{"id":522983,"date":"2017-09-23T01:41:59","date_gmt":"2017-09-23T00:41:59","guid":{"rendered":"https:\/\/www.pressenza.com\/?p=522983\/"},"modified":"2017-09-24T19:01:45","modified_gmt":"2017-09-24T18:01:45","slug":"marina-garces-queremos-vivir","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.pressenza.com\/es\/2017\/09\/marina-garces-queremos-vivir\/","title":{"rendered":"Marina Garc\u00e9s: \u00bfC\u00f3mo  queremos vivir?"},"content":{"rendered":"<p><strong>La Fil\u00f3sofa Marina Garc\u00e9s, profesora de la Universidad de Zaragoza y ciudadana de Barcelona, arroja luz y cuestionamiento al ciudadano, en el preg\u00f3n que inaugura la \u201cFesta de la Merc\u00e8\u201d, Fiesta Mayor de Barcelona.<\/strong><\/p>\n<p>Con un relato emotivo, Marina Garc\u00e9s, arroja luz a los temas m\u00e1s candentes que la ciudad vive en los \u00faltimos tiempos. Su pensamiento, que hace a\u00f1os deslumbr\u00f3 por su discurso en favor de lo com\u00fan, del nosotros, no deja de mencionar aquello que nos hace menos libres. Su recorrido, refleja el sentir biogr\u00e1fico de una generaci\u00f3n y las posteriores, que nacida en los albores de los 70, ha sufrido el maltrato de la crisis especulativa. Movi\u00e9ndose entre un ensalzamiento donde la ciudad se siente orgullosa de s\u00ed misma, no duda en reflejar la dura realidad cotidiana donde el sufrimiento y la nueva pobreza conviven con la situaci\u00f3n global.<br \/>\nY entre relatos de reciente historia y reflejos de un momento presente, lanza las preguntas clave: \u00bfC\u00f3mo queremos vivir? \u00bfQu\u00e9 nos importa realmente?<\/p>\n<p>Con estas preguntas y otras de corte similar para tratar de imaginar un futuro, Marina nos lanza la llave para empezar a salir de una situaci\u00f3n de oscuridad, devuelve el compromiso al ciudadano para que \u00e9l mismo se haga cargo.<\/p>\n<p>Texto \u00edntegro del preg\u00f3n traducido del catal\u00e1n:<\/p>\n<p><strong>&#8216;Un nosotros sin nombre, hecho de todos nuestros nombres&#8217;<\/strong><\/p>\n<p>Amigos, amigas, &#8216;our guests from Iceland&#8217;, barceloneses residentes, barcelonesas de paso, reci\u00e9n llegados, migrantes con papeles y sin papeles, j\u00f3venes y no tan j\u00f3venes de Barcelona que os hab\u00e9is ido; trabajadores p\u00fablicos que hac\u00e9is funcionar esta casa, se\u00e1is pol\u00edticos, funcionarios, becarios o precarios; gente estimada, parientes, amigos y conocidos y, sobre todo, todos los que no me conoc\u00e9is ni sab\u00e9is por qu\u00e9 estoy haciendo el preg\u00f3n de la Merc\u00e8, buena fiesta mayor.<\/p>\n<p>Causa impresi\u00f3n estar aqu\u00ed, en el Sal\u00f3 de Cent, para tomar la palabra y dirigirme a mi ciudad. Si no recuerdo mal, la \u00faltima y \u00fanica vez que he estado aqu\u00ed fue, hace muchos a\u00f1os, por una boda. No era yo quien me casaba, sino unos amigos, y estaba en los bancos donde ahora est\u00e1is algunos de vosotros, admirando el decorado. Ahora no lo podr\u00e9 mirar mucho, si no quiero perder el hilo. Vuelvo al mismo lugar, bajo el signo de la fiesta, para celebrar tambi\u00e9n esta vez, el momento de juntar nuestras vidas, el deseo de estar juntos. En este caso, ya no el deseo \u00edntimo de dos personas que se estiman, sino el del conjunto de los habitantes de esta ciudad de encontrarse en torno a la m\u00fasica y el fuego, el baile y la palabra, de las tradiciones populares, de las artes y de todas aquellas celebraciones que est\u00e1n por inventar.<\/p>\n<p>Tomar la palabra, en estos momentos, no es f\u00e1cil. Primero, cuando acept\u00e9 hacer el preg\u00f3n, me tem\u00eda una lluvia de insultos. A m\u00ed no me dan miedo, pero me entristecen y hacen m\u00e1s pobre la vida colectiva.