Donde antes hubo un encarnizado conflicto civil, hoy ya no hay hambre, casi no hay pobreza y prácticamente tampoco criminalidad. Lo que un alcalde filipino logró con su programa «De las armas a las granjas» (Arms to Farms) en Kauswagan, una ciudad de 27.000 habitantes dividida en 13 distritos (barangays), no tiene parangón. Es la historia de éxito de un municipio de la isla de Mindanao, en el sur de Filipinas, que se presenta como modelo mundial para resolver desafíos sociales y que, además, demuestra que las causas de los conflictos bélicos suelen ser muy distintas de lo que parece a simple vista.

El iniciador y cerebro de este inspirador éxito es el alcalde Rommel C. Arnado. Este exitoso hombre de negocios demostró ser un gran visionario y un pragmático y hombre de acción. Llevaba 28 años viviendo con su familia en Estados Unidos, hasta que, durante una visita a su antigua tierra natal, se encontró con una situación desoladora. La guerra civil que, por décadas, entre rebeldes islámicos y las tropas gubernamentales tuvo su epicentro en la provincia de Lanao del Norte y, especialmente, en su ciudad natal. Cuando los rebeldes del Frente Moro de Liberación Islámica (MILF, por sus siglas en inglés) ocuparon la ciudad y tomaron 300 rehenes, el presidente filipino se presentó personalmente en Kauswagan y declaró textualmente «la guerra total» contra la MILF. Eso no trajo la paz, sino la continuación del violento conflicto y la matanza.

Rommel Arnado, en cambio, tenía en cambio una visión de «paz total». Aunque carecía por completo de experiencia política, decidió asumir la responsabilidad. Se presentó a las elecciones municipales de 2010. Según sus propias palabras, su principal impulso era un profundo sentido de la justicia y la responsabilidad política por el bienestar de la gente, pero ante todo su fe cristiana. Mientras todos veían en la guerra civil principalmente un conflicto entre la religión cristiana y la islámica, Rommel Arnado llegó a otra conclusión. Señaló que las verdaderas causas de los sangrientos enfrentamientos eran la pobreza extrema, el hambre extrema y una corrupción atroz. Así fue como puso en marcha el audaz y ambicioso proyecto «De las armas a las granjas» (“From Arms to Farms”), que evoca el conocido lema de la RDA «Convertir espadas en rejas de arado» y que aquí se resume perfectamente.

La agricultura ecológica crea paz, salud y prosperidad

El alcalde logró primero entablar un diálogo con los líderes rebeldes, que eran profundamente desconfiados y estaban decepcionados por los acuerdos o promesas políticas incumplidas. Poco a poco los fue ganando para su terreno, la idea de traer paz y prosperidad a Kauswagan y la región circundante a través de la agricultura y una política responsable. Al principio era arriesgado acercarse a los campamentos rebeldes en la jungla. Probablemente lo habrían matado antes de llegar allí, si no hubiera conocido a algunos de los «comandantes» de sus tiempos de escuela – y de la cancha de baloncesto.

Una asesora en agricultura ecológica junto a un rebelde en Kauswagan. © Bernward Geier

Para el alcalde Rommel estaba claro que su programa agrícola solo sería viable a futuro si se basaba en los métodos naturales de la agricultura ecológica y no se veía lastrado por los altos costes de fertilizantes, semillas y pesticidas. Así pues, con los líderes rebeldes de la región y sus tropas se formaron en agricultura ecológica y se reintegraron en sus pueblos. Finalmente, 15 «comandantes» de la MILF se unieron con sus tropas al programa «De las armas a las granjas», con lo que unos 5.000 guerrilleros dejaron de combatir y matar y se comprometieron con la paz.

El alcalde Rommel no logró tanto su aprobación por el enfoque pacifista de «hacer la paz sin armas», porque no les exigió que entregaran las armas. En cambio les hizo saber que —«No quiero que entreguen las armas, quiero que entreguen el corazón». (I don’t want you to surrender your arms, instead I want you to surrender your hearts). Este enfoque demostró ser acertado. Cuando uno abre su corazón al enemigo, ya no quiere matarlo ni lo hará. Y logró lo increíble. Así es que, hoy, cristianos y musulmanes viven juntos en paz, solidaria y amistosamente en la región de Kauswagan.

—«No solo ha convertido a guerrilleros en agricultores ecológicos. En su concejo municipal, en una región de mayoría musulmana, una cuarta parte de los miembros son mujeres. Además, ha reservado un escaño para un joven (o una joven), elegido por los ciudadanos a partir de los 15 años», —explica el líder rebelde «Comandante Bravos» al describir el desarrollo impulsado por Rommel Arnado y el programa «De las armas a las granjas».

