Gracias a la creatividad, el ser humano ha podido evolucionar, transformarse, adaptarse y sobrevivir incluso en las peores circunstancias. La creatividad ha servido para desarrollar grandes inventos, para escapar de injustas prisiones, para escribir epopeyas, comedias o dramas; para hacer arte hasta el punto de sacar de un trozo de mármol bellas esculturas en las que se pueden apreciar los dedos de una mano apretando una pierna o la textura de la seda sobre un cuerpo desnudo.

En el proceso de creación interviene desde la intuición hasta la necesidad.

Muchos de los grandes descubrimientos son fruto de una intuición, así como muchos de los inventos son fruto de la necesidad de buscar soluciones a los problemas o desafíos que van a apareciendo a lo largo de la historia. La rueda se hizo para poder transportar y a su vez una variante sirve para moler cereales. Con imaginación podemos adaptar lo ya inventado y mejorar sus funciones.

Toda persona tiene un punto de creatividad.

A veces cuesta creernos creativos debido a que crecemos en una sociedad que limita los dones artísticos, pero todos lo somos en mayor o menor medida. En mis talleres expongo que la creatividad aflora fácilmente en esos momentos de tensión en los que la mente crea ideas y nos hace adelantar acontecimientos que no se llegan a producir pero que nos generan unas películas mentales peliagudas esperando, por ejemplo, el diagnóstico del médico o a que nuestros hijos o hijas lleguen a casa cuando tardan, sobretodo por las noches de fin de semana. ¿Cuántas novelas se podrían escribir por esos pensamientos nocivos?

Personalmente a mí me viene muy bien meditar tanto para desarrollar la creatividad como para aquietar la mente, dejar que se vayan los pensamientos nocivos para que tengan cabida los más positivos y constructivos. Y en mi creatividad me inspiro en la naturaleza, en lo cotidiano, para hacer instantáneas con mis cámaras de fotos. Para escribir observo, siento e imagino vivir mil vidas; o transcribo pensamientos en forma de ensayos o de cuentos para contar aquello que me aflige y si puedo, en mi historia, acabo con un final feliz, para hacer que así la vida se parezca a lo que escribo. Todo está en el universo de las infinitas posibilidades.

Cada persona debería buscar su don creativo y desarrollarlo, ya sea pintando, fotografiando, moldeando, escribiendo o con cualquiera de las artes de las que disponemos… la música, canta tus emociones; la poesía, seamos un poco underground, rompamos moldes, salgámonos por un momento de este sistema perfeccionista, hagamos un collage con los trozos rotos de nuestras almas.

Invito a los lectores a que se atrevan a ser conscientes de su poder creativo. Atrevámonos a crear sin miedo a hacer el ridículo, no seamos jueces de nuestro arte. No existe el menosprecio cuando se crea, todo es perfecto, además, cuanto más se practique mejor se hace. A crear se aprende ejercitando nuestras habilidades, ensayo-error-aprendizaje.

Tenemos que atrevernos a expresarnos de la forma que más nos vibre sabiendo que no a todos gustará aquello que hagamos. El arte no tiene porque gustar, tiene que remover, tiene que hacer sentir, tiene que hacernos sentir y removernos y que salga de nuestras entrañas. Cuanto más adentro nuestro busquemos, más removerá a los demás.

Llevo varios meses asistiendo a talleres de poesía, me atrevo a recitar en público desde el primer día a sabiendas de que no siempre voy a gustar, pero me arriesgo para aprender y mejorar, para perder el miedo escénico de la vida; para soltar lo que me atormenta, para hacerme escuchar, para escucharme, para sentirme vivo y con las mismas ganas de cambiar el mundo que cuando tenía quince años, por cierto, a esa edad también escribía poesía, entonces gritaba mi disconformidad con mi mundo… ¿Cuánto ha cambiado el mundo desde entonces? Sigo escribiendo poesía.

A lo largo de la historia la poesía ha servido para narrar las mayores hazañas y gestas; también para enamorar, para reír, para llorar… Las letras son herramientas que forman palabras; las palabras son la alquimia del pensamiento con poderes sobrenaturales.

Además de los cursos de poesía, también he hecho recientemente un taller de creación de monólogos de comedia. Estoy impresionado, no sabía todo el trabajo que hay detrás de un monólogo. Observación, documentación, ingenio, palabras, humor, sensibilidad y memoria. Los monólogos también sirven como forma de denuncia social. Usando el humor inteligente, que no falte al respeto, se puede dar en la diana mostrando aquello que sintamos se puede mejorar en la sociedad.

Elijamos la forma de expresión que sea, hemos de intentar que gracias a nuestras palabras mucha gente se replantee aspectos vitales de la vida.

A través de la palabra podemos influenciar sobre las personas, que mejor que hacerlo con humor y con amor, respeto y esperanza, aunque tengamos que mostrar las partes más oscuras de la humanidad para que se tome conciencia del bien y del mal.

Observar lo que nos rodea y reflexionar qué cosas se pueden mejorar para contarlo a través de poesía, guiones de monólogos, ensayos, novelas, con humor, en verso, en prosa, con collages, fotografías, esculturas de mármol o de plastilina… crea, creemos, creer es crear, creamos mundos hermosos, crearemos un mundo, el nuestro, tan bello como nuestra propia esencia divina.

Somos creativos creadores de un mundo perfecto. Observar para adaptar y mejorar aquello que está a nuestro alrededor para llegar a vivir en el mejor mundo posible.

Crear es abrir el baúl de las infinitas posibilidades.

Creemos. Creamos.