{"id":849896,"date":"2019-05-03T02:55:12","date_gmt":"2019-05-03T01:55:12","guid":{"rendered":"https:\/\/www.pressenza.com\/?p=849896"},"modified":"2019-05-03T02:55:12","modified_gmt":"2019-05-03T01:55:12","slug":"agresiones-sexuales-cuando-el-agresor-es-companero-de-militancia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.pressenza.com\/es\/2019\/05\/agresiones-sexuales-cuando-el-agresor-es-companero-de-militancia\/","title":{"rendered":"Agresiones sexuales: Cuando el agresor es compa\u00f1ero de militancia"},"content":{"rendered":"<p><em>Por<strong> Maite Asensio Lozano\/El Salto diario<\/strong><\/em><\/p>\n<p>En los \u00faltimos a\u00f1os ha pasado a menudo en los movimientos sociales: una mujer denuncia una agresi\u00f3n machista de un compa\u00f1ero. Pese a que los colectivos son cercanos al feminismo, no suele ser f\u00e1cil gestionar estas denuncias y trabajarlas en el grupo.<\/p>\n<p>En el a\u00f1o 2005, docenas de entidades sociales y centenares de personas que so\u00f1aban un mundo diferente se reunieron en Porto Alegre (Brasil) en el V Foro Social Mundial. Durante aquellos d\u00edas, las mujeres que participaron en el Foro denunciaron 90 violaciones. A fin de rechazar estas agresiones y dar apoyo a las v\u00edctimas, las mujeres convocaron concentraciones y tambi\u00e9n una gran manifestaci\u00f3n. Sin embargo, el conjunto de las entidades sociales no las apoy\u00f3. No solamente esto, sino que los hombres organizaron otra marcha, a la cual algunos de ellos acudieron desnudos, bajo el lema \u201cLibertad sexual\u201d. Las denuncias fueron silenciadas: no fueron incluidas en la documentaci\u00f3n oficial del Foro y tampoco tuvieron ninguna resonancia en los medios de comunicaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Han pasado 13 a\u00f1os desde que, por primera vez, sali\u00f3 a la luz la violencia machista interna de los movimientos sociales, pero todav\u00eda se siguen invisibilizando las agresiones que sufren las mujeres en los entornos de militancia. Y no son ninguna an\u00e9cdota. En septiembre pasado se trat\u00f3 este tema durante la Acampada de las Peque\u00f1as Revoluciones (Iraultza Txikien Akanpada) en Zubieta (Gipuzkoa), donde se puso de manifiesto una realidad que durante muchos a\u00f1os hab\u00eda sido silenciada: se trata de un problema de grandes dimensiones en los movimientos sociales.<\/p>\n<p>\u201cHa habido muchos casos en los \u00faltimos a\u00f1os. Muchos\u201d, confirman Haizea N\u00fa\u00f1ez, Miren Guillo y Saioa Iraola. Hablan en representaci\u00f3n de <a href=\"http:\/\/bilgunefeminista.eus\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Bilgune Feminista<\/a>, una organizaci\u00f3n que en los \u00faltimos a\u00f1os se ha encargado de gestionar muchas de las agresiones denunciadas. Subrayan que se trata de procesos \u201cmuy complejos\u201d y que comportan un gran \u201ccansancio emocional\u201d. De hecho, los obst\u00e1culos comienzan ya en el mismo punto de partida: hay grandes dificultades, no solamente para identificar las agresiones, sino tambi\u00e9n para reconocer que existe violencia machista dentro de los colectivos.<\/p>\n<p>\u201cLas violencias que tienen lugar en los espacios activistas son las mismas que tienen lugar fuera de estos espacios. Solo cambia el escenario\u201d, explica Tania Mart\u00ednez Portugal, que est\u00e1 investigando esta tem\u00e1tica. A trav\u00e9s de la voz de las mujeres que han participado en ONG, partidos pol\u00edticos de izquierdas, movimientos autogestionados o colectivos antirracistas y antimilitaristas ha podido analizar la violencia que tiene lugar en los entornos de militancia. El primer obst\u00e1culo para la identificaci\u00f3n se sit\u00faa en el imaginario: \u201cEn estos colectivos se lucha por un ideal transformador com\u00fan, y se tiende a pensar que la violencia machista queda fuera de estos espacios.