—«Cada distrito está representado en el concejo municipal por un «capitán» elegido por los vecinos», —continúa. Rommel también ha puesto en marcha un amplio programa de formación para que jóvenes y adultos puedan capacitarse en diferentes oficios. Las experiencias con la agricultura ecológica también han llevado a que en Kauswagan se proteja sistemáticamente la naturaleza. —«Así, casi toda la costa ha sido declarada reserva natural».

La confianza es la base de la paz

La mayoría de los rebeldes regresaron a sus raíces como campesinos. No solo recibieron formación en agricultura ecológica, sino también ayuda técnica a través de una cooperativa de maquinaria, así como créditos para semillas y fertilizantes biológicos. Esto fue posible, entre otras cosas, gracias al apoyo de la Fundación Católica Francisco de Asís. Por primera vez en sus vidas, los excombatientes experimentaron que un político cumple sus promesas. Gracias a esta base de confianza, se logró convertir toda la agricultura de Kauswagan a métodos ecológicos en un tiempo notablemente corto.

La organización de agricultura ecológica de Kauswagan, repartiendo semillas. © Municipio de Kauswagan, Lanao del Norte, vía FB

Esto ha llevado a un aumento significativo de la producción de alimentos y, por tanto, ha incrementado los ingresos de los agricultores en un 40 por ciento. Junto con los programas para unos 150 pescadores, esto ha contribuido decisivamente a que hoy en Kauswagan ya no haya hambre. Todo ello fue posible sobre todo gracias a la ampliación del Area de agricultura del ayuntamiento. De los 300 empleados municipales, 50 concentran su energía y trabajo en el sector agrícola, incluido un Instituto de Educación Secundaria Agrícola, con 120 alumnos. Actualmente se está construyendo, en cooperación con la Universidad Estatal de Mindanao, un Campus con especialización en agricultura.

La prosperidad también aumentó gracias a la instalación de una central eléctrica de carbón, que hoy da empleo a 500 personas, y al resurgimiento del turismo, que se había paralizado durante la guerra civil. Con el auge surgieron muchas pequeñas empresas y comercios de muy diversos sectores, que a su vez garantizan empleos e ingresos seguros para los habitantes. En consecuencia, el alcalde ha incrementado significativamente los ingresos fiscales del Municipio desde su primer mandato en 2010 (ha sido reelegido cuatro veces), partiendo de casi cero, lo que hoy permite muchas inversiones en el desarrollo futuro de Kauswagan.

La educación es la base del desarrollo

Kauswagan ha recibido cuatro veces el “premio nacional a la educación” por sus enormes avances en el ámbito de la alfabetización. El alcalde también ha logrado controlar en gran medida el grave problema de la drogadicción, que también afecta a Filipinas. Por un lado, el consumo de drogas está estrechamente relacionado con la pobreza y, por otro, ha creado el «Centro Balay Silangan», un centro de rehabilitación muy conocido más allá de Kauswagan, donde personas de otras ciudades y provincias pueden realizar una terapia de desintoxicación gratuita. Actualmente, en la ciudad prácticamente ya no hay criminalidad.

La organización de agricultura ecológica de Kauswagan, repartiendo semillas. – © Municipio de Kauswagan, Lanao del Norte, vía FB

—«El alcalde Rommel Arnado es un regalo del cielo», —describe eufórico el ex tesorero municipal, Laudacio Lacang, cuando evoca los cambios en la que fue una ciudad fantasma. —«Ha convertido este municipio de cenizas en un paraíso. Es un modelo de excelencia, un pacificador y un promotor del desarrollo económico».

Así, el alcalde Rommel Arnado encarna la capacidad de visión, el coraje, la inteligencia y el humanismo en acción. Sin embargo, él mismo no deja lugar a dudas de que todo esto solo ha sido posible porque personas con un sueño común de paz se unieron. Por tanto, esta historia de éxito tiene un Padre y muchos padres. Ante todo, los líderes rebeldes y los capitanes de distrito (Barangay Captains), así como el Parlamento Municipal y los empleados de la Administración local.

El proceso de paz y el desarrollo sostenible ejemplar de Kauswagan gozan ya de gran reconocimiento en Filipinas y también en Asia. El año pasado, Kauswagan ganó (entre casi 1.500 candidatos) el “Concurso Nacional al Municipio más Innovador y Sostenible del País”. En diciembre, Rommel Arnado recibió en Ginebra el Policy Award del World Future Council, también conocido como el Óscar de las políticas. Con ello se han puesto muchos hitos que demuestran que el mundo puede inspirarse y motivarse con «De las armas a las granjas».

Transcripción literal de la entrevista con Rommel Arnado

—Bernward Geier: Señor Arnado, cuando usted se convirtió en alcalde de Kauswagan en 2010, se enfrentó a un enorme desafío. ¿Cuál fue?

Rommel C. Arnado: Al principio era un completo novato en política. La gente vivía con miedo permanente y a menudo huía literalmente por salvar su vida, porque nuestra región era el epicentro de una guerra civil. No había ninguna confianza en el Gobierno local y regional. El desafío central era restablecer la paz y el orden y organizar la reconstrucción.

