{"id":390601,"date":"2016-10-30T12:16:12","date_gmt":"2016-10-30T12:16:12","guid":{"rendered":"http:\/\/www.pressenza.com\/es\/?p=390601"},"modified":"2016-10-30T12:16:28","modified_gmt":"2016-10-30T12:16:28","slug":"cuando-la-batalla-se-libra-propio-cuerpo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.pressenza.com\/es\/2016\/10\/cuando-la-batalla-se-libra-propio-cuerpo\/","title":{"rendered":"Cuando la batalla se libra en el propio cuerpo"},"content":{"rendered":"<p><em>Por<strong> Malvina Silba. <a href=\"http:\/\/www.revistaajo.com.ar\/\" target=\"_blank\">Revista Ajo<\/a><\/strong><\/em><\/p>\n<p><em><strong>Pese a los marcos regulatorios internacionales a los que el Estado argentino adhiere, el aborto sigue apareciendo como algo complejo de discutir, tanto para la sociedad como para el poder pol\u00edtico. Negocio clandestino, educaci\u00f3n sexual, autogesti\u00f3n feminista y el placer en primera persona, en este art\u00edculo de una soci\u00f3loga que propone terminar con los tab\u00fa.<\/strong><\/em><\/p>\n<p>Me cri\u00e9 en un barrio del conurbano en donde faltaban muchas cosas: guita, comida, buena educaci\u00f3n, cloacas, agua potable, recolecci\u00f3n de residuos, servicios p\u00fablicos dignos, padres presentes, buenas escuelas, entre tantas otras cosas. Y para compensar, quiz\u00e1s, hab\u00eda algo que s\u00ed abundaba: beb\u00e9s, ni\u00f1as y ni\u00f1os de todas las edades ocupando todos los espacios posibles, jugando, riendo, caminando en patas de un lado a otro, saltando charcos, pisando barro, sorteando con sagacidad los fluentes de las cloacas que perfumaban los monoblocks de Tablada. Detr\u00e1s de ellos, o al costado, o desde una ventana cualquiera, siempre aparec\u00eda una madre, llam\u00e1ndolos a comer, mand\u00e1ndolos a comprar, ret\u00e1ndolos si la bardeaban mucho. En algunos casos, como el de mi vieja, bajando a intervenir en disputas diversas que a veces se resolv\u00edan a los gritos y a veces a las pi\u00f1as. Mi vieja era de las que ganaba las contiendas, porque manejaba muy bien ambos: los gritos y las pi\u00f1as.<\/p>\n<p>Yo viv\u00eda en un tercer piso y desde mi peque\u00f1o patio de cemento sol\u00eda mirar a mis vecinos de planta baja, una familia m\u00e1s numerosa que la m\u00eda, viviendo en peores condiciones que nosotros (lo que ya es mucho decir, claro), y me entreten\u00eda cont\u00e1ndolos, identificando qui\u00e9n era hijo de qui\u00e9n, sobrina de tal, nieto o pariente de no s\u00e9 cu\u00e1l. Eran tantos que una no pod\u00eda mantenerse indiferente. Algo hab\u00eda que decir sobre \u201cLos Toledo\u201d. Y entonces empezaban a circular y reproducirse los mismos prejuicios de los que familias como la m\u00eda eran v\u00edctimas: no s\u00f3lo eran pobres, era evidente que si eran tantos, adem\u00e1s eran promiscuos, que ah\u00ed faltaba educaci\u00f3n adem\u00e1s de comida; buenos modales adem\u00e1s de calzado y ropa; una moral digna frente a la innegable degradaci\u00f3n a la que nos somet\u00edan con sus inadecuaciones varias, con sus presencias molestas, irreverentes, desafiantes.