{"id":2672053,"date":"2026-01-30T20:22:26","date_gmt":"2026-01-30T20:22:26","guid":{"rendered":"https:\/\/www.pressenza.com\/?p=2672053"},"modified":"2026-01-30T20:22:26","modified_gmt":"2026-01-30T20:22:26","slug":"poder-codicia-y-psicopatia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.pressenza.com\/es\/2026\/01\/poder-codicia-y-psicopatia\/","title":{"rendered":"Poder, codicia y psicopat\u00eda"},"content":{"rendered":"<h3 dir=\"auto\">\u00abEs algo curioso, Harry, pero quiz\u00e1 quienes est\u00e1n mejor capacitados para ejercer el poder son aquellos que nunca lo han buscado. Aquellos que se ven obligados a asumir el liderazgo, lo aceptan porque deben hacerlo y descubren, para su propia sorpresa, que lo ejercen bien.\u00bb\u00a0Albus Dumbledore.<\/h3>\n<div dir=\"auto\">Las sociedades contempor\u00e1neas suelen explicar la violencia pol\u00edtica, la desigualdad extrema y la erosi\u00f3n de la paz social recurriendo a dos atajos conceptuales igualmente insuficientes. El primero consiste en atribuir estos fen\u00f3menos a una supuesta \u201cnaturaleza humana\u201d inevitablemente ego\u00edsta, competitiva y violenta. El segundo, m\u00e1s tranquilizador, consiste en reducir el problema a figuras individuales excepcionalmente crueles, trat\u00e1ndolas como anomal\u00edas morales o patolog\u00edas aisladas, sin interrogar las condiciones estructurales que las seleccionan, legitiman y amplifican.<\/div>\n<div dir=\"auto\">Este ensayo propone una tesis distinta. El da\u00f1o pol\u00edtico masivo no es expresi\u00f3n de la humanidad en general ni producto de enfermedad mental en sentido cl\u00ednico, sino el resultado de la captura del poder por estructuras de car\u00e1cter an\u00f3malas, minoritarias, r\u00edgidas y desprovistas de freno emp\u00e1tico. Estas estructuras se manifiestan principalmente en dos configuraciones: la Codicia Identitaria y el Fanatismo Cerrado. Ambas son compatibles con altos niveles de inteligencia funcional, ambas pueden operar dentro de la legalidad, y ambas producen una alteraci\u00f3n persistente de la paz social.<\/div>\n<div dir=\"auto\">No se trata aqu\u00ed de moralizar el deseo ni de negar la competencia, la ambici\u00f3n o la diferenciaci\u00f3n. Se trata de comprender por qu\u00e9 ciertas configuraciones del car\u00e1cter, cuando acceden al poder, producen sistem\u00e1ticamente crueldad, deshumanizaci\u00f3n y destrucci\u00f3n social, y por qu\u00e9 otras, en contextos igualmente exigentes, no lo hacen.<\/div>\n<h3 dir=\"auto\">Querer m\u00e1s no es codicia<\/h3>\n<div dir=\"auto\">Una primera distinci\u00f3n resulta imprescindible. Querer m\u00e1s no es en s\u00ed mismo problem\u00e1tico. El deseo humano puede orientarse leg\u00edtimamente hacia la expansi\u00f3n, la creaci\u00f3n, el disfrute, la seguridad o la realizaci\u00f3n de proyectos vitales. Se puede querer m\u00e1s porque algo gusta, porque sirve, porque se disfruta, porque se necesita o porque permite sostener una idea. En estos casos, el deseo tiene objeto, tiene sentido y puede detenerse.<\/div>\n<div dir=\"auto\">Puede haber acumulaci\u00f3n abundante, incluso excesiva, sin que exista codicia. La persona que ama la ropa, el maquillaje, los libros, los instrumentos musicales, los objetos deportivos o los sellos, puede acumular mucho sin que su identidad dependa de la posesi\u00f3n exclusiva. El objeto importa por lo que es o por lo que permite. Puede compartirse, regalarse o incluso perderse sin que el yo se fracture.