Martes

El referéndum donde el pueblo griego dijo que no a los planes de ajuste de la Troika europea nos ilusionó, nos permitió imaginar un guión que escapaba a lo obvio, a lo evidente. Creímos que podía torcerse el timón. Lo cierto es que la Troika enloqueció de ira y decidió machacar más, si cabe, al pueblo griego. Debían pagar la osadía de contradecir a los poderes fácticos.

Varufakis comentó estos días que su posición era de seguir la pelea golpe por golpe con la Troika y ver hasta dónde podía llegar la disputa. Confiaba en que no iban a cerrar los bancos, pero se los cerraron. Dentro del gabinete la postura del ex ministro fue perdiendo peso, no sabemos si por miedo, por medición de daños, para evitar catástrofes o porque simplemente tiraron la toalla.

La puja no es económica, eso está claro, es política. Syriza es un grano en el tujes para Europa, un gobierno que les habla sin miedo, pese a su posición perdedora. Así que a Tsipras hay que limpiarlo y llevan varios meses trabajando su destrucción. Nos quieren hacer creer que este acatamiento es su fin. Yo deseo, profundamente, que el pueblo griego sea capaz de mostrar entereza y confianza en los procesos. Las derrotas de hoy, no son la derrota final. Hay que entender el proceso en términos políticos, la equiparación de fuerzas es irrevocable, hay que generar masa crítica. Tsipras llevó el peso del pueblo griego a la toma de decisiones y terminó volviéndose en su contra. Pero no debe por eso renunciar a seguir haciéndolo. Y si el Parlamento no aprueba el plan de medidas impuestas por la Troika, no habrá más remedio que pasar a un plan alternativo.

¿Dónde están los ejércitos en todo esto? ¿Las cúpulas empresariales? ¿Quiénes están apoyando este esfuerzo? No nos olvidemos que la política lleva décadas de vaciamiento de poder, de institucionalidad. Putin no puede meterse en esta disputa sin generar un espiral de tensiones. Crimea queda demasiado cerca. ¿Sudamérica con sus propios gobiernos jaqueados por los mismos poderes financieros pueden salir en auxilio de Grecia? Quiero creer que sí, que pueden hacer mucho más. Pero también están atados por acuerdos con la Unión Europea, con los bancos, con las instituciones.

El tablero se resquebraja, las piezas han perdido autonomía de movimientos, en muchos casos son peones, que no pueden retroceder y quedan a merced de las arremetidas de los alfiles, de las estrategias de los caballos, del poderío de las torres y, ni hablar, de las decisiones de la Reina Ángela y el resto de la Corte.

París no aceptó jamás que Grecia se quedara fuera del euro y eso permitió que se llegara a algún tipo de acuerdo, por abusivo que sea. Por lo menos, Grecia sigue viva.

Jueves

Hoy, tras la aprobación del paquete de ajustes exigido por Europa que realizó el Parlamento griego, los desmanes en la calle y las repercusiones intempestivas, creo que es necesario esperar un poco. Tsipras apostó por mantenerle los signos vitales capitalistas al país heleno, que no se haga más empinado el desfiladero por el que tiene que trepar el gobierno de Syriza. De hecho, siente que no tiene la capacidad para enfrentar este desafío y está en el aire el adelantamiento de las elecciones para octubre.

Schauble, el ministro de Finanzas alemán, un tipo que no tiene nada que perder, que parece haber salido de los infiernos, insiste en que a los griegos hay que echarlos del euro para que aprendan. El gobernador del Banco Central Europeo, el para nada radicalizado, Mario Draghi, ve necesaria una quita de la deuda griega, parece que el FMI también tiene esa postura. Krugman ha sido durísimo con la manera de llevar adelante este golpe de estado financiero que “asesina el proyecto europeo”, según sus palabras. Varufakis, que votó en contra del ajuste en el Parlamento, le saca punta al lápiz y muestra todo lo que está mal y es el único que, al menos, esbozó principios de salida de este embrollo. Porque lo realmente preocupante es que no se vislumbra un plan que le permita a Grecia sostenerse económicamente con soberanía e independencia.

Tsipras parece que se hubiera quedado solo, despreciado en Europa, sigue contando con el apoyo de Podemos y pocas fuerzas extranjeras más y también estigmatizado en su tierra. El título de traidor debe dolerle en demasía, porque sabe que no salieron las cosas cómo se esperaba. O es un cínico o debe estar padeciendo un revés histórico.

Trato de ponerme en el lugar de los griegos, en esos que votaron por OXI y que confiaban en que, por fin, un presidente les preguntaba por dónde debía ir el rumbo. Pero si bien pueden estar dispuestos a ir a la guerra, el verdadero combate político ha excluido a la gente hace mucho tiempo y no se ve claro que pueda hacerse frente a las armas de destrucción masiva con garrotes y cócteles molotov. La pelea hay que darla, David no se puede cruzar de brazos y dejarse aplastar por Goliat, pero todavía no se ve el punto débil a Europa o si se lo ve, parece inexpugnable.

Personalmente, mi miedo es que en un campo de batalla de desconfianzas, desamoríos y violencia los que tienen todo para salir victoriosos son los que detentan el poder real y los que podrían usufructuar ese espacio serían propuestas de extrema derecha que deriven los problemas de raíz de la sociedad europea hacia causas expiatorias, que responsabilicen de sus males a las pieles de colores distintos, a los credos religiosos minoritarios, a las ideas posneoliberales que podrían sacudir la dictadura del capital que viven los europeos.