<\/p>\n<p>Ahora, lo que nos encontramos es que se proh\u00edbe, se reprime y se criminaliza la expresi\u00f3n p\u00fablica de la palabra. Vivimos una situaci\u00f3n de excepcionalidad institucional y pol\u00edtica precisamente como consecuencia de esta prohibici\u00f3n de expresarnos libremente en un refer\u00e9ndum. Si he dicho que s\u00ed al reto poco c\u00f3modo de hacer este preg\u00f3n es, precisamente, porque, incluso en un momento como este, conf\u00edo en la palabra libre. La palabra libre no es decir cualquier cosa, sino poder dirigirnos la palabra y compartirla contra toda forma de dominio y de coacci\u00f3n. Esta palabra libre es, para m\u00ed, el coraz\u00f3n de la filosof\u00eda, el que le da sentido dentro y fuera de las aulas. Pero la palabra libre es tambi\u00e9n la condici\u00f3n fundamental de la vida colectiva en todas sus dimensiones: cultural, \u00e9tica, pol\u00edtica y, tambi\u00e9n, festiva. Estos d\u00edas, mientras escrib\u00eda y reescrib\u00eda este preg\u00f3n, he estado recibiendo muestras de apoyo, como si fuese a la guerra. Tomar la palabra puede ser una lucha, pero no es ir a la guerra. La palabra libre siempre es una fiesta, aunque se tenga que luchar para conseguirla. Y hoy, a pesar de todo, estamos de fiesta.<\/p>\n<p>En los pueblos peque\u00f1os y en los barrios, las fiestas mayores marcan el calendario c\u00edclico del reencuentro p\u00fablico. Si la Navidad es el momento del reencuentro privado, de \u00abvolver a casa\u00bb, como dec\u00eda el anuncio, las fiestas mayores en nuestra cultura son el momento de volver a la plaza y en las calles para poner al d\u00eda nuestras vidas y saber qu\u00e9 se ha hecho de cada uno de nosotros. Yo lo viv\u00ed en Selva de Mar, el pueblo de mi infancia y primera juventud. Cuando llega la fiesta mayor, a primeros de agosto, vuelven al pueblo quienes hab\u00edan marchado, se siente con m\u00e1s fuerza la ausencia de los muertos, se celebran los primeros pasos de los m\u00e1s peque\u00f1os, cuando ya pueden bailar en primera fila del escenario, se reencuentran antiguos amores, se siente envidia de los j\u00f3venes que salen a bailar y a festejar, y se acompa\u00f1a la tristeza de los viejos y enfermos cuando se pierden, por falta de fuerzas, su primer baile. Tambi\u00e9n es el momento en que se hacen evidentes los divorcios y cambios de pareja, las peleas personales y los conflictos pol\u00edticos, los disgustos, las soledades y los mundos rotos. Siempre sabemos que hay alguien que, por alguna raz\u00f3n, no volver\u00e1. Pero incluso las ausencias cuentan. Este a\u00f1o, para nosotros en Barcelona, es un a\u00f1o de ausencias especialmente dolorosas.<\/p>\n<p>En las ciudades grandes, las fiestas mayores se han convertido en grandes festivales, en acontecimientos de masas en que cada vez es m\u00e1s dif\u00edcil encontrarnos. Quedas con los amigos, y seguro que a al cabo de un rato ya los has perdido entre la multitud. El consumo y el ocio cultural dominan la fiesta y disuelven el reencuentro. A pesar de ello, siento que este a\u00f1o, las Fiestas de la Merced tendr\u00e1n un car\u00e1cter diferente, un regusto dulce y amargo que no sent\u00edamos desde hace muchos a\u00f1os, d\u00e9cadas quiz\u00e1s, en que esta ciudad hab\u00eda llegado a olvidar el terrorismo y la guerra. Este a\u00f1o hab\u00edamos recordado con dolor los 30 a\u00f1os de Hipercor, como si fuera un pasado lejano. Pero estos d\u00edas, la violencia global ha irrumpido en Barcelona. Durante estas fiestas de la Merc\u00e8, todos llevaremos en nosotros una ausencia igualmente dolorosa: la de las personas que no volver\u00e1n nunca m\u00e1s a Barcelona ni a sus fiestas, no porque no quieran, sino porque el 17 de agosto perdieron la vida a la Rambla, en la Diagonal y en el paseo de Cambrils. Y junto con ellos, tambi\u00e9n, la de unos j\u00f3venes de Ripoll que tampoco estar\u00e1n y sobre los