{"id":261300,"date":"2015-12-23T11:56:49","date_gmt":"2015-12-23T11:56:49","guid":{"rendered":"http:\/\/www.pressenza.com\/es\/?p=261300"},"modified":"2015-12-23T11:56:49","modified_gmt":"2015-12-23T11:56:49","slug":"comentario-al-tratado-de-la-unidad-de-ibn-arabi","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.pressenza.com\/es\/2015\/12\/comentario-al-tratado-de-la-unidad-de-ibn-arabi\/","title":{"rendered":"Comentario al Tratado De La Unidad de Ibn Arabi"},"content":{"rendered":"<p><em><strong>Por Dar\u00edo Menor Torres para WebIslam<\/strong><\/em><\/p>\n<p>Seg\u00fan afirma Roberto Pl\u00e1, traductor y comentarista del \u201cTratado de la Unidad\u201d de Ibn Arabi en la edici\u00f3n de Sirio (2002), este libro es un testimonio particularmente significativo del pensamiento suf\u00ed. Su autor, el murciano Muhiyuddin Ibn El-Arabi (1164-1240) utiliza un hadiz o dicho c\u00e9lebre del Profeta Muh\u00e1mmad como hilo conductor de su obra: \u201cQuien se conoce a s\u00ed mismo conoce a su Se\u00f1or\u201d.<\/p>\n<p>Tras invocar en nombre de Al\u00e1, al que implora su ayuda, Ibn Arabi comienza el \u201cTratado de la Unidad\u201d explicando que s\u00f3lo existe la Unidad. Se\u00f1ala que \u00c9l es el primero y el \u00faltimo, su Singularidad hace que no haya un despu\u00e9s y, por consiguiente, lo convierte en el \u00fanico Siguiente. De esta forma, la Unicidad y Singularidad de \u00c9l describen la eternidad y soledad absolutas propias de la Unidad. Dicha Unidad representa la culminaci\u00f3n del proceso espiritual de los suf\u00edes, el momento en que se llega al Conocimiento, tambi\u00e9n llamado Gnosis, donde se tiene conciencia de que el s\u00ed-mismo es \u00c9l.<\/p>\n<p>Respecto a lo anterior y posterior, en \u00c9l no hay ni antes ni despu\u00e9s. Es el \u00danico que no tiene necesidad de la Unidad, ya que, como sostiene Ibn Arabi, es lo singular pero sin necesidad de la Singularidad. En cuanto a la denominaci\u00f3n, \u00c9l es el nombre y lo denomidado. Dentro de la Realidad \u00daltima que es la Unidad, tanto el objeto como el sujeto son la misma cosa. Igualmente, el s\u00ed-mismo y \u00c9l no son sino dos cosas similares. Una vez claros estos conceptos, se entiende la inconmensurabilidad de \u00c9l, que le hace ser el Primero, sin que haya nada antes, y el \u00daltimo, sin que exista la posterioridad.<\/p>\n<p>Para luchar contra los errados que consideran posible la encarnaci\u00f3n de la divinidad, el autor se\u00f1ala que \u00c9l no est\u00e1 en ninguna cosa y que ninguna cosa est\u00e1 en \u00e9l. Para llegar a conocerle no nos servir\u00e1n las herramientas en que el hombre suele confiar: ciencia, inteligencia, sagacidad o las habilidades de los sentidos. Para comprenderle, s\u00f3lo lo podremos hacer por medio de la intuici\u00f3n. Ser\u00e1 la \u201cLuz de lo Real\u201d, como dijo Ghazali, lo que permitir\u00e1 a nuestras almas alcanzar la Unidad. De esta forma, el conocimiento de \u00c9l es, en cierta manera, un privilegio exclusivo de \u00c9l.<\/p>\n<p>Como narra el autor en un poema, \u201c\u00c9l se ve y se conoce a s\u00ed mismo\u201d, utiliza un velo que es su propia existencia de tal manera que resulta inexplicable para el hombre. Igualmente imposible es la comprensi\u00f3n de la Unidad desde la dualidad. Debido a que la Unidad est\u00e1 fuera de los l\u00edmites de la mente, a \u00e9sta \u00faltima le resulta imposible alcanzar a la primera. S\u00f3lo en el momento en que la mente cesa, aparece la Unidad. Esta misma idea quede probablemente mejor comprendida al a\u00f1adir que no se puede comprender la Unidad pensando, ya que eso no es m\u00e1s que el dualismo. S\u00f3lo sin pensar, gracias a la intuici\u00f3n, a la \u201cLuz de lo Real\u201d que se ha se\u00f1alado antes, se puede llegar a concer a \u00c9l.