Marina de los Estados Unidos llevó a cabo la Operación Sea-Spray. La costa de San Francisco, en California, fue rociada con dos tipos de bacterias, Bacillus globigii y Serratia marcesens. Se supone que estas bacterias son inofensivas, pero Bacillus globigii está ahora listado como patógeno, causa intoxicación alimentaria y puede dañar a cualquier persona con un sistema inmunológico débil. En cuanto a Serratia marcesens, 11 personas fueron hospitalizadas con infecciones bacterianas graves después de la prueba de San Francisco. Uno de ellos, Edward Nevin, murió tres semanas después.

En 1951 se llevaron a cabo pruebas en el Centro de Suministros Navales de Norfolk, en Virginia, una base masiva que equipa a la Marina de los Estados Unidos. Se dispersaron esporas de hongos para observar cómo estas podrían infectar a los trabajadores que desempacaban cajas allí. La mayoría de los trabajadores eran afroamericanos y los científicos querían probar una teoría en la que ellos eran más susceptibles a enfermedades causadas por hongos que los caucásicos.

En 1997 el Consejo Nacional de Investigación reveló que los Estados Unidos también usaron químicos para probar el potencial de las armas biológicas en 1950. Desde un avión se dispersó sulfuro de cadmio y zinc sobre varias ciudades, incluyendo San Louis en Missouri y Minneapolis en Minnesota. Estas ciudades fueron escogidas debido a que eran similares a objetivos soviéticos como Moscú en términos de terreno, clima y población. El consejo concluyó que nadie resultó herido y que el nivel de químico utilizado era inofensivo, pero en 2012, la profesora de sociología Lisa Martino-Taylor afirmó que había un aumento en los índices de cáncer que podrían estar conectados con los químicos, los cuales, alega, eran radioactivos. Desde entonces, no ha surgido nada que respalde sus afirmaciones.

En la década de 1950 se utilizaron aviones para dispersar químicos sobre partes de los Estados unidos
US Air Force via Wikimedia Commons

Además de las pruebas al aire libre, el ejército de EE.UU. también tiene un historial en convertir insectos infectados en armas. Por ejemplo, en 1954, científicos llevaron a cabo la Operación Big Itch. La prueba fue diseñada para determinar si las pulgas podían ser llevadas dentro de bombas (sí se podía). Las pruebas se realizaron pocos años después de que los soviéticos acusaran a los EE. UU. de tirar recipientes llenos de insectos infectados con chorea y la peste, en Corea y China durante la Guerra de Corea. Esto es algo que el ejército estadounidense niega y señala como una «campaña de desinformación».

Proyecto 112

Hubo un incremento masivo en probar armas químicas en 1962 cuando, el entonces Secretario de Defensa de los Estados Unidos, Robert McNamara, autorizó el Proyecto 112. El proyecto amplió las pruebas de armas biológicas y aportó nuevos fondos para la investigación.

Una de las pruebas más controversiales tuvo lugar en 1966 en la estación del subterráneo de Nueva York. Científicos llenaron bombillas con la bacteria Bacillus globigii y luego las rompieron permitiendo que se dispersara en las vías. La bacteria viajó kilómetros dentro del sistema del tren subterráneo, siendo inhalada por miles de civiles y cubriendo sus ropas.

En 2008 la Oficina de Responsabilidad Gubernamental reconoció que decenas de miles de civiles pudieron haber sido expuestos a agentes biológicos debido al Proyecto 112 y otras pruebas.

El mismo informe señalaba que, desde 2003, el Departamento de Defensa de los Estados Unidos ha estado tratando de identificar a los civiles que habían estado expuestos durante el Proyecto 112 para informarles. Los militares niegan que esta exposición involucró cualquier enfermedad dañina, pero muchos de los que han sido identificados alegan que ahora sufren de condiciones médicas de largo plazo.

Queda por ver si la investigación en curso del congreso revela que hubo garrapatas infectadas. De cualquier manera, podría arrojar algo de luz sobre un programa secreto del que todavía no sabemos mucho. También puede revelar más sobre la medida en que el público estadounidense fue usado en pruebas sin su conocimiento y consentimiento. Porque mientras que las garrapatas infectadas pueden sonar como algo fuera de la ciencia ficción, si se demostrara que es verdad, no sería la primera vez que los Estados Unidos hacen algo así.

Michelle Bentley, profesora en relaciones internacionales en Royal Holloway

Este artículo ha sido reeditado de The Conversation bajo una licencia Creative Commons. Lea el artículo original aquí.


Traducción del inglés por Armando Yánez

Categorías: Derechos Humanos, Norteamérica, Salud
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