cuales siempre tendremos la duda de si realmente quer\u00edan morir matando, como hicieron. Por todos ellos y por todos quienes han quedado heridos por siempre jam\u00e1s con sus muertes, y tambi\u00e9n por todos quienes mueren debido a la violencia cada d\u00eda m\u00e1s all\u00e1 de nuestras malditas fronteras, hagamos de esta Merc\u00e8 un reencuentro con la ciudad, con sus calles y plazas y sobre todo un reencuentro entre nosotros. Mir\u00e1ndonos a los ojos no s\u00f3lo para emocionarnos un momento, sino para romper la indiferencia que normalmente nos separa y la hostilidad que cada vez m\u00e1s a menudo nos enfrenta.<\/p>\n<p>Con cada vida segada, con cada pil\u00f3n de hormig\u00f3n, con cada control policial, la ciudad es menos ciudad. Porque, precisamente, \u00bfde que est\u00e1 hecha una ciudad? Del ir y venir libre de la gente. Cuando decimos \u00abciudad\u00bb pensamos en su trama urbana, en sus edificios y monumentos, en sus equipamientos, en su skyline, en su marca\u2026 Pero ninguna de estas cosas no es nada, sin la gente que va y viene, que llega y que se va, que arraiga y que vuela de manera an\u00f3nima y siempre nueva. \u00bfQu\u00e9 es una ciudad? Un lugar donde se puede llegar y reiniciar la vida entre desconocidos. Una ciudad no es, pues, una mercanc\u00eda ni un espacio de consumo, ni una empresa ni una marca. De Barcelona, se ha hecho precisamente esto: un producto, una mercanc\u00eda y una marca. Algunos incluso se enorgullecen, y se enriquecen. Pero dej\u00e9moslo claro de entrada: Barcelona no es su marca. La marca Barcelona ni nos hace mejores ni nos representa. Hace muchos a\u00f1os que lo denunciamos quienes desde muchos colectivos de la ciudad nos hemos organizado y hemos resistido a la marca Barcelona. La marca expropia y saca rendimiento de los espacios de vida, f\u00edsicos y simb\u00f3licos, urbanos y afectivos. La marca convierte la ciudad en un espacio para la circulaci\u00f3n (de bienes, de capitales y de personas) donde cada vez se hace m\u00e1s dif\u00edcil y m\u00e1s caro poder llegar, arraigar y construir una vida.<\/p>\n<p>Si yo estoy aqu\u00ed hoy, compartiendo la palabra con todas las personas con quienes convivo, es porque mis antepasados, por diferentes caminos, pudieron llegar a Barcelona buscando una vida vivible. Desde Sig\u00fcenza, desde Tremp, desde el Alt Empord\u00e0, desde Portugal, desde Badalona, los caminos de alguna gente que no se buscaba ni sab\u00edan nada la una de la otra se cruzaron en Barcelona.<\/p>\n<p>Si yo estoy aqu\u00ed hoy, con vosotros, es porque mis abuelos no s\u00f3lo hab\u00edan podido llegar, sino que en un determinado momento quisieron volver desde sus respectivos exilios despu\u00e9s de la guerra, para seguir defendiendo, con el miedo de los vencidos, sus ideas, sus formas de vida y su lengua. Mi abuela materna, de 98 a\u00f1os, est\u00e1 aqu\u00ed con nosotros. El presente lo olvida tan r\u00e1pidamente como llega, pero no deja de recordar nunca el \u00faltimo tren que sali\u00f3 de Par\u00eds cuando entraban los alemanes y con el qu\u00e9 ella volvi\u00f3 del exilio, embarazada de su primer hijo.<\/p>\n<p>Si yo estoy aqu\u00ed, y me emociona estar ahora hablando entre estas paredes, es tambi\u00e9n porque tanto mi madre como mi padre, los dos, hicieron de sus profesiones un compromiso con Barcelona. Me ense\u00f1aron que hay una manera honesta de hacer ciudad. Si algo he aprendido de mis padres es la honestidad. La honestidad y el pensamiento independiente, que son inseparables. Mi madre, que muri\u00f3 ahora hace quince a\u00f1os, trabajaba aqu\u00ed, en el Ayuntamiento, haciendo de enlace entre Barcelona y el Am\u00e9rica Latina rebelde que tanto estimaba. Hizo del municipalismo una apuesta personal y aprend\u00ed, con ella, que no era de ning\u00fan partido