<\/p>\n<p>Y en esa familia, como en la m\u00eda, aparec\u00eda algo como natural, pero tambi\u00e9n como naturalizado: tener hijos. Parec\u00eda que nadie se lo cuestionaba. Y que era obvio que si las mujeres cog\u00edan, iban a quedar embarazadas. Con marido o sin marido, con familia o sin familia, con apoyo, proyecto, o redes de contenci\u00f3n\u2026 o sin ellas. Su destino, incuestionado y asumido por ellas como tal era ser madres. Entonces ser mujer se convert\u00eda, para algunas, en una especie de condena. El primer paso hacia ese destino fatal era \u201chacerse se\u00f1orita\u201d. Me indispuse por primera vez a los 11. Mi hermana, a los 9. Recuerdo que adem\u00e1s de verg\u00fcenza por la mancha en mi bombacha sent\u00ed miedo. Pens\u00e9: \u201cya puedo quedar embarazada\u201d. No sab\u00eda c\u00f3mo, pero el cuerpo ya me habilitaba y el discurso moral de mi vieja y mi abuela me marcaban el camino. Quedar embarazada, desde sus puntos de vista, era la condena final, era el no retorno, un camino de ida hacia la infelicidad y el sometimiento. Como mi madre ya hab\u00eda decidido que mi destino era la universidad, me prohibi\u00f3 cualquier acercamiento de tipo sexual con novios, noviecitos, vecinos y espec\u00edmenes por el estilo. Y disciplinada como hab\u00eda salido, le hice caso. B\u00e1sicamente, me aguant\u00e9 las ganas, trat\u00e9 de manejar la revoluci\u00f3n hormonal adolescente teniendo en mente el objetivo mayor: salir del barrio = ir a la universidad.<\/p>\n<p>Pero yo era un bicho raro, obvio. Y mi adolescencia no s\u00f3lo fue reprimida, tambi\u00e9n fue infeliz. Cuando todav\u00eda era una ni\u00f1a empec\u00e9 a escuchar que si una quedaba embarazada la \u00fanica posibilidad no era que ese pibe naciera. Exist\u00eda algo llamado \u201caborto\u201d, que se hac\u00eda en lugares horribles, con m\u00e9dicos despreciables y con una cantidad de guita que ning\u00fan miembro de mi c\u00edrculo cercano pod\u00eda llegar a juntar. Y tambi\u00e9n estaba la otra \u201cpata\u201d de la cuesti\u00f3n, la de la moral cat\u00f3lica, o moral a secas: las que abortaban \u201ceran las putas\u201d, dec\u00eda mi vieja una y mil veces. Si quedabas embarazada por calentona, por abrir las piernas y no aguantarte, lo ten\u00edas que tener. Era tu deber como mujer, aunque no tuvieras un mango, aunque el padre se borrara, aunque un error o una calentura te hicieran cambiar los planes para tu vida de una vez y para siempre\u2026 as\u00ed fue que mi familia se pobl\u00f3 de pibas y pibes de todas las edades. Nac\u00edan a raz\u00f3n de tres o cuatro por a\u00f1o. Y en veinte a\u00f1os pasaron por lejos el medio centenar sin que la posibilidad de \u201cno tenerlo\u201d se pusiera siquiera a circular en la charla familiar de sobremesa\u2026 \u201cCuando la de abajo se calienta, la de arriba no piensa\u201d, dec\u00eda mam\u00e1, orgullosa de imponer esa verdad cuestionable que escond\u00eda lo peor del machismo extendido en formato \u201csentido com\u00fan\u201d. Porque \u201cla de abajo\u201d se refer\u00eda solamente a los \u00f3rganos sexuales femeninos, no a los masculinos. Era normal que ellos se calentaran, pero las mujeres no, las chicas deb\u00edamos a-guan-tar-nos y no ceder a los impulsos, ni a las tentaciones. Muchos menos a las promesas varoniles. Ellos nos quer\u00edan coger, siempre. Y las minas deb\u00edamos ser racionales y no viscerales frente a ese deseo irrefrenable de los pibes. El mejor anticonceptivo, entonces, era la represi\u00f3n.