Dos buques de la Armada de México atracaron el jueves 26 de febrero por la mañana en el puerto de La Habana, Cuba, con 814 toneladas de alimentos, en un esfuerzo humanitario destinado a aliviar la grave situación que afecta a la población cubana, marcada por décadas de limitaciones para acceder a bienes esenciales y servicios básicos.
México ya había despachado, pocos días antes, otro cargamento con 1.193 toneladas de víveres, incluidos frijol y leche en polvo, con el apoyo de organizaciones civiles. Estas acciones se producen en un contexto en el que Cuba enfrenta una crisis energética creciente, potenciada por la interrupción de los envíos regulares de petróleo desde Venezuela a partir de diciembre de 2025. Los apagones y las restricciones al transporte y servicios básicos se han intensificado, haciendo más urgente la asistencia humanitaria.
En 2025, Venezuela había enviado cargamentos de ayuda por huracanes, incluyendo un segundo buque con más de 2 500 toneladas de alimentos y suministros esenciales, pero esos envíos correspondían a situaciones climáticas específicas y no a la actual crisis estructural de la isla. La dinámica se complicó aún más con la operación militar estadounidense en Venezuela en enero de 2026, que culminó con la captura del presidente Nicolás Maduro y su traslado fuera del país. La acción generó amplias condenas internacionales por posibles violaciones al derecho internacional y a la soberanía estatal, según gobiernos de la región y organismos de derechos humanos. Mientras Washington defendió la operación como una medida contra el gobierno de Maduro, países como Colombia y Brasil la calificaron como una violación del derecho internacional, y líderes globales expresaron preocupación por el precedente que podría sentar para la estabilidad regional.
A raíz de estos cambios, los suministros energéticos tradicionales de Cuba procedentes tanto desde Venezuela como parcialmente desde México, se han visto reducidos o puestos en pausa. Aunque México mantiene cierta continuidad en envíos de crudo y otros bienes esenciales, además de los cargamentos de alimentos. Esto ha permitido aliviar parcialmente la crisis, aunque los apagones y la escasez de combustible persisten.
El coordinador residente de la ONU en Cuba, Francisco Pichón, pidió públicamente a Estados Unidos una “excepción humanitaria” para permitir el envío de petróleo y otros recursos esenciales a la isla. Pichón advirtió que las consecuencias del bloqueo se han “agravado cada día más” y han elevado el riesgo de una crisis humanitaria sistemática que afecta a millones de personas.
La presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, reiteró el compromiso de su gobierno con el pueblo cubano y defendió la necesidad de restablecer los suministros energéticos para aliviar la situación socioeconómica de la población. —“Seguiremos apoyando a Cuba y emprendiendo todas las acciones diplomáticas necesarias para poder restablecer el envío de petróleo a la isla, porque no se puede estrangular así a un pueblo”, —declaró.
Entretanto, otros países han mostrado intención de colaborar. El gobierno de Canadá confirmó que prepara un plan para enviar ayuda alimentaria a Cuba como respuesta a la grave escasez de combustible y alimentos, exacerbada por las sanciones y el embargo estadounidense. Por otra parte, declaraciones de distintos gobiernos y organizaciones humanitarias reflejan interés y disposición a colaborar, aunque muchos de estos apoyos aún no se han concretado.
A pesar de 66 años de bloqueo estadounidense, los envíos de ayuda humanitaria se mantienen, mostrando la persistencia de la solidaridad internacional frente a las dificultades que enfrenta Cuba. La llegada de alimentos desde México y los planes de asistencia desde otros países buscan mitigar el impacto social y humanitario del embargo, mientras la ONU y gobiernos aliados continúan presionando por mecanismos que permitan mantener flujos esenciales de bienes y combustible hacia la isla.