\u00a0Adem\u00e1s, el discurso de las comunidades activistas suele ser favorable al feminismo. Se trata de un escenario m\u00e1s perverso\u201d.<\/p>\n<p>Pili \u00c1lvarez Moles ha investigado las relaciones de poder dentro de los gaztetxes(centros okupados por j\u00f3venes) y, hoy en d\u00eda, aplica esta investigaci\u00f3n a los movimientos populares en general en el marco de la <a href=\"http:\/\/joxemizumalabe.eus\/quienes-somos\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Fundaci\u00f3n Joxemi Zumalabe<\/a>. Se muestra de acuerdo con el diagn\u00f3stico de Mart\u00ednez: \u201cAlgunos grupos est\u00e1n amenazados \u2014los gaztetxes, casi siempre\u2014 , el enemigo lo tienen fuera: desalojos, multas, confrontaci\u00f3n contra las instituciones\u2026 Esto hace que haya una fuerte cohesi\u00f3n dentro del grupo, se desarrollan relaciones de confianza. Por esto las agresiones provocan una gran sorpresa: porque las cometen personas de plena confianza\u201d.<\/p>\n<p>Asimismo, ha detectado que los prejuicios que hay en la sociedad en relaci\u00f3n con la violencia machista tambi\u00e9n tienen peso dentro de los colectivos. Por ejemplo, los estereotipos con los cuales se identifica a v\u00edctimas y agresores: \u201cEl militante perfecto, el activista comprometido, no puede ser un agresor. Y una mujer activista no puede sufrir una agresi\u00f3n, menos todav\u00eda si es feminista. Estos mitos son muy peligrosos\u201d.<\/p>\n<p>\u201cHoy en d\u00eda, ser machista supone una gran carga. \u00bfQui\u00e9n puede sentirse identificado con el monstruo que nos suelen presentar como agresor?\u201d, a\u00f1ade Jabi Arakama. Es miembro del grupo <a href=\"http:\/\/www.aldezaharra.org\/index.php\/colectivos-proyecto-auzoenea\/gizonenea-grupo-de-hombres\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Gizonenea<\/a>, del centro comunitario Auzoenea, de Iru\u00f1ea, donde ha trabajado con hombres que han cometido agresiones, a trav\u00e9s de la reflexi\u00f3n en torno a la masculinidad. \u201cEn estos espacios, hist\u00f3ricamente, hemos sido contrarios a las opresiones, porque nosotros \u00e9ramos los oprimidos. Es muy dif\u00edcil identificarse con el opresor y reconocer que, en la medida en que formamos parte de esta sociedad, nos hemos socializado igual en algunas actitudes\u201d. Seg\u00fan Haizea N\u00fa\u00f1ez, para las mujeres tambi\u00e9n supone una gran ruptura: \u201cSienten que en estos colectivos tienen un refugio y, de repente, se dan cuenta de que no es as\u00ed: se quedan sin un espacio de seguridad, a menudo se les quiebra la capacidad de establecer relaciones de confianza. Al fin y al cabo peligran sus valores, han de reinventar las formas de crear complicidades, pensar qui\u00e9nes son las verdaderas amistades&#8230;\u201d.<\/p>\n<h4>No les creen<\/h4>\n<p>Estas sensaciones pueden ir a peor cuando la agresi\u00f3n es cuestionada. Y, seg\u00fan Mart\u00ednez, esto pasa a menudo: \u201cEn los casos que yo he conocido e investigado, no las han cre\u00eddo\u201d. \u00c1lvarez a\u00f1ade que, en denuncias por otros tipos de agresi\u00f3n, esto no ocurre: \u201cCuando un militante sufre torturas o abusos policiales, se le cree, se le da apoyo, no hay ning\u00fan tipo de duda, de cuestionamiento, de rumores\u2026 Sin embargo, con las agresiones machistas, s\u00ed\u201d. Saioa Iraola revela un factor que influye en la credibilidad de las mujeres: \u201cDepende de qui\u00e9n haya sido el agresor, y qui\u00e9n haya sido la agredida. De qu\u00e9 estatus tenga cada uno dentro del colectivo\u201d.