Con motivo de la conferencia «La conciencia en la era de la inteligencia artificial», celebrada el 22 de abril en el Teatro Dal Verme de Milán, el profesor Federico Faggin concedió a Pressenza una entrevista que reproducimos a continuación. El evento fue organizado por Progetto Itaca[1], una asociación con 18 sedes territoriales activas en Italia que se dedica a desarrollar proyectos de apoyo a personas que padecen trastornos de salud mental, así como de apoyo a sus familias.

El profesor Faggin[2], conocido internacionalmente por haber inventado el microprocesador y la pantalla táctil, tras una exitosa carrera como científico y empresario, se ha dedicado cada vez más a la física cuántica y a la cuestión de la conciencia, llegando a la convicción de que somos parte integrante del Uno, dotados de libre albedrío, y de que la conciencia continúa su camino tras la muerte del cuerpo.

A nivel internacional, un grupo de estudio en torno a tus libros, en particular a «Más allá de lo invisible», partiendo del análisis de los efectos del Antropoceno sobre la biosfera y la humanidad, ha llegado a la conclusión de que una minoría está rompiendo los equilibrios de la biosfera, devastando las relaciones entre los pueblos y las personas a nivel planetario.

La preocupación de este grupo de estudio y de nosotros, la redacción de Pressenza, es: ¿cómo lograr, en un plazo razonable, revertir esta situación, de modo que la competencia se convierta en cooperación y la discriminación se transforme en solidaridad? ¿Cómo hacer comprender que realmente somos «todos parte del Uno»?

Este es quizás el mayor reto de la humanidad y se puede lograr, pero no de la forma en que uno pensaría, es decir, intentando cambiar a los demás. En cambio, solo se puede conseguir cambiándose a uno mismo. No es posible cambiar a los demás, pero si uno consigue cambiarse a sí mismo, da ejemplo a los demás de lo que significa cambiar y de que esto es posible. Así que, en lugar de las palabras, que van y vienen, solo quedan los hechos. La esencia de lo que uno es se ve en cómo se comporta la persona, en lo que hace. En cualquier caso, cambiarse a uno mismo es lo que hace mucho más felices a las personas que intentan el cambio. No necesitamos nada más.

Así se transmite un mensaje contundente que inspira a los demás a cambiar. No hay otra solución. No hay que hacer una revolución, y hacer la guerra no hace más que perpetuar el ciclo de violencia. No existe ninguna solución «fuera» de nosotros. La solución está, por el contrario, dentro de nosotros. No es fácil y requiere mucho esfuerzo. Pero es un camino seguro, mientras que el otro es un camino que lleva hacia «fuera de camino».

No se puede cambiar a los demás. Es también una cuestión de sentido común, ¿no? Por otra parte, también mi camino comenzó con la pregunta «¿Quién soy yo?». Y entonces me dije: «Quiero entender quién soy». Pero no fui a comprar libros. Tuve que dirigir la atención hacia mi interior. Y en un momento dado tuve una experiencia inesperada, una de esas experiencias que tienen una fuerza vital en su interior, que son más reales que las que vivimos en el exterior, experiencias que tienen un significado extraordinario. Gracias a esa experiencia comprendí quién soy.

También hay ciertos sueños que son poderosos y significativos. Tienen el valor de algo fuerte y verdadero, que no puede ser una ficción, no puede ser una alucinación. Si uno va a preguntar a un médico o a un psiquiatra, el psiquiatra típico no lo entiende porque piensa que somos una «máquina». Yo llamo cientificismo a la idea de que somos máquinas que se reparan desde «fuera». Por lo tanto, la «llave inglesa» del psiquiatra son los medicamentos.

¿Cómo explicas a tus colegas físicos y a los científicos en general este punto de vista tuyo?

Les muestro que lo que digo se basa también en la física, no en la física clásica, sino en la física cuántica. Pero les cuesta entenderlo, porque también hay un problema de poder. No es que no lo entiendan. Hay resistencia, porque el conocimiento es poder. Como en las religiones, ¿no? Saber más que los demás suele ser percibido por los cientificistas (no por los verdaderos científicos) como poder.