—¿Cuál fue la causa de la violencia y la destrucción?

La razón principal era la situación desesperada de la población debido a la gran pobreza. El fracaso total de la política y la Administración había llevado incluso a una catástrofe de hambre, y esta, a su vez, desencadenó la guerra civil.

—En su plan para la paz y la reconstrucción, la agricultura ecológica desempeñó un papel central. ¿Por qué?

Tenía que restaurar la confianza en la política y devolver la dignidad a la gente. Queríamos que Kauswagan no solo fuera una región de paz, sino también un centro de producción de alimentos seguros y saludables. La visión del programa «De las armas a las granjas» se basa en dos pilares: paz y desarrollo sostenible. Teníamos claro que la agricultura ecológica es una clave contra el hambre. Gracias a la agricultura ecológica pudimos evitar la dependencia, los costes y la destrucción ambiental de los métodos de cultivo industriales, aumentando así significativamente los ingresos de las familias campesinas. Eso trajo seguridad alimentaria y progreso sostenible.

—¿Qué ofrecía el programa «De las armas a las granjas»?

Ofrecíamos a los rebeldes deponer las armas a cambio de tierra y formación en agricultura ecológica. Al principio aceptaron unos pocos comandantes y 100 guerrilleros. Luego fueron 600 y finalmente miles de guerrilleros depusieron las armas.

Campaña publicitaria del ayuntamiento de Kauswagan contra el consumo de drogas. © Municipio de Kauswagan, Lanao del Norte, vía FB

—¿Cómo es hoy Kauswagan? ¿Cuál es la tasa de pobreza?

Nuestros programas cambiaron por completo la situación socioeconómica de la población para mejor. La tasa de pobreza se redujo en nueve años de casi el 80 por ciento, al nueve por ciento. Esto se logró, entre otras razones, porque todas las familias pueden producir sus propios alimentos. Con nuestro programa de formación no solo llegamos a los exrebeldes, sino finalmente a todos los habitantes de la región. Establecimos huertos comunitarios en los distritos, y desde hace cinco años es obligatorio para cada hogar unirse a uno si no puede abastecerse de alimentos desde su propio jardín. Ya no hay hambre en la ciudad.

—También colabora con Demeter, Naturland y Misereor. ¿Para qué?

Con Demeter International cooperamos especialmente para mejorar nuestra agricultura ecológica y estamos haciendo la transición gradual a la agricultura biodinámica. También estamos desarrollando conjuntamente un sistema de certificación. Con Naturland y Misereor completamos un proyecto para establecer un sistema de control participativo orientado a la comercialización local y regional de los productos de nuestros agricultores ecológicos. Actualmente estamos considerando la continuación de esta valiosa y exitosa cooperación.

—¿Puede su historia de éxito servir de inspiración para otras regiones?

Muchas ciudades y regiones de nuestro país ya están adoptando nuestras estrategias. Actualmente, unos 500 alcaldes se han unido en la Federación Nacional de alcaldes ecológicos. También estamos en intercambio a nivel mundial con países interesados como Colombia, Guatemala, China, Mongolia y Brasil. Estamos encantados de compartir nuestros conocimientos y experiencias, especialmente en regiones en guerra, de las cuales, lamentablemente, hay más de 30 en este mundo.

—¿Cuáles son sus próximos planes?

Estamos trabajando para que Kauswagan se convierta en un centro nacional e internacional de aprendizaje ecológico y sostenible. Para ello, estamos construyendo con la Universidad un Instituto de Agricultura Ecológica. Así queremos ayudar a que muchas regiones puedan emprender el camino para alcanzar el 100 por ciento de agricultura ecológica.

—¿Tiene también recomendaciones para el Norte global?

Mi consejo para los políticos es, ante todo, que escuchen a la gente, pero también que a las palabras les sigan los hechos. Fundamentalmente importante es garantizar la satisfacción de las necesidades básicas. Históricamente, el Norte global explotó de manera extrema y brutal los recursos naturales y a las personas del Sur bajo el colonialismo; lo que es especialmente cierto en mi país. Lamentablemente, eso sigue ocurriendo hoy y debe terminar.

—¿Qué debería cambiar?

La mayoría de los países del Sur global quieren desarrollarse de manera ecológica y sostenible. Para ello, el apoyo del Norte debe reforzarse significativamente. Europa, y especialmente la económicamente tan fuerte Alemania, deberían apoyar más este desarrollo sostenible y la lucha contra la catástrofe climática en todo el mundo.

Sobre el autor
Bernward Geier es desde su juventud un activista pacifista, ecologista y pionero de la agricultura ecológica; periodista, autor de libros y cineasta. Fue director durante 18 años de la federación mundial de agricultura ecológica (IFOAM – Organics International) y vive en una granja ecológica en el Bergisches Land (Alemania).

El artículo original se puede leer aquí