La semana pasada, el gobierno de EE.UU. anunció que enviaría 6 millones de dólares en ayuda a Cuba, sumados a los 3 millones enviados en enero tras el huracán Melissa. Este paquete de ayuda podría parecer contrario a la significativa escalada del criminal bloqueo de 66 años impuesto por EE.UU., que ha ampliado a un bloqueo total de combustible desde diciembre, con ataques a Venezuela. Pero, en realidad, es un pilar fundamental del mismo.
Esta maniobra busca explotar la crisis energética y de combustible generada por EE.UU. para fortalecer a grupos opositores, sustentar propaganda contra el gobierno y la revolución cubana, para forzar a la isla a una dependencia y sumisión total hacia Estados Unidos. Esta estrategia francamente genocida se asemeja mucho a la de la «Fundación Humanitaria de Gaza» estadounidense e israelí, y a la utilización del hambre y la ayuda con fines coloniales e imperialistas a través de esta y otros medios. Tanto en Cuba como en Gaza, se trata de una estrategia deliberada de EE.UU. para hacer sufrir a la gente con sus acciones, y luego culpar a la autoridad gobernante para justificar un cambio de régimen.
Por Nuvpreet Kalra
En noviembre del año pasado, EE.UU. anunció por primera vez un paquete de ayuda a Cuba en respuesta al huracán Melissa. Aunque el huracán golpeó con fuerza el este de la isla, Cuba no sufrió grandes cantidades de víctimas ni una crisis gracias a las políticas centradas en el pueblo del gobierno cubano, que continúa distribuyendo recursos y previniendo víctimas de desastres naturales, a pesar de la asfixia estadounidense. El huracán Melissa mató a más de 54 personas en Jamaica, al menos 43 en Haití, 4 en la República Dominicana, pero solo una persona en Cuba. El éxito de la respuesta del gobierno cubano no solo es totalmente ignorado por las organizaciones estadounidenses, sino que además se usa para justificar operaciones y propaganda. Por ejemplo, la Arquidiócesis de Miami dijo sobre su distribución de ayuda: «decenas murieron, principalmente en Jamaica y Haití, pero la debilitada situación económica de Cuba impulsó la acción de un pequeño grupo de donantes». Ciertamente, cuando la respuesta de un país a un desastre natural es evacuar con éxito a 735,000 personas, evitar un gran número de muertos y priorizar la supervivencia de la gente, es digno de elogio. Por supuesto, reconocerlo sería totalmente opuesto a la línea propagandística de EE.UU., según la cual Cuba es un «estado fallido».
Cuando el huracán Katrina golpeó EE.UU. en 2005, Cuba ofreció una brigada médica de 1.586 doctores y 37 toneladas de suministros médicos. EE.UU. lo rechazó de plano. El huracán y la falta de respuesta provocaron la muerte de más de 1.800 personas, muchas por falta de asistencia y suministros médicos, parte de los cuales Cuba podría haberles proporcionado, cuando 1.5 millones de personas fueron desplazadas y muchas nunca regresaron. El gobierno de EE.UU. prefirió dejar morir a la gente antes que aceptar la ayuda incondicional de una brigada médica cubana, lo que subraya su disposición a sacrificar a su propia población para perseguir su agresión contra Cuba. La abismal diferencia entre EE.UU. y Cuba al responder a desastres naturales es, en esencia, la polaridad entre una economía de guerra basada en la extracción y el lucro, y una economía de paz basada en la solidaridad y el bienestar común.
Asedio a Cuba, asedio a Gaza
Las mismas motivaciones genocidas del asedio estadounidense-israelí sobre Gaza se han impuesto para aislar y asfixiar a Cuba. EE.UU. ha prohibido la entrada de bienes a Cuba, impuesto un bloqueo total al petróleo e incrementado sanciones, lo que causa pérdidas de miles de millones de dólares cada año, empobreciendo al país. Mientras asfixia la infraestructura para una distribución equitativa y eficiente de alimentos en Cuba, la ayuda estadounidense se entrega solo a la Iglesia Católica y a ONGs respaldadas por EE.UU., específicamente para eludir la distribución estatal. Esto es inquietantemente coherente con la acción de la horrenda y letal «Fundación Humanitaria de Gaza» de EE.UU. e Israel.
En Gaza, establecieron un asedio total y bárbaro, negaron la entrada de cualquier bien y ayuda, y prohibieron la entrada a grupos de ayuda internacional para justificar que mercenarios estadounidenses proporcionaran magras cantidades de ayuda entre disparos. EE.UU. e Israel masacraron al menos a 2.603 personas e hirieron a otras 19.034 más justamente en los puntos de distribución de la FHG. No hubo absolutamente ninguna rendición de cuentas ni acción contra estos campos de exterminio bárbaros.
