El 1 de febrero de 2026, en la 68ª edición de los Premios Grammy, la interpretación “Windows (Live)” obtuvo el Grammy a Mejor Interpretación de Jazz. Registrada en 2020 y publicada póstumamente en el ciclo Trilogy, la distinción concedida cinco años después de la muerte de Chick Corea no consagró una trayectoria ni un legado retrospectivo, sino una performance concreta: un acto de pensamiento musical en tiempo real que se impuso por su vigencia estructural, su riesgo controlado y su capacidad de condensar, en una sola toma en vivo, el núcleo más depurado de su lenguaje.
Hay grabaciones que no pertenecen al archivo ni al presente inmediato. Windows (Live) pertenece a otra categoría: la de las obras que condensan un sistema completo de pensamiento musical en estado operativo. No es un testamento ni una pieza retrospectiva. Es una demostración tardía de vigencia creativa, y por eso sigue ganando premios que, en rigor, no celebran una carrera, sino una actualidad.
En Windows (Live), Corea no reafirma una identidad reconocible; la reduce a su núcleo funcional. El tema —compuesto en los años sesenta y revisitado durante décadas— aparece aquí despojado de ornamento, convertido en una plataforma mínima desde la cual se despliega una arquitectura improvisada de extrema complejidad. Nada sobra. Nada se exhibe. Todo cumple una función.
Marco formal: forma emergente y memoria de tema
Windows no se presenta como un “tema + solos + tema” en sentido literal. Opera como una forma abierta con memoria interna. La melodía no es un cartel de entrada, sino un organizador perceptivo: fija un contorno, una respiración, una relación de tensión y reposo que no depende de cadencias, sino de reconocimiento.
La exposición del tema instala una cualidad de tiempo que no se deja reducir al compás como metrónomo. El ternario existe, pero no como cuadrícula. Existe como curvatura. Ese rasgo es crucial: permite que el trío estire, afloje, densifique y vuelva sin que el discurso pierda continuidad. La macroforma, en esta lectura, se construye por acumulación de decisiones compartidas: densidad, registro, dirección, energía, y retorno.
Función sin tonalidad: el centro como gravedad, no como tónica
El punto de partida no es la función tonal clásica. No hay tónica-dominante como mandato ni resolución como destino. Hay un centro gravitacional: un eje que se reconoce por reiteración, por insistencia registral, por hábitos tímbricos y por una memoria rítmica compartida. El centro “manda” porque el oído lo recuerda, no porque la armonía lo obligue.
Ese enfoque desplaza el concepto de inside. Aquí inside no significa “diatónico y seguro”. Inside significa “dentro del campo de identidad del tema”. Ese campo puede sostener tensiones desde el inicio: extensiones, notas de color, fricciones controladas. Corea inicia dentro del campo, pero lo hace ya con intención de expandirlo.
El solo por funciones: un recorrido en zonas, no en acordes
La manera más exacta de describir el solo en Windows (Live) no es por progresiones, sino por funciones perceptivas. El discurso se despliega por zonas.
Zona A. afirmación del campo
Corea establece el campo identitario: un centro modal expandido, sin necesidad de declarar una tónica. El piano evita el cierre cadencial; prioriza voicings abiertos, tensiones que no reclaman resolución inmediata, y frases que describen el contorno del tema sin citarlo literalmente. Esta zona no busca “calmar”. Busca fijar el suelo desde el cual la salida será inteligible.
Zona B. debilitamiento del centro sin abandono
Aquí comienza el desplazamiento real. Corea introduce ambigüedad mediante superposición: no cambia el mundo; cambia la interpretación del mundo. El centro aún está presente, pero deja de ser soberano. El oído percibe que el campo se ensancha. Esta etapa es técnica y decisiva: prepara la salida sin teatralidad, evitando la ruptura como espectáculo.
Zona C. outside por suspensión de jerarquía
El outside aparece como suspensión funcional, no como ruptura. Corea no “modula” hacia otro centro; desactiva la idea misma de centro durante un tramo. Esto se logra con recursos de simetría interválica y con material que puede transponerse sin perder identidad interna. El efecto es ingravidez: la música no parece ir a otro hogar, parece suspender la noción de hogar.
Zona D. outside por desplazamiento de función con raíz implícita
En el punto alto de la tensión, el contrabajo puede seguir insinuando un centro mientras el piano niega su identidad mediante elección de tensiones y células interválicas que rehúsan “pertenecer”. Es un outside de fricción, no de cambio de escena. Aquí la escucha se vuelve más exigente: la tensión se sostiene por lógica interna, no por destino armónico.
Zona E. retorno por reconstrucción, no por resolución
La vuelta no ocurre porque “se resuelva” algo. Ocurre porque reaparece lo reconocible. Un intervalo identitario, un registro, una célula rítmica que restituye la memoria del tema. Corea no necesita cadenciar: reconstituye la función del centro por reconocimiento. El oído llega primero; la armonía lo confirma después. Es un retorno por memoria.
Recursos armónicos del solo: cómo organiza tensión y coherencia
El núcleo del lenguaje armónico de Corea aquí no es el acorde “nombrado”, sino la relación entre capas.
