La polémica sobre el burkini y algunos incidentes discriminatorios tras su prohibición son otra muestra de que ellas sufren más la islamofobia que los hombres.

Colectivos antidiscriminación afirman que ellas son más vulnerables dada su «mayor visibilidad» por llevar el hiyab, entre otras prendas.

Por Laura Olías para Desalambre

El 16 de agosto, Siam se vio rodeada por decenas de personas en una situación que no podía creer. Era la protagonista de un debate sobre si el pañuelo que llevaba en la cabeza estaba colocado de forma «correcta» para estar en la playa de Cannes, una de las localidades francesas que prohibió el burkini. «‘Vete a tu país’, ‘no te queremos aquí’ fueron algunos de los insultos que me dijeron», contó Siam a los medios franceses.

La experiencia de esta mujer de 34 años es un ejemplo de la denuncia de organizaciones como Amnistía Internacional y el Colectivo Contra la Islamofobia en Francia (CCIF): la prohibición del burkini ha dado espacio a las conductas y discursos discriminatorios de carácter antimusulmán. Algunos incidentes tras la polémica sobre este traje de baño sitúan a las mujeres musulmanas en un escenario que no les es desconocido: ellas son las que sufren la mayoría de los actos islamófobos, según los estudios de varios países.

 

Francia es uno de ellos. En 2015, el comisario de Derechos Humanos del Consejo de Europa, Nils Muiznieks,  ya mostró su «preocupación» por los datos oficiales de 2013 que mostraban que el 80% de las agresiones y violencia de carácter antimusulmán recaían en mujeres. Desde entonces, el porcentaje no ha variado demasiado, aunque sí el número de incidencias.

El  último informe anual contra el racismo, el antisemitismo y la xenofobia de la Comisión Nacional Consultiva de los Derechos del Hombre registró 429 actos islamófobos de distinto tipo en 2015 (un 223% más que el año anterior, lo que la comisión considera «inquietante»). De las 30 agresiones físicas recogidas por el Ministerio del Interior galo, 22 fueron contra mujeres y ocho contra hombres.

La información que recoge el Colectivo Contra la Islamofobia en Francia es mucho más amplia puesto que muchas víctimas no presentan una denuncia formal ante las autoridades. De nuevo, la diferencia entre las mujeres y hombres es muy abultada. En  el último informe de la organización (con 905 incidentes en 2015), las mujeres son las afectadas en el 74% de los incidentes antimusulmanes.

De las agresiones físicas (55 en total), el 80% las sufrieron mujeres y muchas consistieron en «arrancarles el pañuelo», apunta el estudio. Según condena el CCIF, «la islamofobia constituye una forma de sexismo».

Potenciales víctimas más visibles

Entre los motivos por los que las mujeres son más atacadas en este tipo de delitos de odio, las organizaciones antidiscriminación coinciden en señalar «su mayor visibilidad». El pañuelo (hiyab) y su ropa son evidencias de la religión que profesan y, por ello, son más vulnerables a los ataques, señalan tanto en  la ONG londinese Tell Mamma (que también sitúa a las mujeres como principales víctimas) como el CCIF.

Amparo Sánchez Rosell, presidenta de la Plataforma Ciudadana contra la Islamofobia en España,  denunciaba el pasado año a este medio que «la islamofobia de género es la que más ha crecido, porque a ellas se las ve más debido al pañuelo y son consideradas más frágiles. Les dicen y hacen lo que algunos no se atreverían a decir a un hombre». En España, las mujeres también se llevan la peor parte de los actos antimusulmanes, según la plataforma.

A la mayor visibilidad se suma la idea de que las mujeres son una víctima «fácil, más frágil que un hombre y menos susceptible de poder defenderse», coincidía en señalar a eldiario.es Elsa Ray, portavoz del CCIF el pasado año. Ray destacó que muchas de las mujeres víctimas de las agresiones físicas estaban embarazadas o con sus hijos en el momento de los ataques, «lo que las colocaba en una situación de mayor debilidad».

El pañuelo y la mujer, centro del debate

Ray mencionó como otra causa de la islamofobia de género la tendencia en Francia a cristalizar «todos los debates sobre el islam alrededor del pañuelo». El país galo ha regulado en los últimos años contra las expresiones religiosas en las aulas públicas (lo que impide el uso del hiyab), en 2004, y la prohibición del velo integral en los espacios públicos, en 2010. También se ha abordado desde la esfera política el uso del pañuelo en las universidades y por parte de las niñeras. «Lo erigen como símbolo de un islam que no quieren en Francia», apuntaba Elsa Ray.

El 68% de las personas encuestadas para el informe de la Comisión Nacional Consultiva de los Derechos del Hombre considera que llevar pañuelo puede suponer «un problema para vivir en sociedad». Más del 90% estima lo mismo en el caso del burka.

En Amnistía Internacional consideran que «en muchas sociedades el cuerpo de las mujeres y su forma de vestir han sido objeto de debate y esto es una muestra más», explica Dominique Curis.

En su opinión, «cuando hay problemas complicados muchas veces las sociedades eligen chivos expiatorios entre los grupos más vulnerables. En este caso, las mujeres musulmanas son un ejemplo. Además, los argumentos de las prohibiciones se pueden mezclar con principios muy legítimos, como la defensa de las mujeres, pero al final defienden posturas muy autoritarias hacia las propias mujeres», añade.

La organización condenó la sanción del burkini,  anulada en el municipio de Villeneuve-Loubet por el Consejo de Estado francés este viernes, porque consideran que «promueve las humillaciones públicas y provoca abusos y tratos degradantes a las mujeres y niñas musulmanas».

El director general de servicios del Ayuntamiento de Cannes, Thierry Migoule, aseguró que el burkini es una «señal de adhesión al yihadismo» y plantea además «problemas de higiene». Incluir criterios como la higiene y la seguridad ante el terrorismo para justificar estas ordenanzas municipales también contribuye a estigmatizar a las mujeres, denuncian en el CCIF.

En opinión de la experta de Amnistía Internacional, «el efecto de estas medidas es que el debate público está muy focalizado en esta cuestión del islam, no en las realmente complejas como la integración, y hay un discurso que estigmatiza aún más a la población musulmana, sobre todo a las mujeres». Curis pide a las autoridades francesas que amplíen y profundicen más en sus propuestas, «porque esto son muestras de elegir discursos fáciles».

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