<\/div>\n<h3 dir=\"auto\">La codicia es otra cosa<\/h3>\n<div dir=\"auto\">La codicia no se define por la cantidad, sino por la estructura de la relaci\u00f3n con el objeto. El objeto codiciado s\u00ed importa, pero no por su uso ni por su sentido, sino por dos razones exclusivas: importa porque es m\u00edo, o importa porque quiero que sea m\u00edo. El valor no reside en el objeto, sino en el acto de apropiaci\u00f3n. Tener equivale a ser. Querer tener equivale a prometerse ese ser.<\/div>\n<div dir=\"auto\">Por eso la codicia no se sacia. No porque el mundo sea insuficiente, sino porque ninguna cosa puede sostener una identidad construida exclusivamente desde la posesi\u00f3n. Cada adquisici\u00f3n produce un alivio moment\u00e1neo que se desvanece r\u00e1pidamente. El codicioso no busca satisfacci\u00f3n, busca confirmaci\u00f3n. Y la confirmaci\u00f3n, cuando depende del tener, es estructuralmente inestable.<\/div>\n<h3 dir=\"auto\">Codicia, psicopat\u00eda y car\u00e1cter<\/h3>\n<div dir=\"auto\">Desde una perspectiva antropol\u00f3gica y cl\u00ednica, esta estructura no representa la norma humana. La mayor\u00eda de las personas busca estabilidad, reconocimiento mutuo, v\u00ednculos significativos y previsibilidad b\u00e1sica. La codicia, en cambio, se articula como una fijaci\u00f3n identitaria.<\/div>\n<div dir=\"auto\">Kurt Schneider, en \u00abLas personalidades psicop\u00e1ticas\u00bb, ofrece un punto de partida a\u00fan vigente: no define la psicopat\u00eda como locura ni como enfermedad mental, sino como configuraciones del car\u00e1cter que, por su modo de ser, hacen sufrir a otros o se hacen sufrir a s\u00ed mismas de manera persistente. Sus psic\u00f3patas son l\u00facidos, funcionales y, con frecuencia, socialmente exitosos.<\/div>\n<div dir=\"auto\">La antropolog\u00eda contempor\u00e1nea y la psicolog\u00eda social han profundizado esta intuici\u00f3n sin medicalizarla. Investigaciones sobre rasgos de la llamada tr\u00edada oscura \u2014narcisismo, maquiavelismo y psicopat\u00eda subcl\u00ednica\u2014 muestran que estos perfiles no son mayoritarios, pero s\u00ed \u00abdesproporcionadamente representados en posiciones de poder econ\u00f3mico y pol\u00edtico\u00bb. No porque sean m\u00e1s inteligentes, sino porque toleran mejor la ausencia de empat\u00eda, la instrumentalizaci\u00f3n del otro y la ruptura de l\u00edmites morales compartidos.<\/div>\n<div dir=\"auto\">La codicia, entendida estructuralmente, encaja en este marco. No es un impulso ocasional, sino una organizaci\u00f3n del yo. El objeto codiciado sostiene la identidad. La p\u00e9rdida del objeto equivale a una amenaza ontol\u00f3gica. Compartirlo lo vac\u00eda de sentido. Defenderlo se vuelve imperativo absoluto. El otro se transforma en recurso, competidor u obst\u00e1culo.\u00a0Aqu\u00ed aparece un rasgo decisivo: la inteligencia no corrige esta estructura; la ejecuta.<\/div>\n<h3 dir=\"auto\">La inteligencia al servicio del car\u00e1cter<\/h3>\n<div dir=\"auto\">La inteligencia, por s\u00ed sola, no es \u00e9tica. Es una herramienta y\/o un elemento de la personalidad. Cuando gobierna al car\u00e1cter, introduce reflexi\u00f3n, l\u00edmite y capacidad de revisi\u00f3n. Pero cuando se pone al servicio de un car\u00e1cter fijado por la codicia o el fanatismo, se convierte en acelerador de la patolog\u00eda.