En abril de 2019, los estados parte del Tratado de No Proliferación Nuclear se reunirán en Nueva York para continuar con los preparativos para la edición 2020 de la conferencia de revisión quinquenal.

No hay esperanzas altas, sin embargo, de que nada vaya a cambiar en este foro para llevar al planeta a la meta establecida de facilitar “el cese de la manufacturación de armas nucleares, la liquidación de todas las reservas existentes y la eliminación de los arsenales nacionales de armas nucleares y los medios de su entrega de conformidad con un Tratado de desarme general y completo bajo un control internacional estricto y efectivo[1]”.

A pesar de los grandes avances en las décadas pasadas en acuerdos bilaterales entre Estados Unidos y la Unión Soviética, y subsecuentemente Rusia, los cuales han reducido en gran medida las reservas de armas nucleares, el NPT está actualmente paralizado y ha fallado en sus objetivos, y se debe considerar seriamente si siquiera vale la pena seguir gastando tiempo en él.

Obviamente, el NPT no ha sido un fracaso por completo. Aunque  el NPT no ha podido detener la proliferación de armas nucleares – Como otros cuatro países han adquirido armas nucleares desde su entrada en vigor en 1970 – pudo haber sido mucho peor. 31 países tienen estaciones de energía nuclear, de las cuales todas están produciendo el material crudo para las armas nucleares. Para la mayoría de estos países, sin embargo, el trato de seguir con la energía nuclear a cambio de la no proliferación ha sido aceptable.

Por supuesto, en el mundo consciente del medio ambiente de hoy, nadie piensa que la energía nuclear ya sea una buena idea, y nadie escribiría su «derecho inalienable» [2]  a ella en un tratado si no tuvieran que hacerlo. La tecnología es prohibitivamente costosa y obsoleta y los residuos deben almacenarse durante 250,000 años; un tema que aún hoy está irritando a los científicos del mundo. Además, nadie escribiría una disposición en un tratado que permita el uso pacífico de las explosiones nucleares, pero el NPT tiene una[3].

El NPT es producto de un momento diferente en la historia y es hora de volver a evaluar si aún es adecuado para un propósito. En 1970, la ONU estaba formada por 127 estados miembros y ha crecido en más del 50% desde entonces, la energía nuclear se consideraba una panacea para los problemas de las crecientes demandas mundiales de energía, y el mundo sufría una Guerra Fría bipolar en la que dos potencias luchaban para el dominio global.

Pero, el mundo ha avanzado geopolíticamente, la tecnología ha avanzado y la mentalidad colonial que prevalecía en 1970 en la que cinco naciones sentían que tenían el derecho de imponer su posesión de armas nucleares a todos los demás, ha muerto para siempre.

Y como un indicador más importante del fracaso; después de casi cinco décadas desde que entró en vigencia el NPT, el Boletín de los científicos atómicos actualmente mantiene su Reloj del Día del Juicio Final en dos minutos para la medianoche. Nunca hemos estado más cerca de Armagedón nuclear que ahora.

Y a pesar de esta terrible amenaza para todos nosotros, los pedidos quinquenales de países sin armas nucleares (que los estados con armas nucleares en el tratado deben avanzar en el desarme y que los que están fuera del tratado deben unirse a él) han sido recibidos con arrogante desdén e ignorancia. . «Las condiciones de seguridad no son correctas», dicen los acosadores nucleares. Y cada cinco años dicen lo mismo.

Sin embargo, hay una serie de acciones que los estados con armas nucleares podrían realizar en este momento, lo que restablecería las manos del Reloj del Día del Juicio Final en un territorio más aceptable. 2000 armas nucleares podrían ser retiradas de la alerta de activación que, en lugar de ser capaz de lanzarse dentro de los 15 minutos de haber presionado el botón rojo, tomara horas, tiempo suficiente para al menos hacer una llamada telefónica y verificar que el ataque entrante  no es una falsa alarma. Las ojivas nucleares podrían desarmarse y almacenarse, y sus instalaciones podrían abrirse para inspecciones. Todos los estados con armas nucleares podrían acordar firmar políticas de no primer uso. El estatus de las armas nucleares en las doctrinas de seguridad nacional podría ser degradado. Estados Unidos podría retirar sus armas nucleares de Europa. Rusia y los Estados Unidos podrían sentarse y hablar sobre sus denuncias de violaciones del Tratado INF y acordar salvarlo e invitar a otras potencias militares importantes a unirse a las conversaciones para expandirlo a nivel mundial.

Se podría hacer algo o todo lo anterior y cada vez que los estados con armas nucleares no se involucren en estos temas y se nieguen a tomar las medidas más pequeñas para aliviar las tensiones internacionales, el régimen del NPT muere un poco más.