<\/p>\n<p><strong>La educaci\u00f3n sexual que no fue<\/strong><\/p>\n<p>Mi educaci\u00f3n cat\u00f3lica me recuerda dos hechos paradigm\u00e1ticos en torno a esta cuesti\u00f3n. En sexto grado, cuando ya muchas \u00e9ramos se\u00f1oritas -corr\u00eda 1988- tuvimos la primera clase de educaci\u00f3n sexual: la se\u00f1orita Edith nos dijo que estemos tranquilas, que no \u00edbamos a hablar de ning\u00fan tema \u201ctab\u00fa\u201d (mis compa\u00f1eras y yo nos mir\u00e1bamos, nerviosas, sin entender qu\u00e9 carajos quer\u00eda decir). Cuesti\u00f3n que la clase se dedic\u00f3 a ense\u00f1arnos c\u00f3mo armar una toallita en casa con algod\u00f3n y gasa (porque adem\u00e1s de la moral, tambi\u00e9n estaba la crisis econ\u00f3mica, el plan primavera y la antesala de la hiperinflaci\u00f3n), a recordarnos que no nos ba\u00f1\u00e1ramos con agua tan caliente para que \u201cla sangre no salga toda junta\u201d (sic) y como broche de oro los de Johnson &amp; Johnson pasaron a dejarnos una muestra de toallitas para que la usemos una vez y sinti\u00e9ramos la comodidad que, era claro, la mayor\u00eda no iba a poder pagar (el Cervantes era una escuela privada y cat\u00f3lica de La Matanza de medio pelo para abajo: y las toallitas, una novedad muy cara).<\/p>\n<p>El segundo momento fue ya en la secundaria de Villa Madero, en 1993. Gustavo, nuestro \u201cDirector de Estudios\u201d, dijo en una clase de \u201cEducaci\u00f3n religiosa\/moral\u201d, y frente a un grupo de treinta y pico de estudiantes de cuarto a\u00f1o, de los cuales varias y varios eran ya sexualmente activos, que usar preservativo al tener relaciones sexuales era como \u201cdarle un beso a alguien con una bolsita en la lengua\u201d. En 1993, s\u00ed, cuando la epidemia del HIV hab\u00eda matado a decenas de mis vecinos, y cuando la cuesti\u00f3n del embarazo en adolescentes y j\u00f3venes ni siquiera era un tema de agenda de ninguna de las materias de nuestra curr\u00edcula. Lo dijo sin inmutarse. Era del Opus Dei y ten\u00eda cinco hijos, \u201cporque dios as\u00ed lo hab\u00eda querido\u201d, contaba. Tampoco nos privaron del famoso video en el que nos estremec\u00edamos frente a las im\u00e1genes crueles de un aborto por succi\u00f3n del feto. Eso s\u00ed, la escuela, llamada \u201cMadre de Dios\u201d, ech\u00f3 a una estudiante de cuarto a\u00f1o cuando qued\u00f3 embarazada. Todo un homenaje a su nombre y a sus ense\u00f1anzas.<\/p>\n<p>Parec\u00eda bastante l\u00f3gico, entonces, que no pudi\u00e9ramos hablar de educaci\u00f3n sexual. Una educaci\u00f3n sexual que m\u00ednimamente cumpliera con su objetivo, ya que la propia escuela no s\u00f3lo no informaba sobre m\u00e9todos anticonceptivos sino que adem\u00e1s desalentaba, en algunos casos, su uso. En ese contexto, era esperable que fuera tan dif\u00edcil poder hablar del aborto. \u00c9se era el verdadero tema tab\u00fa.