La curiosidad lleva a muchos al periodismo, un campo que cambia irrevocablemente las prioridades y el ritmo cotidiano. Trabajar codo a codo con la gente significa navegar el espacio entre la tragedia y el triunfo: la inmersión profunda en el dolor y el duelo, y ser testigo de milagros hechos por el hombre. Oleksandra Rakhimova, fotógrafa del sitio ucraniano Frontliner, comparte experiencias de su primer año cubriendo la guerra.
Me licencié en periodismo en 2017, pero en realidad no fue hasta 2025 que sentí una verdadera vocación por esta profesión, que se ha transformado tanto respecto a mis comienzos que me hace sentir como una principiante. Además, elegí un camino específico: decidí trabajar como fotoperiodista.
Mi primera encargo de verdad fue un reportaje desde Jersón, en febrero de 2025. Todavía no entiendo por qué mis editores aprobaron el viaje y que un compañero periodista aceptase acompañarme, pero la iniciativa salió adelante. Era un movimiento arriesgado; no tenía ninguna experiencia formal en la producción de contenido periodístico. Mi única motivación eran las ganas de volver al Sur, a mi tierra, y reconectar con gente profundamente transformada por la experiencia de la guerra y ocupación.
Eventos únicos y personas inolvidables
Así empezó mi historia sobre los refugios subterráneos de la ciudad; los lugares donde las mujeres aprenden defensa personal; o un teatro sigue poniendo en escena funciones y, con todo, los niños por fin pueden tener la posibilidad de ver a sus amigos en persona. Una de las madres me pidió una foto de su hijo y su compañero de clase. Era su primer encuentro cara a cara después de tres años. —Quisimos capturar el momento para el futuro.

Un niño y una niña, compañeros de clase que se ven en persona por primera vez en tres años, se encuentran en un refugio subterráneo donde se celebran eventos festivos para niños, Jersón, Ucrania, 15 de febrero de 2025. (Imagen: Oleksandra Rakhimova/Frontliner)
Durante ese viaje, nos alojamos en casa de un amigo a tan solo dos kilómetros de las posiciones de tiro rusas. La primera noche me fue imposible dormir. Parecía que la casa se agitase al ritmo del intenso cañoneo. Con el tiempo nos acostumbramos. Las explosiones se convirtieron en el telón de fondo de la vida diaria. Presentes durante el trayecto en trolebús, cenando en un café local al son de un saxofonista en vivo. Incluso simplemente observando las cicatrices dejadas por la ocupación, o desde los grafitis en las tiendas saqueadas, hasta el desamparo de una lata de té ruso abandonada.
En abril hice mi segundo viaje a Jersón para entrevistar a civiles heridos. Ese día nevó. Fue un golpe de suerte, porque el clima inmovilizó a la mayoría de los drones FPV, dándonos un extraño margen de tiempo para trabajar con relativa paz.
Un cirujano local, hablando después de una intervención a un paciente herido, subrayó la magnitud de la crisis. —»Hay que ser conscientes de que cada persona aquí está profundamente traumatizada.» —Entre los que conocí,… Estaba una mujer que vestía ropa donada, después de que su casa fuera destruida hasta dos veces por los bombardeos rusos; y un anciano que sobrevivió a heridas, hipotermia y deshidratación. Cuando nos íbamos, simplemente nos pidió que cuidáramos de nosotros mismos.
Cuando regresé al periodismo, mi razonamiento era simple y pragmático. —una credencial de prensa me daría acceso a lugares de otro modo prohibidos. —¿Habría podido asistir a una cirugía de trasplante de corazón si no hubiera corrido el riesgo y solicitado trabajo en Frontliner un año antes? —Desde luego que no.

Oleksandra Rakhimova y la cirujana de trasplantes Sofia Chaikovska se preparan para una operación de trasplante de corazón en el Instituto del Corazón del Ministerio de Sanidad de Ucrania, Kiev, 14 de julio de 2025. (Foto cortesía de Oleksandra Rakhimova)
Me quedé en el quirófano mientras los cirujanos extraían el corazón de una persona y lo suturaban en el pecho de otra. Lo vi empezar a latir con mis propios ojos. —Esa experiencia me enseñó cómo es posible que una vida perdida se convierta en una vida salvada.
¿De verdad podrías decir que NO a esto?
Como periodista en tiempos de guerra, ves a personas dispuestas a usar prótesis o incluso a arrastrarse si es necesario, solo para llegar a los lugares de los que todos los demás huyen. —Al mismo tiempo, es una realidad en la que tienes que absorber el dolor y asimilar el sufrimiento ajenos. Aprendes a gestionarlo sobre la marcha, como puedes, porque ningún entrenamiento puede prepararte realmente para lo que te encuentras.

Oleksandra Rakhimova en Kropyvnytskyi, Ucrania, 6 de marzo de 2025. (Imagen: Albina Karman/Frontliner)
Hay aspectos de este trabajo de los que no se habla tan a menudo. Para empezar, cometerás errores continuamente, por mucho que intentes evitarlo. En esos momentos, tener un equipo de apoyo del que aprender es una suerte. Gastarías enormes cantidades de energía solo para descifrar la logística de los desplazamientos. Viajar nunca es cómodo; es incómodo, agotador y, por lo general, surge de repente. Una mochila pesada con lo imprescindible para emergencias se vuelve parte de ti tanto como tu voluminoso botiquín. A pesar de una planificación cuidadosa, los desafíos inesperados son inevitables.
Al final aceptas que lo único que realmente está bajo tu control es lo preparado que esté una. El resto del mundo puede venirse abajo en un instante. También hay que tener en cuenta que mucha gente sencillamente no quiere hablar con la prensa. Sus prejuicios y miedos se formaron mucho antes de que tú pusieras un pie en este mundo. —Idealizar este trabajo es un grave error.
Entonces, ¿por qué me quedo?
Por la curiosidad de lo que nos espera, los nuevos rostros, las fotografías y las historias aún por contar. Está por ver si la sociedad ucraniana conseguirá finalmente aceptar que unos medios libres y profesionales no son algo que se dé por sentado. Estos medios son más que simples ‘productores de contenido’. Son una voz vital que necesita apoyo nacional para ser escuchada, con eficacia, en la escena internacional.
Traducido al español a partir de la adaptación de Myroslava Andrusyk

Oleksandra Rakhimova, fotorreportera
Oleksandra Rakhimova
Se unió a Frontliner por la oportunidad de capturar momentos importantes en lugares que antes le eran inaccesibles. En 2017 se licenció en Periodismo por la Universidad Nacional Europea Lesya Ukrainka. Empezó a fotografiar hace unos cinco años. Ya al inicio de su carrera sabía que, de un modo u otro, acabaría documentando la guerra y todo lo relacionado con ella; la única cuestión era cuándo. Para ella, la guerra trata sobre vidas y destinos humanos. Quiere fotografiar cuantas más historias pueda de ucranianos que soportan el peso de la guerra.













