{"id":849117,"date":"2019-05-01T14:57:39","date_gmt":"2019-05-01T13:57:39","guid":{"rendered":"https:\/\/www.pressenza.com\/?p=849117"},"modified":"2019-05-01T14:57:39","modified_gmt":"2019-05-01T13:57:39","slug":"42-anos-de-las-madres-de-plaza-de-mayo-la-vida-entre-jueves-y-jueves","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.pressenza.com\/es\/2019\/05\/42-anos-de-las-madres-de-plaza-de-mayo-la-vida-entre-jueves-y-jueves\/","title":{"rendered":"42 a\u00f1os de las Madres de Plaza de Mayo: La vida entre jueves y jueves"},"content":{"rendered":"<p>por Luis Zarranz<\/p>\n<p><em><b>Desde hace 42 a\u00f1os, las Madres de Plaza de Mayo marchan cada semana en la Plaza que termin\u00f3 d\u00e1ndoles el nombre. \u00bfC\u00f3mo fue la primera vez de cada una? \u00bfQu\u00e9 significa la Plaza en sus vidas? Sus historias, intercaladas con un jueves junto a ellas.<\/b><\/em><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Rosa, Evel, Mercedes, Hebe, Visitaci\u00f3n, Claudia, Carmen no son nombres propios, sino las integrantes de un colectivo que las excede individualmente y las identifica en el mundo entero: son Madres de Plaza de Mayo.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Ellas, que socializaron lo m\u00e1s preciado que tienen \u2013sus hijos\u2013 y que est\u00e1n hechas de batallas heroicas, transitaron, antes de convertirse en lo que son, un intenso camino que, en todos los casos, las llev\u00f3 a la Plaza que les dar\u00eda el nombre definitivo.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Estas son sus peque\u00f1as inmensas historias.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\"><strong>***<\/strong><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Rosa de Camarotti tuvo un solo hijo, Osvaldo Daniel. En agosto de 1978, cuando fue a la Plaza por primera vez, pas\u00f3 de madre a Madre: Rosa de Camarotti se transform\u00f3 en una Madre de Plaza de Mayo.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Aquella primera vez \u2013recuerda\u2013 se qued\u00f3 en un borde, sobre la avenida Rivadavia. Mir\u00f3 marchar a las dem\u00e1s. Una de esas mujeres \u2013no recuerda qui\u00e9n\u2013 le hizo se\u00f1as para que se acercara y se sumara. Enseguida empezaron a conversar: qui\u00e9n le faltaba, cu\u00e1ndo se lo hab\u00edan llevado, d\u00f3nde, por qu\u00e9. Su historia era similar a la de las dem\u00e1s, era una tragedia nacional.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Esas mujeres le dijeron que la pr\u00f3xima vez que fuera a la Plaza de Mayo llevara era el s\u00edmbolo que ya distingu\u00eda a las Madres: el pa\u00f1uelo blanco. Rosa busc\u00f3 en su casa y s\u00f3lo encontr\u00f3 uno rosa, tan chiquito que apenas pod\u00eda anudar en el cuello. Lo puso en lavandina y lo blanque\u00f3.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">\u2013Total, es por poquito tiempo. No vale la pena que me compre uno por dos meses\u2013 pens\u00f3.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Eso recuerda cuarenta a\u00f1os despu\u00e9s, con un pa\u00f1uelo blanco en la cabeza, al\u00a0\u00a0volver de la Plaza, como casi todos los jueves desde entonces.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Tres meses antes de su debut en la marcha de las Madres, exactamente el 18 de mayo de 1978, Osvaldo Daniel hab\u00eda sido secuestrado por una patota del Ej\u00e9rcito de la casa en la que viv\u00eda con Rosa y Osvaldo padre, en Lomas de Zamora (provincia de Buenos Aires).<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Al principio, los militares les dijeron que estar\u00eda detenido hasta despu\u00e9s del Mundial de F\u00fatbol. Era lo que sol\u00edan decirles a muchas familias \u2013no solo en los cuarteles, sino tambi\u00e9n en varias dependencias del Estado y hasta en algunas iglesias con v\u00ednculos castrenses\u2013, pero el Mundial termin\u00f3 en julio y de Osvaldo no hab\u00edan sabido m\u00e1s nada.