pol\u00edtico, que el municipalismo no es ganar elecciones y gestionar un ayuntamiento, sino tejer relaciones frente a frente, ciudad a ciudad, horizontalmente y desde el compromiso. Mi padre, que hoy tambi\u00e9n est\u00e1 aqu\u00ed, me ha ense\u00f1ado que hay una manera de hacer arquitectura que no enga\u00f1a ni juega al artificio, que no impone su capricho emblem\u00e1tico y mercantilista, una arquitectura, sea popular o culta, antigua o nueva, que sabe escuchar lo mejor que la ciudad ha ido recibiendo del paso de los a\u00f1os y del paso de la gente. De los dos he aprendido, pues, que una ciudad no es el juguete ni el proyecto de sus pol\u00edticos ni de sus empresarios, de sus gestores ni de sus visionarios, sino el tejido delicado de muchas manos, de muchas vidas y de mucha gente que no necesita estar en primera fila ni entrar en la batalla por el poder. En esta ciudad es en la que me siento fiel y a la cual vuelvo cada semana desde hace muchos a\u00f1os.<\/p>\n<p>Porque si yo estoy aqu\u00ed, finalmente, es porque cada semana vuelvo de la ciudad donde trabajo y doy clase, que es Zaragoza. Desde hace catorce a\u00f1os, con alguna interrupci\u00f3n para criar a mis hijos, soy profesora en la Universidad de Zaragoza. Por lo tanto, vivo pero no trabajo en Barcelona. Vivo, pero no trabajo en Catalu\u00f1a. Soy una barcelonesa que se gana la vida en Arag\u00f3n, siguiendo el camino inverso, r\u00edo arriba, de tantos aragoneses. El tap\u00f3n generacional, los recortes y los cambios en el sistema universitario me trajeron a buscar una opci\u00f3n laboral m\u00e1s digna lejos de aqu\u00ed. Pero no me he querido trasladar nunca, tener casa ni habitaci\u00f3n propia lejos de aqu\u00ed. Voy y vengo, primero en autob\u00fas, ahora en AVE y hago noche en hoteles. Mi casa est\u00e1 aqu\u00ed y a menudo me pregunto por qu\u00e9, sobre todo cuando se hace tarde a la vuelta y la noche me pesa.<\/p>\n<p>\u00bfPor qu\u00e9 vuelvo? \u00bfPor qu\u00e9 sigo volviendo? Yo no he estado nunca enamorada de Barcelona, como nos intentaron vender hace algunos a\u00f1os a los barceloneses. No me he cre\u00eddo nunca esta autocomplacencia de los ciudadanos enamorados de su ciudad y, por lo tanto, de ellos mismos, un sentimiento que en Barcelona se ha convertido en marketing, dise\u00f1o e ideolog\u00eda. \u00bfQu\u00e9 me vincula, pues, de manera tan fuerte a esta ciudad? Es de esto que os quiero hablar. Quiz\u00e1s porque no lo tengo claro y preparar este preg\u00f3n me ha ayudado a pensarlo. Y creo que compartirlo nos ayudar\u00e1 a pensar, quiz\u00e1s, qu\u00e9 hacemos aqu\u00ed cada cual de nosotros, qu\u00e9 nos vincula y que nos compromete con los otros.<br \/>\nHay muchas Barcelonas, pero la Barcelona a la cual me gusta volver es, en primer lugar, una ciudad a la cual no le gusta el poder. Ni la exhibici\u00f3n de poder, ni el abuso de poder, ni la proximidad con el poder.<br \/>\nUna ciudad que sabe que la mejor soberan\u00eda es estar lejos de los que mandan: reyes, emperadores, potentados, financieros, amos, patrones\u2026 Cuanto m\u00e1s lejos, mejor. \u00abQue se vayan todos\u00bb, como dec\u00edan en Argentina durante la crisis del 2001. La Barcelona que me gusta es una princesa que no quiere rey ni marido. Una mujer libre, como lo quisieron ser las mujeres libres, las mujeres anarquistas de los a\u00f1os treinta.<\/p>\n<p>En Barcelona, en general, no nos gusta que nos manden, ni los de fuera ni los de aqu\u00ed. Es una virtud muy catalana que pase lo que pase no tenemos que perder nunca. Porque no nos gusta que nos manden, tenemos tendencia a reaccionar con contundencia a los abusos de poder, c\u00f3mo hemos visto esta \u00faltima semana. A escala global, hay que recordar la importancia que han tenido en Barcelona el Movimiento contra la Guerra, el Movimiento Antiglobalizaci\u00f3n o las recientes protestas de \u201cQueremos Acoger\u201d contra el cierre de fronteras a los refugiados. A escala local, la larga lucha contra la especulaci\u00f3n inmobiliaria y la precariedad econ\u00f3mica hace d\u00e9cadas que opone resistencia y abre espacios de vida a la ciudad.