Estimados colegas y compañeros:

Hoy en las octavillas y las pancartas se lee «ALTO A LA GUERRA CONTRA IRÁN». Hace dos semanas decían «ALTO A LA GUERRA CONTRA VENEZUELA» o «ALTO A LA GUERRA CONTRA CUBA» o «ALTO A LA GUERRA EN GAZA». También, por supuesto, recordamos fácilmente las anteriores que decían «ALTO A LA GUERRA CONTRA IRAK/AFGANISTÁN/YEMEN/SOMALIA/VIETNAM, ETC., ETC.»

Por Mike Ferner, Enfermero de la Armada 1969-73 — Veterans For Peace (Veteranos por la Paz)

Personalmente, cuando veo esas pancartas desfilar a lo largo de mi vida, se me revuelve el estómago.

¿Cuántos años… décadas… y para algunos de nosotros GENERACIONES estaremos dispuestos a salir a las calles con ira justificada, tal vez a que nos arresten aquí y allá, formando brigadas de bomberos en cadena para un incendio tras otro?

Con muchos colegas valientes y dedicados durante más de 50 años, he hecho todo lo anterior. Más recientemente, el 4 de marzo, un jurado se negó a condenar a cinco de nosotros que bloqueamos la oficina de nuestro senador estadounidense aquí en Toledo (Ohio, EE. UU.) durante más de dos horas. Pero también creo firmemente que tenemos que hablar y actuar sobre la prevención de incendios, en lugar de limitarnos a apagarlos.

No hay duda de que somos expertos en apagar fuegos, es decir, en oponernos a los horrores en serie que despliega el imperio estadounidense. En ese sentido ya más amplio, nos hicimos expertos en combatir firmes aquello a lo que nos abocanpor ejemplo, el lobby de las autopistas, la industria de seguros médicos, la industria de residuos tóxicos, las grandes agroindustrias y la industria química también.

Hablo principalmente de trabajar por la paz, pero también incluyo nuestras luchas por la atención sanitaria universal, el transporte público, la agricultura sostenible y una política energética basada en algo más que la rapidez con la que podemos quemar nuestro planeta.

Entonces, ¿cuándo empezaremos a atacar la raíz del problema y no solo las ramas? ¿Qué podemos hacer para prevenir las oleadas de asesinatos e incendios del imperio, en lugar de limitarnos a reaccionar ante ellas? ¿Cuánto tiempo queremos seguir caminando en círculos con los mismos carteles esperando que ocurra algo diferente? Esta es la pregunta que me atormenta — y ¡para nada es una pregunta retórica!

EE.UU. no causa todos los males del mundo, solo una parte desproporcionadamente enorme. Nosotros, la gente, y hasta el Planeta mismo, luchamos por sobrevivir a estas crisis porque, mitos aparte, no gobernamos este país. La mayoría de los que lean esto estarán de acuerdo en que estamos dirigidos por élites corporativas con una enorme riqueza a su disposición, lo que les permite ocuparse de todos los aspectos del gobierno. Compran a los políticos, redactan la legislación a su acomodo, asegurándose de que se interprete en beneficio de ellos y sus accionistas, por encima de cualquier otra consideración. El opúsculo, casi todo un ensayo en realidad, del General de Infantería de Marina Smedley Butler, «La guerra es un negocio«, lo expuso claramente hace casi 100 años… y las situación solo ha empeorado.

Nuestra política de salud está escrita por compañías de seguros, nuestra política exterior está escrita por corporaciones fabricantes de armas, nuestra política de transporte está escrita por el Lobby de las Autopistas. Las corporaciones han logrado este estatus privilegiado principalmente porque la Corte Suprema les ha otorgado, mediante una interpretación distorsionada, la condición de «personas jurídicas» con todas las protecciones constitucionales originalmente destinadas solo a los seres humanos. Esta ficción legal ha alcanzado extremos tan perversos que hoy una corporación puede, amparada en tratados internacionales de inversión, demandar a un país entero —no ya a un individuo— cuando ese Estado legisla democráticamente para proteger su medio ambiente o la salud de su población, alegando que tales regulaciones lesionan sus expectativas de ganancia. [1] Esa historia ha sido cuidadosamente trazada y expuesta en un lenguaje breve y sencillo (www.movetoamend.org «el kit completo«»).

La forma de revertir esa historia de usurpación corrupta también está expuesta en lenguaje sencillo. Aquí está el exsecretario de Transporte, Pete Buttigieg, resumiéndolo en un minuto y 15 segundos.

Como dice claramente, no será una solución rápida. No las hay. Pero si pudimos cambiar la Constitución para que no se pudiera beber cerveza, y luego cambiarla de nuevo para permitirlo sin obstáculos, está claro que es posible. Como también demostraron que es posible su cambio, las sufragistas con una campaña persistente para obtener el derecho al voto de las mujeres, y la NAACP lo demostró con una estrategia de décadas para abolir el Jim Crow. [2]

La parte crítica o el nudo, para acabar con el dominio corporativo, está en nuestras propias mentes. Ahí es donde están los barrotes de la prisión [3]. Cuando rompamos esos barrotes y nos veamos no solo como contribuyentes, clientes, consumidores o trabajadores, sino como «Nosotros, el Pueblo», de quien emana toda autoridad según la Constitución, entonces podremos lograr cualquier cosa. En el camino, con más victorias como la de Minneapolis, cuando la gente se unió para cuidar y proteger a sus vecinos, proveyendo lo necesario para sostenerse, y expulsaron a las fuerzas del ICE, e incluso llevaron a cabo una huelga general, nos veremos no solo como víctimas del sistema, sino como personas capaces de dirigir democráticamente el espectáculo por el bien de todos.