<br \/>\nComo consecuencia de esta idea de dualidad, se comprender\u00e1 que nadie lo haya visto jam\u00e1s, ya que si puedise verlo esto supondr\u00eda la dualidad. Ning\u00fan profeta ni santo se le acerca. Su existencia, recogida en los textos de la profec\u00eda, no puede dejar de existir, ya que nunca vino a la existencia. En este contexto se entiende la sentencia del Profeta: \u201cQu\u00e9n se conoce a s\u00ed mismo, conoce a su Se\u00f1or\u201d, la cual da sentido a todo el texto de Ibn Arabi. Una de las primeras reflexiones derivadas de esta cita es que al alcanzar a reconocer en la existecia propia esta cualidad de la nada, entonces se es capaz de conocer a Al\u00e1.<\/p>\n<p>Para llegar a esta reflexi\u00f3n, es necesario un reconocimiento de lo que no es. Hay que realizar una b\u00fasqueda larga y prolongada, la cual constituye en realidad la \u00fanica v\u00eda hacia el conocimiento verdadero. En ella hay que renunciar a lo superfluo, despojarnos de los atributos hasta ser capaz de llegar al s\u00ed-mismo puro y desnudo a la vez. Entonces, reconoceremos en la existencia propia la cualidad de la nada. En este momento, en el que nos conocemos a nosotros mismos, podemos concebir nuestra no existencia y, por tanto, no podremos extinguirnos jam\u00e1s. En ese preciso instante, conoceremos a Al\u00e1.<\/p>\n<p>Seg\u00fan se\u00f1ala Roberto Pla, comentarista del libro de Ibn Arabi, esta extinci\u00f3n o apagamiento interior (\u201cfan\u00e2\u201d), constituye uno de los principios b\u00e1sicos del sufismo, ya que gracias a la extinci\u00f3n de la existencia se es capaz de llegar al Conocimiento Supremo o Gnosis. No obstante, Ibn Arabi supera esta afirmaci\u00f3n diciendo que la extinci\u00f3n no es posible, ya que no se puede extinguir lo que no existe. Seg\u00fan sostiene, quien piensa desde una postura dualista considera imprescindible la extinci\u00f3n de su existencia. Pero, si esta existencia no existe realmente, no hay porqu\u00e9 hablar de la extinci\u00f3n de la misma. De esta forma, queda claro que el mismo prop\u00f3sito de la extinci\u00f3n es en s\u00ed mismo dualidad. Si embargo, en el momento en que alguien es capaz de concebir que no existe, ah\u00ed aparece la Gnosis, la Unidad.<\/p>\n<p>Ibn Arabi va incluso m\u00e1s all\u00e1 en sus palabras y califica de id\u00f3latra la atribuci\u00f3n de la Gnosis a la extinci\u00f3n y a la extinci\u00f3n de la extinci\u00f3n. En este punto de la narraci\u00f3n, el comentarista incluye una interesante explicaci\u00f3n de las distintas etapas por las que pasa un disc\u00edpulo sufista buscando extinguir su existencia. En la primera de ellas (\u201csalik\u201d), el viajero avanza por su espiritual sendero, donde practica el arrepentimiento. Durante este proceso, se presiente la existencia de una realidad superior. Este presentimiento, seg\u00fan los suf\u00edes, aparece m\u00e1s gracias a una acci\u00f3n divina que a la ejecuci\u00f3n de la voluntad.<\/p>\n<p>Es la intuici\u00f3n, la \u201cLuz de lo Real\u201d, como se ha se\u00f1alado antes, la que nos ilumina, logrando una objetivaci\u00f3n de todos los estados de la mente. De esta forma, se entra en la segunda etapa (\u201cmacanat\u201d). En ella, los movimientos de la mente, que han quedado antes objetivados, dejan al descubierto su condici\u00f3n de meros atributos temporales. En este momento, el pensamiento, que pasa a comportarse de manera pura y plenamente inocente, da paso a la contemplaci\u00f3n de la nada. Ah\u00ed es cuando se llega a la \u201cbaqa\u201d, el \u201cmorar en Dios\u201d, que se convierte en un motivo de amor que nos guiar\u00e1 a la siguiente etapa, llamada la \u201cextinci\u00f3n de la extinci\u00f3n\u201d (\u201cfan\u00e2 el-fan\u00e2\u2019i\u201d). En este tercer estadio, la mente se ha percatado de la no existencia del s\u00ed-mismo. La culminaci\u00f3n de este proceso nos deja en la Unidad.