Sin embargo, la ciencia tiene una ventaja sobre las religiones, porque lo que se conoce debe ser verificable experimentalmente. Por lo tanto, es mucho más creíble. La ciencia tiene mucha más autoridad que la religión porque debe demostrar experimentalmente lo que afirma. Por eso los científicos creen saber más, porque han estudiado estas cosas, las conocen. Pero lo que la ciencia ha hecho hasta ahora es estudiar el mundo exterior. Nunca ha dado valor de verdad al mundo interior.

Esto es un error fundamental porque han decidido a priori que no hay nada dentro de nosotros. Están convencidos de que lo que tenemos dentro está creado únicamente por la materia. Ojo, cuando digo «dentro de nosotros», no me refiero al cerebro ni al cuerpo, porque ahí también solo hay materia. Me refiero a una realidad más profunda que la material que conocemos.

La realidad del espíritu, la realidad de nuestra conciencia, no está en el espacio-tiempo. Es otra realidad de la que surge la realidad exterior, la de los objetos que se mueven en el espacio-tiempo. Hay que entender que la realidad física forma parte de tres realidades fundamentales e interdependientes: materia, mente y espíritu. La mente es el aspecto computacional del campo consciente que somos, mientras que el espíritu es lo que experimenta su estado cuántico en forma de experiencia consciente, es decir, las sensaciones, los sentimientos y los pensamientos que sentimos dentro de nosotros.

Conocemos porque tenemos un mundo interior. La conciencia es una propiedad del espíritu. Pero, ¿dónde se encuentran el espíritu y la mente? Ante esta pregunta, el físico se detiene. Se detiene en las matemáticas. Porque las matemáticas son un lenguaje compuesto de símbolos que transmiten información, pero el significado de los símbolos solo existe en la conciencia del físico, no en las matemáticas. La ciencia llama «información» al hecho de reconocer un símbolo y conocer su probabilidad. Los símbolos de la ciencia no tienen significado, mientras que nosotros llamamos «información» al «significado de los símbolos». Este es un problema muy grave.

Los físicos utilizan, por tanto, la palabra «información» con un significado diferente al que le damos nosotros. Luego, el problema se ha magnificado al llamar «inteligencia artificial» a lo que no es inteligencia. Lo primero que hacen los dictadores es utilizar ciertas palabras cambiando sus significados.

Desgraciadamente, esto está ocurriendo hoy en día y por eso quiero dejar claro que la realidad no es solo la física, sino también la de la mente y el espíritu, y que las tres funcionan juntas. La física solo describe la realidad material y atribuye a la materia también el aspecto computacional.

En mi opinión, la física cuántica no describe la materia, sino la mente del universo, porque calcula las probabilidades de lo que es posible manifestar, no de lo que se manifestará. La física clásica describe la materia del universo. Por último, el aspecto espiritual explica la experiencia consciente, el significado de la experiencia y las decisiones conscientes sobre qué manifestar en el espacio-tiempo en función de las probabilidades calculadas por la mente.

¿Crees que en algún momento se logrará reconstruir ese puente entre ciencia y espiritualidad que existió en tiempos remotos en muchas partes del mundo?

Por supuesto. El problema es que los valores fundamentales han sido descartados por el cientificismo, el materialismo y el reduccionismo. Al principio no es que quisieran desecharlos, porque los científicos solo estaban interesados en comprender cómo funcionaba el mundo material. Pero luego, poco a poco, vieron que podían explicar muchas cosas y, al final, se engañaron creyendo que podían explicarlo todo. Con esta mentalidad, negaron el aspecto espiritual y mental profundo, los aspectos intuitivos y los aspectos de la verdadera creatividad que las máquinas nunca tendrán.

En la parte espiritual de la conciencia, el miedo a la muerte es uno de los mayores temores para todos nosotros. En tu búsqueda y en la introspección que deseas para todos nosotros, ¿hay alguna forma de superar este miedo y reconocer que la materia tiene un final, mientras que la conciencia y la espiritualidad continúan?

En realidad, nunca he tenido un gran miedo a la muerte, aunque sí cierta ansiedad sobre lo que sucederá, quién sabe… Y también porque aún no estaba preparado para plantearme ciertas preguntas, quizá aún no tenía la edad suficiente. Pero a los 49 años, cuando viví la «experiencia del despertar», todo se me hizo más claro: nosotros no somos el cuerpo. Es el cuerpo el que muere, pero nosotros no morimos. Ese fue uno de los mensajes implícitamente claros de mi experiencia: la muerte no existe, yo soy este campo de amor que existe también fuera de mi cuerpo, un campo que sigue existiendo.