<\/div>\n<div dir=\"auto\">En estos casos, la inteligencia optimiza la apropiaci\u00f3n, calcula riesgos, anticipa resistencias, neutraliza obst\u00e1culos y legitima el da\u00f1o mediante discursos t\u00e9cnicos, jur\u00eddicos o ideol\u00f3gicos. No introduce duda moral porque no hay conflicto interno. El \u00e9xito no corrige la codicia; la confirma. El privilegio elimina los l\u00edmites externos. La legalidad se vuelve coartada.\u00a0Por eso la codicia exitosa suele encontrarse con el poder.<\/div>\n<h3 dir=\"auto\">Codicia, fanatismo y alteraci\u00f3n de la paz social<\/h3>\n<div dir=\"auto\">La paz social no es un ideal moral blando ni una utop\u00eda ingenua. Es una condici\u00f3n material de posibilidad para cualquier sociedad humana m\u00ednimamente estable. Implica confianza b\u00e1sica, previsibilidad, reconocimiento del otro como semejante y la expectativa razonable de que el conflicto no ser\u00e1 resuelto sistem\u00e1ticamente mediante la fuerza o la humillaci\u00f3n.<\/div>\n<div dir=\"auto\">La codicia psicop\u00e1tica y el fanatismo psicop\u00e1tico son dos perturbadores estructurales de esta condici\u00f3n. La primera convierte la sociedad en campo de extracci\u00f3n. El segundo convierte al mundo en escenario de guerra simb\u00f3lica permanente.<\/div>\n<div dir=\"auto\">En la codicia institucionalizada, la desigualdad deja de ser un problema a corregir y se transforma en principio organizador. Se naturalizan poblaciones descartables, territorios sacrificables y vidas prescindibles. La violencia no siempre es visible, pero se vuelve estructural.<\/div>\n<div dir=\"auto\">En el fanatismo institucionalizado, la identidad absolutizada exige conflicto permanente. La paz se vuelve sospechosa, el disenso traici\u00f3n, el otro enemigo. El da\u00f1o no es colateral; es necesario.<\/div>\n<div dir=\"auto\">Ambas estructuras comparten la ausencia de empat\u00eda operativa. No se trata de incapacidad emocional, sino de irrelevancia estructural del sufrimiento ajeno en la toma de decisiones. Cuando estas configuraciones capturan el poder, las instituciones dejan de mediar y pasan a dominar. El derecho se vac\u00eda de \u00e9tica. La coerci\u00f3n sustituye a la legitimidad. La vigilancia reemplaza a la confianza.<\/div>\n<div dir=\"auto\">Parad\u00f3jicamente, esta erosi\u00f3n de la paz social termina afectando tambi\u00e9n a quienes parecen beneficiarse de ella. El poder se vuelve m\u00e1s duro y m\u00e1s fr\u00e1gil. Cada decisi\u00f3n exige m\u00e1s control, m\u00e1s violencia preventiva, m\u00e1s aislamiento. La vida pol\u00edtica se convierte en administraci\u00f3n permanente del caos.<\/div>\n<h3 dir=\"auto\">Trump y Netanyahu: dos configuraciones distintas de psicopat\u00eda pol\u00edtica<\/h3>\n<div dir=\"auto\">Donald Trump y Benjamin Netanyahu no deben ser pensados como locos ni como simples villanos. Son figuras excepcionales, an\u00f3malas en sentido estad\u00edstico, no representativas de la humanidad promedio. Ambos ejercen poder real y producen da\u00f1o masivo. Pero lo hacen desde configuraciones distintas.<\/div>\n<div dir=\"auto\">Trump encarna la codicia identitaria pura. Su relaci\u00f3n con el mundo es posesiva. Los objetos \u2014dinero, poder, mujeres, instituciones, pa\u00edses, narrativas\u2014 importan en la medida en que confirman su yo. No gobierna desde una idea, sino desde la necesidad permanente de ganar. Ganar no para lograr algo, sino para existir.