A propósito del nuevo informe de la Universidad de las Naciones Unidas (20 de enero de 2026), Global Water Bankruptcy: Living Beyond Our Hydrological Means in the Post-Crisis Era: preguntas.

1. ¿Un informe para una nueva agenda global del agua?

El informe (72 páginas), publicado por la Universidad de las Naciones Unidas, afirma en varias ocasiones:

—“Términos como ‘estrés hídrico’ y ‘crisis del agua’ ya no son suficientes para describir las nuevas realidades globales en relación con el agua. Muchos ríos, lagos, acuíferos, humedales y glaciares han superado el punto de no retorno y ya no pueden volver a su estado inicial. El término ‘crisis temporal’ ya no es apropiado en muchas regiones.”

—“El ciclo global del agua ha superado los límites de seguridad planetarios. Al igual que el clima, la biodiversidad y los sistemas terrestres, el agua dulce ha sido empujada fuera de su espacio operativo seguro.”

El informe de la UNU se apoya en los análisis del Grupo Internacional de Investigación de la Universidad de Estocolmo, dirigido por Johan Rockström, sobre los nueve límites planetarios que no deben superarse, uno de los cuales se refiere específicamente al agua (1), así como en el mensaje del libro Bankrupting Nature, publicado en 2012 por Earthscan. Siete de esos límites, incluido el relativo al agua, ya han sido superados.

El informe concluye que —“el mundo vive más allá de sus medios hídricos” y que —“es necesario pasar de una estrategia de gestión de crisis del agua a una estrategia de gestión del fracaso del sistema hídrico humano y natural”.

Esta idea está sólidamente documentada mediante una cantidad impresionante de datos, acompañados de gráficos y figuras llamativos, a lo largo de más de treinta páginas.

2. Los “nuevos normales” y las prioridades de la nueva agenda global del agua

El informe sostiene que gestionar el fracaso hídrico exige que las poblaciones y sus dirigentes acepten las nuevas realidades de la vida, denominadas “los nuevos normales”, como la irreversibilidad de la reducción cuantitativa y cualitativa del capital hídrico natural y de otros activos naturales esenciales para la vida.

De ello se derivan las prioridades “nacionales” e internacionales propuestas como directrices y validación de la nueva agenda global del agua para gestionar el fracaso hídrico.

Según el informe, un reconocimiento realista y vinculante del fracaso hídrico global puede promover una implementación más eficaz de los objetivos acordados internacionalmente (en particular el “Objetivo de Desarrollo Sostenible 6º)”, como parte de una estrategia de adaptación que vaya más allá de las estrategias sectoriales de mitigación.

En estas condiciones, el agua puede convertirse en “un puente hacia la paz, la acción climática, la protección de la biodiversidad y la seguridad alimentaria en un mundo cada vez más fragmentado”.

Creo que a los lectores les resultará interesante leer el informe para comprender plenamente, entre otras cosas, las razones de mi decepción, que me han llevado a moderar en parte mi entusiasmo inicial. El hecho es que esta constatación del fracaso hídrico global pierde validez debido al gran silencio que la rodea en relación al análisis de sus causas, las implicaciones y las consecuencias, así como respecto de las responsabilidades y los responsables.

Este silencio ya no permite considerar correcto el enfoque del informe. Por el contrario, se convierte en una fuente de invalidación y de pérdida de credibilidad de los análisis y prioridades de la nueva agenda global del agua propuesta a la ONU.

3. El gran silencio

El gran silencio concierne a numerosos aspectos fundamentales necesarios para comprender la naturaleza del fracaso hídrico y su lugar dentro del fracaso global de la gobernanza de la vida en la Tierra. El silencio sobre las responsabilidades y los responsables deja al fracaso sin madres, sin padres y sin cómplices, es decir, en un estado de impunidad generalizada.

Sin embargo, en los últimos setenta años hemos sido testigos de profundas transformaciones en los sistemas económicos, sociales, políticos y tecnocientíficos que “han cambiado el mundo”, especialmente en lo que respecta a las políticas del agua y de la vida, conduciendo al mundo fragmentado, violento y profundamente desigual de 2025.

Nuestro objetivo no es sentar a nadie en el banquillo ni buscar culpables, sino intentar “ver” los cambios críticos del mundo, los desafíos clave y las soluciones adecuadas en el interés general de todos los habitantes de la Tierra.