<\/p>\n<p>Por tanto, la respuesta que se da despu\u00e9s de denunciar la agresi\u00f3n dentro del grupo depende a menudo de la actitud del agresor: si niega la agresi\u00f3n, es cuando el problema se enturbia. \u201cPara poner en marcha un proceso colectivo, primero tiene que haber un reconocimiento, si no, es dif\u00edcil trabajarlo\u201d, afirma Miren Guillo. Iraola explica que, en estas situaciones, los agresores suelen encontrar grupos de apoyo: \u201cLas complicidades entre hombres y el ambiente entre pasillos son muy importantes, y esto est\u00e1 muy ligado a nuestra cultura pol\u00edtica: aqu\u00ed se deciden muchas cosas fuera de las asambleas, y son decisiones basadas en estas complicidades\u201d.<\/p>\n<p>Es entonces cuando empieza la guerra entre las dos versiones: rumores, insistencia en que la mujer repita una vez tras otra el relato de los hechos, la extrema importancia que se le da a los detalles\u2026 De la misma forma que pasa en otras esferas sociales, se juzga a la persona que ha denunciado. \u201cA menudo tambi\u00e9n se responsabiliza a las mujeres de haber roto la unidad del grupo. En nuestros colectivos, el agresor ha estado siempre fuera, y no hemos desarrollado la cultura de hacer autocr\u00edtica. Esto provoca que estos tipos de denuncias se consideren un ataque a la identidad colectiva\u201d, explica Mart\u00ednez. Para ella, despolitizar la violencia es un mecanismo efectivo para quitar responsabilidad al grupo: \u201cSi la violencia sexista es algo que ocurre fuera de nuestros espacios, es m\u00e1s f\u00e1cil negar que haya pasado, o bien minimizarlo, o tom\u00e1rselo como una cuesti\u00f3n personal, como si fuese un conflicto entre dos personas. Al fin y al cabo, creer la denuncia quiere decir que el colectivo ha de actuar, y esto incomoda a mucha gente\u201d.<\/p>\n<p>Las consecuencias pueden ser graves. Existe el riesgo de que se fracture el colectivo, pero el impacto m\u00e1s fuerte lo sufren, sobre todo, las mujeres que han denunciado, hasta el punto de abandonar el grupo. Como se\u00f1ala Mart\u00ednez: \u201cLas mujeres se sienten atacadas por el grupo y deciden alejarse de un espacio donde no se sienten protegidas\u201d. Y a\u00f1ade \u00c1lvarez: \u201cCuando se crean los bandos, quien tiene menos paciencia o fuerza es quien acaba y\u00e9ndose, que habitualmente son las mujeres: la mayor\u00eda no siguen en el grupo para no sentirse cuestionadas, inc\u00f3modas; para que no se hable de ellas\u2026 Los hombres todav\u00eda tienen mucha impunidad en nuestros colectivos\u201d.<\/p>\n<h4>Tareas de prevenci\u00f3n<\/h4>\n<p>Sin embargo, estos procesos no siempre se tuercen. En algunos casos, los grupos han dado credibilidad a la denuncia y el agresor tambi\u00e9n ha reconocido haber actuado de manera inadecuada. \u00c1lvarez ve claro que, en estos primeros pasos, es muy importante el trabajo que se haya hecho previamente: \u201cSi antes no se ha trabajado el tema, casi seguro que la agresi\u00f3n ser\u00e1 cuestionada, y muy pocas personas proteger\u00e1n a la mujer. El trabajo previo no garantiza que se salve el proceso, pero s\u00ed comporta un m\u00ednimo de concienciaci\u00f3n: la militancia conocer\u00e1 las l\u00f3gicas de la violencia, sabr\u00e1 que las mujeres no se inventan las agresiones y, adem\u00e1s, tendr\u00e1n unas directrices para tomar decisiones, para no acabar improvisando\u201d.