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">No se lo hab\u00eda tragado la tierra, sino la dictadura militar.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Los meses pasaron y Rosa tuvo que cambiar el peque\u00f1o pa\u00f1uelo blanqueado por otro, y con el correr de los a\u00f1os, por otros m\u00e1s: desde entonces, pasaron m\u00e1s de 2100 jueves en los que Rosa de Camarotti asiste junto a sus compa\u00f1eras todos los jueves a Plaza de Mayo.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\"><strong>***<\/strong><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\"><em>Es jueves y el escenario es la Plaza que vio nacer y le da el nombre a la organizaci\u00f3n. A las dos y cincuenta y ocho de la tarde del 18 de abril de 2019 Rosa baja de una camioneta. Camina nueve pasos y entra al \u201cpuesto\u201d \u2013que en realidad es un gazebo\u2013 donde\u00a0\u00a0a modo de kiosquito se venden libros, revistas, pulseritas, mates, cadenitas de la Asociaci\u00f3n Madres de Plaza de Mayo.<\/em><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\"><em>En treinta y dos minutos, a las quince y treinta, la Plaza se vestir\u00e1 de pa\u00f1uelos blancos. Entonces Rosa saldr\u00e1 del puesto con pasos breves pero firmes como el paso del tiempo, para marchar junto a sus compa\u00f1eras alrededor de la Pir\u00e1mide.<\/em><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\"><strong>***<\/strong><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Evel de Petrini \u2013<em>Beba,\u00a0<\/em>para todo el mundo\u2013, camina rengueando levemente desde una reciente operaci\u00f3n de cadera. Los m\u00e9dicos le recomendaron que evitara caminar, pero hay cosas que no pueden evitarse: ir a la Plaza cada jueves, por ejemplo.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Si no fuera porque el Gobierno de la Ciudad decidi\u00f3, en enero de 2018, realizar una serie de reformas en la Plaza, incluida la remoci\u00f3n de las baldosas que ten\u00edan pintados los pa\u00f1uelos \u2013pese a que la Legislatura hab\u00eda declarado \u201cSitio hist\u00f3rico\u201d el espacio alrededor de la Pir\u00e1mide, en reconocimiento a la marcha de las Madres\u2013,\u00a0<em>Beba<\/em>\u00a0llevar\u00eda m\u00e1s de 2100 semanas pisando las mismas baldosas, jueves a jueves.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Fue una de las primeras Madres en unirse al movimiento. Uno de sus dos hijos, \u2013Osvaldo, el mayor\u2013 hab\u00eda sido secuestrado y desaparecido de la casa familiar, en Santos Lugares, el 13 de marzo de 1977.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">\u2013La desaparici\u00f3n es el no saber. Es decirle \u201cchau, hasta ma\u00f1ana\u201d y no verlo nunca m\u00e1s. No saber qu\u00e9 pas\u00f3, d\u00f3nde est\u00e1, ni qu\u00e9 le hicieron. Es una cosa que te carcome la cabeza.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Los primeros d\u00edas,\u00a0<em>Beba<\/em>\u00a0pasaba horas al lado del tel\u00e9fono, a la espera de una noticia sobre el paradero de su hijo. Pero esa llamada no lleg\u00f3 nunca.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">A los pocos meses, se enter\u00f3 de que un grupo de madres desesperadas como ella iba todos los jueves a la Plaza para pedir novedades sobre sus hijos e hijas secuestrados. Decidi\u00f3 sumarse.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">\u2013Fue un sost\u00e9n. Me gust\u00f3 estar ah\u00ed con ellas.