<\/p>\n<div id=\"attachment_390616\" class=\"wp-caption alignnone\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-390616\" class=\"size-large wp-image-390616\" src=\"http:\/\/www.pressenza.com\/wp-content\/uploads\/2016\/10\/nota-aborto-2-R-Ajo-720x720.jpg\" alt=\"Foto Revista Ajo\" width=\"720\" height=\"720\" srcset=\"https:\/\/www.pressenza.com\/wp-content\/uploads\/2016\/10\/nota-aborto-2-R-Ajo-720x720.jpg 720w, https:\/\/www.pressenza.com\/wp-content\/uploads\/2016\/10\/nota-aborto-2-R-Ajo-150x150.jpg 150w, https:\/\/www.pressenza.com\/wp-content\/uploads\/2016\/10\/nota-aborto-2-R-Ajo-300x300.jpg 300w, https:\/\/www.pressenza.com\/wp-content\/uploads\/2016\/10\/nota-aborto-2-R-Ajo-768x768.jpg 768w, https:\/\/www.pressenza.com\/wp-content\/uploads\/2016\/10\/nota-aborto-2-R-Ajo.jpg 945w\" sizes=\"auto, (max-width: 720px) 100vw, 720px\" \/><p id=\"caption-attachment-390616\" class=\"wp-caption-text\">Foto Revista Ajo<\/p><\/div>\n<p><strong>Autogestionarse el aborto<\/strong><\/p>\n<p>Agosto de 2016. Fui a un centro de diagn\u00f3stico marplatense para una ecograf\u00eda ginecol\u00f3gica de control. En la sala de espera vi a una chica joven, de pelo largo, de contextura menuda, ten\u00eda cara de asustada. La acompa\u00f1aba un joven que se mostraba inquieto. Ambos aparentaban menos de veinte a\u00f1os y denotaban cierta inseguridad en sus movimientos. Nos llamaron a las dos juntas. La orden de mi ecograf\u00eda dec\u00eda \u201ccontrol\u201d como diagn\u00f3stico. La de ella, no s\u00e9. Antes de hacernos pasar le preguntaron en pleno pasillo, s\u00f3lo a ella, por qu\u00e9 motivo ten\u00eda que hacerse el estudio. \u201cTuve un aborto espont\u00e1neo\u201d, contest\u00f3, inc\u00f3moda, vergonzosa, porque se dio cuenta que yo tambi\u00e9n estaba escuchando. El joven (\u00bfsu novio acaso? \u00bfsu hermano? \u00bfun amigo?), la acompa\u00f1aba firme a su lado, pero de inmediato le dijeron que no pod\u00eda estar en ese \u00e1rea y lo hicieron volver a la sala de espera. La pregunta sobre el motivo del estudio se descubri\u00f3 incorrecta frente a la respuesta de la joven. No le import\u00f3 a la empleada hacerla sin cuidado, delante de m\u00ed. Nos hicieron desvestir de la cintura para abajo en salas contiguas con las mismas indicaciones mec\u00e1nicas. Cuando ya est\u00e1bamos cambiadas (sin bombacha y con una bata bien inc\u00f3moda) escuch\u00e9 la voz de una mujer que se acerc\u00f3 a la sala contigua y le pregunt\u00f3 a la joven qu\u00e9 edad ten\u00eda. \u201cDiecise\u00eds\u201d, respondi\u00f3 ella. \u201cNo te puedo hacer el estudio porque sos menor de edad\u201d, sentenci\u00f3. Ella esboz\u00f3 argumentos que no pude escuchar, su voz era muy baja, acaso porque le interesaba preservar su intimidad, esa que desde el inicio de la secuencia aparec\u00eda vulnerada. La mujer en cuesti\u00f3n, m\u00e9dica ecografista, luego supe, reiteraba, cada dos palabras, \u201cmenor de edad\u201d, como si su condici\u00f3n juvenil le impidiera comprender los alcances y las consecuencias de un aborto espont\u00e1neo en su propio cuerpo. La m\u00e9dica se ampar\u00f3 en argumentos legales y nadie le contest\u00f3 que estaba equivocada. La oblig\u00f3 a vestirse de nuevo, retirarse y volver con un adulto, como si la adultez fuera, de manera extendida, sin\u00f3nimo de madurez o de acompa\u00f1amiento responsable. El joven, por su parte, insisti\u00f3 en acercarse para estar con ella y se lo volvieron a impedir. Sal\u00ed al pasillo aduciendo demoras para ver qu\u00e9 me dec\u00edan. Como soy adulta, me respondieron en otro tono, me trataron mejor. \u201cHay un problema con la otra paciente\u201d, fue la justificaci\u00f3n. Y todo qued\u00f3 ah\u00ed.