Bajo la administración de Donald Trump, las negociaciones con Irán han sido señaladas en dos ocasiones como posibles maniobras de cobertura antes de ataques militares: en junio de 2025 y de nuevo antes del inicio de la guerra en febrero. Ahora, el temor es que ese mismo esquema vuelva a repetirse.

por Nicolas J. S. Davies

El 8 de abril, EE.UU. e Irán iniciaron un alto el fuego de dos semanas, después de que Trump aceptara un plan de paz de diez puntos elaborado por Irán como «una base viable para negociar». Pero, posteriormente, el vicepresidente Vance y los negociadores estadounidenses rechazaron de plano el plan iraní en las conversaciones celebradas en Pakistán el 11 de abril, y en su lugar exigieron que Irán renunciara a su derecho como miembro del Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP) a enriquecer uranio con fines civiles. Con lo que las conversaciones terminaron sin alcanzarse ningún acuerdo.

Al acercarse el final del alto el fuego, el 22 de abril, Trump afirmó que Irán había aceptado las demandas de EE.UU. sobre uranio enriquecido y otros asuntos. Pero Irán mismo anunció al mundo, el 18 de abril, que no había aceptado ninguno de los términos que Trump afirmaba se habían negociado. Declarando, además, que sus mentiras y amenazas no ofrecían base alguna para seguir negociando. Irán respondió, por consiguiente, a las estratagemas y violaciones del alto el fuego, por parte de EE.UU. e Israel, cerrando de nuevo el Estrecho de Ormuz a todos los buques vinculados a países hostiles.

En otras palabras, Irán le arrancó la máscara al farol de Trump y lo forzó a medirse con los términos del alto el fuego de dos semanas. Pero Trump no renunció a sus falsas afirmaciones y, en cambio, insistió en que Irán había aceptado otra ronda de conversaciones en Pakistán el 21 de abril, cosa que Irán negó de inmediato.

A medida que se acerca la fecha límite del 22 de abril sin un acuerdo, muchos analistas esperan ahora que, al final del alto el fuego, en cuestión de horas o días, EE.UU. intensifique la guerra e Irán responda con una acción militar proporcional, sin una vía clara para frenar una mayor escalada.

Pero ese desenlace podría evitarse, si EE.UU. reconsiderara tardía pero genuinamente su postura, basándose en la propuesta de diez puntos de Irán que Trump, en su momento, aceptó como «una base viable para negociar».

Si el gobierno de Estados Unidos realmente quiere adoptar una estrategia de salida de esta guerra autoimpuesta y en constante escalada, debería echar un nuevo vistazo al plan de paz de diez puntos de Irán, para considerar seriamente cómo puede comprometerse con este marco y pasar página en sus relaciones con Irán y la Región.

Estos son los diez puntos del plan propuesto por Irán, según informó Gulf News:

  1. Una garantía de que Irán no será atacado de nuevo
  2. Un fin permanente de la guerra, no solo un alto el fuego
  3. El cese de los ataques israelíes en Líbano y contra los aliados de Irán
  4. El levantamiento de todas las sanciones de EE.UU. contra Irán
  5. El compromiso de Irán de reabrir el Estrecho de Ormuz
  6. Imposición de una tasa de 2 millones de dólares, por buque, que transite por Ormuz
  7. Los ingresos de los peajes marítimos (o tasas de tánsito) se compartirán con Omán
  8. Los fondos se destinarán a la reconstrucción de infraestructuras dañadas por la guerra
  9. Establecimiento de protocolos de paso seguro a través de Ormuz
  10. Un marco más amplio para poner fin a las hostilidades regionales

Dado que Estados Unidos no ha aprovechado el alto el fuego de dos semanas, para negociar sobre esta «base viable», corresponderá a Irán decidir si acepta prorrogar el alto el fuego para que EE.UU. e Irán puedan finalmente iniciar negociaciones reales.

Por otra parte, Estados Unidos debería levantar de inmediato su bloqueo naval contra Irán, dejar de enviar más fuerzas a la región y actuar sin dilación para frenar las violaciones del alto el fuego por parte de Israel en Líbano y Palestina, empezando por cortar el suministro de armas que las hacen posibles, tal como exige su propia Legislación.

Sin tales medidas de fomento de la confianza, no hay razón para que Irán acepte prorrogar el alto el fuego. Como explicó a Al Jazeera el profesor Mostafa Khoshcheshm en Teherán, las mentiras de Trump convencieron a Teherán de que no encontraría «un socio confiable para ningún tipo de acuerdo» y, mientras EE.UU. actúe así, «Irán continuará la guerra».

«Irán entiende que se encuentra en una posición de ventaja y que esta debe consolidarse en cualquier escenario de confrontación futura», —afirmó, señalando que millones de personas continúan saliendo a las calles cada noche para exigir una resistencia sostenida.

El primer punto de la lista, y quizá el más vital de la propuesta iraní, es una garantía de que Irán no volverá a ser atacado, ni por Estados Unidos ni por Israel. Pero los crímenes de guerra de Trump, el desgaste que ha provocado en la credibilidad estadounidense y su complicidad en las violaciones del alto el fuego por parte de Israel hacen que esa garantía resulte difícil de creer, cuando en realidad no es más que lo que exige el derecho internacional: resolver las disputas por medios pacíficos y abstenerse de amenazar o usar la fuerza.