Primero, la armonía se sugiere más de lo que se declara. Corea tiende a dejar raíces al bajo, o incluso a suspender la necesidad de raíz explícita. El piano trabaja con terceras, séptimas, extensiones y tensiones superiores, buscando color y dirección sin dictar una única lectura funcional.
Segundo, el solo se organiza por células: grupos interválicos que conservan identidad al moverse. Esto crea coherencia sin depender de progresión. Una célula puede desplazarse, invertirse, expandirse; el oído la reconoce como unidad, incluso cuando el campo armónico se vuelve ambiguo.
Tercero, la tensión no se administra como “salida y resolución” de manual, sino como respiración. El outside no es un acto de rebeldía; es un tramo de suspensión semántica. El retorno no es un premio por haber “salido”, es el restablecimiento del centro como gravedad narrativa.
Ritmo como conversación: la batería no acompaña, interroga
El rasgo más decisivo de esta performance, y una de las razones por las que se impone como interpretación premiable, es la naturaleza del tiempo compartido.
Brian Blade no funciona como marcador de pulso. Trabaja como dramaturgo del tiempo. El ternario no se afirma por acento rígido; se sugiere, se desplaza, se comenta. La batería interviene en tres niveles.
Nivel micro. respuesta gestual
Corea enuncia células rítmicas; Blade responde con acentos, texturas o silencios que no imitan, sino que interpretan. Es pregunta y respuesta sin literalidad, un diálogo de intención.
Nivel meso. regulación de densidad
Cuando el piano densifica, Blade puede abrir espacio: reduce ataque, aligera, crea aire. Cuando el piano deja aire, Blade introduce comentario: no para llenar, sino para reactivar la tensión. No hay competencia; hay regulación mutua.
Nivel macro. construcción de clímax sin volumen
El clímax no se consigue por subir el volumen o acelerar de forma obvia. Se consigue por complejidad relacional: más capas simultáneas de sentido. El tiempo se vuelve más elástico, no más fuerte. Este es un tipo de intensidad más raro y más sofisticado: intensidad por información.
La columna del bajo: traducción armónica y bisagra temporal
Christian McBride cumple una función que suele subestimarse cuando se escucha desde la superficie: es la bisagra que permite que el outside exista sin colapso.
En el plano armónico, el bajo traduce. Puede anclar un centro cuando el piano lo sugiere sin declararlo, o puede abandonar ese anclaje cuando la suspensión necesita completarse. Es un puente entre el campo implícito del piano y la percepción global de la forma.
En el plano temporal, McBride estabiliza sin inmovilizar. No se limita a marcar pulsos: administra dirección, empuja o deja respirar, decide cuándo el ternario debe sentirse como rueda y cuándo como vértigo contenido. En un trío así, el bajo no “acompaña”; gobierna una parte esencial de la inteligibilidad.
Color latino y pinceladas flamencas: frigio como gesto, no como sistema
La “latinidad” de Corea aquí no opera como etiqueta. Opera como lenguaje integrado. Y la “pincelada flamenca” no proviene de instalarse en un modo como si fuera un decorado, sino de insertar tensiones con función narrativa.
La pregunta precisa es si aparece frigio o frigio español. En esta estética, el frigio funciona más como gesto que como campo sostenido. Lo que se reconoce como español o flamenco suele venir de dos decisiones combinadas.
Primero, la inserción del segundo grado bemol como fricción breve. Ese color frigio puede aparecer sobre un contexto modal más amplio, a menudo dórico, generando un choque inmediato de identidad. No es una estadía; es una herida breve en la superficie armónica.
Segundo, el tratamiento rítmico del gesto: apoyaturas, acentos desplazados, micro-retardos, ataques que evocan el fraseo guitarrístico. El “flamenco” aquí no es una escala prolongada. Es un modo de morder la frase.
Cuando aparece el frigio dominante (el llamado frigio español), no se instala como sistema que clausure la forma. Se utiliza como tensión puntual, como un giro de color que intensifica el discurso sin convertirlo en pastiche. Corea evita el exotismo estático. Prefiere la insinuación funcional.
Por qué sigue ganando Grammys
Hay una confusión recurrente en la recepción pública de los premios póstumos: se cree que premian un legado. En el caso de Windows (Live), el premio apunta a otra cosa. Premia una definición específica de excelencia: forma emergente, riesgo con responsabilidad, interacción como composición en tiempo real, y una arquitectura armónica que se sostiene sin la muleta de la función tonal.
Este tipo de performance es cada vez menos frecuente: no porque falte técnica, sino porque exige una ética de escucha y una disciplina estructural que no se aprende por acumulación de recursos, sino por depuración. Corea, en su tramo final, no simplifica el lenguaje para volverlo accesible; lo reduce para volverlo esencial. Por eso su música, incluso póstuma en términos de publicación, no suena a archivo. Suena a presente.
El Grammy aquí no reconoce una carrera. Reconoce un hecho musical concreto. Reconoce que el jazz, cuando es real, no envejece. Se vuelve más preciso.