Cuando apareció el enfoque del Tratado de Prohibición con la aparición de la ICAN y la inclusión en el documento final del TNP de 2010 de las «consecuencias humanitarias catastróficas», los estados con armas no nucleares estaban ansiosos por engancharse a él y empujar en una nueva dirección que había servido tan bien en los esfuerzos por estigmatizar y prohibir las bombas de racimo y las minas terrestres. Es una pena que la princesa Diana no haya vivido lo suficiente como para encontrarse con los sobrevivientes de Hiroshima y Nagasaki y proyectar su sufrimiento en la conciencia de una nueva generación.

Las conferencias en Noruega, México y Austria reunieron a expertos de los campos de medicina, derecho e historia, junto con quienes trabajan en el campo de la respuesta de emergencia internacional, y organizaciones de la sociedad civil que aportan su energía, conocimiento y convicción, y esto marca un punto de inflexión en las conversaciones de desarme nuclear.

De repente, los estados con armas nucleares habían perdido el control del debate. Inicialmente, intentaron impedir que Noruega siguiera adelante con la conferencia de Oslo, pero al no haber convencido al ministro noruego de relaciones exteriores, tomaron el camino petulante de boicotear la conferencia; cerrando sus oídos al creciente cuerpo de evidencia que se está reuniendo, que se hacía eco de las palabras de Ronald Reagan de que «una guerra nuclear no puede ganarse y nunca debe librarse».

Este mes se cumplen seis años desde la primera Conferencia de Consecuencias Humanitarias, y ahora tenemos un tratado que prohíbe definitivamente las armas nucleares. El Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares (TPNW, por sus siglas en inglés) fue aprobado por 122 estados en 2017 y se espera que sea el tratado de desarme ratificado más rápido de la historia, probablemente en 2020. A partir de ese momento, los estados partes se reunirán cada dos años, con conferencias de revisión cada 6 años años. El NPT caerá cada vez más en la irrelevancia.

¡Y esto no es algo malo! No tenemos que considerar el NPT como un tipo de objeto sagrado que debe ser preservado y venerado para siempre. El TPNW es una evolución del NPT. El NPT, en su artículo VI, incluso prevé la necesidad de hacerlo. El NPT ha cumplido su propósito y ahora se está acercando a la jubilación. Eventualmente, miraremos hacia atrás en la historia y veremos que, aunque el NPT fue el mejor primer paso que se pudo dar en 1970; para el año 2020, como un adolescente en rápido crecimiento, el mundo había superado sus ropas viejas y necesitaba algo que le encajaría mejor.

Para 2100, si todavía tenemos un planeta para entonces, seguramente el NPT estará muerto; la incapacidad de alcanzar la universalidad bajo sus disposiciones inspiradas en el apartheid finalmente lo matará cuando las naciones se retiren una por una y se comprometan a confiar en el TPNW, dejando solo a las potencias nucleares como parias, estigmatizadas y fuera de contacto con un mundo que ha crecido un poco más que ellos.

Para entonces, la idea de utilizar la energía nuclear estará muerta, y los científicos nucleares, en lugar de construir bombas y centrales eléctricas, se dedicarán a descubrir formas de acelerar artificialmente el proceso de descomposición radiactiva para que la reserva mundial de desechos nucleares pueda finalmente ser neutralizada.

Por supuesto, el TPNW también puede estar muerto para entonces, pero esto se debería a que también ha sido superado por algo más en un mundo que ya no se basa en la competencia y la obsesión perversa de medir el éxito económico en términos de la capacidad humana para consumir bienes materiales y la especulación de instrumentos financieros.

En ese mundo futuro, llamémoslo Nación Humana Universal, habremos descubierto que no hay progreso para nadie a menos que haya progreso para todos, y habremos descubierto que las bombas de cualquier tipo no ayudan a nadie, excepto a aquellos con intenciones violentas, y todo lo que hagamos en la vida estará conectado a la cooperación mutua y al uso de la no violencia para resolver conflictos. En ese mundo, aquellos con intenciones violentas no podrán acceder a ninguna forma de poder que les permita actuar de forma violenta contra los demás. En cambio, recibirán toda la ayuda que necesiten para superar esos impulsos violentos que causan tanto daño a los demás, pero también a ellos mismos.

Entonces, cuando comenzamos a ver el mundo no en el contexto histórico estrecho del momento presente, sino en un proceso histórico que ha durado y durará milenios, y si somos capaces de ver a los seres humanos y a la sociedad humana en un proceso de evolución constante, reconoceremos que la evolución también se aplica a los tratados internacionales.

En este contexto, el declive del NPT es solo una parte natural del proceso, y no debemos distraernos ni preocuparnos en absoluto. El siguiente paso de nuestra evolución planetaria, por necesidad, requiere el Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares, y habrá otros tratados para prohibir la energía nuclear que aún no se han propuesto. Y no debemos tener miedo de dejar ir algo que en un momento de la historia se sintió como algo sagrado, porque lo que es verdaderamente sagrado es la capacidad humana para aprender y cambiar y adaptarse y superar todas las dificultades de la vida para que podamos realmente alcanzar todo nuestro potencial.


[1] Preámbulo al NPT de 1970.

[2] Artículo IV del NPT.

[3] Artículo V del NPT.


Traducido del inglés por Antonella Ayala