<\/div>\n<div dir=\"auto\">El da\u00f1o no es ideol\u00f3gico; es irrelevante. No hay conflicto interno, no hay culpa, no hay l\u00edmite simb\u00f3lico. La inteligencia es t\u00e1ctica, instrumental, al servicio del car\u00e1cter. El caos no le molesta: lo instrumentaliza. La legalidad no lo frena: la usa.<\/div>\n<div dir=\"auto\">Netanyahu, en cambio, no est\u00e1 impulsado por la codicia del yo, sino por el fanatismo de la idea. Su eje no es la apropiaci\u00f3n personal inmediata, sino una cosmovisi\u00f3n cerrada, sacralizada: seguridad, excepcionalidad hist\u00f3rica, enemigo permanente. El mundo se divide en los nuestros, los enemigos y los prescindibles.<\/div>\n<div dir=\"auto\">Aqu\u00ed la inteligencia es estrat\u00e9gica, hist\u00f3rica y discursiva, pero subordinada a la idea absolutizada. El da\u00f1o no es accidente ni exceso: es condici\u00f3n de posibilidad del proyecto. El derecho se convierte en herramienta. La violencia se normaliza. La paz es una amenaza.<\/div>\n<div dir=\"auto\">Trump degrada. Netanyahu sistematiza. Trump necesita ganar. Netanyahu necesita vencer. Ambos carecen de empat\u00eda operativa y ambos confirman que cuando la codicia o el fanatismo se encuentran con el poder, la anormalidad se vuelve destino colectivo.<\/div>\n<h3 dir=\"auto\">Figuras de poder no psicop\u00e1ticas: ejemplos de l\u00edmite y resiliencia<\/h3>\n<div dir=\"auto\">Frente a estas configuraciones, existen ejemplos hist\u00f3ricos \u2014no modelos perfectos\u2014 que muestran otra relaci\u00f3n posible entre car\u00e1cter, inteligencia y poder.<\/div>\n<div dir=\"auto\">Nelson Mandela gobern\u00f3 Sud\u00e1frica tras d\u00e9cadas de apartheid y 27 a\u00f1os de prisi\u00f3n. En un pa\u00eds al borde de la guerra civil, prioriz\u00f3 la paz social como condici\u00f3n de supervivencia colectiva. Su resiliencia consisti\u00f3 en no convertir el da\u00f1o sufrido en dominaci\u00f3n ejercida.<\/div>\n<div dir=\"auto\">Angela Merkel gobern\u00f3 Alemania, potencia central europea, enfrentando crisis sucesivas sin convertir el poder en espect\u00e1culo ni en bot\u00edn identitario. Su liderazgo fue deliberativo, autolimitado y orientado a la estabilidad. La inteligencia gobern\u00f3 al car\u00e1cter.<\/div>\n<div dir=\"auto\">Jos\u00e9 Mujica gobern\u00f3 Uruguay tras una biograf\u00eda marcada por la violencia pol\u00edtica. En lugar de transformar el poder en compensaci\u00f3n narcisista, lo desactiv\u00f3 simb\u00f3licamente. El tener no fund\u00f3 el ser. El adversario no fue deshumanizado.<\/div>\n<div dir=\"auto\">Jacinda Ardern gobern\u00f3 Nueva Zelanda, pa\u00eds peque\u00f1o y sin ambiciones hegem\u00f3nicas, enfrentando terrorismo y pandemia. Integr\u00f3 la empat\u00eda como infraestructura pol\u00edtica. Su resiliencia fue relacional: sostuvo el lazo social bajo presi\u00f3n.<\/div>\n<div dir=\"auto\">Estos ejemplos no niegan el conflicto ni idealizan la pol\u00edtica. Demuestran que el poder no exige psicopat\u00eda, ni codicia, ni fanatismo.<\/div>\n<h3 dir=\"auto\">Conclusiones<\/h3>\n<div dir=\"auto\">Antes de cualquier abstracci\u00f3n te\u00f3rica, la codicia y su l\u00f3gica han sido narradas con una claridad brutal desde hace siglos. Pocas escenas lo muestran con tanta precisi\u00f3n como el cl\u00edmax de \u00abEl mercader de Venecia\u00bb de William Shakespeare.