Los medios de comunicación y la violencia

14.01.2009 - Buenos Aires - Pressenza IPA

La violencia no es algo que se pueda resolver en soledad y comprando cada vez más ornamentos de supuesta seguridad personal, porque la violencia, es un fenómeno existencial de la época que se esparce en las sociedades como una mancha de petróleo que todo lo contamina, es un problema personal y social que nos transforma en engranajes de una maquinaria compleja que se alimenta y retroalimenta hacia el mundo actos de deshumanización creciente.

Cada vez tenemos mejores y más medios para comunicarnos, esto es claro, sin embargo cada día aumentan sustantivamente los climas de soledad, las depresiones o ataques de pánico, las inseguridades, los miedos y los suicidios en nuestras sociedades. Cada vez tenemos más acceso a la información de todo lo que sucede con el ser humano en cualquier punto del planeta, sin embargo cada día se nota más el analfabetismo funcional, el desinterés por el otro, la pérdida de la compasión, el aislamiento, el fraccionamiento de las luchas sociales y el “yo me ocupo de mi vida”, como si ésta estuviera ajena a la interrelación social y cultural con la vidas de los demás.

Este tema de los medios de comunicación y su relación con la violencia personal y social es demasiado amplio para agotarlo en tan pocas líneas. Decididamente lo es.

Sin embargo procuraremos sumar algunos puntos de vista que puedan ayudar en la comprensión del fenómeno que nos trajo hasta aquí.

En el contexto mencionado y en la era de la tecnología digital, la velocidad con que viajan hechos de suma violencia, así como la sensación intrínseca que confunde a menudo la vida de las personas y la preservación ambiental con un juego virtual o con efectos digitales de una nueva película de ficción, parece ser un elemento muy importante a considerar que a veces hace perder la comprensión de un fenómeno que se potencia a cada instante. También la calidad con la que se puede acceder a una imagen, ya sea para producirla como para recepcionarla y el tiempo real en el que podemos hacernos de dicha acción produce un cambio importante en la concepción de la misma.

Todo es cada vez más rápido, más desestructurado, menos conceptual, más titulado. Se nos suele decir desde los medios implícita o explícitamente “esto es lo que tienes que saber antes de salir de tu casa”. Existe lo que muchos llamamos “la opinión publicada”, es decir, algunos títulos con ligeros copetes introductorios fijados por dos o tres grupos de personas que concentran varios medios por los se desparrama dicha opinión. La televisión (al igual que la radio y los periódicos) no es un hecho unitario. Umberto Eco nos explica sobre la primera (TV) “es un medio técnico de comunicación a través del cual se pueden dirigir diversos géneros de discurso comunicativo.”

Cuando hablamos de medios de comunicación, hablamos de instrumentos para facilitar la información, la interlocución y el diálogo entre las personas. Hoy la imagen inicial que se tenía de dichos medios, es decir periódicos, radio y televisión debe ser ampliada sin dudas a la publicidad, a la telefonía digital y a Internet que han revolucionado la época y han ampliado la diversidad del discurso comunicativo. Sin embargo la masividad que ha obtenido la televisión a nivel mundial la ubica en el primer lugar de los medios de comunicación de la época. Existe una suerte de axioma en el medio, que conlleva en su seno una concepción violenta y que dice “lo que no pasa por la TV no existe” y esto nos mete de lleno en otro punto. Quien es el que señala lo que hay que decir, como lo dice y a quienes niega existencia social. También este axioma puede explicarnos por que la gente es capaz de hacer cualquier cosa (incluso la más humillante o descalificante) con tal de tener su minuto de fama televisiva. Estamos diciendo que se le ha dado una ponderación despro-porcionada a un instrumento y esto está generando muchos problemas sociales porque estimula y profundiza la confusión y la pérdida de valores humanos ya existentes.

A menudo vemos esto en la televisión mundial que responde a fuertes intereses comerciales y editoriales (entiéndase ideológicos o seudo-ideológicos) habiéndose transformado en un instrumento de difusión al servicio de los poderes centralizados o los intereses privados individuales de alguien para incrementar su patrimonio económico y por ende su poder social.

El concepto de libertad jaqueado socialmente por estas causas, encuentra un delgado hilo que arriesga a menudo conductas vitales y profesionales de quienes desarrollan sus tareas en los medios y que responden al formato que impone la empresa.

Tomemos por ejemplo, las dificultades que atraviesa hoy el principio de independencia que se sostiene aún en las academias de periodismo pero no así en las cabezas de muchos que lo estudian, o bien aquella remanida frase que la televisión es un servicio, cuando el acceso a la misma no se facilita para estratos sociales de menores recursos (a menos que sea redituable mostrarlos), o para temas que le puedan interesar a la gente, o bien considerar lo que cuesta colocarla al servicio de la excelencia de la educación y la prevención en salud por ejemplo.

Si quisiéramos ser más exhaustivos y precisos en un análisis de la situación actual de los medios en relación a la violencia no podríamos dejar de mencionar que la violencia del sistema mundial actual se genera desde los centros de poder basada en una escala de valores que no contempla al ser humano como valor central, sino que coloca en ese espacio al dinero, y circunstancialmente a otros valores como el estado o la religión según el lugar del mapa que consideremos.

Ahora bien, hasta acá hemos dicho en pocas palabras que los medios de comunicación social siempre en términos amplios y destacando que hablamos de líneas muy generales y en el contexto en el que están funcionando, son responsables de retro-alimentar violencia, del mismo modo que el grueso de las organizaciones humanas de la época más allá de algunos buenos intentos aislados por salirse de esa vorágine que tienen muchos de sus trabajadores que reman contracorriente.

A estas alturas la pregunta que me surge es que pasaría si las personas de buen corazón, aquellos que llevamos otra actitud humana más inclusiva y que luchamos por un mundo y un país donde quepamos todos, podemos torcer el rumbo de los acontecimientos. Cual podría ser el rol de los medios de comunicación en dicha impronta. Como trabajador de los medios y como luchador de la no-violencia estoy convencido que ocuparían un lugar muy importante en esta tarea. Los medios son sólo los instrumentos y su rol siempre estará sujeto a la decisión de las personas, por lo que culpar a la televisión de hoy de la pérdida de valores es un error conceptual, ya que la situación es exactamente al revés, se llega a la televisión de hoy porque hay valores sociales que han entrado en crisis y la gente se ve reflejada en eso que ve o quiere ser. Es más preocupante a mi entender, que la gente quiera ser eso que ve, que la calidad televisiva actual con todo lo que eso significa.

Es violencia la falta de comunicación, la degradación, la lástima, la hipocresía, la obsecuencia, el maltrato, la humillación, la descalificación, la tortura, la falta de espacio, la obscenidad de la marginalidad, la vulgarización de lo profundo, la calumnia y otras tantas cosas que suceden diariamente en todos los medios de comunicación devenidos en medios de difusión masiva medidos por un elemental sistema de estadísticas de dudosa calidad como es el rating, con el cual se nos quiere convencer que lo que hay es lo que la gente quiere porque así lo manifiestan las planillas de medición de la trampa televisiva-radial…

También es violencia la manipulación, la falta de libertad, la presión y el tráfico de influencias para limitar o coaccionar el discurso profesional e investigativo de los trabajadores de los medios y en ocasiones hasta la línea editorial de los mismos, la imposición, la tergiversación intencional y la precariedad laboral.

Categorías: Asuntos internacionales, Opiniones, Sudamérica
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