El anuncio realizado esta semana por la Global Sumud Flotilla marca un punto de inflexión en la respuesta civil internacional frente a la destrucción sistemática de Gaza, calificada como «genocidio» por la relatora especial de Naciones Unidas para los territorios palestinos ocupados, Francesca Albanese. La coalición confirmó la puesta en marcha de la mayor intervención humanitaria coordinada en favor de Palestina hasta la fecha, combinando una flotilla marítima y un convoy terrestre que partirán simultáneamente el 29 de marzo de 2026.

La iniciativa moviliza a miles de personas provenientes de más de cien países y se define explícitamente como una respuesta no violenta al genocidio en curso, al asedio prolongado, a la hambruna masiva y a la devastación deliberada de la infraestructura civil y de la vida cotidiana en Gaza. No se trata de una operación simbólica ni de un gesto testimonial, sino de una acción organizada que busca romper el aislamiento impuesto al territorio palestino y restituir la centralidad del derecho internacional humanitario allí donde ha sido sistemáticamente vulnerado.

El anuncio fue realizado el 5 de Febrero en la sede de la Fundación Nelson Mandela, en Johannesburgo, un emplazamiento cargado de significado político. La elección del lugar ancla la iniciativa en la tradición histórica de la resistencia civil global frente a sistemas de opresión estructural y refuerza el paralelismo entre el apartheid sudafricano y el régimen de bloqueo, castigo colectivo y deshumanización impuesto sobre Gaza.

Según la información difundida por la organización, la misión reúne a más de mil profesionales de la salud, junto a educadores, ingenieros, equipos de reconstrucción y especialistas en investigación de crímenes de guerra y ecocidio. La composición del contingente revela una estrategia deliberada: no solo aliviar el sufrimiento inmediato, sino también documentar, reconstruir y dejar constancia jurídica de la destrucción sistemática de un territorio civil.

Las palabras de Saif Abukeshek, miembro del comité directivo de la flotilla, sintetizan el marco político de la acción: el adversario no es una persona ni un pueblo, sino un modo de vida basado en la deshumanización, el castigo colectivo y la normalización de la violencia extrema como herramienta de dominación. En ese sentido, la flotilla se presenta como una impugnación directa a un orden internacional que ha tolerado, cuando no facilitado, la comisión de crímenes de lesa humanidad y actos constitutivos de genocidio.