<\/p>\n<p>Desde el mismo esp\u00edritu antiautoritario, Barcelona tambi\u00e9n ha hecho de sus calles el lugar de encuentro de toda la Catalu\u00f1a que, independentista o no, se insubordina y se organiza contra la prohibici\u00f3n de poder ejercer el derecho de los catalanes a la autodeterminaci\u00f3n. Yo tengo alergia a cualquier nacionalismo, propio o de los otros. Trabajo en una ciudad espa\u00f1ola y la gente de esta pen\u00ednsula (ni de en ninguna parte) no ser\u00e1n nunca mis enemigos. Siempre he pensado que el mapa de los estados, todos, con sus colores y l\u00edneas rectas, nos enga\u00f1a. Sus colores amables son el resultado de una geograf\u00eda de guerra. No hay estado que no exista sin una frontera y un ej\u00e9rcito. A m\u00ed me gustan m\u00e1s los mapas geogr\u00e1ficos, donde vemos la forma real de los valles, las monta\u00f1as y los r\u00edos, que no se paran en ninguna frontera. C\u00f3mo estoy explicando hoy, creo en un mundo com\u00fan, hecho del ir y venir libre de la gente. Pero ante un estado que convierte una pregunta leg\u00edtima en una acci\u00f3n ilegal, ahora mismo s\u00f3lo queda espacio para una respuesta colectiva contundente que transforme, de ra\u00edz y sin complejos, este estado. Desde aqu\u00ed quiero hacer una especial menci\u00f3n a los detenidos e imputados y a los estudiantes, estibadores y gente que sigue concentrada a estas alturas en la calle. No se trata, s\u00f3lo, de poder votar. Se trata de poder dec\u00edrnoslo todo, para poder cuestionar radicalmente las bases y las condiciones de nuestra convivencia, no s\u00f3lo nacional sino tambi\u00e9n pol\u00edtica y social. La Barcelona que me gusta es la que no tiene miedo de los grandes cambios y que por eso mismo tampoco acepta planes ya escritos para hacerlos.<\/p>\n<p>La Barcelona a la cual me gusta volver es, en segundo lugar, una ciudad donde hay un sentido de la vida en com\u00fan. En Barcelona de todo se hace negocio, somos tenderos y comerciantes, pero estoy convencida que en Barcelona la privatizaci\u00f3n de la vida todav\u00eda tiene un l\u00edmite. Encuentra resistencia. Actualmente lo estamos viendo en la resistencia de los barrios en los efectos del turismo masivo. No es turismofobia, como se ha dicho. Es resistencia al capitalismo salvaje y a sus efectos devastadores. Y yo tengo que decir, contra todos los intentos de culpabilizaci\u00f3n y de criminalizaci\u00f3n, que estoy orgullosa, de estas resistencias. Cuando empez\u00f3 la crisis y empezaron a marchar los j\u00f3venes de todo Espa\u00f1a, recuerdo que circul\u00f3 una carta de una chica de Madrid que dec\u00eda \u00abYo quiero vivir aqu\u00ed\u00bb. Lo tenemos que seguir diciendo: ante la expulsi\u00f3n aparentemente inevitable de tanta gente que ya no se puede pagar la vida en Barcelona, queremos vivir aqu\u00ed y la \u00fanica manera de hacerlo es luchar juntos. \u00abJuntas podemos\u00bb, como dec\u00eda la gran pancarta que colg\u00f3 del Banco Okupado de la plaza Catalu\u00f1a.