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Jam\u00e1s pens\u00f3 que aquel encuentro, a mediados de 1977, durar\u00eda m\u00e1s de cuarenta a\u00f1os. Tampoco que, desde entonces, cada jueves se convertir\u00eda para ella en el d\u00eda m\u00e1s importante de la semana. En la Plaza \u2013afirma\u2013 aprendieron todo, en especial el compa\u00f1erismo. \u201cSiento una emoci\u00f3n profunda estando ah\u00ed, como aquel primer d\u00eda, que fue tan doloroso\u201d. Con la voz cascada por una incipiente tos, recuerda: \u201cVine sola y me fui acompa\u00f1ada, colectivamente\u201d.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\"><strong>***<\/strong><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\"><em>A las tres de la tarde en punto pareciera que sonase el timbre de un colegio, o que se abrieran las puertas imaginarias que reten\u00edan a las diez, quince personas que llegan de golpe: desde la boca del subte, ubicada en la otra punta de la Plaza, sobre Yrigoyen; desde el Cabildo, desde la calle Reconquista, desde el Bajo, y de vaya a saberse d\u00f3nde.<\/em><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\"><em>Pero no hay timbre y las puertas son imaginarias.<\/em><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\"><em>Hay un silencio que no es tal, es la suma del murmullo lejano de varias voces desordenadas; unos tacos apurados que se alejan, perdi\u00e9ndose; una frenada de colectivo cuyo volumen, a la distancia, llega tenue.<\/em><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\"><strong>***<\/strong><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">\u2013Mi hija se llamaba Alicia. Le puse ese nombre porque decirlo te obliga a sonre\u00edr. Mir\u00e1, prob\u00e1: A-li-cia.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Alicia fue una de las v\u00edctimas del terrorismo de Estado. A partir de su desaparici\u00f3n, su mam\u00e1, Mercedes de Mero\u00f1o,\u00a0<em>Porota<\/em>, volvi\u00f3 a sufrir de cerca el dolor infinito: en 1930, cuando ten\u00eda seis a\u00f1os, su familia \u2013su padre, su madre, su hermana mayor y ella misma\u2013 debi\u00f3 escapar del pa\u00eds ante las amenazas de muerte que, tras el primer Golpe militar de la historia argentina, recib\u00eda su pap\u00e1, Jos\u00e9 Mar\u00eda Col\u00e1s, un alba\u00f1il y militante anarcosindicalista. Se radicaron en Lodosa, un pueblo de Navarra, Espa\u00f1a.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Tambi\u00e9n all\u00ed, vivir\u00edan un calvario: luego de comenzada la Guerra Civil Espa\u00f1ola su padre, un activista por la Segunda Rep\u00fablica, fue fusilado por grupos fascistas. A Porota, que entonces ten\u00eda 11 a\u00f1os, los asesinos de su padre le raparon la cabeza para identificarla como hija de un republicano.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">\u2013Lo fusilaron un jueves a las tres y media de la tarde.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">El d\u00eda y la hora tomar\u00edan otra dimensi\u00f3n cuando, varias d\u00e9cadas despu\u00e9s, comenz\u00f3 a marchar en Plaza de Mayo, los jueves, en ese mismo horario, con un pa\u00f1uelo blanco en la cabeza.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Entre un hecho y otro,\u00a0<em>Porota<\/em>\u00a0regres\u00f3 a Argentina, en 1939; se cas\u00f3, tuvo una \u00fanica hija, A-li-cia. El 5 de enero de 1978, a los 31 a\u00f1os, la secuestraron en su casa de la calle Benito Ju\u00e1rez 4285, Devoto, en la ciudad de Buenos Aires. Estaba divorciada y ten\u00eda tres hijos (Mart\u00edn, Patricia y Leonardo).<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">\u2013No s\u00e9 lo que pens\u00e9 entonces. Lo \u00fanico que me acuerdo es que cuando se la llevaron las palabras que dije fueron: \u201c\u00a1Otra vez el fascismo, no!\u201d. De eso s\u00ed me acuerdo.