Declaración de la Asociación Internacional de Abogados contra las Armas Nucleares *

El bombardeo de Irán por parte de Estados Unidos de Norteamérica e Israel viola claramente normas fundamentales del Derecho internacional. Viola la soberanía de Irán, en contra del artículo 2(4) de la Carta de las Naciones Unidas, que prohíbe la amenaza o el uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado. No existe tal cosa, como caso plausible, de que EE.UU. e Israel actúen en legítima defensa frente a un ataque supuestamente inminente. Tampoco es aceptable el cambio de régimen como justificación para el uso de la fuerza, ya que contradice directamente el mandato de respetar la independencia política de los Estados.

El régimen iraní ha sido efectivamente culpable de violaciones masivas de derechos humanos a lo largo de los años, incluido el asesinato de miles o decenas de miles de manifestantes en enero de 2026. Sin embargo, la intervención humanitaria, que en sí misma suele implicar infligir violencia con daños a la población civil, solo podría justificarse, en todo caso, para detener una matanza masiva en curso o inminente. No es esa la situación actual en Irán, ni los ataques estadounidenses e israelíes se limitan al objetivo de prevenir violaciones masivas de derechos humanos, ni cuentan con la aquiescencia de la comunidad internacional en ese sentido.

Resulta llamativo que la administración Trump no haya hecho ningún esfuerzo real por utilizar mecanismos multilaterales ni invocar el Derecho internacional. Tanto por sus acciones como por su desprecio al Derecho internacional, la Administración Trump está acelerando la erosión de las normas básicas relativas al uso de la fuerza que viene produciéndose desde hace casi tres décadas, tras el fin de la Guerra Fría.

La erosión del marco jurídico que, formalmente, limita el uso de la fuerza armada ha sido un largo proceso, marcado en el siglo XXI por conmociones cada vez más frecuentes derivadas de guerras a gran escala lanzadas por las grandes potencias, con un creciente desdén por el derecho internacional y las instituciones.

La primera de ellas fue la invasión estadounidense de Irak en 2003, precedida por la larga y masiva presencia de EE.UU. en Irak y sus alrededores durante los años noventa, así como por la invasión y ocupación de Afganistán en 2001. A diferencia de la administración Trump, la administración de George W. Bush, al menos esbozó, una justificación basada en el Derecho internacional para la invasión. Aunque construyó sus argumentos bélicos sobre un cimiento de mentiras.

Luego llegaron la anexión rusa de Crimea en 2014 y su invasión a gran escala de Ucrania en 2022, que carecieron de cualquier justificación seria desde el derecho internacional.

Ha habido otros casos de agresión en este siglo, como la reciente invasión estadounidense de Venezuela para secuestrar a su presidente. Pero las acciones de EE.UU. en relación con Irak, las de Rusia en Ucrania y el bombardeo de Irán por parte de EE.UU. e Israel destacan como hitos en la erosión de las normas sobre el uso de la fuerza.

En cuanto al programa nuclear de Irán. Antes del bombardeo masivo reciente, no se encontraba en una fase de desarrollo que proporcionara base alguna para una alegación de legítima defensa. En general, durante muchos años ha parecido que Irán poseía una capacidad de enriquecimiento de uranio, en parte para preservar la opción de adquirir armas nucleares en algún momento futuro, pero sin haber tomado la decisión de hacerlo.

Es importante señalar, en este sentido, que fue Estados Unidos de Norteamérica, durante la primera administración Trump, quien se retiró unilateralmente del Plan de Acción Integral Conjunto de 2015, un acuerdo internacional negociado con gran esfuerzo que imponía restricciones efectivas y verificables al programa nuclear iraní. Por otra parte, los debates sobre el programa iraní generalmente omiten el hecho de que Israel posee un sólido arsenal nuclear. A largo plazo, no es práctico permitir que algunos Estados tengan armas nucleares y negárselas a otros.

La forma más directa de abordar los problemas que plantea la proliferación real de armas nucleares, como en el caso de Corea del Norte, o su potencial proliferación, como en el caso de Irán, es avanzar con celeridad hacia la abolición global de las armas nucleares. Otra vía, al menos parcial, es construir nuevas zonas libres de armas nucleares a nivel regional. Este enfoque se ha intentado precisamente en el caso de Oriente Medio. Tanto en el contexto del Tratado de No Proliferación Nuclear como en las Naciones Unidas, se han realizado esfuerzos serios para poner en marcha la negociación de una zona libre de armas nucleares en Oriente Medio, con la disposición de Irán a participar. Sin embargo, Israel y Estados Unidos han boicoteado estos esfuerzos. Esto socava gravemente la legitimidad de su postura cuando afirman actuar para detener un programa nuclear iraní amenazante.

¿Cuál debería ser la respuesta ante estos acontecimientos?

En primer lugar, el bombardeo de Irán debe ser condenado como agresión ilegal, y deben defenderse las normas básicas de la Carta de la ONU, con el objetivo de preservarlas al menos para el futuro.

En segundo lugar, debe reconocerse que el Mundo está atravesando una gran transformación marcada por el resurgimiento del nacionalismo autoritario, con facciones etno-nacionalistas autoritarias en el poder o constituyendo fuerzas políticas significativas en muchos países, incluidos todos los Estados con armas nucleares. Es necesario actuar con realismo acerca de la naturaleza del desafío, y desarrollar nuevas formas de pensamiento, nuevas estrategias de activismo y nuevas políticas para construir un mundo más justo, democrático, pacífico y posnacionalista.

(*) Esta declaración se basa en una declaración de la afiliada de IALANA, Western States Legal Foundation, y en otra del Comité de Abogados sobre Política Nuclear de la Oficina de IALANA ante la ONU.