Sin duda, una contribución desde
ese su-lugar y su práctica a la urgente necesidad de la paz en el planeta.

P: Lo primero que nos ha llamado la atención de tu trabajo es que, contrario a lo que suele suceder
con las muestras fotográficas, en las que ves hechos o situaciones, en esta se documentan vidas de
personas a lo largo de un período de tiempo. ¿Por qué?

GS: Después de muchos años de experiencia en zona de guerra, trabajando conflictos armados en
América Latina, cubriendo la guerra de El Salvador, de Guatemala, de Nicaragua, las dictaduras
militares del Cono Sur, las guerras de Colombia, la guerra de Perú, llegué a la conclusión de que
algo estaba fallando en mi manera de transmitir lo que estaba ocurriendo. Me centraba mucho en el
hecho, en las cifras, en la parafernalia de la guerra, en el “bam-bam”, en los combates, los muertos,
los heridos y muy pocas veces en lo que significa la guerra para las personas.

Llegó un momento en el que me di cuenta que había que contar las cosas de otra manera y tuve la
suerte de recibir un encargo para trabajar en el país que yo quisiera, elegí Angola y el problema de
las minas antipersonas y al llegar a este país me di cuenta que las minas golpeaban durísimamente
a los civiles y que al fin y al cabo los civiles eran las últimas y olvidadas víctimas del conflicto,
incluso una vez terminado.

Pensé entonces que era importante documentar el problema de las minas como consecuencia de la
guerra y que la clave estaría en basarme en historias personalizadas. La prensa, los periodistas en
general tenemos una tendencia a reducir la guerra a números, número de muertos, miles de muertos,
miles de desaparecidos, millones de desplazados, ceros, ceros, ceros, a veces más o menos , se
utilizan las cifras de manera sensacionalista siempre, se manipulan las cifras, todo el mundo
manipula las cifras: tu vas con el ejército las manipula, la guerrilla la manipula, los familiares de
desaparecidos las inflan, los familiares de secuestrados también, porque da igual los ceros que
pongas, como no ocupan lugar! Y es un problema grave porque cada una de esas víctimas tiene un
nombre y un apellido, una historia que contar, una historia inconclusa, una historia de resistencia,
una historia de dignidad, una historia de supervivencia…

Entonces decidí que esta fuera otra manera de contar las cosas, ni mejor ni peor que otras, solo otra
manera.

P: El tema de las minas antipersonas, al menos en Ecuador y seguramente en otros países del
continente, es percibido como lejano. Qué piensas al respecto?

GS: Cuando estuve en Perú en los años ochenta, los muertos estaban en el altiplano. En Lima
las personas sentían la guerra lejos, hasta que llegó a Lima. Igual pasa con las minas. Para un
ecuatoriano una mina es algo raro en su vida, para un campesino colombiano, una mina es parte de
su vida, está ahí… para una persona que vive en Bogotá, es algo lejano.

Este es el gravísimo error de los seres humanos: darle importancia a las cosas solamente cuando les

afecta. Si yo fuera un ciudadano ecuatoriano me interesaría este tema: en las fronteras norte y sur
hay minas. Es verdad que hay mucho menos mutilados en Ecuador que en Colombia, que es uno de
los países con más mutilados del mundo, pero sigue siendo un problema que debería acercarnos a la
realidad.

La tendencia que tenemos los seres humanos es a no interesarnos por nada que no nos afecta. Si no
sentimos hambre, no nos interesa el hambre. Pero todos los problemas que hay en el mundo son
problemas vinculados a hechos, actitudes o decisiones que han tomado los políticos de un lado o de
otro, también las guerras que se han sufrido. Los problemas nos afectan a todos.

P: Otra tendencia común es asumir que la persona que ha sido víctima de una mina, ha sufrido
un “accidente”, como si fuera casual y nadie tuviera responsabilidad sobre ello. Qué nos puedes
comentar al respecto?

GS: De hecho se utiliza la palabra “accidente” para referirse a las minas. Se dice los “accidentes
de minas” no se dice los crímenes de las minas. Si alguien estalla porque han dejado una mina, es
un “accidente”. Pues no lo es, es un crimen. Es un crimen de guerra. Se ha utilizado material de
guerra para producir un daño que tiene consecuencias terribles y para siempre.

Y por supuesto, hay responsables: responsables son los que autorizan a soldados de ejércitos, o
guerrillas o paramilitares a colocarlas, los jefes; pero también son responsables los que las ponen
y los que las ponen y no hacen mapas para luego recogerlas, para saber dónde están y que las
comunidades los conozcan, para que no sufran las consecuencias. Las minas pueden ser plantadas
hoy y tener consecuencias en treinta años. No están hechas para dañar en poco tiempo, pueden
dañar en décadas , incluso. Los responsables tienen que dar la cara y solucionar el problema que
han creado.

P: Mencionaste con escepticismo la manera en la que están respondiendo los gobiernos del planeta
a este problema. Cuáles son según tú, las perspectivas?