<\/p>\n<p>En estos casos, se abre la oportunidad de abordar el problema en colectivo. Guillo subraya que esta visi\u00f3n de grupo es muy importante: \u201cNuestro punto de partida son las necesidades que tiene la persona que ha sufrido la agresi\u00f3n de cara a su recuperaci\u00f3n: sentirse escuchada, sentir que la creemos\u2026 Sin embargo, en nuestra opini\u00f3n, la base del proceso no es trabajar con la persona agredida y con el agresor, sino poner en marcha un proceso colectivo, comunitario\u201d, expone.\u201c De hecho, cuando hay agresiones de este tipo, se produce una fractura en la comunidad: esta tambi\u00e9n tiene una cierta responsabilidad en el contexto que ha posibilitado la agresi\u00f3n, por tanto, tambi\u00e9n se ha de reconstituir la propia comunidad\u201d.<\/p>\n<p>Esta visi\u00f3n coincide con una cuesti\u00f3n de base que preocupa a muchos movimientos sociales y feministas: la idoneidad de los mecanismos punitivos del sistema judicial. Las mujeres tienen la opci\u00f3n de ir a los juzgados, pero las entidades est\u00e1n trabajando en un modelo diferente de justicia. Como indica N\u00fa\u00f1ez: \u201cExiste una gran falacia en torno al sistema punitivo. Las responsabilidades son individuales: el problema lo tiene la persona que ha cometido el delito, y la soluci\u00f3n pasa por sacar esta persona de la sociedad y encerrarla. Sin embargo, la prisi\u00f3n ya ha demostrado una y otra vez que no soluciona nada\u201d.<\/p>\n<p>A partir de esta premisa, se pregunta: \u201c\u00bfHemos de seguir en este paradigma neoliberal, seg\u00fan el cual el agresor es un demonio y el Estado ser\u00e1 quien salve a la v\u00edctima? Si adoptamos un enfoque diferente, seg\u00fan el cual la comunidad ha sufrido una herida y hay una mujer que merece una reparaci\u00f3n, \u00bfcreemos que el castigo solucionar\u00e1 esto?\u201d.<\/p>\n<p>En la pr\u00e1ctica, en cambio, los grupos suelen adoptar posiciones punitivas: tienden a se\u00f1alar a los agresores. Jabi Arakama explica que hay una gran diferencia entre las respuestas de las mujeres y las de los hombres: \u201cLas mujeres inmediatamente identifican la violencia como un elemento estructural, dicen que hay que dar respuesta como grupo, y proponen crear un grupo de mujeres para tratar el tema. Con los hombres esto pasa muy pocas veces: les cuesta reconocer que es una cuesti\u00f3n estructural, culpabilizan al agresor, demandan medidas estrictas en contra de \u00e9l, pero no suelen estar dispuestos a cuestionar sus propias actitudes sexistas\u201d. N\u00fa\u00f1ez vincula esto con el hecho de que los hombres no quieran aceptar una responsabilidad colectiva: \u201cEsta tendencia a dejar claro que el agresor es el otro es muy significativa, y tambi\u00e9n muy peligrosa. Todos tenemos actitudes machistas, racistas, etc\u00e9tera. No reconocer que estamos dentro del sistema y que reproducimos actitudes como \u00e9stas me parece una falsedad y una excusa\u201d.<\/p>\n<h4>El veto, temporal<\/h4>\n<p>En cualquier caso, incluso si rechazan el sistema punitivo, los colectivos suelen tomar una serie de medidas con los agresores. Generalmente les imponen vetos, es decir, que les proh\u00edben participar de ciertos espacios, sobre todo para que no coincidan con la mujer que ha sufrido la agresi\u00f3n. \u201cEs una condici\u00f3n para garantizar que la mujer pueda seguir militando tranquila\u201d, precisa N\u00fa\u00f1ez. \u201cEste veto no suele ser indefinido, porque la intenci\u00f3n final es que se integre: aqu\u00ed entra la voluntad y el compromiso del hombre\u201d, a\u00f1ade Arakama. Pero, a pesar de las garant\u00edas, alerta del riesgo de sufrir una \u201cmuerte social\u201d. \u201cA veces, las respuestas que se dan desde los colectivos pueden llegar a ser m\u00e1s severas que las de un juzgado: perder las amistades o los espacios de socializaci\u00f3n tiene un gran impacto en las vidas de los agresores\u201d.