<\/p>\n<p>Unas semanas despu\u00e9s estaba en el living de Melina Antoniucci, integrante de Socorrista en Red, organizaci\u00f3n que se dedica a ayudar a mujeres que deciden autogestionarse un aborto, cont\u00e1ndole la an\u00e9cdota. Ella sostiene que la Ley de Salud Sexual y Procreaci\u00f3n Responsable indica que desde los 14 a\u00f1os las mujeres ya est\u00e1n en condiciones de responder por ellas mismas ante situaciones como estas. La organizaci\u00f3n Socorristas en Red tiene entre sus objetivos prioritarios disputar el saber m\u00e9dico-legal, el mismo que maltrata y condena a mujeres que deciden sobre su propio cuerpo a diario. El mismo que vulner\u00f3 los derechos de esa mujer joven sin que nada se alterara. Socorristas no lo hace s\u00f3lo para empoderar a las mujeres frente al sistema de salud con argumentos cr\u00edticos, militantes o anti-corporativos: lo hacen porque es el propio saber m\u00e9dico legal el que por un lado juzga a las mujeres que desean interrumpir voluntariamente un embarazo, pero por el otro administra un inmenso negocio clandestino que incluye desde la venta del misoprostol (la pastilla requerida para abortar) a precios descomunales, hasta las cl\u00ednicas que gestionan abortos clandestinos y cobran discrecionalmente las sumas que se les antojan.<\/p>\n<p>En este sentido Melina afirma que \u201cel condicionante principal para que el aborto se legalice es pol\u00edtico, religioso y moral. La misma moral que piensa al cuerpo femenino como reducto \u00faltimo del mandato materno y reproductivista, y no deja lugar para el placer femenino\u201d. Frente a eso, Melina sostiene que \u201cser feminista y militar en Socorristas en Red nos permite pensar en la fuerza de las mujeres que conf\u00edan en un grupo conformado por otras mujeres que se juntan a acompa\u00f1ar su decisi\u00f3n de salir del circuito clandestino. Se trata de confiar en la palabra horizontal, autogestiva y militante de otra mujer\u201d. Sobre las dudas que surgen en torno al m\u00e9todo, ofrece tranquilidad: \u201cCon las pastillas no hay mayores riesgos, es fundamental la contenci\u00f3n emocional y estar atenta al proceso. Y no lo digo yo, lo dice la OMS, en su Manual de Actualizaci\u00f3n 2014, \u201cC\u00f3mo hacerse un aborto con pastillas\u201d \u201c.<\/p>\n<p>Paralelamente, las Socorristas tambi\u00e9n realizan un trabajo articulado con varios sectores del sistema de salud p\u00fablico y con profesionales dispuestos a respetar el derecho de cualquier mujer a decidir sobre su propio cuerpo. En varios municipios de la provincia de Santa Fe y de Buenos Aires, por ejemplo, se hacen consejer\u00edas desde el Estado y es \u00e9ste quien provee la medicaci\u00f3n. En relaci\u00f3n al empoderamiento femenino, Melina afirma: \u201cYo no pens\u00e9 que me iba a encontrar con tanta fortaleza en las mujeres, derrib\u00f3 mis propios mitos y mi propia forma de entender el g\u00e9nero. Imagin\u00e9 encontrarme con un grupo de mujeres que iban a pedir ayuda desesperadamente y hay un mont\u00f3n que s\u00ed lo hacen, pero otras que se autogestionan un aborto en el ba\u00f1o de su casa\u201d.