GS: El Tratado de Otawa contra las minas antipersonas se firmó en 1997, hoy día hay 156 países
que lo han firmado, quedan 35 que no y entre ellos E.U. Rusia, China, India y otros países. Yo creo
que se ha hecho un gran avance. Los países firmantes han destruido sus stocks de minas, no pueden
venderlas, fabricarlas, utilizarlas. Eso es muy efectivo.

Muchos de estos países son países ricos. Muchos países de la UE ya no fabrican minas, pero se
habían comprometido también a ayudar a las víctimas de las minas tanto en ayuda directa a las
víctimas como en recursos para el desminado. Mientras que haya minas en determinados lugares las
políticas de desarrollo están condenadas al fracaso.

Ahí esta la clave de por qué no se ha avanzado: muchos de estos países que prometieron ayudar,
crear un fondo importante para ayudar a las víctimas han olvidado sus promesas y han incumplido
sus promesas. Soy mucho más pesimista que la gente de Naciones Unidas o los gobernantes de mi
país, por ejemplo. Creo que se podría haber invertido mucho más dinero y se podrían haber hecho
mucho más cosas, sobre todo en el desminado.

P: Cuál ha sido tu experiencia personal, tu aprendizaje, lo que has ganado como persona siguiendo
estas vidas minadas. Qué ha pasado contigo?

GS: Estamos hablando de historias dramáticas que empiezan en un momento dramático.
Encontrarte a un joven que le van a cortar la pierna, u otro que se debate entre la vida y la muerte,
u otro como en Colombia, una niña que es ciega y que le falta una mano desde los ocho años, son

historias dramáticas y así comienzan.. Después, estos niños van creciendo, van madurando, se
enfrentan a la vida con dignidad y fortaleza, mejoran sus vidas, estudian, algunos consiguen formar
una familia, tienen hijos, en ese momento aparece lo mejor de la vida de un ser humano.

Las víctimas también tienen derecho a ser felices, derecho a momentos de gran belleza y cuando
se producen esos momentos de felicidad y lo registras fotográficamente , logras hacer una especie
de “equilibrio anímico” , como si tuvieses una balanza en la que por un lado soportas el peso del
dolor y por el otro lado colocas la esperanza de que la vida continúa. Sientes que por encima de
todo está la dignidad y que los seres humanos tienen una gran capacidad para enfrentarse a los
desastres con gran voluntad. A mi el seguimiento de estas historias me ha servido para mejorar
como persona, para volverme una persona mejorar. Ellos me han ayudado a mejorar como persona,
como fotógrafo, como periodista.

P: Además de tu trabajo en torno a las minas antipersonas, en qué otros temas y proyectos estás
trabajando?

GS: Estoy trabajando en un proyecto muy reciente en Afganistán y seguramente trabajaré más en
Colombia en los próximos años. Acabo de presentar recientemente, en España, tres exposiciones
simultáneas con un proyecto que se llama Desaparecidos, en el que he trabajado este drama, un
drama peor que el de la minas, en 10 países del mundo: Colombia, Perú, Guatemala, El Salvador,
Chile, Argentina, Irak, Camboya, Bosnia y España.

Es un proyecto muy duro, las fotos más antiguas tienen 13 años y las más recientes en los meses
previos a la presentación del proyecto. Es un proyecto que atraviesa toda mi vida profesional. Yo
empecé a interesarme por los desaparecidos cuando era estudiante universitario, en Barcelona, me
hice socio de Amnistía Internacional y a través de esta relación comencé a leer informes brutales de
Guatemala, de El Salvador , en aquellos tiempos de guerra mediática que cubría todo el mundo y
leí cosas espeluznantes. De hecho mi primer viaje a América Latina fue a Guatemala y El Salvador
para ver con mis propios ojos si lo que decían los informes era verdad o estaban adulterados… la
realidad era peor que lo que había leído en los informes.

Estoy trabajando en diferentes proyectos, sigo mucho el conflicto de Iraq y Afganistán que son
conflictos muy difíciles de cubrir, peligrosos para los extranjeros pero es necesario también
documentar la actualidad.

P: Crees que este modo de tratar estos temas de algún modo ha permeado el modo en el que medios
y periodistas abordan estos temas?

GS: Vamos a ver. La prensa , los medios de comunicación viven un momento crítico, no tanto por
el tema de las nuevas tecnologías, como se nos quiere hacer crrer. Yo pienso que eso es mentira.
El problema es que nosotros hemos dejado de ejercer el periodismo con seriedad. Los ciudadanos
se han cansado de los periodistas relacionados con el poder, que han dejado de ser los vigilantes
del poder para convertirse en los amigos del poder, del poder político y del poder económico. Nos
ven como personas vendidas, ven que no hacemos periodismo de investigación que es la base del
periodismo.