<\/p>\n<p>Vivir juntos no quiere decir vivir a la defensiva ni s\u00f3lo entre nosotros, como si fu\u00e9ramos el pueblo de Asterix. Todo Europa est\u00e1 ahora atrincherada y a la defensiva, y Barcelona no puede caer en esta trampa. Tampoco ahora, con el argumento de la seguridad contra el terrorismo. C\u00f3mo dec\u00eda antes, una ciudad est\u00e1 hecha del ir y venir libre de la gente. De hecho, el nosotros barcelon\u00e9s es una ficci\u00f3n construida a partir de todos los pueblos, acentos y paisajes que traemos con nosotros quienes vivimos aqu\u00ed. Hay ciudades de un solo paisaje y de una sola lengua. Barcelona, en cambio, es de mar y de monta\u00f1a, tiene cerca las playas y los cascadas, es seca y h\u00fameda, es urbana y de pueblo, cosmopolita y provinciana. Barcelona habla catal\u00e1n y castellano en todos sus acentos posibles, y cada vez m\u00e1s lenguas que, despacio, tenemos que ir aprendiendo a recibir y escuchar. He visto a mis hijos aprender a hablar y a respirar en esta diversidad fon\u00e9tica, de tonos y de expresiones. Os aseguro que es lo m\u00e1s rico que tenemos.<\/p>\n<p>Dec\u00eda que hay muchas Barcelonas, pero la Barcelona a la cual me gusta volver es, finalmente, una ciudad donde hay vida pol\u00edtica fuera de los partidos pol\u00edticos. En Barcelona, hist\u00f3ricamente, hay una cultura y unas formas de organizaci\u00f3n colectivas que no pasan por el sistema de partidos ni dependen de ellos. Quienes me han invitado a hacer el preg\u00f3n saben muy bien que no me gustan los partidos pol\u00edticos. Creo en el sistema p\u00fablico, pero no en el sistema de partidos. Creo en la pol\u00edtica pero no en la acci\u00f3n t\u00e1ctica ni el politiqueo. Nos queda mucho para hacer y para imaginar todav\u00eda, si lo que queremos es transformar la pol\u00edtica. Por si alg\u00fan periodista que le toque trabajar hoy todav\u00eda lo duda y est\u00e1 haciendo investigaci\u00f3n para tener una exclusiva ma\u00f1ana, no estoy en ning\u00fan partido pol\u00edtico, ni org\u00e1nicamente ni en su sombra. Si quisiera estar, lo har\u00eda abiertamente. Conozco gente, en quien conf\u00edo, que est\u00e1n en las nuevas formaciones pol\u00edticas y en la CUP, porque hace muchos a\u00f1os que compartimos luchas en los movimientos sociales. Llevando m\u00e1s all\u00e1 la frase m\u00e1s importante del 15M, podr\u00edamos decir que \u00aba m\u00ed ni mis amigos no me representan\u00bb.<\/p>\n<p>Mi nosotros, aquel que creo que en Barcelona tiene una potencia pol\u00edtica especial, es un nosotros sin nombre hecho de todos nuestros nombres, autoorganizado, que act\u00faa en muchos \u00e1mbitos de la vida social (barrios, escuelas, entidades sociales, ateneos, grupos de afinidad, asambleas, cooperativas, etc.) y que s\u00f3lo de vez en cuando aparece a la luz p\u00fablica para hacer grandes movilizaciones. Parece que no est\u00e9 y siempre est\u00e1. Es concreto pero an\u00f3nimo. No hago romanticismo espontaneista. Hablo del m\u00e1s real: del compromiso diario de mucha gente, sin la cual no habr\u00eda ni sociedad civil ni democracia, las dos grandes palabras fetiche que le gusta invocar al poder para no quedarse demasiado solo ni demasiado desnudado. Desde este punto de vista, Barcelona, en continuidad con el resto de Catalu\u00f1a, es un chup-chup de gente que act\u00faa al margen del poder, o atraves\u00e1ndolo. Lo que digo puede sonar ingenuo, pero os aseguro que no lo es nada. Sin esta politizaci\u00f3n de la vida cotidiana, no hay ciudad ni pa\u00eds.<\/p>\n<p>Mucha gente de mi generaci\u00f3n descubrimos esta Barcelona, la del nosotros sin nombre hecho de todos nuestros nombres, ahora hace veinti\u00fan a\u00f1os, el 28 de octubre de 1996, durante el desalojo del Cine Princesa. Aquel d\u00eda, para muchos de nosotros, la ciudad ol\u00edmpica, sus relatos de \u00e9xito y los silencios, negocios y torturas sobre los cuales se hab\u00eda construido, se agrietaron y aparecieron otras presencias y otras maneras de hacer ciudad. Muchos no hab\u00edamos puesto nunca los pies en una casa okupada, otros s\u00ed. Pero el llamamiento de aquel anochecer en la V\u00eda Laietana funcion\u00f3 como un catalizador de mundos que se encontraron y actuaron, hasta hoy. Esta es la Barcelona a la cual me gusta volver, este es el calendario que hoy quiero recordar.