<\/div>\n<div dir=\"auto\">Antonio, el mercader, ha llegado a ese punto no por maldad ni por imprudencia criminal, sino por una concatenaci\u00f3n de decisiones humanas reconocibles: confianza, amistad, riesgo comercial. Para ayudar a su amigo Bassanio, acepta un pr\u00e9stamo de Shylock, un prestamista marginado, humillado durante a\u00f1os por la sociedad veneciana y despreciado p\u00fablicamente por el propio Antonio. El contrato es aparentemente ir\u00f3nico, casi una burla: si la deuda no se paga, Shylock podr\u00e1 cobrar una libra de carne del cuerpo del mercader.<\/div>\n<div dir=\"auto\">El giro tr\u00e1gico ocurre cuando las naves de Antonio se pierden. El dinero no llega. El contrato, sin embargo, sigue vigente. Y Shylock exige su cumplimiento literal.<\/div>\n<div dir=\"auto\">La escena del juicio es insoportable por su precisi\u00f3n psicol\u00f3gica. No hay gritos. No hay desborde emocional. Hay una frialdad quir\u00fargica que anticipa la violencia. Shylock no reclama dinero. No acepta compensaci\u00f3n. No negocia. Quiere la carne.<\/div>\n<div dir=\"auto\">El juez \u2014que luego sabremos es Porcia disfrazada\u2014 intenta comprender. No apela primero a la ley, sino a la raz\u00f3n humana. Le pregunta por qu\u00e9. Por qu\u00e9 insiste en infligir un da\u00f1o tan desproporcionado cuando puede recibir el dinero multiplicado. Por qu\u00e9 quiere esa carne.<\/div>\n<div dir=\"auto\">La respuesta de Shylock es devastadora en su desnudez moral. No ofrece una raz\u00f3n utilitaria. No invoca justicia. No apela a necesidad alguna. Simplemente afirma la propiedad.<\/div>\n<div dir=\"auto\"><\/div>\n<div dir=\"auto\">\u201cThe pound of flesh which I demand of him<\/div>\n<div dir=\"auto\">Is dearly bought; \u2019tis mine, and I will have it.\u201d<\/div>\n<div dir=\"auto\">(Acto IV, Escena I)<\/div>\n<div dir=\"auto\"><\/div>\n<div dir=\"auto\">No dice \u201clo necesito\u201d.<\/div>\n<div dir=\"auto\">No dice \u201ces justo\u201d.<\/div>\n<div dir=\"auto\">Dice: es m\u00edo.<\/div>\n<div dir=\"auto\"><\/div>\n<div dir=\"auto\">Shakespeare condensa aqu\u00ed la l\u00f3gica completa de la codicia psicop\u00e1tica. El objeto importa no por su valor de uso ni por su funci\u00f3n reparadora, sino porque ha sido apropiado. La legitimidad se reduce a la posesi\u00f3n. Tener equivale a poder hacer. El derecho a destruir se deriva del derecho a poseer.<\/div>\n<div dir=\"auto\">La escena se vuelve todav\u00eda m\u00e1s insoportable cuando el juez acepta el contrato en sus propios t\u00e9rminos. Shylock obtiene permiso para cortar la carne. Se le concede exactamente lo que pidi\u00f3. Y es entonces cuando aparece la ansiedad.<\/div>\n<div dir=\"auto\">Por primera vez, Shylock vacila. No por compasi\u00f3n, sino por precisi\u00f3n. Debe cortar exactamente una libra. Ni una gota de sangre m\u00e1s. Ni un gramo menos. El cuerpo humano, reducido a materia contractual, se revela como lo que siempre fue: un l\u00edmite que la codicia no sabe manejar.<\/div>\n<div dir=\"auto\">El mercader, atado, ofrece su pecho. El cuchillo se eleva. El silencio es total. La tensi\u00f3n no est\u00e1 en la violencia expl\u00edcita, sino en la incapacidad del codicioso para controlar las consecuencias de su propio deseo. La ley, llevada a su literalidad absoluta, se vuelve contra quien la invoc\u00f3 sin freno moral.<\/div>\n<div dir=\"auto\">La genialidad de Shakespeare no est\u00e1 en demonizar a Shylock como individuo aislado, sino en mostrar c\u00f3mo llega hasta ah\u00ed. Shylock no nace monstruo. Es humillado, excluido, reducido a estereotipo. Pero en lugar de transformar el da\u00f1o en l\u00edmite, lo transforma en derecho absoluto. El sufrimiento no produce empat\u00eda: produce fijaci\u00f3n.