¿Qué tipo de garantía podría aceptar Irán de un país con antecedentes de incumplir tratados y acuerdos? En este contexto, hablar de ‘buena fe’ en las negociaciones resulta poco creíble. Sería más realista partir de compromisos verificables, comenzando por el levantamiento de sanciones y avanzando hacia pasos concretos de normalización diplomática que permitan reconstruir un mínimo de confianza.

El cambio en la política estadounidense que se necesitaría para resolver esta crisis no sería algo sin precedentes. Vietnam, Irak y Afganistán obligaron a las fuerzas estadounidenses a retirarse de sus países. Pero esas fueron guerras mucho más largas, que implicaron muchos años de ocupación estadounidense que se prolongaron hasta que los movimientos de resistencia popular hicieron inviable la ocupación continua.

¿Cuánto tiempo debe durar la guerra de EE.UU. contra Irán y qué tan duramente debe ser derrotado EE.UU., antes de que acepte una paz permanente? Esta crisis puede ser tan larga o tan corta, y tan sangrienta o incruenta, como los líderes estadounidenses decidan, y como el pueblo estadounidense esté dispuesto a tolerar.

El levantamiento de las sanciones ilegales de EE.UU. contra Irán (el cuarto punto en la lista) sería una parte vital de cualquier solución a esta crisis. Sin duda, esto sería bueno para ambos países, y sería menos probable que Estados Unidos atacara de nuevo a Irán si ambos hubieran restablecido relaciones comerciales mutuamente beneficiosas.

Poner fin a los ataques de Israel contra los aliados de Irán (tercer punto) y establecer un marco más amplio para poner fin a las hostilidades regionales (décimo punto) son pasos que la mayoría de los estadounidenses apoyarían. El fracaso de la guerra de EE.UU. e Israel contra Irán podría ser el catalizador tan necesario para que EE.UU. transforme una alianza militar estadounidense-israelí que está cometiendo genocidio en Palestina y agresiones en toda la región en una relación nueva y diferente, regida por las normas del derecho internacional.

Una retirada militar estadounidense de sus bases en torno al Golfo Pérsico podría evitar que los países que las albergan vuelvan a convertirse en objetivos en las guerras de EE.UU. e Israel contra Irán, por lo que es interesante que Irán no las mencione en sus diez puntos. Quizás Irán considera que el valor de estas bases estadounidenses como objetivos vulnerables en esta y futuras guerras supera cualquier amenaza que puedan suponer, pero esa sería una razón más para que Estados Unidos se retire de ellas antes de que cuesten más vidas estadounidenses.

Los otros cinco puntos de la agenda de diez puntos están todos relacionados con el Estrecho de Ormuz. El estrecho se encuentra dentro de las aguas territoriales de Irán y Omán, aunque cobrar a los barcos por atravesarlo no tiene precedentes y es jurídicamente cuestionable. En realidad, son EE.UU. e Israel quienes deberían pagar reparaciones a Irán por la muerte y la destrucción que han causado, no los propietarios de los buques mercantes internacionales. Pero si EE.UU. no acepta pagar reparaciones, los peajes iraníes pueden ser un compromiso con el que todas las partes puedan convivir para reabrir el estrecho, como el propio Irán propone en el quinto punto de su propuesta de partida.

Hay una manera sencilla de evitar uno de los elementos más destructivos en las recientes negociaciones fallidas con Irán, y sería eliminar a Steve Witkoff y Jared Kushner del equipo negociador estadounidense. Hablando de negociaciones anteriores, un diplomático de uno de los países del Golfo declaró a The Guardian, —«Considerábamos a Witkoff y Kushner como activos israelíes que arrastraron a un presidente a una guerra de la que quiere salir».

Dadas las controvertidas en torno a las ”lealtades” de algunos de los perfiles implicados en la política exterior estadounidense en este conflicto, entre ellos Steve Witkoff y Jared Kushner, así como las críticas habituales sobre la volubilidad de Donald Trump, la percepción de alineamientos políticos de Marco Rubio o las posiciones beligerantes atribuidas a Pete Hegseth en el debate público, surgen dudas sobre la idoneidad del equipo negociador.

En este contexto, algunos analistas consideran que Estados Unidos podría recurrir a funcionarios con un perfil más técnico y menos expuesto políticamente para afrontar unas negociaciones especialmente complejas, agravadas por un clima de desconfianza y acusaciones cruzadas.”

Sin embargo, dado que Estados Unidos no ha buscado un acercamiento genuino con Irán desde su retirada del JCPOA en 2018, la llegada de un nuevo equipo de diplomáticos estadounidenses cualificados y con experiencia, encargado de abrir una nueva etapa en las relaciones bilaterales, podría permitir partir prácticamente desde cero. En ese escenario, esa iniciativa contaría previsiblemente con el respaldo de gran parte de la comunidad internacional, interesada en una salida negociada a esta crisis global.


Nicolas J. S. Davies es un periodista independiente, investigador de CODEPINK y autor de «Blood on Our Hands: The American Invasion and Destruction of Iraq» (Sangre en nuestras manos: La invasión y destrucción de Irak por Estados Unidos). Es también coautor, con Medea Benjamin, de War In Ukraine: Making Sense of a Senseless Conflict, ahora en una segunda edición revisada y actualizada.