Primer Silencio: sobre la desigualdad del fracaso hídrico

El informe no afirma que el fracaso hídrico sea desigual (e injusto). Debido a su poder económico, político y tecnocrático, una parte de la población mundial sufre solo marginalmente la escasez y la pérdida de agua, así como la escasez de otros elementos esenciales para la vida como el suelo, los bosques, la biodiversidad y el aire.

Además, al estar compuesta por los principales propietarios, productores, consumidores y contaminadores de los recursos naturales del planeta, esta parte ha podido utilizar diversos medios para trasladar los principales efectos negativos a los grupos sociales y países más vulnerables y debilitados.

Esto está bien documentado mediante la huella hídrica y la huella ecológica, que miden respectivamente la cantidad de agua y de capital biótico renovable anual consumidos por las poblaciones de cada país, región y ciudad para satisfacer sus necesidades y gestionar sus residuos (2).

En este sentido, un indicador especialmente esclarecedor de la desigualdad es el “Día del Sobregiro Ecológico”, es decir, el día del año en el que la población de un país ha “consumido” todos los recursos naturales disponibles en un año y comienza a utilizar las reservas del planeta (3).

Segundo Silencio: sobre la cuestión de la propiedad y la apropiación

La desigualdad no se debe a factores naturales, sino a factores económicos, institucionales y políticos relacionados con los regímenes de propiedad y la gestión de los recursos (pública, privada o mixta).

Se ha observado que cuanto más obedecen la propiedad y la gestión a una lógica privada de rentabilidad financiera y conquista de mercado, más significativos y decisivos se vuelven los fenómenos de depredación (y devastación) del capital biótico natural (agua, suelo, semillas, bosques, etc..), como ocurre con el acaparamiento de tierras y de agua (4).

Por depredación entiendo “todos los actos que resultan en el robo y la devastación violenta de la vida (material e inmaterial) dentro de la comunidad global de la vida en la Tierra, incluidas todas las especies vivas” (5).

La depredación se manifiesta, por ejemplo, en:

  • La muerte prematura de decenas de millones de personas que no se benefician de ninguna cobertura sanitaria básica (más de 4.500 millones de personas en 2024).
  • La destrucción de la vida en vastos territorios debido al secado provocado por la deforestación masiva, el aumento de la escasez de agua potable y la pérdida de biodiversidad.
  • El acaparamiento de agua potable en detrimento de las necesidades de las poblaciones locales (salud y actividades económicas locales) tras la construcción de grandes complejos de infraestructuras para albergar centros de datos necesarios para la digitalización y la reindustrialización de la economía global mediante la inteligencia artificial. El volumen de agua utilizado para refrigerarlos y la electricidad consumida es tan elevado que, en poco tiempo, los Centros de Datos han drenado los acuíferos locales (6). Como resultado, en todas partes las comunidades locales se oponen a la implantación de centros de datos en su territorio.
  • La contaminación química de ríos, lagos, acuíferos y océanos.

La depredación también está presente en regímenes estatales autoritarios, pero es en gran medida inexistente en los Estados de bienestar con democracia parlamentaria y gobiernos locales descentralizados, como lo fue en su día en los países escandinavos y como ocurre hoy en sistemas con economías cooperativas y comunitarias (en América Latina, India, entre otros).

Por ello resulta sorprendente que el Informe omita toda referencia a las cuestiones de propiedad y regulación. Y ello a pesar de que sus autores son plenamente conscientes del cambio estructural profundo impuesto en los últimos cuarenta años desde los ámbitos empresarial, financiero y tecnocientífico: la liberalización y desregulación de los mercados, la privatización y la financiarización especulativa de casi todos los bienes comunes naturales públicos. Unos bienes que el informe, significativamente, prefiere rebautizar como «capital natural».

Silencio Tercero: sobre la reducción del agua y del mundo natural a “capital natural” y su consideración como “activos financieros”

Tras la creación en el año 2000 del primer fondo privado de inversión especializado en agua por parte del banco privado suizo Pictet, que pronto dio lugar a otros en todo el mundo, el agua pasó a convertirse progresivamente en un sector privilegiado para inversiones del “capital de alto rendimiento”.

Hasta el punto de que los llamados fondos de inversión “azules” (“blue chip”) siguen estando entre los de rentabilidad superior a la media mundial en 2025 (7).

Según los principios de la economía de mercado, cuanto más escaso se vuelve el capital hídrico natural, mayor es su valor como activo financiero, incluso cuando la escasez de agua provoca enormes problemas para la sostenibilidad de la vida en la Tierra.

