Por Gonzalo Larenas

El curso de los acontecimientos está girando violentamente en Latinoamérica, los mercados varían por su dependencia de alguna materia prima o del mercado norteamericano, mientras otros se debaten en crisis internas que parecen no tener fin. Los que ayer subían hoy bajan y la incertidumbre se asoma amenazante. Las distracciones, a pesar de ser cada vez mayores, parecen no importar. Tiembla esta tierra y la gente lo sabe, por muy fuerte que pongan la música y por muchos fuegos artificiales que lancen, el movimiento se siente cada vez más fuerte, parece que nadie se quiere quedar quieto, por partes se derriba el statu quo de economías y políticas extractivas.

Se viene el mundial de fútbol. Políticos y economistas cuentan los días con los dedos para que ese día llegue y pasen de forma más desapercibida las posibles crisis que se avecinan en el continente. Chile y Perú distraen con limites que solo afectan a grandes mercaderes. Mientras ambos países que crecían de forma potente, se ven enfrentados a un escenario en el que se muestra su dependencia brutal de la exportación de materias primas, las que mundialmente están y seguirán sufriendo reveses. No hay innovación, no hay verdadero desarrollo, no hay inversión en investigación, se mantienen las brechas sociales, era cosa de tiempo entonces para que el globalizado mundo nos pasara la cuenta.

En Argentina la crisis interna se sostiene dividiendo al país, los unos y los otros, cuando lo que verdaderamente pasa es que se pelean el trono y, el resto, como dicen ellos- ¡Que se joda!-. Así siguen en una montaña rusa económica y social, jugando con una de las economías más fuertes de Sudamérica; en otras palabras “dividir para reinar” ese ejemplo lo podemos ver también en Venezuela. A todo ese brumoso caos de poder se le suma la constante inflación. Problemas de cimiento que tienen que ver con sus contradicciones vitales en la inclusión política y económica, un desorden entre el decir y el actuar que se refleja en las instituciones y en el ciudadano, el que termina sufriendo este dificultoso actuar.

Para Brasil la situación no es muy alentadora tampoco. Trajeron la fiesta del fútbol más grande del mundo y en las calles parece no importar. Incluso parece enfurecer más a una sociedad explosiva que mantuvo silencio en movimientos sociales potentes por mucho tiempo, hoy el gigante parece haber despertado y nada lo distraerá. Para el 2014 se espera que su crecimiento alcance los 2,6% por debajo del promedio estimado del 3,2%. El real ya cayó un 2% un poco menos que el peso chileno que alcanzó una caída del 3%, esto último por la crisis en Estados Unidos.

A pesar de ser Brasil un país continental que había enfocado sus fichas en la educación superior y la investigación, los frutos parecen no estar apareciendo cuando más se necesitaban, quizás apostando a un crecimiento a largo plazo más que uno inmediato como en el caso de los países del pacífico.

Los dos casos que sorprenden son los de Paraguay y Bolivia, el primero con el cuarto crecimiento más grande a nivel mundial, con una tasa del 13% algo sorprendente que viene de la mano de la contracción por las sequías anteriores que afectaron a la soja, pero a pesar de eso se mantendrá con un crecimiento este año del 4,5%. Caso similar es el de Bolivia con pronóstico de crecimiento del 5,5%.

Si seguimos recorriendo el continente nos damos cuenta que los cambios son bruscos, tanto económicos como sociales, incluso en Cuba, que ahora negociará con la Unión Europea tanto económica como políticamente.

No hay que desconocer lo que pasa en México, país que ve afectado su crecimiento por la inestabilidad cercana de su vecino del norte, sumado a sus ya cada vez más lamentablemente habituales guerras contra el narcotráfico y el aumento considerable de la violencia en su sociedad.

Los cambios nos incluyen a todos y el caribe es parte de ese todo, inclusive Puerto Rico.

Esto es algo que la CELAC pareció olvidar en su última junta, que debido a su particular situación ha debido enfrentar los golpes de uno y de otro lado, quedando al medio de la tormenta sin capacidad de resolución por parte de sus autoridades, quienes más parecen tripulantes desesperados en el hundimiento de un buque.

Del contagio tampoco se salva Colombia, país del que a pesar que se espera un crecimiento del 4,5% tuvo ya una caída del 3% en su peso por su dependencia de mercados norteamericanos, situación que como al resto podría afectar en las predicciones.

Mientras todo gira, todo cambia, el gatopoardismo nos ofrece una salida política, pero no económica, en este ámbito las cosas no seguirán igual porque es justamente la política la que no se ha subido al carro del desarrollo real.

El continente seguirá girando y los que no se aferren se verán arrojados hacia afuera, hacia abajo, estancándose otra vez. Los más fuertes deberán crear lazos con los demás ya que solos no lograrán seguir creciendo como lo venían haciendo.

Está temblando, muchas cosas están ocurriendo y nadie se está enterando, estamos más preocupados de la farándula que de lo que se viene en el futuro próximo, es hora que comencemos a despertar, dejar las distracciones y analizar cuál es la mejor postura para enfrentar los nuevos desafíos, recordando que no hay mejor oportunidad que una crisis para avanzar, no solo en investigación y desarrollo para dejar de depender de materias primas y sumarle a estas su valor agregado, sino también en la posibilidad de economías que incluyan a todos los participantes de estas, entregando herramientas e incentivos para que funcionen, apoyados en instituciones renovadas que cumplan su funcionalidad.

@GonzaloLarenas

Fuente: Panorama Económico y Social de la Comunidad de Estados Latinoamericanos

y Caribeños, 2013. Cepal