Un ejemplo que lo explica todo: Colombia, hace veinte años tenía la mejor prensa de América
Latina, tenían dos grandes periódicos y dos grandes radios. Hoy día es la peor del continente, al
menos de América del Sur. La relación que tiene la prensa colombiana con el poder es vergonzosa.
Los ciudadanos están hartos de este descontrol, están enemistados con los periodistas, no es un
problema de crisis económica, sino de crisis de identidad, hemos dejado de ejercer nuestra labor:
controlar a los poderes , sobre todo controlar al poder económico, que es el que tiene el verdadero

poder, y nos hemos convertido en sus aliados.

Me pueden decir que en Ecuador la prensa es antigubernamental… ahora. Cuando en el gobierno
estaban sus amigos eran pro-gubernamentales. Lo que ha hecho la prensa colombiana con Uribe,
una vergüenza. Lo que ha hecho la prensa española, de paso, sobre todo los periódicos más
conocidos de España: limpiarle la basura y la moqueta a un criminal, directamente, como Uribe.
Uribe tiene en su haber crímenes de guerra, crímenes de Estado. El, durante su período, por acción
o por omisión, es responsable de los falsos positivos y no estamos hablando de unos cuantos
falsos positivos, Naciones Unidas ha declarado que hay entre 1800 y 2200 falsos positivos y es el
gobierno de Uribe el máximo responsable, cuando era ministro de Defensa un tal…Santos.

Entonces, dejémonos de rollos. Cuando la prensa ejerza de nuevo su trabajo, los ciudadanos
volverán a creer en nosotros. Yo hago periodismo y creo en él. Para mi el periodismo es tan
importante para la sociedad como la salud y como la educación. Me molesta que me llamen
periodista comprometido, yo no soy un periodista comprometido, soy un periodista. Lo que pasa
es que para mi el periodismo es compromiso y sirve para quitar la careta a los otros poderes, para
denunciar las tropelías del gobierno, para investigar. Para eso estudié y en eso creo y en eso creían
mis compañeros que han muerto en zonas de conflicto, en el periodismo con mayúsculas.

Entonces si alguien se molesta porque digas que el periodismo ha dejado de ejercer su labor, pues
es su problema, no el mío. Es como cuando acusas a un gobierno de estar detrás de crímenes de
Estado,como el de Uribe u otros, es un problema de ellos, no el mío. Como cuando dices en Perú
que el gobierno anterior de Alan García, en el 85, es el responsable del 27% de las desapariciones
en el Perú y que con lógica jamás habría tenido que ser de nuevo presidente de Perú sino que tenía
que haber estado en un prisión al lado de Fujimori. Si alguien se molesta es su problema, no es el
mío.

P: Qué esperas de la muestra Vidas Minadas en Ecuador?

GS: La exposición lleva cuatro años dando vueltas por España, por América, por la sede de la ONU,
en la OEA, en UNESCO, en la Comunidad Europea, en fin, en una gran cantidad de sitios y este
año terminará en Londres. Ha sido muy visitada. Yo espero que haya tenido un cierto impacto.
Pero a mi no me interesa lo que las fotografías provoquen. Si veo a alguien llorando frente a mis
fotografías, no me conmueve. Que alguien llore ante el dolor ajeno, no me conmueve. Si una
persona no se conmueve frente al dolor ajeno, debe ir al psiquiatra.

A mi lo que me interesa en lo que pase después de que esa gente abandone el local donde está la
exposición. Si se vuelve a meter en su burbuja, mi trabajo no ha servido para nada. Si esa persona
decide, en su pequeño camino, mejorar un poco el mundo en el que vivimos, mi trabajo ha servido
para algo.

Yo quiero que me siga afectando lo que veo, como periodista, como persona, como fotógrafo. Si
alguien no está dispuesto a sufrir en su propio cuerpo el dolor de las víctimas no va a poder jamás
transmitir con decencia, da igual los premios que ganen, las fotos que hagan , los grandes escritos,
me da igual.

Si no estás dispuesto a sufrir el impacto del dolor de las víctimas en tu propio organismo, no vas
a poder transmitir con decencia. Ojalá muchas personas se interesen, ojalá los ecuatorianos se
pongan en el lugar de los colombianos y los colombianos en el de los salvadoreños, estos en el
de los nicaragüenses, o de los iraquíes o los afganos, porque el problema de las minas o de los
desaparecidos es un problema que afecta a centenares de miles de seres humanos y a sus familiares.

Las guerras son el gran fracaso de los seres humanos. Cuando se produce una guerra en
un país, sus consecuencias se pueden sufrir durante décadas. Da igual que la guerra dure
cincuenta años como en Colombia, o que dure tres años. Ha habido guerras de tres años cuyas
consecuencias se siguen sufriendo hoy. Un ejemplo es la guerra civil en España, que hace 75
años que empezó y hace 72 que acabó, pero todavía hoy día sus consecuencias persisten: decenas
de miles de desaparecidos se no se han localizado.

Cuándo acaba una guerra? Yo creo que solamente cuando las consecuencias de la guerra se
superan pero… Cuándo acabará la guerra en Colombia? Cuándo se firme la paz con las FARC?
No, igual veinte años después se seguirán sufriendo las consecuencias. Es más fácil comenzar
una guerra que acabarla.