Se impone la grosera violencia de unos y la vergüenza de otros. Y mientras en un sitio, los niños lloran la barbarie en silencio, en otro los líderes políticos nos dicen que no importa el sufrimiento de miles para garantizar el bolsillo de unos pocos.

Hoy sentimos la impotencia de los activistas saharauis de la no violencia y compartimos su grito pidiendo ayuda. Ayuda para salvar a su gente ahora, y ayuda para crear una realidad diferente mañana. Para que las nuevas generaciones no aniquilen su espíritu enredándose en una espiral de violencia desesperada. Porque… ¿Cómo le explican al joven que ve como maltratan a su madre, como desaparece su padre, que siente el temor en los ojos de su hermano, que se encuentra abandonado por el resto del mundo… cómo le explican que responder a la violencia con violencia, sólo añadirá más dolor al dolor y más sufrimiento al sufrimiento? ¿Cómo le dicen que aprenda a resistir semejante monstruosidad, desde la no violencia? Y sin embargo, no hay otro camino válido. No hay otro camino más poderoso que ese, ni más valiente, ni más eficaz. No hay otra forma de acabar con la violencia. Pero en ese difícil camino, deberían sentirse acompañados.

Hace un año hicimos una Marcha Mundial por la Paz y la No Violencia. Los amigos del Sahara también caminaron junto a nosotros, para crear conciencia de que un mundo diferente era posible. En aquel momento dijimos que esa era la Marcha de los invisibles, de los que no son escuchados… Y seguimos sin ser escuchados.
Pudiera parecer que fracasamos una y otra vez. Pero lo cierto es que seguimos en el intento una y otra vez. Silo dijo una vez que somos un David frente a un insolente Goliath, la suavidad del agua frente a la dureza de la roca, la fuerza de lo débil… y aún cuando no logremos inmediatamente los resultados que esperamos, esta semilla ya existe y espera la llegada de los tiempos venideros.
Hace un año demostramos que miles de personas de distintas latitudes, de distintas creencias, de distintas generaciones, podían unirse en lo esencial y eso no fue un fracaso, porque quedó como referencia en el corazón de muchos.
No tenemos el poder, somos humildes. Pero siempre podemos hacer algo y siempre se pueden cambiar las cosas. Y si ayer marchaste por la paz, hoy y en base a ese mismo registro, puedes decir que tú también eres saharaui.

Y entonces, ¿qué puedes hacer por tu hermano? Dile que estás con él, que no están solos. Muestra tu rostro y haz escuchar tu voz… Díselo también al poderoso. Y posiblemente sigan sin escucharnos una vez más, pero no podrán ignorarnos siempre.

Vale la pena intentarlo, vale la pena no rendirse… por nosotros, por toda la buena gente que nos ha precedido y sobre todo, por las nuevas generaciones que transformarán el mundo.

Y quizás, como decía un viejo libro y un gran maestro, llegará por fin el día en que las armas serán convertidas en herramientas de labranza.

Desde este enlace, se puede enviar un mensaje a los representantes europarlamentarios, exigiendo que se pronuncien ante la violación de los derechos humanos en el Sahara: http://www.sahararights.net/

Para todos, un deseo de Paz, Fuerza y Alegría.

Lilián Cabrera
Centro Humanista de las Culturas.