{"id":418705,"date":"2017-01-13T18:44:55","date_gmt":"2017-01-13T18:44:55","guid":{"rendered":"http:\/\/www.pressenza.com\/es\/?p=418705"},"modified":"2017-01-13T18:44:55","modified_gmt":"2017-01-13T18:44:55","slug":"la-argentina-en-su-laberinto","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.pressenza.com\/es\/2017\/01\/la-argentina-en-su-laberinto\/","title":{"rendered":"La Argentina en su laberinto"},"content":{"rendered":"<p id=\"BAJADA\"><em>Las conversaciones durante un d\u00eda en Buenos Aires con taxistas, mozos, clientes de un bar o pasajeros de avi\u00f3n, pueden ser agobiantes. Pero en este relato, el autor -periodista, y coautor de la ley de servicios de comunicaci\u00f3n audiovisual- trata de observar qu\u00e9 es lo que esas voces revelan, acerca de lo que pasa en el pa\u00eds pol\u00edtico.<\/em><\/p>\n<p><em><strong>Por Sergio Fern\u00e1ndez Novoa<\/strong><\/em><\/p>\n<address><em>\u201cEn el vasto campo de la intriga hay que saber\u00a0cultivarlo todo: hasta la vanidad de un necio\u201d. \u00a0<\/em><em>\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0<\/em><em>Pierre-Augustin de Beaumarchais<\/em><\/address>\n<address>\u00a0<\/address>\n<p>Que formamos parte de una sociedad compleja es algo que descubrimos hace rato y que podemos comprobar en distintos momentos. Tanto cuando repasamos nuestra historia (pienso en el apoyo que tuvo Videla el 24 de marzo de 1976, pero tambi\u00e9n puedo ir m\u00e1s atr\u00e1s) como el presente (la elecci\u00f3n de Mauricio Macri como presidente de la Naci\u00f3n y su gobierno de CEOs). Pero unas pocas horas en la Buenos Aires t\u00f3rrida de enero, me alcanzaron para entender que esa complejidad es inseparable de la confusi\u00f3n que ella misma genera.<\/p>\n<p>Mi periplo (\u00bfdeber\u00eda escribir \u201cmi desaz\u00f3n\u201d?) comienza a mediama\u00f1ana, con el viaje desde el Aeroparque Jorge Newbery hasta el centro porte\u00f1o. El taxista, un tipo locuaz hasta el exceso, enfrent\u00f3 la Autopista Illia, colapsada, sin guardarse nada: \u00abSeguro qu\u00e9 hay alg\u00fan piquete. Al final lo vot\u00e9 a Macri para que los pase con un tanque por encima y estamos igual que antes\u00bb.<\/p>\n<p>Mientras miraba por la ventanilla la fila interminable de autom\u00f3viles inm\u00f3viles y trataba de calcular cu\u00e1n tarde llegar\u00eda a destino, un mont\u00f3n de respuestas se me atragantaban en el comienzo mismo de la garganta, pero ninguna de ellas se dej\u00f3 o\u00edr. Ya lo dec\u00eda mi Viejo, para qu\u00e9 discutir con alguien con semejantes intenciones.<\/p>\n<p>En mi ayuda vino una llamada ya no recuerdo de qui\u00e9n. Me puse a hablar por tel\u00e9fono. Creo que de algo que escrib\u00ed o le\u00ed, tampoco importa. La buena noticia, despu\u00e9s de todo, era que el tr\u00e1nsito se hac\u00eda fluido. La mala, que el taxista estaba m\u00e1s preocupado por escuchar lo que yo dec\u00eda que por manejar. \u00abUsted es periodista, pol\u00edtico o algo de eso \u00bfno?\u00bb. Con m\u00e1s ganas de responder al primer exabrupto que a lo que me estaba preguntando, conced\u00ed: \u00abAlgo de eso\u00bb.<\/p>\n<p>\u00ab\u00bfY? \u00bfC\u00f3mo ve la cosa?\u00bb, arremeti\u00f3 sin importarle mi laconismo. Me refugi\u00e9 en el silencio, que es lo mejor que s\u00e9 hacer cuando no me quiero pelear con alguien. Pero no le import\u00f3, e insisti\u00f3 con la misma vehemencia que pone una boa en tragar a su presa.<\/p>\n<p>\u00abEste tiene buenas intenciones, no es chorro, como los otros. No lo necesita. Si naci\u00f3 lleno de oro, usted sabe. Eso s\u00ed, hasta ahora no emboc\u00f3 una. No hay un mango en la calle, pero ya es un avance que no roben. Hay que darle tiempo\u2026\u00bb.