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">La voz de\u00a0<em>Porota<\/em>\u00a0se mezcla con la emoci\u00f3n, y unas dosis de bronca. Los primeros ocho meses sin Alicia le provocaron una depresi\u00f3n que la encerr\u00f3 en su casa. \u201cMe qued\u00e9 meses mirando la ventana, esperando que mi hija volviera. Y si sal\u00edamos con mi marido, dej\u00e1bamos una nota con los datos de d\u00f3nde est\u00e1bamos: por si volv\u00eda\u201d, dice mirando un punto fijo. \u201cTen\u00eda una preocupaci\u00f3n: hab\u00edan cambiado el sentido del tr\u00e1nsito de la calle de mi casa, en Devoto, y yo dec\u00eda: \u2018C\u00f3mo va a llegar Alicia si ahora es contramano\u2019\u201d.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Fue su marido, Francisco, que sol\u00eda ir al centro de la Ciudad, el que le dijo que hab\u00eda visto a unas mujeres con pa\u00f1uelo blanco en la Plaza de Mayo.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">\u2013Me compr\u00e9 un pa\u00f1uelo de los que se usan para bailar, me lo puse en la cabeza. Llegu\u00e9 a la Plaza y me sent\u00e9 en un banco. Una Madre que nunca m\u00e1s vi ni supe qui\u00e9n era, me dijo \u201c\u00bfa vos qui\u00e9n te falta?\u201d. Yo lloraba. Le dije \u201cmi hija\u201d y me dijo \u201cac\u00e1 no se viene a llorar, \u00bfeh? ac\u00e1 se viene a luchar, as\u00ed que lev\u00e1ntate y vamos\u201d.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Y\u00a0Porota\u00a0fue.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">\u2013Esas palabras produjeron un cambio general en m\u00ed. Se lo agradezco de por vida porque en vez de ser una llorona, fui una luchadora para combatir al fascismo hasta el d\u00eda que me muera.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\"><strong>***<\/strong><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\"><em>La tarde avanza lenta. Hay una brisa suave como una caricia distra\u00edda y un puesto, que en realidad es un gazebo, cuya espalda da a la calle Rivadavia, que cada vez convoca m\u00e1s turistas, curiosos e interesados. A su alrededor ya hay entre veinte y treinta personas que charlan en grupos, hablan por celular,\u00a0\u00a0preguntan el precio de tal libro o equis llavero y\u00a0\u00a0esperan que el reloj marque las quince y treinta: el momento exacto en el que se producir\u00e1 el parto colectivo, la celebraci\u00f3n del ritual m\u00e1s emblem\u00e1tico de la historia del pa\u00eds: la marcha de las Madres de Plaza de Mayo.<\/em><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\"><em>Pero todav\u00eda falta.<\/em><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\"><strong>***<\/strong><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Con los a\u00f1os, Hebe de Bonafini fue perdiendo el apellido para ser, simplemente, Hebe. Como Fidel, Evo o Cristina, basta pronunciar su nombre para que se sepa de qui\u00e9n se est\u00e1 hablando.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Antes de ser Hebe fue\u00a0<em>Kika<\/em>. As\u00ed la llamaban sus conocidos antes de ser la presidenta de las Madres.\u00a0<em>Kika<\/em>\u00a0pas\u00f3 a ser Hebe cuando desaparecieron sus dos hijos mayores \u2013Jorge, el 8 de febrero de 1977 en La Plata; Ra\u00fal, el 6 de diciembre de ese mismo a\u00f1o, en Berazategui, luego de estar meses en la clandestinidad. Ten\u00edan 27 y 24 a\u00f1os\u2013.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">A partir de entonces, comenz\u00f3 un proceso de trasformaci\u00f3n personal y politizaci\u00f3n que convirtieron a\u00a0<em>Kika<\/em>, una costurera y ama de casa platense, en Hebe, una de las referencias ic\u00f3nicas del pa\u00f1uelo blanco.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">En su oficina en la sede de la Asociaci\u00f3n, una tarde de mediados de 2018, Hebe sostiene un pa\u00f1uelito descartable en la mano con el que, cada tanto, se seca las l\u00e1grimas.