El combate “vivo” de la Tupac Amaru. La olla popular frente a la cárcel de Alto Comedero

10.02.2017 - San Salvador de Jujuy - Redazione Italia

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El combate “vivo” de la Tupac Amaru. La olla popular frente a la cárcel de Alto Comedero
(Imagen de Fulvio Faro)

Fue una explosión de humanidad, de afecto, de rabia, de vecindarios, de determinación, de compartir y de tanta energía para un combate que “vive” con la presencia evidente de una dirigente encarcelada: hablo del acto auténtico en el que participamos mi pequeño equipo y yo ayer por la tarde [17.01.2017, NDE], con la intención de realizar un filme documental sobre la Tupac, titulado “Welcome to the Cantri’ (se le dice “country” a los mini-barrios que la organización Tupac Amaru construyó estos últimos años).

La manifestación de la Tupac Amaru, apoyada por numerosos grupos y organizaciones se llevó a cabo frente al centro de detención cerca del barrio periférico de Alto Comedero. Es en ese mismo barrio donde nació este extraordinario experimento social, lleno de promesas para el futuro de todos, puesto en marcha por Milagro Sala, la dirigente de un movimiento indígena, que aquí en Jujuy constituya la mayoría de la población.

Milagro Sala junto a 5 otros activistas de la organización es una presa política auténtica (confirmado por una resolución de la ONU) acusada de manera ridícula y sin pruebas. En realidad, es consecuencia del resurgimiento de un liberalismo arrogante y destructor, que renace en Argentina con el nuevo presidente Macri y el gobernador de esa provincia, Morales. Este último, poderoso oligarca con numerosos intereses económicos personales, quiso destruir tanto el experimento social de la Tupac Amaru como las construcciones de cooperativas de vivienda para la población pobre indígena, su centro de atención, de educación, de deportes, su biblioteca, etc., en suma todo símbolo tangible de transformación social.

No es fácil explicar la importancia que tienen esta dirigente y este movimiento para tantas personas, porque no solo vinieron hasta aquí los indígenas de Jujuy sino también los activistas de diversos comités de apoyo de otras ciudades, numerosos jóvenes, que testimoniaron su afecto y reconocimiento a Milagro. Los ojos llorosos de tristeza pero deseosos de compartir, cantaron y bailaron alegremente para hacer llegar sus voces a los detenidos, quienes a cien metros de allí, más allá del estado y más allá de las rejas y los pocos policías en tenida anti-motines que por suerte permanecieron inactivos, aplaudían, saludaban, cantaban y bailaban con ellos.

Para mí, también, acostumbrado al son de las luchas sociales que solo se limitaban a repetir eslóganes que evocaban una realidad casi lejana, que habían perdido el sentido de realidad viva en el corazón de cada uno, es difícil de explicar cómo late fuerte el gran corazón de América Latina y resuena así por la lucha de un movimiento indígena, aparentemente marginal en el mapa político del continente.

Mientras que un centenar de personas se agrupaban frente a la prisión, una multitud de gente desfilaba a lo largo del puente Pueyrredón en la capital federal, con numerosas figuras del mundo político, de la cultura y del activismo social (como las Madres de la Plaza de Mayo). Estuve horas, entre los cantos, los saludos, las lecturas de mensajes llegados de tantas localidades; entre las lágrimas, los abrazos “virtuales” con los detenidos y los abrazos reales con los participantes. Podía percibir y comprender por qué y cómo ese sueño tan vivo se hacía real, una realidad construida con el afecto y la experiencia común, la solidaridad, la reciprocidad, ya no a través de ideologías sobre un mundo perfecto en el papel, más bien hecho de vínculos, de compromiso entre los unos y los otros, con ese sentimiento verdadero en el cual es evidente que la felicidad individual se realiza únicamente a través de la felicidad de los otros, que existo porque tú existes… todo eso, que difunde una nueva espiritualidad deslizándose entre la gente, nació de la necesidad pura de dar de comer a los niños, de ofrecer una educación que otorga dignidad a un pueblo sometido hasta el día de hoy, de construir sus casas, sus escuelas, sus hospitales, pero también sus piscinas y sus centros deportivos: ¿De qué sirve todo eso si no se puede compartir y vivir con y para todo el mundo?

Esa es la intención que percibí, y que a pesar de las dificultades y sin duda gracias a los acontecimientos desgraciados de este último mes, podrá superar los límites regionales y nacionales y ser un ejemplo para todos nosotros.

San Salvador de Jujuy, 17/01/2017

Fulvio Faro, de Roma, humanista y mensajero de Silo.

Categorías: Internacional, Noviolencia, Sudamérica
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