<\/p>\n<p>Mientras bajaba del taxi, sin siquiera esperar el vuelto, me acord\u00e9 de un amigo que con divertida amargura sentenciaba: \u201cEn Buenos Aires, los tacheros son todos fachos\u201d. Hasta me dieron ganas de re\u00edr, si no fuera por la sensaci\u00f3n de que aquel \u201ccorpus de ideas\u201d bordea siempre la tragedia.<\/p>\n<p>Cuando llegu\u00e9 a la reuni\u00f3n que ten\u00eda prevista, me avisaron que estaba retrasada. No pude dejar de imaginarme a mis colegas atrapados en alg\u00fan atasco de tr\u00e1fico, soportando con estoicismo la diatriba de esos verdaderos choferes de Mussolini, como el que me hab\u00eda tocado.<\/p>\n<p>Eleg\u00ed hacer tiempo en un bar de Recoleta. Hab\u00eda all\u00ed una mujer (algunas mesas m\u00e1s all\u00e1 de la m\u00eda), que pronunciaba la palabra yegua cada dos minutos, igual que esos adolescentes que dicen boludo hasta cuando tienen que poner una coma. Es cierto, no puedo asegurar que se refer\u00eda a quien yo creo, tal vez por su insistencia en citar a la madre que los re mil pario a todos los equinos.<\/p>\n<p>El mozo vino en auxilio de mi salud mental. Me conoce de otros tiempos. El mundo es chico y los mozos suelen ser amigables, m\u00e1s a\u00fan cuando hay una relaci\u00f3n asidua. A lo mejor porque se nutren de la filosof\u00eda del caf\u00e9. Tal vez porque no est\u00e1n encerrados catorce horas en un auto, algo que nubla hasta al m\u00e1s l\u00facido. Lo ignoro.<\/p>\n<p>Tras los saludos de ocasi\u00f3n, y, a esa altura, el imprescindible requerimiento gastron\u00f3mico, el hombre vuelve sobre sus pasos y recuerda aquellos d\u00edas en que yo frecuentaba el bar. Eran los tiempos en que trabajaba en lo que despu\u00e9s ser\u00eda la ley de servicios de comunicaci\u00f3n audiovisual.<\/p>\n<p>\u00abOtra vez como antes \u00bfno?\u201d, larga como si se hubiera puesto de acuerdo con el taxista en querer o\u00edr mi opini\u00f3n. No estoy muy decidido, pero a \u00e9l no le importa, al contrario, parece estimularlo la parquedad. \u201cLo que pasa es que Macri siempre se llev\u00f3 bien con Clar\u00edn y ten\u00eda que devolverle favores. Y la Cristina se equivoc\u00f3 mucho. Se peleaba con todos y cansaba a la gente hablando todo el d\u00eda\u00bb.<\/p>\n<p>El mozo me mira con la misma preocupaci\u00f3n que tiene el m\u00e9dico que no sabe si atribuir el silencio del paciente a una sordera que hasta entonces desconoc\u00eda, o a que entr\u00f3 en estado catat\u00f3nico. Imperativo, levanta la pera dos o tres veces, como si sufriera un tic nervioso. Me doy cuenta que es in\u00fatil mirar por la ventana a esos pibes que reparten volantes bajo un sol abrasador disfrazados de empanada.<\/p>\n<p>\u00abPero decime \u2013le formulo sin mirarlo, por temor a que corra una silla y se siente enfrente m\u00edo- \u00bfacaso no estabas mejor hasta el a\u00f1o pasado? Vos, tu familia\u2026Los clientes que vienen ac\u00e1, qu\u00e9 dicen\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abY bueno jefe, la cosa est\u00e1 dividida. Todos coinciden que hab\u00eda m\u00e1s plata pero ahora se ve que no era real. Adem\u00e1s, cu\u00e1ntos L\u00f3pez m\u00e1s debe haber. No s\u00e9, est\u00e1 jodido, pero \u00e9ste siempre sale bien parado, es un tipo exitoso&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p>Cuando abro la boca para contarle, el tipo ya no estaba. La mujer de la mesa de al lado, la de la yegua, sacude indignada la cuenta, como si en un trozo de papel tan peque\u00f1o pudiera entrar una injuria demasiado grande.<\/p>\n<p>Cuando vuelvo a la reuni\u00f3n,estoy tentado de contar mi experiencia con el tachero y con el mozo, pero temo la mirada sobradora de alg\u00fan porte\u00f1o que me diga: \u201c\u00bfY?, la novedad, cu\u00e1l es\u201d. A lo nuestro, entonces.