El 28 de abril, el rey Carlos III y la reina Camilla fueron recibidos en la Casa Blanca con una ceremonia de bienvenida con asistencia completa del Estado: sobrevuelo militar, saludos de cañónes y todos los símbolos de poder y continuidad. Fue la segunda vez un monarca británico se dirigió al Congreso.

Y, sin embargo, en un país que ha visto tres grandes movilizaciones “No Kings” durante este año,  cada uno con entre tres y siete millones de personas manifestándose en las calles,  el silencio en este momento es sorprendente.

En una época definida por la comunicación y la visibilidad masiva, esto fue como una oportunidad perdida. Los medios de comunicación globales se han llenado de imágenes de ceremonias, alianza y continuidad, pero no de disenso. No están los millones de estadounidenses que, hace apenas unas semanas, demostraron su rechazo a la concentración de poder, al espectáculo político y reclamaron contra la tendencia de la actual administración hacia la guerra. La profunda incomodidad, y, para muchos, la repugnancia absoluta, respecto de las acciones y del tono del Presidente sigue siendo en gran medida invisible.

Uno no puede dejar de preguntarse qué podría haber hecho Martin Luther King Jr. o Mahatma Gandhi en este momento: pararse, visible y pacíficamente, ante un símbolo tan potente de contradicción, un monarca británico honrado en el 250 avo aniversario de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos. La ironía raya en lo absurdo.

Pero quizás lo que más destaca no es el espectáculo en sí mismo, es la ausencia de convergencia. Después de demostrar que millones pueden movilizarse, ¿por qué no aquí? ¿Por qué no ahora? ¿Por qué no aprovechar un momento en el que el mundo está mirando?

¿Cómo transformamos a los Estados Unidos si no podemos unirnos, una y otra vez, para expresar una visión diferente: una América enraizada en la diversidad, la solidaridad y el coraje de defender visiblemente algo verdaderamente diferente?

El espectáculo continúa. Esta vez, sin embargo, hemos elegido no entrar al escenario.