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Recordar la emociona, recordar es re-vivir un momento determinado.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">\u2013La Plaza empez\u00f3 siendo un lugar de encuentro con mis hijos: llegar era encontrarme con ellos, as\u00ed que precisaba estar sola. Era como una cosa muy honda.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">En esa profundidad, reconoce distintos momentos, como si hablara mirando una l\u00ednea imaginaria de tiempo: \u201cDespu\u00e9s, la Plaza pas\u00f3 a ser miles de hijos: una necesidad. Apur\u00e1bamos la vida para que llegara el jueves. Hasta 1980 no ten\u00edamos oficina, entonces lo m\u00e1s importante era ah\u00ed: juntarnos, ver qu\u00e9 pasaba, qu\u00e9 dec\u00edan las dem\u00e1s\u201d.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Fueron pasando las semanas, los meses, los a\u00f1os: la vida transcurriendo intensamente entre jueves y jueves. Hebe resalta \u201cel orrrgullo\u201d \u2013lo dice as\u00ed, estirando la\u00a0<em>erre<\/em>, remarc\u00e1ndolo\u2013 de haber sostenido la marcha tantos a\u00f1os. Jam\u00e1s hubiera podido imaginarlo: \u201cParece mentira que tan poco rato, media hora o un poquito m\u00e1s, tenga tanta repercusi\u00f3n internacional. Pero media hora cada jueves, casi 2200 jueves, es un poquito bastante\u201d.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\"><strong>***<\/strong><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\"><em>El sol cae oblicuo y ti\u00f1e una franja de esta porci\u00f3n de la Plaza de color dorado.<\/em><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\"><em>Son las tres de la tarde y veintis\u00e9is minutos, y un hombre grueso y macizo de voz rasposa grita \u201cAh\u00ed viene la camioneta\u201d. Es, tambi\u00e9n, una se\u00f1al de largada: instant\u00e1neamente comienzan las canciones alusivas, los aplausos, el reconocimiento a las mujeres de pa\u00f1uelo blanco.<\/em><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\"><strong>***<\/strong><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">\u201cEn la Plaza siento que no soy yo: soy los 30.000; siento que los veo ah\u00ed y que me hacen vivir. Eso es la Plaza para m\u00ed: todas las compa\u00f1eras, las Madres y los hijos. Soy otra. Me transformo completamente. No me preguntes c\u00f3mo es porque ya no soy yo\u201d.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Visitaci\u00f3n de Loyola es histri\u00f3nica, no hay vez que hable y sus manos no acompa\u00f1en sus palabras, haciendo gestos y piruetas en el aire. La sonrisa ancha es la marca registrada de su rostro, incluso cuando es jueves a las tres y media y deja de ser ella para ser 30.000: para sentirlos a todos en el cuerpo.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Un barco, que cruz\u00f3 un oc\u00e9ano que \u2013recuerda\u2013 parec\u00eda no terminar nunca m\u00e1s, la trajo desde Espa\u00f1a, donde naci\u00f3, a Buenos Aires, adonde traslad\u00f3 su sonrisa, con solo 24 a\u00f1os.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">El 21 de diciembre de 1976, la expresi\u00f3n y el almanaque se detuvieron cuando su hijo, Roberto Mario, fue secuestrado en Loma Hermosa, un barrio obrero de casas bajas a la vera del R\u00edo Reconquista, en el oeste del Conurbano.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Otra Madre de la zona, que ya participaba de las marchas de cada jueves, la invit\u00f3 a sumarse al movimiento una tarde imprecisa de 1977, cuando se puso el pa\u00f1uelo por primera vez.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">41 a\u00f1os despu\u00e9s, si en la Plaza surge una consigna, Visitaci\u00f3n ser\u00e1 la Madre m\u00e1s efusiva, contagiando al resto. \u201cDefender la alegr\u00eda \u2013dice\u2013 es, tambi\u00e9n, luchar por nuestros hijos. La Plaza, aunque est\u00e9 enferma, me cura: porque nos dio 30.000 hijos\u201d.