<\/p>\n<p>La existencia del individuo sigue preocupando m\u00e1s adelante al autor, que advierte: \u201cT\u00fa no existes ahora y tampoco exist\u00edas antes de la creaci\u00f3n del mundo\u201d. La \u00fanica existencia es la de Al\u00e1; una eternidad sin comienzo ni fin. Triple llega a ser la eternidad de \u00c9l: eternidad sin comienzo, eternidad sin fin y preexistencia.<\/p>\n<p>Igual de inconmensurable es la independencia de Al\u00e1. Seg\u00fan sostiene Ibn Arabi, aquel que pretenda que una cosa pueda existir con \u00c9l, est\u00e1 lejos de tener la menor percepci\u00f3n de s\u00ed mismo. Esto es as\u00ed porque el que pretenda que algo distinto de Al\u00e1 pueda existir, desaparecer o extinguirse, se interna en los caminos que conducen a la idolatr\u00eda. \u00c9l no tiene pareja. Si la tuviera, deber\u00eda ser igual que \u00c9l, no una consecuencia, una criatura creada por \u00c9l. Y es que cualquier pensamiento que considere que hay algo independiente de Al\u00e1 se ve sumido en un c\u00edrculo vicioso que lleva, sin remedio, a la idolatr\u00eda.<\/p>\n<p>A la hora de conseguir un m\u00e9todo para conocer el s\u00ed-mismo, es decir, conocer a Al\u00e1, el autor ofrece esta respuesta: \u201cAl\u00e1 es y la nada con \u00c9l. \u00c9l es ahora tal como era\u201d. En cualquier caso, queda diferenciado el alma y los elementos ps\u00edquicos de \u00e9sta, los cuales no son el alma. En la segunda etapa del camino del sufismo, de la que ya se ha hablado antes, el aspirante debe aprender a conocer ese s\u00ed-mismo tal como es. Al eliminar todo lo que no es \u00c9l, todas las cosas se mostrar\u00e1n \u201ctal como son\u201d. Entonces, Al\u00e1 permite ver el s\u00ed-mismo del hombre, el cual no tiene ninguna existencia. Este complejo concepto puede quedar resumido en la sentencia: \u201cAl\u00e1 es y la nada con \u00c9l\u201d, que da por sentado que es necesario disociar los elementos ps\u00edquicos y pensamientos, no realizar ning\u00fan movimiento en el interior de la mente, para llegar al s\u00ed-mismo. Veremos a Al\u00e1 si somos capaces de ver las cosas en su esencia, desnudas de existencia y carentes de tiempo y atributos.<\/p>\n<p>El t\u00e9rmino \u201clas cosas\u201d, antes incluido, puede aplicarse tanto al alma como a cualquier otra cosa. Cuando somos capaces de ver estas cosas en su esencia, entonces sabremos cu\u00e1l es el final de nosotros mismo: que no somos distintos de Al\u00e1. De esta forma, los atributos de \u00c9l son los nuestros. Nuestro interior, nuestro exterior, nuestro comienzo y fin es el Suyo. No obstante, esta identificaci\u00f3n se hace sin convertirnos en \u00c9l y sin que \u00c9l se convierta en nosotros. Esta idea queda mejor comprendida al considerar que, si mi no existencia es la no existencia de \u00c9l, mis atributos son tambi\u00e9n los Suyos. A este concepto se llega mediante las tres fases antes descritas: primera, una separaci\u00f3n del s\u00ed-mismo de sus atributos; segunda, un reconocimiento del s\u00ed-mismo como no existente; tercera y \u00faltima, la identificaci\u00f3n del s\u00ed-mismo con \u00c9l. A este proceso Ibn Arabi a\u00f1ade un eslab\u00f3n perdido. Afirma que si la \u201ccosa tal como es\u201d resulta id\u00e9ntica al Se\u00f1or, tampoco puede ser distinta del Se\u00f1or la \u201ccosa como no es\u201d, esto es, sin atributos. As\u00ed, se entiende que los atributos, aunque no existentes, son tambi\u00e9n \u00c9l. Al comprender esto, se entiende la Realidad, que surge \u00fanica.