<\/p>\n<p>Esta ciudad a la cual no gusta el poder, que tiene un sentido de la vida en com\u00fan y que sabe organizarse pol\u00edticamente sin depender de los partidos es la ciudad a la cual me gusta volver, que me vincula y me compromete. Donde encuentro un nosotros que me ampl\u00eda los horizontes y una vida que no es s\u00f3lo una vida privada. Cuando vuelvo, llego a una casa que no es s\u00f3lo casa m\u00eda ni de los m\u00edos.<\/p>\n<p>Me gustar\u00eda poder decir que esta ciudad a la cual vuelvo es una ciudad donde la cultura es el verdadero medio, el ecosistema vivo donde se desarrolla y se impulsa la vida colectiva, pero no lo puedo decir porque siento que no es as\u00ed.<\/p>\n<p>En Barcelona, como tantas otras ciudades del mundo, lo que llamamos cultura se ha convertido en un producto festivalizado, vinculado al consumo y al turismo. Pero la cultura es otra cosa, es la posibilidad de relacionar, con sentido, los saberes y la vida, el que sabemos y el que queremos. No nos hace falta ser un Manhattan mediterr\u00e1neo ni encontrar, en un parque tem\u00e1tico, todas las culturas del mundo, como pretendi\u00f3 el Foro Universal de las Culturas en 2004. Si queremos ser una ciudad de cultura, es mucho m\u00e1s importante que la educaci\u00f3n funcione y abra caminos no s\u00f3lo para entrar al mercado laboral sino para aprender, juntos, a vivir. La cultura es precisamente esto: aprender juntas a vivir.<\/p>\n<p>Me gustar\u00eda poder decir que esta ciudad a la cual vuelvo es una ciudad donde la igualdad es la base de la libertad y tampoco puedo decirlo, porque cada d\u00eda es m\u00e1s evidente que no es as\u00ed. La desigualdad crece a una velocidad que da miedo, y la exclusi\u00f3n y la violencia arraigan y se normalizan en nuestros barrios. Han cambiado muchas cosas. La gente que sufre, hoy, tiene muchos rostros, historias muy diversas y muchos colores de piel. Los hay que llegan de la guerra, b\u00e9lica, de g\u00e9nero, pol\u00edtica o ambiental. Los hay que descubren o reencuentran la pobreza despu\u00e9s de una generaci\u00f3n de vivir bien. Nuestra nueva pobreza convive con la miseria global. La pobreza y la miseria no tienen fronteras, por mucho que Europa y sus pol\u00edticas migratorias piensen que s\u00ed. Las ciudades no pueden resolverlo todo, pero grandes o peque\u00f1as son el lugar donde todos los problemas se visibilizan y se encuentran. Estos problemas no son el obst\u00e1culo ni el da\u00f1o colateral de nuestro \u00e9xito global. Son nuestra realidad compartida y as\u00ed nos tenemos que hacer cargo.<br \/>\nMe gustar\u00eda poder decir, tambi\u00e9n, que Barcelona es una ciudad que sabe qu\u00e9 quiere ser, que tiene una idea de s\u00ed misma por alocada que sea, y me parece que tampoco es as\u00ed. Hemos pasado, en pocos a\u00f1os, de ser una ciudad postindustrial medio abandonada a ser un escaparate global del consumo tur\u00edstico. Sabemos que no queremos acabar como Venecia, pero \u00bfqu\u00e9 queremos ser? En un momento dado ten\u00edamos que ser el epicentro de una regi\u00f3n metropolitana, mediterr\u00e1nea y sur-europea que atravesaba y desbordaba los estados. Ahora se plantea el reto de ser la capital de una rep\u00fablica catalana que a\u00fan no ha nacido y que a estas alturas no sabemos con qu\u00e9 forma y complicidades lo har\u00e1. Puestos a imaginar, yo me la imagino como una rep\u00fablica junto con el conjunto de las rep\u00fablicas ib\u00e9ricas, libres de estado.