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\"><strong>***<\/strong><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\"><em>Adentro de la combi que se mete en la Plaza hay seis Madres \u2013Beba, Porota, Hebe, Visitaci\u00f3n, Claudia y Carmen\u2013, que bajan con cierta dificultad, a las quince y veintiocho de la tarde. Las recibe el cl\u00e1sico \u201cMadres de la Plaza, el Pueblo las abraza\u201d que gritan a viva voz quienes desde hace un rato las est\u00e1n esperando.<\/em><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\"><em>La camioneta estaciona al lado del gazebo. Ellas enfilan hacia la Pir\u00e1mide. Despliegan el cartel que sostienen sus manos fr\u00e1giles y arrugadas: \u201c41 a\u00f1os pariendo memoria y futuro\u201d.<\/em><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\"><em>Con Rosa, son siete Madres, tan firmes como sus encorvados cuerpos se lo permiten: siete pa\u00f1uelos blancos que representan 30.000. No m\u00e1s de cien personas cantan detr\u00e1s de ellas: son tambi\u00e9n 30.000.<\/em><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\"><em>A las quince y veintinueve\u00a0\u00a0esperan, sosteniendo el cartel, que el reloj avance. Es un minuto largo, como si el tiempo se detuviera o corriera m\u00e1s lento que lo habitual.<\/em><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\"><strong>***<\/strong><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Claudia de San Mart\u00edn supo desde chiquita lo que significaba un campo de concentraci\u00f3n: sus padres se conocieron en un barco, escapando de las mazmorras: \u00e9l de Ucrania, ella de Bielorrusia. Apenas j\u00f3venes, se asentaron en Brasil y, posteriormente llegaron a Ober\u00e1, Misiones. Claudia pis\u00f3 las calles de tierra roja hasta los quince a\u00f1os, cuando fue a vivir a lo de un t\u00edo en Berisso, en la provincia de Buenos Aires. Luego, se cas\u00f3, tuvo tres hijos varones y una vida relativamente calma. Hasta que el 27 de mayo de 1977 una patota irrumpi\u00f3 en su casa de Camino General Belgrano, en Berazategui, y se llev\u00f3 para siempre a Carlos Jos\u00e9, el segundo de ellos, y el \u00fanico que militaba.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Ten\u00eda dieciocho a\u00f1os.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Unos meses despu\u00e9s, Claudia, con el legado de sus padres a cuestas y la necesidad de hacer algo, fue a la Plaza por primera vez. No recuerda \u2013dice\u2013datos exactos de aquella vez, pero s\u00ed que, buscando a su hijo, sent\u00eda que volv\u00eda a nacer. Como sus compa\u00f1eras, desde entonces la Plaza se convirti\u00f3, cada jueves, en un im\u00e1n: \u201cEs una descarga para m\u00ed. Ir a la Plaza es una necesidad\u201d.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Lo afirma r\u00e1pido, acelerada, como vomit\u00e1ndolo. Su boca es una frontera demasiado l\u00e1bil para la urgencia de sus palabras. \u201cCada jueves me preparo desde temprano. Voy a la Casa de las Madres, almorzamos juntas, vamos a la Plaza. Amo la Plaza. La quiero. La necesito. No me encuentro c\u00f3moda en ninguna parte como ah\u00ed, aunque no hable con nadie. Es mi lugar\u201d.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Sigue: \u201cLa Plaza es todo. Te llen\u00e1s de l\u00e1grimas, de alegr\u00eda, te compensa. El otro d\u00eda pas\u00f3 una mujer que dijo \u2018vayan a trabajar\u2019. \u00bfA vos te parece? No lo puedo creer. Si le hubiera pasado a ella, \u00bfqu\u00e9 hubiese hecho? No sabe el dolor de cada una ni el valor de la Plaza: tambi\u00e9n luchamos por ella.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\"><strong>***<\/strong><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\"><em>Son las quince y treinta. Deber\u00edan sonar campanas. El mundo se detiene.