<\/p>\n<p>Se trata de observar el funcionamiento de una plataforma que en tiempo real realiza, entre otras muchas cuestiones, mediciones de gesti\u00f3n de dirigentes de cualquier lugar del planeta. Se basa en lo que se llama \u2018big data\u2019. Un sistema que est\u00e1 relevando todo el tiempo las conversaciones en las redes sociales y que permite conocer aquello que a uno le interesa. Si paga el servicio, claro.<\/p>\n<p>El primer ejemplo que me muestran es justamente el del presidente de los argentinos. M\u00e1s de 50.640 conversaciones sobre Mauricio Macri en las \u00faltimas cuatro semanas. En esas charlas digitales, un 62% habla de su ineptitud para gestionar; el 71% menciona su falta de autoridad; el 97% enfatiza su insensibilidad social; el 93% se\u00f1ala que no defiende lo nacional, por mencionar solo algunos de los datos negativos. Entre los positivos, el 58% resalta su experiencia de gesti\u00f3n; el 81% el respeto por las instituciones, y un 98% su capacidad como estratega.<\/p>\n<p>En ese momento, con la voz del taxista y del mozo todav\u00eda merodeando dentro de mi cabeza, sent\u00ed que los argentinos no est\u00e1bamos tan pr\u00f3ximos al suicidio pol\u00edtico, que es algo as\u00ed como el genocidio social y cultural que promueve el neoliberalismo.<\/p>\n<p>Sin embargo, todo lo que viv\u00ed desde que baj\u00e9 del avi\u00f3n, me hizo dudar. Lo que quedaba era una gran confusi\u00f3n, alimentada por una realidad compleja que no acabamos de discernir o, para ser m\u00e1s precisos, que no todos discernimos de la misma manera.<\/p>\n<p>En todo eso pensaba de vuelta al Aeroparque, ahora ayudado por el silencio de un taxista que tal vez era nuevo en el gremio, o bien hab\u00eda completado su cuota de an\u00e1lisis pol\u00edtico y se entregaba a tararear un tango triste y llor\u00f3n.<\/p>\n<p>El avi\u00f3n estaba en horario hasta que una tormenta el\u00e9ctrica nos demor\u00f3 una hora dentro de la aeronave. A mi lado, una joven que volaba por primera vez no pod\u00eda ocultar el miedo. Iba a visitar a su hermana que vive en Neuqu\u00e9n, y nuestra conversaci\u00f3n le ayud\u00f3 a disipar la angustia que le provocaba el vuelo en ese contexto de inclemencia meteorol\u00f3gica.<\/p>\n<p>Advierto que en su tableta tiene una imagen del Che, y se lo se\u00f1alo con un gesto de aprobaci\u00f3n. Me cuenta que su padre lo admira mucho. \u00abEs que a mi Viejo le gusta la pol\u00edtica y se enoja porque a nosotras nos aburre, en realidad no nos importa\u00bb.<\/p>\n<p>Adivina alg\u00fan gesto de mi parte y explica: \u00abPor suerte ahora tenemos a Macri, y los que est\u00e1n con \u00e9l que no hablan de pol\u00edtica, hablan de las cosas que nos interesa a la gente\u00bb.<\/p>\n<p>El despegue fue tan movido que interrumpi\u00f3 el di\u00e1logo. Mientras ella se agarraba al asiento como si estuviera en una monta\u00f1a rusa, yo pensaba en Brecht: \u201cEl peor analfabeto es el analfabeto pol\u00edtico. No oye, no habla, ni participa en los acontecimientos pol\u00edticos. No sabe que el costo de la vida, el precio del pan, del pescado, de la harina, del alquiler, de los zapatos o las medicinas dependen de las decisiones pol\u00edticas\u201d.<\/p>\n<p>Mir\u00e9 a la chica pero no le dije nada. Me puse los auriculares, escuch\u00e9 m\u00fasica y descans\u00e9. El vuelo fue tranquilo. El d\u00eda hab\u00eda sido largo, demasiado largo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Las conversaciones durante un d\u00eda en Buenos Aires con taxistas, mozos, clientes de un bar o pasajeros de avi\u00f3n, pueden ser agobiantes. 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