También este año, los exiliados birmanos de todo el mundo han conmemorado el aniversario del golpe militar del 1 de febrero de 2021, que puso fin a ese experimento democrático, siempre al borde del abismo, que duró casi una década y que llevó a la cárcel a Aung San Suu Kyi y a muchos otros políticos de su partido, de los que desde entonces no se ha sabido nada.
Cientos de birmanos de la diáspora se reunieron frente a las embajadas de su país para protestar en masa desde Londres hasta Busan, en Corea del Sur, pasando por Tokio y Taipéi. La Asociación para los Presos Políticos (AAPP) informa de que, dentro de dos prisiones de Myanmar, grupos de mujeres protestaron cantando una canción revolucionaria y luego fueron puestas en aislamiento.
Aquí, en Tailandia, en la frontera con Birmania, es una fecha que, para todos los que forman parte o apoyan la Resistencia, marca un momento para compartir las luchas, recordar a los muertos e intentar hacer balance de las derrotas e imaginar un camino hacia el futuro, para otro año de revolución.
El 30 de enero se comunicó oficialmente un resultado de gran importancia, que podría suponer un avance decisivo para la revolución. Representantes de varios grupos armados étnicos, del Ejército de Resistencia por la Democracia y del Gobierno de Unidad Nacional (NUG) anunciaron que las negociaciones mantenidas durante los últimos meses para crear un frente común han culminado en un acuerdo compartido. En términos prácticos, esto significa que estos grupos armados estarán ahora bajo un liderazgo único. La fragmentación de las distintas luchas étnicas ha sido siempre el principal obstáculo para lograr la victoria de la resistencia en todo el territorio birmano. Se trata de un avance notable, aunque en este “consejo federado” aún no participan todos los grupos armados del país, sino solo la mitad de los presentes en los ocho estados: Kachin, Karenni, Karen y Chin. El objetivo final es construir una Birmania confederada, un sueño que compartieron el padre de Aung San Suu Kyi y sus compañeros en 1947, cuando sentaron las bases de un gobierno democrático tras la independencia del dominio británico.
Una Birmania confederada significaría que las numerosas minorías étnicas del país podrían convivir con los mismos derechos en un Estado verdaderamente confederado. Actualmente, la junta militar de Myanmar reconoce ocho minorías principales, cada una de las cuales agrupa a otras minorías más pequeñas.
En 1962, el general Ne Win llevó a cabo el primero de sus tres golpes de Estado, poniendo fin a 14 años de gobierno democrático y al sueño de una Birmania confederada. Desde entonces, las minorías étnicas han vivido en un estado de guerrilla constante contra el ejército militar, acumulando más de 60 años de conflicto, la guerra más larga del planeta.
Estas minorías se concentran principalmente en las regiones fronterizas y montañosas del país. El grupo dominante, los bamar —de ahí el nombre de Birmania—, ocupa la llanura central y el fértil delta del Irrawaddy. Cada minoría mantiene su propia milicia, una fragmentación que beneficia al ejército militar, enfrentando a unos grupos contra otros. Rusia y China también se aprovechan de esta situación, suministrando armas tanto a la guerrilla como al ejército, perpetuando así el conflicto.