<\/p>\n<p>Lo \u00fanico permanente es la Faz del Se\u00f1or: no existe nada distinto de \u00c9l, ello no tendr\u00eda existencia. Para llegar a conocerla, no es necesario acabar con la existencia propia, ya que de esta manera te est\u00e1s envolviendo en tu propia extinci\u00f3n, convirti\u00e9ndote en el velo de Al\u00e1. Este velo es algo distinto de Al\u00e1, lo que presupone que puede vencerle y constituye tanto un error como una mentira ya que establace la dualidad. El que ha sido capaz de alcanzar la Realidad, y observa que la Unicidad y la Singularidad son los \u00fanicos velos de Al\u00e1, es consciente de que su alma no existe del todo, ya que al apagarse no queda alma ni existencia salvo la del Se\u00f1or.<\/p>\n<p>Dicha Unicidad queda aclarada al considerar que \u00c9l no tiene ning\u00fan compa\u00f1ero, semejante o equivalente: es demasiado elevado para ello. As\u00ed, quien busca la Realidad debe primero discriminar lo que \u201cno es la Realidad\u201d. Cuando hayamos comprendido y lleguemos al final del sendero, entenderemos que lo no real es, tambi\u00e9n, la Realidad. Esto es porque tanto en el mundo visible como en el invisible no hay m\u00e1s que \u00c9l. Al\u00e1 no es s\u00f3lo un creador, lo es todo. \u00c9l es el nombre y lo que se nombra, el Creador Sublime y de todos los d\u00edas. Se encuentra m\u00e1s all\u00e1 de cualquier condici\u00f3n inteligible, afirma Ibn Arabi, quien considera que hay un estado supramental, fuera de la mente, donde existe una verdadera creaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Para reforzar la idea de Unidad, el autor sostiene que ya que su existencia es fatal, igualmente fatal es la no existencia de algo distinto de \u00c9l, pues la existencia de \u00e9l significa que no existe una bi-existencia que ser\u00eda su semejante. La tesis que prevalece en esta dif\u00edcil sentencia es que: lo distinto de \u00c9l, en realidad, no lo es, ya que lo \u00fanico distinto de \u00c9l es \u00c9l; y que el S\u00ed mismo es id\u00e9ntico a \u00c9l.<\/p>\n<p>Otra sentencia utilizada por el autor para explicar su tesis es: \u201cMorid antes de morir\u201d, es decir, \u201cconoceos a vosotros mismos antes de morir\u201d. En dicha frase prevalece la idea de que s\u00f3lo tras esta muerte puede hallarse la Vida. Esto significa que hay que desprenderse de los atributos, para ello hay dos formas: la muerte real y la muerte figurada. S\u00f3lo cuando la mente ve los atributos como atributos y no como parte de s\u00ed misma, estos atributos dejan de ser interesantes. Cada atributo descubierto es un atributo que muere y, por lo tanto, una parte de nosotros mismo, aunque sea en sentido figurado, tambi\u00e9n muere. De esta forma, el que aniquila su alama y llega a conocerse, ve que toda su existencia es, en realidad, Su existencia. Sabe que no es necesario que sus atributos se conviertan en los Suyos, porque ha comprendido que su propia naturaleza \u00edntima no es \u00e9l mismo.<\/p>\n<p>Al ser consciente de nuestro verdadero \u201cpropium\u201d, se sabe que no somos distintos de Al\u00e1. Mientras tengas una existencia independiente, ser\u00e1s un Se\u00f1or Dios distinto de \u00c9l, advierte Ibn Arabi. Para alcanzar la Unidad, todos los seres deben dejar de ser una existencia independiente, han de comprender que no se es una existencia independiente. Al llegar a conocer el \u201cpropium\u201d se obtiene la certidumbre absoluta de que la existencia no es una realidad ni una \u201cnadidad\u201d, sino que no se es, no se fue ni se ser\u00e1. El \u201cpropium\u201d, el s\u00ed-mismo, se sit\u00faa fuera del campo de la mente, a la cual no le corresponde mirar al s\u00ed-mismo, sino a la inversa. Por este motivo, el hombre s\u00f3lo encuentra vac\u00edo cuando mira en su interior. De esta forma, se entiende de manera completa la primera parte de la shahada: \u201cNo hay Dios si \u00e9ste no es el Dios\u201d.