Reseña cinematográfica de Star Wars, el último Jedi

01.01.2018 - Londres, R.U. - Silvia Swinden

Este artículo también está disponible en: Inglés, Griego

Reseña cinematográfica de Star Wars, el último Jedi

Continuando con la discusión de objetos culturales que pueden influir en grandes sectores de la población, a pesar de ser presentados como «entretenimiento ligero», la VIII entrega de la serie Star Wars presenta algunos puntos interesantes.

Como alegoría (intencionada o no) de los tiempos en que vivimos, en los que los «malos» parecen tener la ventaja, la película se niega, sin embargo, a dar el típico escenario simplista de bien contra mal. La existencia está llena de accidentes, la gente buena comete errores horribles y la gente mala tiene pocas opciones, y no todas son malas de todos modos. ¡Desafortunadamente estos matices corren el riesgo de perderse en la violencia, siempre ahí, sí, se llama Star Wars! (Guerra de las Galaxias) después de todo.

La investigación en lo espiritual que caracterizó la primera serie y que de alguna manera se perdió en las secuelas ha vuelto, quizás más profunda y transformadora que en las ediciones anteriores.

Aquí las palabras del Maestro Yoda de la sabiduría «el fracaso el más grande maestro es» marcan un punto interesante. Cuando los profundos conocimientos existenciales impregnan la cultura popular todavía hay esperanza para nuestra amada y combatida humanidad. En nuestra sociedad neoliberal ultra competitiva impulsada por el éxito, el reconocimiento de la importancia del fracaso no podría ser más oportuno.

El fracaso, el gran despertador del sentido de la vida

“En muchos días descubrí esta gran paradoja: aquellos que llevaron el fracaso en su corazón pudieron alumbrar el último triunfo, aquellos que se sintieron triunfadores quedaron en el camino como vegetales de vida difusa y apagada. En muchos días llegué yo a la luz desde las oscuridades más oscuras guiado no por enseñanza sino por meditación.”

Estas palabras de apertura en el Capítulo III de Humanizar la Tierra de Silo, hace muchos, muchos años atrás, me sorprendieron, me perturbaron y más tarde me aliviaron, ya que mi fracaso para «encajar» completamente en los valores del sistema que me rodeaba se convirtió en el indicador de un camino lleno de descubrimientos y experiencias preciosas compartidas con extraordinarios Amigos.

Años más tarde, en 2004, Silo volvió al tema:

“Queridos amigos.

Hemos fracasado… ¡pero insistimos!

Hemos fracasado, pero insistimos en nuestro proyecto de humanización del mundo.

Hemos fracasado y seguiremos fracasando una y mil veces porque montamos en alas de un pájaro llamado “intento” que vuela sobre las frustraciones, las debilidades y las pequeñeces.

Es la fe en nuestro destino, es la fe en la justicia de nuestra acción, es la fe en nosotros mismos, es la fe en el ser humano, la fuerza que anima nuestro vuelo.

Porque no es el fin de la Historia, ni el fin de las ideas, ni el fin del hombre, porque no es tampoco el triunfo definitivo de la maldad y la manipulación, es que podemos intentar siempre cambiar las cosas y cambiarnos a nosotros mismos.

Este es el intento que vale la pena vivir porque es la continuación de las mejores aspiraciones de la gente buena que nos ha precedido. Es el intento que vale la pena vivir porque es el antecedente de las futuras generaciones que transformarán al mundo.

Dos grandes almas que lucharon contra la discriminación y la injusticia acompañan nuestro encuentro. Guías inspiradores de la no- violencia: Mahatma Gandhi y Luther King, supieron del fracaso, pero jamás cejaron en su intento. Hoy están muy presentes en nuestra mente y nuestro corazón.”

Darío Ergas profundiza en la importancia del fracaso en su blog:

“La primera dificultad es que no es verdad que busco sentido en mi vida, la mayor parte del tiempo experimento que mi vida sí tiene sentido. Es muy difícil buscar algo que se cree que ya se tiene. Sin embargo, en esta época de cambio veloz, los acontecimientos golpean nuestras creencias y eso provoca sufrimientos tan grandes, que terminamos por reconocer que estamos totalmente perdidos y nuestra vida no tiene ningún sentido. Estos baldes de agua fría que la vida nos arroja una y otra vez, es la experiencia que llamamos de fracaso. Tenemos confundido el sentido de la vida con nuestros ensueños y deseos. Cuando esos ensueños fracasan, despertamos de la ilusión y nos damos cuenta de que estamos perdidos y sin un sentido verdadero. El fracaso permite a la conciencia liberarse por un momento de la prisión de los ensueños. Esta experiencia de fracaso es muy importante y es muy difícil de asumir. La experiencia de fracaso la vivimos todos, pero sólo algunos la reconocen y muchos la ocultan o la niegan. Cuando ocultamos o negamos nuestros fracasos caemos en el resentimiento, la depresión o el pánico. El reconocimiento del fracaso nos despierta de la ilusión que tiene prisionera a la conciencia, y nos deja en libertad de iniciar una búsqueda nueva. Por esto decimos que esta búsqueda y esta enseñanza es “para los que llevan el fracaso en su corazón”.”

Acerca de la Fuerza.

Para aquellos que han experimentado la Fuerza real, que da energía al cuerpo y a la mente (no realmente buena para levantar rocas pesadas o levantar naves espaciales de estanques), con su capacidad de otorgar una dirección significativa, unitiva y trascendental a la existencia, hay una escena particular que alcanza un momento especial.

La película se vuelve a centrar en la Fuerza como fuente de liberación, pero a diferencia de anteriores entregas deja claro que no puede ser el patrimonio de una persona o de un grupo; eso sería un acto de vanidad. Está en todas partes y disponible para todos. No es algo «recibido», sino más bien «despertado» dentro de uno mismo, es decir, un acto de intencionalidad.

Algunas actividades y producciones humanas, ya sean artísticas, científicas, políticas, etc., comunican las señales de la profunda y sagrada inspiración que mueve al mundo. Vienen mezcladas con el resto del ruido que constituye nuestra cultura, nuestra sociedad violenta y deshumanizada. Son difíciles de detectar cuando se empaquetan en un gran éxito de taquillas. Y sin embargo, ser capaz de detectarlas y conectarse con otros en sintonía con ellas abre el camino a la liberación. Hay pocas elecciones que podemos hacer con total libertad cuando los eventos condicionan y determinan mucho de lo que sucede en nuestras vidas. Intentar conectar con el flujo de energía que habita en las capas profundas de nuestra conciencia, es una de ellos.

Categorías: Cultura y Medios, Humanismo y Espiritualidad, Internacional, Opiniones
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