Palabras de Tomás Hirsch en «Caminos de Paz para el conflicto Israel/Palestina»

14.10.2014 - Redacción Chile

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Palabras de Tomás Hirsch en «Caminos de Paz para el conflicto Israel/Palestina»

Transcribimos aquí la intervención del vocero humanista en el Foro que se realizara en la COmuna de Providencia, Santiago de Chile, respecto del conflicto Israel-Palestina, buscando vías pacíficas para su resolución:

«Muy buenas tardes a todos. Para comenzar, quiero precisar desde dónde hablo: Lo hago desde el Humanismo Universalista. Sus puntos fundamentales son:

1. Colocar el ser humano como valor y preocupación central, de tal manera que no haya nada por encima del ser humano y ningún ser humano esté por encima de otro.

2. Afirmación de la igualdad de todos los seres humanos.

3. Reconocimiento de la diversidad personal y cultural, afirmando las características propias de cada grupo humano y condenando la discriminación, ya sea motivada por diferencias económicas, raciales, religiosas, étnicas o culturales.

4. Desarrollar el conocimiento por encima de todo prejuicio aceptado como verdades absolutas e inmutables.

5. Afirmar la libertad de ideas y creencias.

6. Repudiar la violencia en todas sus formas.

Si tenemos en cuenta este emplazamiento mental, es bastante fácil comprender nuestra posición con respecto al conflicto Israel/Palestina: No podemos aceptar la imposibilidad de un pueblo de darse un Estado soberano, ni la existencia de territorios ocupados ni el emplazamiento de asentamientos de colonización en esos territorios.

Comparto lo dicho por el joven escritor israelí Nir Baram

“–Yo creo que la ocupación israelí es una pesadilla que no solamente destruye la sociedad palestina, sino la sociedad israelí. En Israel nadie piensa en el futuro. Nadie se plantea si dentro de veinte años va a haber un estado o dos estados. El problema de los dos estados es que el ideal principal es la separación. Y la separación es un gran error; no creo que exista semejante oposición y que seamos enemigos mortales. No creo en esos muros de separación, pero tampoco creo que en esta etapa la idea de un único estado sea una buena idea. Este es el motivo por el cual estoy participando en un grupo de negociación integrado por palestinos e israelís, Ramallah Tel Aviv Iniciative, en el que estamos intentando crear un modelo sorprendente de dos estados sin separación, con total libertad de movimiento. Los palestinos hablan mucho más de la capacidad de trasladarse y moverse que del estado palestino. Ese es el motivo por el cual dos estados separados, bloqueados con una frontera, no es una buena solución.”

Hasta ahí la cita.

Pero voy más allá. Si se avanza en el camino de los dos Estados, debería ser un trámite rápido y transitorio, porque no resuelve nada de fondo. Los Estados nacionales están obsoletos. Hoy son sólo aparatos en manos de poderes colosales que arrebatan la soberanía de los pueblos. Deberán ser superados por el ideal de una Nación Humana Universal, que supere fronteras y barreras, que sea multicultural, multiétnica, que valore la diversidad religiosa e idiomática.

Paradójicamente en esa zona, que es la más compleja del mundo, está la oportunidad de crear un modelo que sirva al resto del planeta superando la vieja idea de los Estados Nacionales. En primer lugar avanzar hacia una integración regional efectiva. Es muy difícil lograrlo, son demasiados los intereses en juego, pero si ahí se logra, entonces se abre una puerta de esperanza para una nueva forma de solución de los conflictos en todo el planeta.

Lo que está claro es que, como muy bien decía Cristina Fernández en la ONU, “el camino seguido hasta ahora ha empeorado las cosas y por tanto ha sido incorrecto y se requiere un cambio de estrategia y no seguir golpeando un clavo ya doblado”.

Demasiado tiempo se ha jugado a dejar el conflicto en latencia, en “chutearlo” para adelante como si el tiempo se encargara de resolverlo. Los dramáticos hechos de los últimos meses demuestran que no es así, que una y otra vez volverán a explotar, a menos que se acelere el diálogo y la voluntad de acuerdo para resolverlos. Acá todos tienen que ceder. Se acabó el mundo en que unos ganan y otros pierden. Ahora o ganamos todos un poquito o perderemos todos mucho.

Y más allá de lo que hagan los Estados y los gobiernos, aquí hay que aclarar lo que tenemos que hacer los pueblos. Los pueblos tenemos que esclarecernos, si no nos seguirán aplastando y cada vez en forma más violenta.

No debemos aceptar el chantaje de que el único modo de resolver un conflicto es con ejércitos, drones, invasiones y asesinatos. El Estado de Israel se pone fuera de la legalidad si no respeta las resoluciones de Naciones Unidas y merece el repudio internacional frente a la ocupación de territorios; pero a su vez esto no justifica a ningún grupo a levantarse en armas, utilizar el terror o la metodología de la violencia. Cualquiera que asesine es una vergüenza y debe ser repudiado, se llame Israel, Hamas o lo que sea.

En ese sentido me interpreta absolutamente la declaración que firmamos junto a cientos de hombres y mujeres chilenos del mundo político, cultural, social, religioso.

A modo de concluir y precisar mi posición, permítanme compartir sus párrafos finales con ustedes:

Chilenos de raíces judía, palestina y de otros orígenes, comprometidos con la defensa irrestricta de los derechos humanos, la justicia y la libertad, nos sumamos a las voces del mundo que dicen: ¡No más! No hay argumento posible para negar y eliminar al otro. Nada justifica esta masacre.

No más al racismo y la discriminación que carcome todo camino posible hacia la paz.

No más a la lógica del miedo y la seguridad, que anulan toda humanidad.

No más ocupación al territorio palestino, que ahoga y mata día a día a los habitantes de Gaza y Cisjordania.

Es tiempo de frenar esta espiral de agresión: la violencia y la opresión solo generan más violencia. 

Es tiempo de dar lugar a la esperanza: es posible la convivencia entre palestinos e israelíes.

Es tiempo de pensar en los hijos de nuestros hijos: es viable recuperar el espacio de una coexistencia milenaria.

No hay solución militar a este conflicto, la resolución es política, con los principales actores en la mesa.

Es hora de que seamos testigos de:

  • Dos estados libres y soberanos, con territorios seguros, conectados y con pleno reconocimiento mutuo.

  • El fin de la ocupación, de los check points y los asentamientos israelíes en Cisjordania

  • El ejercicio del pleno derecho a la autodeterminación en condiciones de una vida digna para ambos pueblos.

Finalizo diciendo que nosotros, humanistas universalistas, seguiremos el camino de la no violencia, de la denuncia de la opresión. Y buscaremos el diálogo. Sabemos que un día nos sentaremos todos a conversar. Mientras más nos demoremos, habrá más injusticia y muerte. Mientras antes sean los pueblos quienes tomen el protagonismo, mejor.

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