<\/p>\n<p>El orden de la creaci\u00f3n respecto a \u00c9l puede crear un problema que Ibn Arab\u00ed resuelve con habilidad. \u00c9l no cesa de ser Creador ni cesa de ser creado. Estos t\u00edtulos no est\u00e1n condicionados por la existencia de una cosa creada, ya que, antes de la creaci\u00f3n, \u00c9l pose\u00eda todos sus atributos. Esto se debe a que \u00c9l es el Creador y lo creado, por lo que en la Unidad es Se\u00f1or de s\u00ed mismo. Esta Unidad, como se pude suponer, no es mutable ni en el espacio ni en el tiempo. Tampoco muestra diferencias entre la creaci\u00f3n y la preexistencia. Es atemporal, antes de la propia existencia la Unidad permanece id\u00e9ntica a s\u00ed misma.<\/p>\n<p>Al ser capaces de ver nuestro \u201cpropium\u201d somos capaces de concer a \u00c9l realmente. Debemos tratar de conocer nuestro \u201cpropium\u201d, reconocer que en el fondo t\u00fa no eres t\u00fa, pero t\u00fa no lo sabes. Y es que, como se ha se\u00f1alado antes, \u201cQuien se conoce a s\u00ed mismo conoce a su Se\u00f1or\u201d. Para llegar a este punto, hay que tener claro el mecanismo del conocimiento. Dicho conocimiento de s\u00ed mismo es la Gnosis, es ser igual a s\u00ed mismo. Hay que superar la idea equivocada que se tiene de s\u00ed mismo en la mente y llegar a una idea de s\u00ed mismo real, que no caiga en el dualismo.<\/p>\n<p>Una vez se ha llegado a este punto, se es consciente de que los movimientos de la menta dejan de tener inter\u00e9s y se pasa a un estado de cesaci\u00f3n, de ausencia de idea de la existencia propia e individual. Este estado nos lleva a una observaci\u00f3n de la Unidad donde no existe un yo o un t\u00fa, donde nada es distinto de \u00c9l. Donde se toma conciencia de que nuestra existencia no es en realidad nuestra existencia ni nuestra no existencia, donde asumimos que la existencia y la \u201cnadidad\u201d constituyen Su Existencia absoluta. Nuestro ser o nuestra nada est\u00e1n compuestos por Su Existencia. De esto nos damos cuenta cuando vemos que las cosas no son distintas de nuestra existencia o de la Suya, en el momento en que conocemos nuestra alma, nuestro \u201cpropium\u201d. As\u00ed, la Gnosis no es un conocimiento del intelecto, sino el resultado de la realizaci\u00f3n interior y exterior.<\/p>\n<p>Al tratar de entender c\u00f3mo se opera la Uni\u00f3n, la respuesta es que, en realidad, no existe uni\u00f3n ni separaci\u00f3n, igual que no hay alejamiento ni aproximaci\u00f3n. Pese a que la idea de Uni\u00f3n comporta la existencia de dos cosas, Al\u00e1 est\u00e1 exento de toda semejanza. Por tanto, hay uni\u00f3n sin que aparezca la unificaci\u00f3n. Una duda similar surge al considerar c\u00f3mo existe fusi\u00f3n sin fusi\u00f3n. Ibn Arabi responde explicando que el conocimiento de nuestro \u201cpropium\u201d nos abre los ojos al hacer que nos demos cuenta de que nosotros somos \u00c9l. Al llegar a Al\u00e1, tomamos conciencia de que somos Al\u00e1.<\/p>\n<p>El que conoce y lo que es conocido son id\u00e9nticos. Conocer y ser conocido es lo mismo. La explicaci\u00f3n, como no pod\u00eda ser de otra manera, viene de la frase que da sentido a la obra: \u201cQuien se conoce a s\u00ed mismo, conoce a su Se\u00f1or\u201d. No hay uni\u00f3n ni fusi\u00f3n: el que sabe es \u00c9l, y el que es sabido tambi\u00e9n es \u00c9l. Al comprender esto de manera global, se evita una de las mayores idolatr\u00edas. Y es que la creencia de que existe algo distinto de \u00c9l y que aquello puede llegar a apagarse o encenderse, constituye idolatr\u00eda.