El ministro ruso admite con calma que, debido al renovado intento de EE.UU. de dominar la economía global mediante la coerción y la fuerza, a Rusia le resulta ahora más difícil avanzar en sus objetivos de política exterior. No obstante, mantiene su convicción de que los BRICS desempeñarán un papel fundamental en la transición sistémica global hacia la multipolaridad.

El ministro de Asuntos Exteriores ruso, Sergey Lavrov, concedió recientemente una entrevista a TV BRICS para hablar sobre la organización homónima y su papel en la transición sistémica global. Comenzó contextualizando el momento histórico actual como un período de interregno, situado entre el declive de la hegemonía occidental liderada por EE.UU. y el auge de múltiples centros de poder e influencia. Estas tendencias inversas han generado fricción porque «Occidente está perdiendo su hegemonía, pero sigue aferrado a las instituciones creadas para garantizar esa hegemonía».

Estados Unidos ya no puede competir en igualdad de condiciones dentro del “orden basado en reglas” que ésta misma nación configuró hace varias generaciones, por lo que recurre a «métodos abiertamente desleales» contra sus rivales. Especialmente contra Rusia. Esto incluye sancionar a sus empresas energéticas, utilizar la amenaza de sanciones como arma contra sus «principales socios estratégicos», como India (a la que Lavrov mencionó explícitamente), «para restringir el comercio, la cooperación inversora y los vínculos técnico-militares» con ellos, y oponerse a la creación de cualquier tipo de plataformas alternativas.

Sobre este último punto, Lavrov aclaró que «No estamos abogando por que el FMI, el Banco Mundial y la OMC cesen su existencia» y recordó que «el presidente Putin ha dicho en numerosas ocasiones que no somos nosotros quienes nos negamos a usar el dólar. Fue la administración de Joe Biden la que hizo todo lo posible para convertir el dólar en un arma contra aquellos a quienes consideran objetables». Los BRICS, sus herramientas económico-financieras propuestas y otras plataformas alternativas solo pretenden complementar las existentes e inducir una reforma en ellas.

El máximo diplomático ruso reconoció con serenidad que «dada la guerra global desatada contra nosotros y los frenéticos intentos de Occidente de ‘castigar’ a todos nuestros socios, exigiéndoles que dejen de comerciar y cooperar con nosotros en el ámbito técnico-militar, nuestra labor es significativamente más difícil. A resultas de ello también es más difícil proporcionar mejores condiciones de desarrollo interno, que lo eran, digamos, hace 10 o 15 años». También criticó con mesura al Trump 2.0 por, en esencia, continuar con el «bidenismo» a pesar de su retórica en contrario.

Lejos de respetar el “espíritu de Anchorage”, que alude a los acuerdos verbales alcanzados durante esa cumbre para resolver el conflicto ucraniano y normalizar los lazos, «se imponen nuevas sanciones, se libra una “guerra” contra los barcos petroleros en alta mar» y se intensifica la presión sobre socios rusos como India. Lavrov pasó a acusar a EE.UU. de intentar controlar la industria energética mundial para «dominar la economía global», pero aseguró que si Estados Unidos cediera, Rusia estaría dispuesta a explorar una cooperación mutuamente beneficiosa.

En esa línea, concluyó la entrevista retomando la visión de Rusia sobre el papel de los BRICS en la transición sistémica global, que, según prevé, consistirá en «crear una arquitectura que no esté sujeta a las acciones ilegales de uno u otro actor del flanco occidental». Los BRICS también jugarán un papel en la «Gran Asociación Euroasiática» de Rusia, un proyecto que, según sugirió Lavrov, podría sentar las bases de un «gran paraguas protector» común para el continente, dando a entender que Eurasia podría tener algún día su propia versión de la UA o la CELAC.

Aunque no lo dijo explícitamente, del contexto se desprende que los BRICS funcionarían como un centro alternativo de gobernanza global, para reformar el orden mundial y hacerlo más equitativo. Este objetivo se vería impulsado reuniendo a representantes de cada organización continental para debatir vías viables hacia ese fin en el seno de este ‘mini-ONU’. Por estos medios, Rusia y el resto de la Mayoría Global podrían seguir impulsando las tendencias multipolares, a pesar de los nuevos desafíos que plantea el Trump 2.0.

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