<\/p>\n<div id=\"attachment_390609\" class=\"wp-caption alignnone\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-390609\" class=\"size-large wp-image-390609\" src=\"http:\/\/www.pressenza.com\/wp-content\/uploads\/2016\/10\/nota-aborto-3-R-Ajo-720x720.jpg\" alt=\"Foto Revista Ajo\" width=\"720\" height=\"720\" srcset=\"https:\/\/www.pressenza.com\/wp-content\/uploads\/2016\/10\/nota-aborto-3-R-Ajo-720x720.jpg 720w, https:\/\/www.pressenza.com\/wp-content\/uploads\/2016\/10\/nota-aborto-3-R-Ajo-150x150.jpg 150w, https:\/\/www.pressenza.com\/wp-content\/uploads\/2016\/10\/nota-aborto-3-R-Ajo-300x300.jpg 300w, https:\/\/www.pressenza.com\/wp-content\/uploads\/2016\/10\/nota-aborto-3-R-Ajo-768x768.jpg 768w, https:\/\/www.pressenza.com\/wp-content\/uploads\/2016\/10\/nota-aborto-3-R-Ajo.jpg 945w\" sizes=\"auto, (max-width: 720px) 100vw, 720px\" \/><p id=\"caption-attachment-390609\" class=\"wp-caption-text\">Foto Revista Ajo<\/p><\/div>\n<p><strong>Datos duros<\/strong><\/p>\n<p>Se calcula que en Argentina se realizan entre 420 y 600 mil abortos por a\u00f1o. Y que mueren entre 300 y 500 mujeres en ese per\u00edodo como consecuencia de abortos inseguros.<\/p>\n<p>No hay datos oficiales sobre una pr\u00e1ctica que se oculta sistem\u00e1ticamente, entonces todo es estimativo, construido fragmentariamente. Como las cifras que les cobran las cl\u00ednicas clandestinas a las mujeres que recurren all\u00ed en busca de ayuda. Los testimonios recabados por las integrantes de Socorristas en Red y por colegas que han abordado el tema desde diversos espacios, tanto acad\u00e9micos como militantes, indican que un aborto puede costar entre 8 y 15 mil pesos en la ciudad de Mar del Plata, dependiendo, entre otras cosas, del poder de presi\u00f3n que tengan estos profesionales sobre las mujeres en cuesti\u00f3n. Natacha Mateo, soci\u00f3loga e integrante, tambi\u00e9n, de Socorristas en Red, afirma que la \u201cilegalidad del aborto no elimina la pr\u00e1ctica sino que la invisibiliza\u201d y que por lo tanto entender al aborto como un problema de salud p\u00fablica implica exigirle al Estado su intervenci\u00f3n, por fuera de la criminalizaci\u00f3n de las mujeres que deciden hacerlo por su cuenta. El aborto clandestino sigue representando la primera causa de mortalidad materna, insiste Natacha. \u00bfQu\u00e9 es un aborto inseguro? Un procedimiento para finalizar un embarazo no deseado realizado por personas no capacitadas y llevado a cabo en un entorno que no cuenta con un est\u00e1ndar m\u00ednimo de cuidados m\u00e9dicos. La lucha por la legalizaci\u00f3n del aborto se propone, justamente, desarticular esa clandestinidad que no s\u00f3lo se aprovecha de las mujeres que concurren all\u00ed sino que fundamentalmente pone en riesgo su vida.<br \/>\nSobre los placeres femeninos<\/p>\n<p>\u00bfEn qu\u00e9 lugar de toda esta mezcla de argumentos, an\u00e9cdotas y vivencias, queda el placer de las mujeres? Pareciera que relegados a un espacio lejano, como si fuera un \u00edtem por fuera de los asuntos importantes. En s\u00e9ptimo grado de esa misma escuela religiosa, hab\u00eda llegado el momento de la clase de biolog\u00eda en donde hablaban de la reproducci\u00f3n de la especie. La se\u00f1orita Margarita, us\u00f3 todos los recursos para hablar sin decir nada respecto del acto sexual. Cuando finaliz\u00f3 y quiso pasar a