<\/p>\n<p>Como se ha se\u00f1alado antes, para llegar al conocimiento, a la paz, hay que dejar de razonar y comprender que s\u00f3lo por la Luz de la intuici\u00f3n llegaremos a nuestra meta. Dios ha proyectado en el coraz\u00f3n del hombre un rayo de su propia Luz divina, la cual seremos capaces de ver gracias a la purificaci\u00f3n, y que nos guiar\u00e1 hacia el conocimiento absoluto. Esta intuici\u00f3n, se\u00f1ala Ibn Arabi, reside en el coraz\u00f3n, un coraz\u00f3n metaf\u00f3rico que nos lleva al discernimiento, al conocimiento superior de la Gnosis. El coraz\u00f3n es, en definitiva, el puente hacia Dios, el \u00f3rgano donde reside el sentido espiritual.<\/p>\n<p>El hecho de que algo que es distinto de Al\u00e1 puede llegar a conocerle presenta una cuesti\u00f3n compleja de la que se hace cargo el autor. Ibn Arabi considera que la existencia de un hombre no es la suya, ni la del otro, sino la de Al\u00e1. Como se ha se\u00f1alado antes, no hay nada distinto de la Unidad. Tampoco existe nada por s\u00ed mismo, ya que ello supondr\u00eda creer que se ha creado a s\u00ed mismo, que no debe su poder a Al\u00e1, y esto, como no podr\u00eda ser de otra manera, constituye un absurdo. Para comprender mejor estos conceptos, no hay que olvidar que la existencia que conocemos es limitada, es s\u00f3lo una parcela de la Existencia absoluta. No obstante, es importante observar que el conocimiento que posee el que conoce su \u201cpropium\u201d es el conocimiento que Al\u00e1 posee de Su \u201cpropium\u201d, porque Su \u201cpropium\u201d no es distinto de \u00c9l. Esto se debe a que el fundamento de la existencia es que el Dios interior y el Dios exterior son uno mismo.<\/p>\n<p>Cuando el hombre se ve a s\u00ed mismo distinto de Al\u00e1 est\u00e1 cometiendo un error, originado por la idea previa err\u00f3nea que se tiene de Dios y del s\u00ed-mismo.<\/p>\n<p>En la \u00faltima parte del \u201cTratado de la Unidad\u201d, Ibn Arabi recuerda que la existencia de todas las cosas es, al mismo tiempo, Su existencia. Tambi\u00e9n da claves para el camino suf\u00ed, aclarando que \u201cel que ve\u201d y \u201cel que es visto\u201d son todos lo mismo. As\u00edmismo, el autor recuerda que no dedica sus palabras a los que no tienen intenci\u00f3n ni finalidad alguna, le basta con recordar que el que ha llegado al grado espiritual que es necesario para comprender sabe muy bien que nada existe fuera de Al\u00e1. No obstante, Al\u00e1 se muestra inalcanzable: las palabras, las miradas no pueden alcanzarle. El \u00fanico que le alcanza es \u00c9l, el \u00fanico en comprender su \u201cnaturaleza \u00edntima\u201d. Realiza el autor en su resumen una interesante divisi\u00f3n entre los hombres, entre los que buscan conocimiento y entre los que ni siquiera sospechan que tal conocimiento existe. A ambos, Ibn Arabi les recuerda que nada existe fuera de Al\u00e1 y que no ven m\u00e1s que Al\u00e1 en todo cuanto ven. Para el que ha llegado a ese conocimiento, pero a\u00fan no lo sabe, es suficiente una ligera indicaci\u00f3n, la intuici\u00f3n, para que su Luz pueda llegar a encontrar el verdadero camino.<\/p>\n<p><strong>Dar\u00edo Menor Torres es Experto Profesional por la UNED en \u201cCultura, Civilizaci\u00f3n y Religi\u00f3n Isl\u00e1micas\u201d<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Dar\u00edo Menor Torres para WebIslam Seg\u00fan afirma Roberto Pl\u00e1, traductor y comentarista del \u201cTratado de la Unidad\u201d de Ibn Arabi en la edici\u00f3n de Sirio (2002), este libro es un testimonio particularmente significativo del pensamiento suf\u00ed. 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