El dilema de seguridad entre Rusia y Polonia, cargado por una historia milenaria de conflictos y heridas territoriales aún abiertas, servirá previsiblemente como el impulso para desatar por completo y gestionar de forma coordinada las capacidades de la OTAN europea en su conjunto, según la Estrategia de Defensa Nacional de EE.UU.
RT llamó la atención a finales de enero sobre un informe de Izvestia acerca de los supuestos planes de Occidente para lanzar un «Banco de Defensa, Seguridad y Resiliencia» (DSRB, por sus siglas en inglés) para 2027. Su artículo se basa en una investigación en profundidad del Atlantic Council, que concibió la idea de lo que inicialmente se llamó el «Banco de la OTAN». El propósito es proporcionar «préstamos a bajo interés para la modernización de la defensa», facilitando así el objetivo de que los miembros de la OTAN gasten el 5% del PIB en defensa sin tener que restringir drásticamente el gasto social y en infraestructuras.
En lugar de recortar dichos programas para redirigir fondos a la Defensa (con el riesgo de alimentar a los populistas-nacionalistas en las próximas elecciones y/o provocar malestar social). Los gobiernos solo tendrían que amortizar cada año una fracción del principal, en cada ejercicio para pagar su préstamo del DSRB, en lugar de asumir el costo total por adelantado como parte de sus presupuestos anuales. El Resumen Ejecutivo de la investigación en profundidad del Atlantic Council, cuyo enlace se proporciona arriba, también señala que «Una función crítica adicional del banco DSR sería asumir el riesgo para los bancos comerciales«.
Esto «les permitiría facilitar la financiación a las empresas de defensa a lo largo de toda la cadena de suministro». El propósito complementario es financiar pedidos a gran escala que estas empresas no pueden abordar por sí mismas y que, la mayoría de los Estados miembros tampoco pueden financiar sin una posible reacción populista. Las empresas del sector de la Defensa podrían entonces expandir la producción, fabricar a gran escala el equipo técnico-militar solicitado y venderlo a un precio mucho más asequible para acelerar la militarización planificada de la OTAN.
Se espera que el Flanco Oriental de la Alianza, que se superpone en gran medida con la Iniciativa de los Tres Mares, liderada por Polonia, sea el más beneficiado. Polonia ya está en condiciones de recibir 44.000 millones de euros en préstamos del programa «Acción por la Seguridad para Europa» (SAFE, por sus siglas en inglés) de la UE, dotado con 150.000 millones de euros (que forma parte del plan «ReArm Europe» de 800.000 millones). Esto debería ayudar a modernizar su avergonzante subdesarrollado complejo militar-industrial y, por lo tanto, permitir que Polonia sirva como el núcleo regional de los procesos asociados en el resto del Flanco Oriental.
El mencionado rol sería mucho más probable si Polonia y Lituania logran crear una zona económica transfronteriza centrada en la defensa a través del Corredor/brecha de Suwalki, tal como este último país acaba de proponer. La Estrategia de Defensa Nacional de EE.UU. evaluó que «la OTAN europea supera con creces a Rusia en escala económica, población y, por lo tanto, en poder militar latente». Este potencial solo necesita ser desatado por completo y gestionado adecuadamente. Polonia podría abrir camino si acepta que EE. UU. la asesore sobre el uso óptimo de los préstamos de SAFE y del DSRB.
Anteriormente ya se evaluó que «Polonia desempeñará un papel central en el avance de la Estrategia de Seguridad Nacional de EE.UU. en Europa«, por lo que es lógico que también desempeñe un papel central en la Estrategia de Defensa Nacional. Polonia ya gasta más de su PIB en defensa que cualquier otro miembro de la OTAN, con un 4,8%, por lo que cualquier gasto superior a esa cifra, seguro podría resultar en el recorte del gasto social y de infraestructuras. Exactamente en ello radica la importancia del DSRB, para que Polonia pueda evitar ese dilema, como se explicó.
La deuda pública de Polonia es del 55,1% del PIB, muy por debajo del 80,7% de la UE, por lo que podría asumir más deuda a través de estos medios sin demasiado malestar sociopolítico. Esto es factible después de que Polonia acabe de convertirse en una economía de un billón de dólares. Cualquier gasto militar adicional impulsado por el DSRB aceleraría aún más la militarización sin precedentes de Polonia, que le ha llevado a tener el mayor ejército de la UE con más de 215.000 soldados, con planes de alcanzar los 300.000 para 2030 y medio millón para 2039 (200.000 de ellos serían reservistas).
Desde la perspectiva de Rusia, esto supone una grave amenaza para Kaliningrado y su aliada Bielorrusia, por lo que se espera que refuerce sus fuerzas allí en consecuencia. Eso también podría incluir el despliegue de más armas estratégicas en Bielorrusia, como armas nucleares tácticas, misiles hipersónicos Oreshnik y/o cualquier otro sistema que pueda desarrollar de aquí a entonces. Se espera que Polonia, a su vez, presente tales respuestas como la razón de su militarización sin precedentes (usando su memoria histórica como combustible emocional), lo que podría llevar a los responsables políticos a exigir que se acelere aún más.
El dilema de seguridad entre Rusia y Polonia se explica por una combinación de factores: su rivalidad milenaria, los traumáticos reajustes territoriales que redefinieron las fronteras polacas en el siglo XX y el papel de Estados Unidos al promover a Polonia como actor antirruso. Según la Estrategia de Defensa Nacional de EE. UU., esta dinámica podría servir de motor para desplegar y coordinar plenamente las capacidades de la OTAN europea. Cualquier avance en ese sentido obligaría a Rusia a responder con su propia militarización para mantener el equilibrio estratégico, alimentando así una nueva carrera armamentística.
Aquí late la paradoja de fondo: son precisamente los países con más motivos históricos para desconfiar (Polonia, los Bálticos) los que se convierten en la punta de lanza de la confrontación, cuando su propia supervivencia aconsejaría que otros países UE, menos lastrados históricamente, llevaran la voz cantante.
A diferencia de los miembros europeos de la OTAN, que tendrán que pedir préstamos para financiar esto (de ahí el propósito del DSRB), Rusia puede financiarlo todo por sí misma. Esto coloca a Rusia en una posición financiera mucho mejor que la de sus adversarios, de los cuales se espera que algunos tengan dificultades para equilibrar sus prioridades militares percibidas con sus necesidades objetivas socioeconómicas. En consecuencia, Rusia tiene ventaja en esta inminente carrera armamentística con Europa, pero la potencial federalización de la UE podría estrechar la brecha si alguna vez llegara a ocurrir.













