Explicó en primer término los temas tratados en los dos encuentros anteriores. En el primero, “El Humanismo Universalista como una respuesta para nuestro tiempo” se desarrolló la idea de un humanismo plural y convergente; un humanismo capaz de impulsar la recomposición de las fuerzas sociales; un humanismo apto para crear una nueva atmósfera de reflexión en la que no se opongan ya de modo irreductible lo personal a lo social ni lo social a lo personal; un humanismo creativo; en síntesis, un nuevo humanismo que teniendo en cuenta las paradojas de la época aspire a resolverlas.
En el segundo encuentro “El ser humano, intencionalidad y no naturaleza” se discutió con las corrientes que sostienen la existencia de una conciencia pasiva y de una naturaleza humana, explicando que el Humanismo Universalista, en sentido opuesto, sostiene la historicidad de lo social y que nada del ser humano existe por “naturaleza” y que se afirma la actividad de su conciencia, actividad transformadora del mundo, de acuerdo a su intención.

Nuevamente se planteó que el mundo está en cambio, en cambio acelerado, manifestándose crisis en las personas, las instituciones y la sociedad, postulando de que es fundamental dar dirección a ese cambio inevitable y no hay otra forma de hacerlo que empezando por uno mismo. Se propusieron en este sentido dos importantes propuestas para ir ganando en coherencia personal y en la relación con el medio: “Pensar, sentir y actuar en una misma dirección” y “Tratar a los demás como se quiere ser tratado”.

Se explicó que existe en cada uno una memoria profunda, un “paisaje de formación”, que determina la forma de ver el mundo, paisaje que se forma por que uno crece y se educa en un entorno determinado, con objetos tangibles y otros intangibles, y ese entorno pone la base de una cierta valoración social y determinados códigos, que condicionan posteriormente nuestra mirada sobre el mundo, nuestras creencias y nuestras formas de relación. Estos condicionamientos limitan nuestras posibilidades de acción y transformación.

Se dijo también: nacemos entre condiciones que no hemos elegido: ni nuestro cuerpo; ni el momento histórico, ni el lugar donde nacimos; ni la situación social en que lo hicimos; todo esto nos tocó, para bien o para mal, por fortuna o por desgracia. Dado esto, toda persona puede a partir de un momento decidir si quiere vivir o no y en que condiciones hacerlo. La libertad de elección es una realidad desde el momento en que nos cuestionamos vivir y pensamos en las condiciones en que queremos hacerlo. Que luchemos o no por ese futuro siempre deja en pie a la libertad de elección. Por supuesto, la no elección, es también elección. Optar es ineludible.

A continuación se planteó qué cambio queremos en lo social, reiterando la visión de que por primera vez estamos en un sistema mundialmente cerrado y en el cual no existe una clara dirección de cambio. Cualquier intento de ordenar el desorden que se va produciendo sólo lograra acrecentar ese desorden y desde esta perspectiva no hay otra salida que revolucionar el sistema, abriéndolo a la diversidad de las necesidades y aspiraciones humanas. Planteadas las cosas en esos términos, el tema de la revolución adquiere una grandeza inusitada y una proyección que no pudo tener en épocas anteriores.

Por último, explicando a qué revolución se refiere el Humanismo Universalista, Feres citó a Silo en su Carta a mis amigos: “…una revolución social que cambie drásticamente las condiciones de vida del pueblo, una revolución política que modifique la estructura del poder y, en definitiva, una revolución humana que cree sus propios paradigmas en reemplazo de los decadentes valores actuales”, señalando que “…salir del campo de la necesidad al campo de la libertad por medio de la revolución es el imperativo de ésta época en la que el ser humano ha quedado clausurado. Las futuras revoluciones, si es que irán más allá de los cuartelazos, los golpes palaciegos, las reivindicaciones de clase, o de etnia, o de religión, tendrán que asumir un carácter transformador incluyente sobre la base de la esencialidad humana.”

Posteriormente y en los siguientes 45 minutos, se intercambió fluidamente entre los asistentes sobre la visión que cada uno tenía sobre el momento actual, las posibilidades de cambio en dirección revolucionaria y que hacer para contribuir a avanzar en esa dirección. Se coincidió en que es imprescindible trabajar en ambas coordenadas, lo social y lo personal, para avanzar en la humanización del mundo.

La próxima charla será: «El Documento Humanista: postulados para una nueva sociedad”.
Fecha: Miércoles 18 de julio – 18:30 horas.
Lugar: Umbral (Antonia López de Bello 0413, Barrio Bellavista, Santiago)
[www,facebook.com/CentroCulturalUmbral](www,facebook.com/CentroCulturalUmbral)