Eso requiere, sin embargo, que aprendamos esta historia y encontremos nuevas formas de articularla, mientras hacemos nuestras demandas por la paz, la salud, el aire limpio, el agua limpia y un planeta sostenible. No es difícil de hacer. Aquí está mi intento de incluirlo en una protesta por el alto el fuego en Gaza en dos minutos.

Para responder a una pregunta que me hacen a menudo: NO estoy sugiriendo que los activistas abandonen la campaña particular o el fuego en el que estén involucrados. Es un trabajo importante que debemos continuar. Pero si lo piensan bien, hay muchas oportunidades no solo para protestar contra el último horror, sino para articular, aunque sea brevemente, por qué siguen llegando. Los videos enlazados arriba son ejemplos. Ustedes podrán crear uno que funcione para ustedes.

Entonces… ¡ENTONCES!, será cuando la conversación haya cambiado y las calles exijan no solo treguas, sino desarmar al que declara las guerras, y estaremos donde hay que estar: con Move to Amend.org. Abogando por la Enmienda que le devolverá la Constitución a quienes la escribieron, a «We the People” es decir “Nosotros la Gente», y se la quitaremos a quienes la secuestraron: las corporaciones.

Ya lo hicimos antes para que las mujeres pudieran votar. Lo hicimos para que los negros, ante la Ley, fueran tratados como ciudadanos iguales. Lo hicimos (y dos veces…) por la cerveza. ¡Podemos hacerlo por la democracia y por el planeta!


N.d.T.:

[1] El autor alude aquí a una de las expresiones más extremas que se derivan de haberle concedido personalidad jurídica a los entramados corporativos. En este sentido, las cláusulas ISDS (Investor-State Dispute Settlement), equiparando a la persona física y la jurídica, se incluyen en cientos de tratados comerciales y de inversión. Concebidas originalmente para proteger a inversores en países con sistemas judiciales débiles, distorsionando su alcance, permiten hoy en día que las corporaciones puedan demandar a estados soberanos enteros y llevarlos ante tribunales privados de arbitraje, en caso de que una legislación adoptada democrática por ese país (por ejemplo, una protección ambiental o sanitaria para su entorno natural o su gente) si considera que afecta sus ganancias. Un caso paradigmático es OceanaGold contra El Salvador, actualmente ante el CIADI, donde la minera demandó al país por denegarle un permiso debido a riesgos para el agua. Lo que comenzó como una garantía para invertir en contextos inciertos se ha convertido en un mecanismo que antepone los intereses corporativos a la soberanía popular y a la vida misma. (véanse Bilaterals.org y  El Transnational Institute – TNI; o los casos prod-bo.ibanet.org, natlawreview.com, y dev.natlawreview.com). Esta es la culminación de la doctrina de la personalidad jurídica corporativa: entidades creadas por la Ley terminan por situarse por encima de la Ley misma y de la Soberanía popular que debería encarnarla. Este es un tema que merece otro ensayo aparte, por su tremendo impacto por ser tanto como el de una guerra declarada contra las personas físicas.

[2] «Jim Crow«… no se refiere a un caso jurídico, hecho costumbre, ni a una persona; sino al nombre que recibió el sistema de leyes estatales y locales que impusieron la segregación racial en el sur de Estados Unidos desde finales del siglo XIX hasta nada menos que mediados de los años sesenta. El término provenía de un personaje de un espectáculo de juglares que caricaturizaba burlesca y humillantemente a los afroamericanos, y acabó dando nombre a todo un entramado legal que establecía la separación forzosa en escuelas, transporte, baños, restaurantes y cualquier espacio público, siempre en condiciones muy inferiores para la población negra. Este sistema, refrendado por el Tribunal Supremo en 1896 con la doctrina «separados pero iguales» (Plessy v. Ferguson), fue desmantelado gracias a la estrategia legal de décadas de la NAACP (véase goopenct.org), que culminó en el histórico fallo Brown v. Board of Education (1954) que declaró inconstitucional la segregación escolar, y finalmente por las leyes de derechos civiles de 1964 y 1965 . Ferner lo menciona precisamente como ejemplo de que el cambio constitucional que más inamovible parecía no obstante puede revertirse con una lucha de éxito, gracias a la acción popular persistente y organizada.

[3] La arqueología lo confirma: en villas romanas como la de Civita Giuliana (Pompeya), las estancias de los esclavos no tenían rejas, cerraduras ni cadenas. Nada les impedía físicamente escapar. El control operaba de otro modo. Operaba mediante una jerarquía interna donde algunos esclavos obtenían pequeños privilegios (como formar una familia, pero sin protección legal) y se convertían en vigilantes de los demás a cambio de una posición menos precaria. Pero mucho más que esto porque los limites y la esclavitud como condición estaba aceptada e internalizada por completo. “Siempre fue así”, sería en breve… Los barrotes estaban en la mente: en la internalización de la propia condición, en la dependencia tejida por el amo. El historiador Salustio (s. I a.C.) condensó esta lógica en que “Los barrotes más efectivos, pues, son los que no se ven, porque se llevan dentro”.