<\/p>\n<p>\u00bfY qu\u00e9 trabajo hacen los hombres mientras dura el veto? Arakama, que suele estar a su lado, explica que su funci\u00f3n no es hacer terapia: como mucho aconseja a quienes quieren encontrar atenci\u00f3n psicol\u00f3gica. Su funci\u00f3n es m\u00e1s pol\u00edtica: \u201cLes doy formaci\u00f3n sobre masculinidades. Me centro en la problem\u00e1tica de cada uno, pero analizamos las caracter\u00edsticas de la masculinidad: la desvaloraci\u00f3n de lo femenino, el modelo de amor rom\u00e1ntico, la gesti\u00f3n de las emociones, la homofobia, el uso del poder&#8230;\u201d.<\/p>\n<p>Afirma que es un trabajo complejo: \u201cRealmente cuesta darse cuenta de los privilegios propios. Se dan cuenta f\u00e1cilmente en el caso de ausencia de miedo o de la ocupaci\u00f3n del espacio p\u00fablico, pero m\u00e1s all\u00e1 de esto, es dif\u00edcil, incluso para quien tiene buena voluntad\u201d.<\/p>\n<p>Se ha de hacer un trabajo profundo. \u201cUn trabajo que no acaba nunca\u201d, precisa. \u201cPero hay que ponerle una fecha de finalizaci\u00f3n: el hecho de saber que habr\u00e1 un t\u00e9rmino es bueno para todo el mundo. \u00bfCu\u00e1ndo? Cuando hayamos trabajado de manera positiva todos los elementos que tenemos en la cabeza\u201d. Aclara que suelen ser procesos que duran en torno a dos a\u00f1os. \u201cPero no es lo mismo reunirse semanalmente o una vez al mes. Hay que tener en cuenta que no lo hacemos como profesionales, sino que forma parte de nuestra militancia\u201d.<\/p>\n<p>Las miembros de Bilgune Feminista tambi\u00e9n hacen referencia a esta \u00faltima cuesti\u00f3n: \u201cAdem\u00e1s de intervenciones concretas, tambi\u00e9n nos piden asesoramiento, pero nos hemos dado cuenta de que a veces hemos acabado haciendo tareas de mediaci\u00f3n sin tener la formaci\u00f3n necesaria para hacerlo\u201d. Guillo reconoce que, para ellas, la gesti\u00f3n de estos casos ha sido un proceso de aprendizaje: \u201cHemos ido probando, y, por el camino, hemos identificado algunas carencias. Si lo volvemos a analizar despu\u00e9s de las reflexiones que hemos ido haciendo, vemos que no estamos satisfechas con algunas decisiones que hemos tomado o impulsado. Por tanto, el proceso de aprendizaje no est\u00e1 cerrado\u201d.<\/p>\n<hr \/>\n<p>Reportaje original publicado en euskera en el diario <a href=\"https:\/\/www.berria.eus\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Berria<\/a>, bajo el t\u00edtulo \u201cErasotzailea militantziako kide bat denean\u201d, el 25 de noviembre de 2018. Fue luego traducido al catal\u00e1n por Berezi Elorrieta para <a href=\"https:\/\/www.elcritic.cat\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">elcritic.cat<\/a>, donde fue publicado el 7 de marzo de 2019. De ah\u00ed esta versi\u00f3n al castellano por inwit y Maite Asensio Lozano.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Maite Asensio Lozano\/El Salto diario En los \u00faltimos a\u00f1os ha pasado a menudo en los movimientos sociales: una mujer denuncia una agresi\u00f3n machista de un compa\u00f1ero. 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