El tratado que hoy suma el apoyo de 99 países consolida su impacto normativo, mientras crece la presión para que más Estados —entre ellos España— se sumen a la prohibición.
El 22 de enero de 2021 entró en vigor el Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares (TPAN). Hoy, cinco años después, celebramos no solo un aniversario, sino también un avance histórico hacia un mundo más seguro y más humano.
En julio de 2017, 122 países —una abrumadora mayoría de la comunidad internacional— votaron en la ONU a favor de adoptar este tratado, marcando uno de los hitos más importantes en la lucha por la abolición de las armas nucleares. Cuando el TPAN alcanzó las 50 ratificaciones necesarias, se activó su entrada en vigor y se convirtió en ley internacional. Desde entonces, su impacto no ha dejado de crecer.
Mientras tanto, expertos de todo el mundo coinciden en que el riesgo de una guerra nuclear es hoy más alto que nunca. La urgencia es evidente. Pero también lo es la oportunidad: por primera vez en décadas, existe un instrumento jurídico y moral capaz de cambiar el rumbo.
¿Cómo funciona un tratado que los países nuclearmente armados aún no han firmado?
El TPAN opera mediante una herramienta poderosa: la estigmatización. La prohibición internacional crea un nuevo estándar moral y político que transforma comportamientos, incluso entre quienes no han firmado. Así se abolieron las armas químicas, biológicas, las minas terrestres y las municiones en racimo. Hoy sería impensable que un país presumiera de ser una “potencia química”. Ese tabú no surgió de la nada: lo creó la ley, la presión internacional y la movilización ciudadana.
Con las armas nucleares ocurre lo mismo. Aunque ningún Estado con arsenal nuclear ha firmado el TPAN, el tratado ya está generando efectos concretos:
- Instituciones financieras dejan de invertir en empresas vinculadas a armas nucleares.
- Cada vez más países, ciudades y parlamentos locales expresan su apoyo a la prohibición.
- La narrativa global está cambiando: lo que antes se consideraba “normal” empieza a verse como inaceptable.
¿Por qué este tratado es diferente a los que se han desmantelado en los últimos años?
Porque no depende de la voluntad de dos gobiernos ni de ciclos políticos. Los tratados bilaterales –entre dos partes– son vulnerables a que una de las partes cambie de opinión, y con ello se traiga abajo décadas de buenas relaciones y arduo trabajo diplomático; los tratados multilaterales –entre varios países–, en cambio, construyen normas que se fortalecen con cada nueva adhesión. Una vez que una norma internacional se consolida, incluso los países que no la han firmado terminan adaptando su comportamiento. Como una presión de pares.
El ejemplo de Estados Unidos, con las minas terrestres y las municiones en racimo, es revelador: nunca firmó los tratados que las prohíben, pero dejó de producirlas porque se había quedado sin compradores e inversores y se había creado en el mundo un clima de condena moral que hacía que producirlas resultara políticamente desfavorable.
España y el TPAN: una decisión moral y democrática
El TPAN elimina la ambigüedad: o las armas nucleares son aceptables, o no lo son. Un país que no firma el tratado está diciendo, de facto, que considera aceptable su uso en su nombre.
España, que se define como defensora de los derechos humanos, la paz y el multilateralismo, aún no ha dado este paso. Y es precisamente ahora, en este quinto aniversario, cuando más importa que la ciudadanía exija coherencia.
Ya son 99 países los que lo han firmado, una mayoría dentro de la comunidad internacional. España debería estar entre estos países.
Este aniversario no es solo una fecha: es una invitación
- Una invitación a alzar la voz.
- A reclamar liderazgo moral.
- A demostrar que la seguridad real no se construye con amenazas de destrucción masiva, sino con cooperación, diplomacia y valentía política.
Celebremos estos cinco años del TPAN movilizándonos. Compartamos este mensaje, hablemos del tratado, sumemos apoyos y exijamos que España se sitúe del lado correcto de la historia.
Es momento de actuar. Es momento de defender la vida y el derecho internacional. Es el momento de exigir que España firme el TPAN.