El dinero sigue fluyendo allí donde se crea valor: la financiarización del agua y de la naturaleza ha avanzado rápidamente en los últimos veinte años (8), culminando en diciembre de 2022 con la proclamación de todos los elementos del mundo natural como “activos financieros” en la COP15 de Biodiversidad de la ONU en Montreal (9).

El concepto de “capital natural”, adoptado por el Informe sin explicación ni comentario, no es insignificante. Refleja la voluntad de los grupos sociales dominantes de tratar los elementos del mundo natural no solo como mercancías y activos económicos privados, sino cada vez más como activos financieros, una categoría específica de la economía capitalista de mercado.

La reducción de la Naturaleza a “activos financieros” constituye un verdadero despojo de la naturaleza y una mistificación dogmática del valor de la vida. La COP15-Biodiversidad aprobó una propuesta para confiar la gestión del 30 % del capital natural del planeta —del cual un 30% se encuentra entre los más degradados— a Corporaciones de Capital Natural (NCCs) con el fin de alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible de 2030 (10).

Joe Biden, entonces presidente de Estados Unidos, se declaró a favor del proyecto confiando el 30 % del mundo natural de su país a este esquema. La presidenta de la Comisión Europea también felicitó a la COP15 en un comunicado oficial publicado al día siguiente.

Cabe preguntarse a qué juego están jugando estos actores, sabiendo que solo unos meses después, en la Conferencia del Agua de la ONU de 2023, la propia ONU confirmó que ninguno de los Objetivos de Desarrollo Sostenible se alcanzaría en 2030.

Conclusión y propuesta de nueve objetivos para una política global del agua

Ni el derecho humano al agua para la vida, ni la eliminación de la pobreza, ni la salvaguardia de los bienes públicos globales esenciales para la vida son objetivos prioritarios de la política del agua y de la vida en el sistema dominante.

La adaptación se presenta como la única estrategia realista, mientras que el cambio sistémico se descarta como “utópico”. Esto es un error profundo. No hay futuro atrapado en un único camino.

La nueva política hídrica planetaria

  1. Restablecer los fundamentos de la vida en la Tierra, empezando por emisiones cero de gases de efecto invernadero.
  2. Poner fin al envenenamiento químico del agua, del suelo y del aire.
  3. Abolir las patentes sobre los organismos vivos y la inteligencia artificial con fines privados y lucrativos; el conocimiento debe volver a ser un bien público global.
  4. Adoptar una Carta Global de los Bienes Públicos Globales.
  5. Crear una nueva arquitectura financiera global: el Fondo Común Planetario.
  6. Establecer un Parlamento Planetario del Agua.
  7. Detener la asfixia de ríos, lagos y humedales por las grandes presas.
  8. Poner fin a la “petrolización” del agua y a la “coca-colaización” del agua mineral.
  9. Declarar ilegales la pobreza y la exclusión.

 


Aclaración a las referencias del autor en su texto:

(1) Trabajos de Rockström / Stockholm Resilience Centre, sobre límites planetarios

(2) Documentación metodológica sobre huella hídrica y huella ecológica

(3) Materiales del Global Footprint Network sobre Overshoot Day

(4) Informes sobre land grabbing y water grabbing (FAO, etc.)

(6) Estudios o reportajes sobre consumo hídrico de data centers

(7), (8) Análisis financieros sobre fondos “blue” o “blue chip” y la financiarización del agua.
(9), (10) documentos oficiales de la COP15 de Montreal y las NCCs

N.del T.: La reiterada utilización de categorías financieras (“blue-chip”, “capital natural”, “activos”) aplicadas al agua y a la vida constituye el epítome de la llamada financiarización del agua y los elementos que la garantizan. Así un elemento vital, pasa a ser recurso, y después convertido  “valor especulativo” de inversión. En el autor es perceptible el acento que pone, a lo largo de su texto, en las consecuencias culposas de esa financiarización del agua, de los sistemas hídricos, y de cuanto es esencial para la Vida; en quien traduce, produce una sensación de extrañamiento moral difícil de neutralizar. Se ha optado por mantener la literalidad del lenguaje precisamente para no amortiguar ese efecto. Es la conversión de elementos esenciales para la vida en recursos mercantilizables y sometidos al criterio de maximizar la ganancia de quienes invierten en ellos, uno de los núcleos críticos y «culposos» del proceso aquí analizado.