Tanto en Palestina como en Cuba, EE.UU. viola descaradamente y sin tapujos el principio humanitario de trabajar con los gobiernos de los países afectados. Utilizando sus líneas y coberturas propagandísticas habituales para hacerlo. Para Cuba, EE.UU. afirma que está «evitando la interferencia del régimen, y asegurando transparencia y rendición de cuentas» y que la ayuda es «parte de un esfuerzo más amplio para estar con el pueblo cubano mientras busca un futuro mejor». Para Gaza, EE.UU. dice que es «la única forma viable de llevar ayuda a Gaza sin empoderar a Hamás» y «es una alternativa centrada en resultados a un sistema de ayuda fallido».
En ambos lugares, EE.UU. afirma abiertamente que está socavando a gobiernos y organizaciones que alega «roban» la ayuda. Esta acusación es más bien una confesión. Porque fueron las fuerzas de ocupación israelíes (FOI) quienes prendieron fuego, quemaron y enterraron más de 1.000 camiones de ayuda en Gaza, mientras Israel fabricaba una hambruna que mató al menos a 10.000 personas, y que las Naciones Unidas describieron como el «fracaso de la humanidad misma». Un reservista de las FOI declaró que «acompañó convoyes de ayuda que suministraban a una milicia en Rafah» y la seguridad israelí añadió «cajas cerradas (con contenido desconocido») para poder justificar la mentira de que Hamás estaba usando la ayuda como arma. Israel también financió y coordinó grupos milicianos en Gaza para saquear ayuda, y protegió a colonos israelíes que saqueaban y destruían ayuda de los camiones. Por no mencionar los numerosos videos de soldados de las FOI consumiendo con regodeo y burlas esta ayuda alimentaria. Todas estas acciones, junto con la descarada negativa a permitir el paso de miles de camiones de ayuda en Gaza, crearon las condiciones previas para justificar la posterior intervención de la «Fundación Humanitaria de Gaza» y sus campos de exterminio.
De manera similar, es Estados Unidos quien impide que los bienes entren a Cuba. Desde 1962, EE.UU. ha impuesto un bloqueo que prohíbe todo comercio y actividad económica con Cuba. Es decir, está declarada y terminantemente prohibido en EE.UU. con severas consecuencias, pero además abarca todo el mundo, ya que EE.UU. impone sanciones secundarias (extraterritoriales), aranceles y otras medidas punitivas contra cualquier país, organización, empresa o individuo que no cumpla con su bloqueo. En las últimas semanas y meses, esto se ha endurecido aún más. Por lo que no ha entrado petróleo a Cuba desde diciembre, y el Gobierno ha desplegado un plan para racionar energía limitada solo para los usos más urgentes, como hospitales, escuelas y alimentos. Cuba ya no puede abastecer de combustible a los aviones, lo que podría detener todos los viajes aéreos.
EE.UU., por un lado, amenaza con aranceles y sanciones a cualquier país que intente comerciar petróleo y bienes con Cuba, y por otro, impulsa propaganda de que el País es incapaz de alimentar y proveer energía a su pueblo. En Cuba y Palestina, EE.UU. está generando una crisis de la que luego culpar a los gobiernos, que el poder imperialista busca derrocar mediante esta estrategia.
Made in Israel y Miami
La ayuda también es política en su origen. Todos los suministros de la «Fundación Humanitaria de Gaza» provenían de proveedores israelíes, creando ganancias directamente para capitalistas de riesgo, inversores tecnológicos y otro personal de la ocupación israelí como Michael Eisenberg, Liran Tancman y Yotam HaCohen. También se canalizó fondos públicos hacia empresas privadas y mercenarias turbias, como UG Solutions y Safe Reach Solutions. Esta estrategia utiliza la ayuda como arma en los esfuerzos de cambio de régimen colonial, con el objetivo de EE.UU. de instalar firmemente a sus títeres en el poder en Cuba y Palestina, en contra de los intereses y la voluntad del pueblo.
Los suministros de ayuda estadounidense a Cuba tienen por origen a Miami, Florida, conocido desde hace tiempo como el lugar con los sentimientos pro-EE.UU. y fascistas más vociferantes y desvergonzado de la diáspora cubana. La ayuda está siendo distribuida por la Iglesia Católica y Cáritas, una ONG financiada por EE.UU. establecida en 1991 durante el ‘Periodo Especial’ en Cuba, que ha financiado operaciones de cambio de régimen en la isla. La Catholic Relief Services, una de las tres organizaciones en Cáritas América del Norte, recibe más de la mitad de su financiamiento (1.500 millones de dólares) directamente del gobierno de EE.UU. La otra organización involucrada es “Caridades Católicas de la Arquidiócesis de Miami”, que fue la arquitecta de la operación encubierta de la CIA para la «Operación Pedro Pan», por la que más de 14.000 niños cubanos fueron llevados de sus hogares a EE.UU. en los años posteriores a la revolución. También está en la junta de la caridad el juez de la Corte Suprema de Florida, John Couriel. La cifra titular de 9 millones de dólares de ayuda a Cuba está siendo absorbida por organizaciones como esta. De hecho, en 2024, más del 72% de toda la ayuda de EE.UU. a Cuba fue a organizaciones estadounidenses. Esto plantea la urgente pregunta de cuánto de esta ayuda es una forma de dirigir recursos a grupos opositores y su acción en Cuba bajo la falsa apariencia de enviar alimentos.
