{"id":55328,"date":"2013-06-06T21:42:53","date_gmt":"2013-06-06T20:42:53","guid":{"rendered":"http:\/\/www.pressenza.com\/?p=55328"},"modified":"2013-06-06T21:42:53","modified_gmt":"2013-06-06T20:42:53","slug":"la-era-de-las-revoluciones","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.pressenza.com\/es\/2013\/06\/la-era-de-las-revoluciones\/","title":{"rendered":"La era de las revoluciones"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">Los \u00faltimos tres siglos han expuesto ante nuestros ojos asombrados una cruda y perturbadora evidencia: la esencia de la vida \u2013y muy especialmente de la vida humana- es el cambio incesante.<br \/>\nHasta antes del siglo XVIII todav\u00eda pod\u00edamos ilusionarnos con la idea de permanencia, porque el \u201ctempo\u201d hist\u00f3rico era m\u00e1s lento (suced\u00edan menos cosas en el mismo per\u00edodo de tiempo) y las vidas mucho m\u00e1s cortas, a\u00fan cuando en el subsuelo de la historia la producci\u00f3n de nuevas transformaciones siempre haya sido un proceso continuo. Constatar la fugacidad de todo, incluso<br \/>\nde aquellas obras humanas dise\u00f1adas para perdurar en el tiempo, \u201cla insoportable levedad del ser\u201d, es una experiencia en extremo traum\u00e1tica para estos anhelantes buscadores de absoluto que somos.<\/p>\n<p>Los poderosos de todos los tiempos y de todos los colores siempre han apelado a esta profunda desaz\u00f3n de los pueblos frente al v\u00e9rtigo de una din\u00e1mica perpetua para tratar de fijar la rueda de la historia, puesto que los cambios profundos a menudo implican reacomodos del poder, inconvenientes para ellos. A veces tienen \u00e9xito durante largos per\u00edodos, como sucedi\u00f3 en la Edad Media europea cuando el mandato divino se impon\u00eda en todos los \u00e1mbitos \u2013c\u00f3smico, cient\u00edfico, social- y los supuestos representantes de la divinidad se encargaban de cuidar que dicho orden se mantuviese inalterable. Ocurri\u00f3 hace pocas d\u00e9cadas atr\u00e1s, cuando el capitalismo neoliberal triunfante, despu\u00e9s de la ca\u00edda de la U.R.S.S., utilizaba a su escriba de turno Francis Fukuyama para decretar el fin de la historia.<\/p>\n<p>Sin embargo, este congelamiento forzado y ficticio de la din\u00e1mica hist\u00f3rica siempre termina generando reacciones explosivas y una de ellas es la revoluci\u00f3n. Sucede lo mismo que con las capas tect\u00f3nicas y los terremotos o las erupciones volc\u00e1nicas: esa energ\u00eda acumulada subterr\u00e1neamente termina explotando en una direcci\u00f3n inesperada.\u00a0 La constataci\u00f3n recurrente de este fen\u00f3meno sirve como fundamento emp\u00edrico para aquel sabio principio del humanismo que dice: \u201cir contra la evoluci\u00f3n de las cosas es ir contra uno mismo\u201d. Es probable que si aquellos que administran el poder lo tuviesen en cuenta, disponi\u00e9ndose entonces a avanzar en la direcci\u00f3n del fluir de los acontecimientos y no oponi\u00e9ndose a ella como es su costumbre, los procesos sociales tender\u00edan a resolverse de manera mucho m\u00e1s arm\u00f3nica y menos traum\u00e1tica para todos.<\/p>\n<p>Pero los hechos no ocurren de ese modo en la pol\u00edtica real, pues los bloqueos que utiliza el poder para impedir o minimizar los cambios terminan induciendo, tarde o temprano, una nueva respuesta revolucionaria. El gran problema con esos estallidos \u201csocio-tel\u00faricos\u201d est\u00e1 en su car\u00e1cter cat\u00e1rtico, de liberaci\u00f3n de energ\u00eda reprimida, porque se desconoce cu\u00e1l es el rumbo que pueden tomar despu\u00e9s esos procesos. De hecho, la Revoluci\u00f3n Francesa que barri\u00f3 con el orden medieval fue la que hizo posible el desarrollo del capitalismo burgu\u00e9s. A su vez, la revoluci\u00f3n cient\u00edfica, que comenz\u00f3 a gestarse all\u00e1 en las postrimer\u00edas del Renacimiento, gener\u00f3 en Inglaterra las condiciones tecnol\u00f3gicas para transformar radicalmente los modos de producci\u00f3n, llevando al capitalismo ahora industrializado m\u00e1s all\u00e1 de sus fronteras y modificando en forma irreversible nuestro estilo de vida.<\/p>\n<p>Marx, demostrando una profunda sabidur\u00eda procesal, siempre consider\u00f3 a la burgues\u00eda como una clase revolucionaria y en sus an\u00e1lisis planteaba la necesidad de montarse sobre el proceso que aquella hab\u00eda puesto en marcha para imprimirle una direcci\u00f3n hacia el socialismo, advirtiendo que el capitalismo industrial emergente hab\u00eda creado sus propios sepultureros, los trabajadores, quienes ser\u00edan los instrumentos para avanzar hacia esa nueva forma de organizaci\u00f3n social. De manera que consider\u00f3 a la revoluci\u00f3n burguesa como el primer paso dial\u00e9ctico de una serie de transformaciones sucesivas que habr\u00edan de terminar en la sociedad comunista: \u201cLa burgues\u00eda no puede existir sino a condici\u00f3n de revolucionar incesantemente los instrumentos de producci\u00f3n y, por consiguiente, las relaciones de producci\u00f3n, y con ello todas las relaciones sociales&#8230;.todas las relaciones establecidas quedan r\u00e1pidamente osificadas, y su r\u00e9mora de prejuicios y de ideas veneradas a lo largo de los siglos quedan superadas: las nuevas se hacen viejas antes de que puedan osificarse. Todo lo s\u00f3lido se derrite en el aire, todo lo sagrado se profana, y los hombres, finalmente, se ven forzados a considerar con firmeza sus condiciones de existencia y sus relaciones rec\u00edprocas\u201d (Manifiesto Comunista).