<\/p>\n<p>Los cambios que ha vivido Barcelona en poco tiempo son inmensos. Si miramos atr\u00e1s veremos pasar una pel\u00edcula a c\u00e1mara r\u00e1pida, llena de aciertos y de desaciertos. Pero si miramos adelante, \u00bfqu\u00e9 vemos? Os lo pregunto a cada uno de vosotros. No os pregunto qu\u00e9 pasar\u00e1 con las principales noticias que dictan ahora mismo la actualidad, no lo podemos saber. Os pregunto c\u00f3mo os imagin\u00e1is que vivir\u00e9is, que viviremos cada cual de nosotros y con los otros, en un futuro no muy lejano. \u00bfOs imagin\u00e1is haciendo el mismo que hac\u00edais? \u00bfPodr\u00e9is pagar el piso donde viv\u00eds? \u00bfIr\u00e9is con el mismo coche o ya habremos dejado, por fin, el coche particular? \u00bfQerr\u00e9is del mismo modo? \u00bfC\u00f3mo educar\u00e9is vuestros hijos, si ten\u00e9is? \u00bfSeguir\u00e9is viviendo aqu\u00ed? Yo espero seguir volviendo, pero tengo que decir que me cuesta imaginar la vida que podemos hacer juntos. El presente que estamos viviendo es tenso y dif\u00edcil. En todas partes. El futuro del mundo es oscuro ahora mismo. Pero la vida se ilumina cada d\u00eda si aprendemos a imaginar. Imaginar no es hacer ir la fantas\u00eda de cualquier manera, sino generar ideas y sensaciones que abren el mapa del que es posible. \u00bfC\u00f3mo podemos reaprender, hoy, a imaginar juntos la ciudad y, por lo tanto, el mundo que queremos?<br \/>\nC\u00f3mo dec\u00eda antes, he aprendido de mis padres, y tambi\u00e9n de muchos amigos y compa\u00f1eros que han venido despu\u00e9s, a no confiar en los visionarios, ni en los planificadores, ni en las t\u00e1cticas del sistema de partidos, ni en los vendedores de ideas de corto vuelo. Y de la filosof\u00eda (que he hablado poco en este preg\u00f3n porque ya es de lo que hablo siempre) he aprendido a confiar en una posibilidad que tenemos todos: la posibilidad de pensar radicalmente c\u00f3mo queremos vivir. De poderlo pensar, de verdad, al menos una vez. S\u00f3lo hay que hacerse una pregunta: de todo lo que tenemos, vivimos, deseamos\u2026, \u00bfqu\u00e9 nos importa realmente? Es una pregunta que nos lleva a buscar lo esencial. No las esencias, sino lo verdaderamente importante. Es una pregunta terap\u00e9utica y revolucionaria que borra, de un golpe, muchos dolores de cabeza, muchas trampas, muchas excusas y muchas complicaciones, \u00edntimas y colectivas. Es el primer paso hacia una imaginaci\u00f3n realmente libre. Las buenas soluciones, como saben los artesanos, siempre son las m\u00e1s simples. Haceos esta pregunta ahora mismo, por un momento, o ma\u00f1ana, otra vez. Hac\u00e9osla durante las fiestas, mientras bail\u00e1is y qued\u00e1is con vuestros amigos y los perd\u00e9is entre la multitud. Hac\u00e9osla tambi\u00e9n en los dif\u00edciles d\u00edas que vendr\u00e1n. De todo lo que vivo, \u00bfqu\u00e9 es el que realmente me importa? Haceos la pregunta y no s\u00f3lo os encontrar\u00e9is en vosotros mismos, reencontrar\u00e9is la ciudad, porque reencontrar\u00e9is a los otros. La ciudad donde quer\u00e9is vivir, el mundo donde queremos estar juntas y celebrar, a\u00f1o tras a\u00f1o, que nos podemos reencontrar. Quiz\u00e1s el presente est\u00e1 nublado, pero como me ense\u00f1\u00f3 a decir hace poco un menorqu\u00edn: \u00a1a m\u00e1s mar, m\u00e1s vela!<br \/>\nHoy empieza el oto\u00f1o. Hoy empiezan las Fiestas de la Merc\u00e8. Hoy dicen que hay menos coches en la ciudad. Y cada d\u00eda vuelven a empezar nuestras vidas, mientras nada lo impida. Con los que est\u00e1n y con los que no, con los que este a\u00f1o han vuelto, con los que desean hacerlo y con quienes ya no lo podr\u00e1n hacerlo nunca m\u00e1s.<br \/>\nTened todos y todas, ahora s\u00ed, una buena Merc\u00e8<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La Fil\u00f3sofa Marina Garc\u00e9s, profesora de la Universidad de Zaragoza y ciudadana de Barcelona, arroja luz y cuestionamiento al ciudadano, en el preg\u00f3n que inaugura la \u201cFesta de la Merc\u00e8\u201d, Fiesta Mayor de Barcelona. 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