<\/em><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\"><em>En realidad, no; pero deber\u00eda.<\/em><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\"><em>Empiezan a marchar. Lo hacen alrededor de la Pir\u00e1mide, en sentido contrario a las agujas del reloj, como si quisieran volver el tiempo atr\u00e1s y, a la vez, realizar un conjuro contra su inexorable paso.<\/em><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\"><em>El ritual de cada jueves est\u00e1 en marcha, literalmente. El que parieron con tanto dolor y tanta necesidad y el que, seguramente, las sobrevivir\u00e1.<\/em><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\"><em>Es que no es una Plaza, no es una marcha, no son las Madres: es m\u00e1s que todo eso.<\/em><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\"><strong>***<\/strong><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Mar\u00eda Consuelo de Arias se convirti\u00f3 en Madre de Plaza de Mayo a mediados de 1977, cuando desaparecieron a su hijo, \u00c1ngel, el 17 de mayo de 1977. Fue luego de un violento operativo militar en el departamento en el que viv\u00eda, en Quilmes, con su compa\u00f1era Beatriz, secuestrada junto a \u00e9l.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Desde entonces Consuelo se sum\u00f3 a la marcha semanal, acompa\u00f1ada por su hija, Carmen, hermana de \u00c1ngel. Madre e hija asumieron ese compromiso como algo propio: no necesitaban arreglar nada para saber que cada jueves a las 15:30 se encontrar\u00edan en la Plaza.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Cuando Mar\u00eda falleci\u00f3, Carmen continu\u00f3 acompa\u00f1ado al pa\u00f1uelo blanco. En 2007, las integrantes de la Asociaci\u00f3n decidieron, en reconocimiento a su constancia, ungir a Carmen, la hermana de Jorge, como una de ellas: se transform\u00f3 en una Madre de Plaza de Mayo.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">\u201cVengo desde el 77 con mi mam\u00e1 y cada jueves veo distinta a la Plaza. Cada vez me conmueve una cosa diferente: el recuerdo de las y los 30.000, el cari\u00f1o con las Madres: todo\u201d, dice en una de las oficinas de la Asociaci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">\u2013Los jueves son d\u00edas distintos. Aunque uno tenga una cantidad de problemas, inclusive de salud, todo se allana como para poder asistir \u2013narra, minutos despu\u00e9s de volver de la Plaza.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">A Carmen la inquieta el legado de las Madres y el futuro. Cree que nadie tiene la fuerza y el empuje que s\u00ed tienen ellas. Sin embargo, conf\u00eda en los j\u00f3venes: \u201cEllos van a continuar esta historia\u201d.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\"><strong>***<\/strong><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\"><em>Son las quince y treinta y ocho. En unos minutos, se completar\u00e1 la segunda vuelta alrededor de la Pir\u00e1mide. Pareciera que los que est\u00e1n marchando, en realidad, son los 30.000 desaparecidos.<\/em><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\"><em>Con los dem\u00e1s, se unen en un solo grito. Se escuchan fuerte y n\u00edtidamente.<\/em><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\"><em>Gritan:\u00a0<\/em><em>\u201cNo\u00a0<\/em><em>nos\u00a0<\/em><em>han\u00a0<\/em><em>vencido\u201d.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>por Luis Zarranz Desde hace 42 a\u00f1os, las Madres de Plaza de Mayo marchan cada semana en la Plaza que termin\u00f3 d\u00e1ndoles el nombre. \u00bfC\u00f3mo fue la primera vez de cada una? \u00bfQu\u00e9 significa la Plaza en sus vidas? 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