otro tema, levant\u00e9 la mano y con la m\u00e1s absoluta sinceridad que mis 12 a\u00f1os me habilitaban le dije: \u201centend\u00ed todo, menos c\u00f3mo es que el espermatozoide puede llegar a juntarse con el \u00f3vulo\u201d. Hasta el d\u00eda de hoy recuerdo su cara, la pausa que hizo, c\u00f3mo trag\u00f3 saliva, se sonroj\u00f3 y respondi\u00f3: \u201cIntroduciendo el pene en la vagina de la mujer\u201d. En los miles de intercambios con amigas que he tenido a lo largo de todos estos a\u00f1os ha surgido un tema central en torno a la sexualidad femenina: nadie nos habla sobre el placer, nadie nos ense\u00f1a c\u00f3mo disfrutar del sexo. Los discursos educativos, m\u00e9dicos, maternales nos hablan de riesgos, de cuidados, de enfermedades pero nunca de c\u00f3mo aprender a masturbarse, a explorar el propio cuerpo, a disfrutar del sexo. Y c\u00f3mo es que ese deseo que se va despertando y construyendo en cada una de nosotras de acuerdo a diversos recursos subjetivos y corporales disponibles, no debe surgir s\u00f3lo en torno a la necesidad reproductivista. Tenemos el derecho a disociar nuestra capacidad de parir de nuestro placer sexual. Esa es, sin duda, una de las dimensiones m\u00e1s potentes que las discusiones en torno a la legalizaci\u00f3n del aborto ponen en disputa.<\/p>\n<p>Nuestra sociedad ha experimentado continuidades y rupturas sobre estos temas. Sancionando leyes como la ESI pero sin garantizar su plena aplicaci\u00f3n. Limitando la entrega de diversos m\u00e9todos anticonceptivos de manera gratuita. Creando consenso en torno a la necesidad no ya s\u00f3lo de despenalizar el aborto, sino de legalizarlo, evitando los negocios clandestinos que su ilegalidad habilita y proponiendo dejar en manos del Estado la provisi\u00f3n de los recursos y la infraestructura para realizarlo. Y poniendo como objetivo prioritario la salud f\u00edsica y emocional de las mujeres. Pero sin lograr a\u00fan que la ley se trate en el Congreso. Por momentos los avances parecen muchos, y en otras ocasiones pareciera que el tab\u00fa de la se\u00f1orita Edith en 1988, el sonrojamiento de Margarita en 1989 y la bolsita en la lengua de Gustavo en 1993 se actualizaran, solapadamente, en los discursos condenatorios que a\u00fan circulan como un sentido com\u00fan extendido. Esos que justifican que el aborto siga siendo ilegal en la Argentina, a la vez que condenan a aquellas mujeres que lo practican. Y a los que no se les mueve un pelo frente a las cifras de muertes por realizarlos de manera insegura. Como si lo importante fuera que las mujeres cumplan con su \u201cdeber ser reproductivista\u201d, en lugar de luchar porque su propio cuerpo deje de ser materia opinable del Estado, la iglesia y diversos actores de la sociedad civil. Y para que ese cuerpo pase a ser un lugar de mayor conciencia, de mayor autonom\u00eda y de mayor placer. Es decir, una batalla ganada a la doble moral, y tambi\u00e9n al patriarcado.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Malvina Silba. Revista Ajo Pese a los marcos regulatorios internacionales a los que el Estado argentino adhiere, el aborto sigue apareciendo como algo complejo de discutir, tanto para la sociedad como para el poder pol\u00edtico. 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