<\/p>\n<p>Es claro que Marx entend\u00eda a la revoluci\u00f3n como un proceso continuo m\u00e1s que como un acontecimiento puntual y el hecho de que sus predicciones no hayan obtenido el \u00e9xito esperado puede deberse, en gran medida, al sesgo dogm\u00e1tico y totalitario asumido por sus seguidores una vez que accedieron al poder (el marxismo-leninismo), posici\u00f3n que anquilos\u00f3 el proyecto y le entreg\u00f3 argumentos contundentes a sus adversarios.<\/p>\n<p>Porque sucede que la genuina necesidad de darle direcci\u00f3n a los procesos revolucionarios ha tendido a justificar el surgimiento de vanguardias esclarecidas cuya misi\u00f3n era preservar (muchas veces por la fuerza) la fidelidad respecto del rumbo establecido. Pero esas minor\u00edas casi nunca han estado a la altura de su rol de conducci\u00f3n. La administraci\u00f3n del proyecto socialista por parte de una burocracia estatal termin\u00f3 tristemente en una pl\u00e9yade de multimillonarios regados por el mundo, enriquecidos gracias a la apropiaci\u00f3n de aquellas \u201cempresas de los trabajadores\u201d que ten\u00edan a su cargo, comprando equipos de f\u00fatbol y compitiendo en capacidad de despilfarro con los jeques \u00e1rabes. Por su parte, el liberalismo cl\u00e1sico deriv\u00f3 hacia el neoliberalismo, dirigido por una tecnocracia completamente deshumanizada, para la cual el rico y complejo juego de las relaciones humanas se resuelve \u00fanicamente en base a variables matem\u00e1ticas, despreciando los factores hist\u00f3ricos que siempre est\u00e1n presentes en el fen\u00f3meno social.<\/p>\n<p>Sin embargo, la historia no se ha detenido. Hoy las sociedades del planeta comienzan a revolucionarse otra vez enfrentando nuevos desaf\u00edos, de los cuales tal vez uno de los m\u00e1s complejos -considerando la experiencia hist\u00f3rica reciente- es que esos conjuntos ya no est\u00e1n dispuestos a recurrir a una elite para que los gu\u00ede. \u00bfHabr\u00e1 llegado la hora del espontane\u00edsmo revolucionario, como anhelaba Rosa Luxemburgo? Eso est\u00e1 por verse, porque se trata de un experimento social muy pocas veces intentado.<\/p>\n<p>Lo que puede apreciarse en las distintas latitudes, quiz\u00e1s por primera vez en la historia, es que el todo social ahora est\u00e1 en situaci\u00f3n de aumentar su poder real, sin la intermediaci\u00f3n del Estado ni de minor\u00edas iluminadas: las burocracias y tecnocracias de anta\u00f1o fracasaron y entonces han de ser reemplazadas por una \u201csociocracia\u201d. Curiosamente, este t\u00e9rmino que parece tan nuevo ya fue acu\u00f1ado antes como identificaci\u00f3n por los movimientos sociales que surgieron en Chile hace alrededor de 90 a\u00f1os para exigir una asamblea constituyente y reemplazar la constituci\u00f3n liberal vigente en ese momento, demandando el ejercicio pleno de su soberan\u00eda. Si bien no tuvieron \u00e9xito porque fueron traicionados por las dirigencias, su ejemplo ha quedado grabado para siempre en la memoria hist\u00f3rica chilena y ese conflicto hoy reaparece frente a las pr\u00f3ximas elecciones presidenciales, en la exigencia ciudadana para cambiar la constituci\u00f3n autoritaria heredada de la dictadura, a trav\u00e9s de una asamblea constituyente.<\/p>\n<p>El asunto que queda por resolver es la construcci\u00f3n de un acuerdo conjunto para establecer la direcci\u00f3n que tomar\u00e1 ese proceso y articular la convergencia social en torno a dicho objetivo com\u00fan. Como la credibilidad de las dirigencias pol\u00edticas ha sido fuertemente cuestionada, nadie est\u00e1 en condiciones de bajar consignas de modo que, como dice el historiador chileno Gabriel Salazar, las diversas agrupaciones de base deber\u00e1n aprender a decidir por s\u00ed mismas, a trav\u00e9s del ejercicio de una deliberaci\u00f3n constante. Definitivamente, no existe un camino f\u00e1cil para llegar a ser due\u00f1os de nuestro propio destino.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Los \u00faltimos tres siglos han expuesto ante nuestros ojos asombrados una cruda y perturbadora evidencia: la esencia de la vida \u2013y muy especialmente de la vida humana- es el cambio incesante. 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