<\/div>\n<div dir=\"auto\">La intenci\u00f3n de Shakespeare no es justificar ni condenar de forma simple. Es mostrar que cuando el mundo se organiza exclusivamente en torno a la propiedad, el contrato y la literalidad legal, la humanidad queda fuera del c\u00e1lculo. El momento en que Shylock dice \u201ces m\u00edo\u201d no es un arrebato: es una confesi\u00f3n ontol\u00f3gica. No sabe decir otra cosa. No puede porque no quiere. El car\u00e1cter manda.<\/div>\n<div dir=\"auto\">Esta escena anticipa con una lucidez aterradora lo que siglos despu\u00e9s veremos en formas institucionales mucho m\u00e1s sofisticadas: cuando la posesi\u00f3n se convierte en fundamento \u00faltimo del derecho, cuando la inteligencia se pone al servicio del car\u00e1cter y no del l\u00edmite, la paz social se rompe desde dentro. No por odio expl\u00edcito, sino por indiferencia estructural.<\/div>\n<div dir=\"auto\">Shakespeare no escribe una alegor\u00eda del mal absoluto. Escribe una advertencia. El cuchillo suspendido sobre el pecho de Antonio no amenaza solo a un individuo, sino a una forma de sociedad que ha confundido legalidad con justicia y propiedad con legitimidad moral.<\/div>\n<div dir=\"auto\">Es desde este punto \u2014no desde la teor\u00eda, sino desde la carne expuesta\u2014 que se vuelve imposible seguir hablando de codicia como simple ambici\u00f3n o como rasgo anecd\u00f3tico. Aqu\u00ed la codicia muestra su n\u00facleo: querer porque es m\u00edo, y querer incluso cuando el precio es la destrucci\u00f3n del otro\u2026 y, finalmente, la propia.<\/div>\n<div dir=\"auto\">La codicia no es querer m\u00e1s. Es querer para ser. Cuando se articula como rasgo estructural del car\u00e1cter y se encuentra con el poder, produce da\u00f1o persistente, no por exceso de humanidad, sino por su reducci\u00f3n.<\/div>\n<div dir=\"auto\">La psicopat\u00eda pol\u00edtica no es una enfermedad mental, sino una anomal\u00eda del car\u00e1cter que las sociedades contempor\u00e1neas siguen seleccionando como ventaja adaptativa. No porque sea mayoritaria, sino porque tolera mejor la ausencia de l\u00edmites, la instrumentalizaci\u00f3n del otro y la erosi\u00f3n de la paz social.<\/div>\n<div dir=\"auto\">Trump y Netanyahu no representan el destino inevitable del liderazgo. Representan configuraciones extremas que, al capturar el poder, revelan la fragilidad \u00e9tica de los sistemas que los legitiman. Mandela, Merkel, Mujica y Ardern muestran que otra relaci\u00f3n entre car\u00e1cter, inteligencia y poder ha sido hist\u00f3ricamente posible.<\/div>\n<div dir=\"auto\">La pregunta final no es psicol\u00f3gica, sino pol\u00edtica y antropol\u00f3gica: qu\u00e9 tipo de humanidad se reproduce cuando el poder recompensa la codicia y el fanatismo, y qu\u00e9 mecanismos colectivos permiten que la inteligencia vuelva a gobernar al car\u00e1cter en lugar de ejecutarlo.<\/div>\n<div dir=\"auto\">La defensa de la paz social no es ingenuidad moral. Es una estrategia de supervivencia colectiva. Incluso \u2014y especialmente\u2014 para quienes creen no necesitarla.<\/div>\n<div dir=\"auto\"><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00abEs algo curioso, Harry, pero quiz\u00e1 quienes est\u00e1n mejor capacitados para ejercer el poder son aquellos que nunca lo han buscado. 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