Recopilación de inteligencia
La estrategia de desplegar ayuda también permite llevar a cabo una significativa vigilancia encubierta y encubrir operaciones de inteligencia. A finales de enero del año pasado, EE.UU. desplegó alrededor de 100 mercenarios, en su mayoría ex soldados de Fuerzas Especiales de EE.UU., para patrullar Gaza y establecer los letales «centros de ayuda». Soldados estadounidenses dispararon y mataron a palestinos hambrientos buscando ayuda, mientras celebraban y hacían pedidos a Domino’s pizza. Estos sitios eran trampas mortales, usadas para atraer a palestinos a un área donde eran vigilados y disparados. La gente arriesgaba sus vidas por recibir una magra cantidad de ayuda que a menudo estaba podrida. Se ha revelado que un objetivo significativo de esta operación era la vigilancia. Un contratista de UG Solutions reveló que soldados-espías estadounidenses e israelíes están usando software de reconocimiento facial «sobre imágenes en tiempo real de los sitios de distribución» a partir de CCTV y material de vigilancia aérea. Esto ya va más allá de un mero método de masacre, siendo vigilancia a través del intermediario de la «ayuda». EE.UU., en este sentido, Israel ha confirmado esta vigilancia, tras reclutar específicamente a operativos de inteligencia.
De manera similar, el Departamento de Estado anunció que funcionarios del Gobierno de EE.UU. han estado «asegurándose de que el Régimen no secuestre la asistencia, la desvíe, intente politizarla». Enfatizando que «hemos estado observando» y «hablando con cubanos de a pie… entendiendo los desafíos a los que se han enfrentado, tanto tras el huracán como debido a la crisis humanitaria más amplia en Cuba». Esto es preocupante, ya que está claro que EE.UU. está usando esto como una oportunidad, en conjunto con redes de ONGs, para recopilar inteligencia y difundir propaganda y mentiras pro-EE.UU. por todo el País bajo la apariencia o falsa bandera de la «ayuda».
Tanto en Cuba como en Palestina, Estados Unidos está desplegando sus métodos bárbaros para producir sufrimiento masivo a fin de lograr sumisión política y económica. Las tácticas que se utilizan ahora en la distribución de ayuda en Cuba son un modelo más suave de los campos de exterminio en Gaza, que buscan forzar a toda la población a la sumisión y ocupar la totalidad de Palestina.
Más allá de este manual táctico, es importante reconocer las conexiones históricas entre Palestina y Cuba, especialmente mientras resisten la violencia del imperio estadounidense que busca someterlos por hambre. Cuba fue uno de los 13 países que votaron en contra de la partición de Palestina en la ONU en 1947; en los meses posteriores al triunfo de la Revolución, el Che Guevara y Raúl Castro viajaron a Gaza; fueron de los primeros en reconocer a la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) en 1964; cortaron todos los lazos con Israel en 1973; y calificaron las acciones de Israel de genocidio en 1979. Desde 1982, Cuba ha estado proporcionando educación a estudiantes palestinos en Cuba; ayudó a que Palestina obtuviera el estatus de observador en las Naciones Unidas, en 2012; apoyó el caso de genocidio de Sudáfrica en la Corte Internacional de Justicia en 2024; y ha sido uno de los más firmes apoyos diplomáticos y materiales de Palestina.
Esta amistad y solidaridad histórica es lo que Estados Unidos teme. Por eso está obsesionado con destruir la Revolución Cubana, ya que esta garantiza la provisión para su pueblo y, al mismo tiempo, es el obstáculo que impide a las empresas estadounidenses saquear y extraer riquezas de la isla y sus habitantes.
Para quienes estamos comprometidos con un mundo mejor basado en la dignidad humana, es imperativo que mantengamos una postura firme junto a palestinos y cubanos mientras luchan contra la cara más bárbara del imperio estadounidense. La situación es urgente y requiere acción. Como dijo Fidel Castro a la ONU en 1979: «si no resolvemos pacífica y sabiamente las injusticias y desigualdades de hoy, el futuro será apocalíptico».
Nuvpreet Kalra es la Productora de Contenidos Digitales de CODEPINK y coordinadora de la campaña internacional ‘Bases Fuera de Chipre’.