¿Cuándo te planteaste estas preguntas?

Años antes de tener la experiencia del despertar había alcanzado todos los objetivos que pensaba que deberían hacerme feliz, pero en cambio no estaba contento. Por suerte, me quedaba suficiente honestidad para reconocer que fingía estar contento. El primer paso para resolver un problema es reconocer que hay un problema. Uno nunca es tan deshonesto como para no reconocer lo que siente en su interior. Como es fácil identificarse con el actor que interpreta el papel de la persona de éxito, se necesita mucha honestidad para reconocer y aceptar que hay un problema.

La otra cosa fundamental es asumir la responsabilidad de lo que ocurre en la propia vida, sea bueno o malo. En lugar de culpar a los demás, hay que reconocer que, si estamos descontentos, debemos haber hecho algo que haya creado ese descontento, o no hemos hecho nada cuando deberíamos haber hecho algo.

En mi caso, no hacer nada fue el mayor problema. A un nivel profundo, eso se convierte en indiferencia. Uno ve el mal y no hace nada: mira para otro lado. ¿Cómo es que no viste que esa persona necesitaba una sonrisa, un trozo de pan?

De hecho, cuando se habla del despertar de la conciencia, se produce un cortocircuito por el que ya no puedes permanecer indiferente. ¿La indiferencia se convierte tarde o temprano en sufrimiento?

Sí. Cuando reconocí que yo era el responsable y tuve la honestidad de aceptarlo, con esa misma honestidad también me dije: entonces soy yo quien puede y debe resolver este problema. Porque lo creé yo. Si lo crean los demás, no puedes resolverlo, pero si lo creas tú, puedes hacer algo al respecto. Fíjate, uno o dos años después de aceptar mi responsabilidad, tuve la experiencia que me explicó quién soy.

NOTAS

[1] La Fundación Progetto Itaca ETS- https://progettoitaca.org/ coordina 18 sedes activas en todo el territorio nacional que, en conjunto, constituyen la principal organización de Italia dedicada a la salud mental. Considera que los trastornos de salud mental son patologías curables y que toda persona afectada merece una ayuda oportuna, un diagnóstico correcto y un tratamiento eficaz para llevar una vida plena y satisfactoria, libre de estigmas y prejuicios. Sensibiliza a la sociedad para superar el estigma y los prejuicios. Difunde información veraz para favorecer la prevención y la orientación hacia el tratamiento. Apoya a las personas que padecen trastornos de salud mental y a sus familias en el camino hacia la recuperación del bienestar y la plenitud de vida.

[2] Federico Faggin es un físico, inventor y empresario italiano. Nacido en Vicenza en 1941, reside en Estados Unidos desde 1968. Fue jefe de proyecto y diseñador del Intel 4004, el primer microprocesador del mundo, y desarrollador de la tecnología MOS con puerta de silicio, que permitió la fabricación de los primeros microprocesadores, de las memorias EPROM y RAM dinámicas y de los sensores CCD, elementos esenciales para la digitalización de la información. En 1974 fundó Zilog, con la que creó el famoso microprocesador Z80, que aún se fabrica. En 1986 cofundó Synaptics, empresa con la que desarrolló los primeros touchpads y pantallas táctiles. En 2011 fundó la Federico and Elvia Faggin Foundation, una organización sin ánimo de lucro dedicada al estudio científico de la conciencia, con la que patrocina programas de investigación teórica y experimental en universidades e institutos de investigación estadounidenses e italianos. Con Mondadori publicó en 2019 Silicio, Irriducibile (2022) y Oltre l’invisibile – Dove scienza e spiritualità si uniscono (2025): «La ciencia y la espiritualidad pueden producir algo inconmensurablemente más poderoso que la suma de ambas, al igual que la unión de un electrón y un protón crea un átomo de hidrógeno». «Somos todos parte de UNO, en el que todo está interconectado (holístico), con libre albedrío y que quiere conocerse a sí mismo». «Cuando el cuerpo muere, …la conciencia individual mira a su alrededor y se da cuenta de que existe en otra realidad (una conciencia más amplia) de cuya existencia se había olvidado».

Entrevista a cargo de Giorgio Schultze, Barbara De Luca y Thomas Schmid.