{"id":200368,"date":"2015-07-07T12:17:39","date_gmt":"2015-07-07T11:17:39","guid":{"rendered":"http:\/\/www.pressenza.com\/?p=200368"},"modified":"2015-07-07T12:17:39","modified_gmt":"2015-07-07T11:17:39","slug":"comprender-como-nos-manipulan","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.pressenza.com\/es\/2015\/07\/comprender-como-nos-manipulan\/","title":{"rendered":"Comprender c\u00f3mo nos manipulan"},"content":{"rendered":"<p><em><strong>Por Ignacio Ramonet para La Jornada (v\u00eda rebelion.org)<\/strong><\/em><\/p>\n<p>Se cumplen 80 a\u00f1os de la primera edici\u00f3n (1935) en lengua espa\u00f1ola de la gran novela rupturista <i>Un mundo feliz<\/i> (se hab\u00eda publicado tres a\u00f1os antes en ingl\u00e9s), del fil\u00f3sofo y escritor visionario Aldous Huxley.<\/p>\n<p>Y ante tanta <q>felicidad artificial<\/q> en nuestros d\u00edas, tantas manipulaciones y tantos condicionamientos contempor\u00e1neos, cabe preguntarse: \u00bfser\u00e1 \u00fatil releer hoy <i>Un mundo feliz<\/i>? \u00bfEs acaso necesario retomar un libro publicado hace m\u00e1s de 80 a\u00f1os, en una \u00e9poca tan alejada de nosotros que Internet no exist\u00eda e incluso la televisi\u00f3n a\u00fan no hab\u00eda sido inventada? \u00bfEs esta novela algo m\u00e1s que una curiosidad sociol\u00f3gica, un <i>best seller <\/i>ordinario y ef\u00edmero del que se vendieron, en el a\u00f1o de su publicaci\u00f3n, en ingl\u00e9s, m\u00e1s de un mill\u00f3n de ejemplares?<\/p>\n<p>Estas cuestiones parecen tanto m\u00e1s pertinentes cuanto que el g\u00e9nero al que pertenece la obra \u2013la distop\u00eda, la f\u00e1bula de anticipaci\u00f3n, la utop\u00eda cientifico-t\u00e9cnica, la ciencia ficci\u00f3n social\u2013 posee un grado muy alto de obsolescencia. Pues nada envejece con mayor rapidez que el futuro. Sobre todo en literatura.<\/p>\n<p>Sin embargo, si alguien, superando estas cient\u00edfico, se vuelve a sumergir en las p\u00e1ginas de esa novela se quedar\u00e1 estupefacto por su sorprendente actualidad. Constatando que, por una vez, el pasado ha atrapado el presente. Recordemos que el autor, Aldous Huxley (1864\u2013 1963), narra una historia que transcurre en un futuro muy lejano, hacia el a\u00f1o 2 mil 500, o, con mayor precisi\u00f3n, <q>hacia el a\u00f1o 600 de la era fordiana<\/q>, en alusi\u00f3n sat\u00edrica a Henry Ford (1863-1947), el pionero estadunidense de la industria automovil\u00edstica (de la que una c\u00e9lebre marca de coches sigue llevando su nombre), inventor de un m\u00e9todo de organizaci\u00f3n del trabajo para la fabricaci\u00f3n en serie y de la estandarizaci\u00f3n de las piezas. M\u00e9todo \u2013el fordismo\u2013 que transform\u00f3 a los trabajadores en poco menos que aut\u00f3matas o en robots que repiten a lo largo de la jornada un \u00fanico y mismo gesto. Lo cual suscit\u00f3, ya en la \u00e9poca, violentas cr\u00edticas; pensemos, a este respecto, por ejemplo, en las pel\u00edculas <i>Metr\u00f3polis <\/i>(1926), de Fritz Lang, o <i>Tiempos modernos<\/i> (1935), de Charles Chaplin.<\/p>\n<p>Aldous Huxley escribi\u00f3 <i>Un mundo feliz<\/i>, visi\u00f3n pesimista del porvenir y cr\u00edtica feroz del culto positivista a la ciencia, en un momento en el que las consecuencias sociales de la gran crisis de 1929 afectaban de lleno a las sociedades occidentales, y en el que la credibilidad en el progreso y en los reg\u00edmenes democr\u00e1ticos capitalistas parec\u00eda vacilar.<\/p>\n<p>Editado en ingl\u00e9s antes de la llegada de Adolf Hitler al poder en Alemania (1933), <i>Un mundo feliz<\/i> denuncia la perspectiva pesadillesca de una sociedad totalitaria fascinada por el progreso cient\u00edfico y convencida de poder brindar a sus ciudadanos una felicidad obligatoria. Presenta una visi\u00f3n alucinada de una humanidad deshumanizada por el condicionamiento a lo Pavlov y por el placer al alcance de una p\u00edldora (<q>el soma<\/q>). En un mundo horriblemente perfecto, la sociedad decide totalmente, con fines eugen\u00e9sicos y productivistas, la sexualidad de la procreaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Una situaci\u00f3n no tan alejada de la que conocen hoy algunos pa\u00edses en donde los efectos de la crisis de 2008 est\u00e1n provocando (en Europa sobre todo) la subida de partidos de extrema derecha, xen\u00f3fobos y racistas. Donde las p\u00edldoras anticonceptivas permiten ya un amplio control de la natalidad. Y donde nuevas p\u00edldoras (Viagra, Lybrido) dopan el deseo sexual y lo prolongan hasta m\u00e1s all\u00e1 de la tercera edad. Por otra parte, las manipulaciones gen\u00e9ticas permiten cada vez m\u00e1s a los padres la selecci\u00f3n de embriones para engendrar hijos en funci\u00f3n de criterios predeterminados, est\u00e9ticos, entre otros.<\/p>\n<p>Otra sorprendente relaci\u00f3n con la actualidad es que la novela de Huxley presenta un mundo donde el control social no da cabida al azar, donde, formadas con el mismo molde, las personas son <q>cl\u00f3nicas<\/q>, pues se producen en serie, la mayor\u00eda tiene garantizado el confort y la satisfacci\u00f3n de los \u00fanicos deseos que est\u00e1 condicionada a experimentar, pero donde se ha perdido, como dir\u00eda Mercedes Sosa, la raz\u00f3n de vivir.<\/p>\n<p>En <i>Un mundo feliz<\/i>, la americanizaci\u00f3n del planeta, ha culminado; la historia ha terminado (como lo afirmara m\u00e1s tarde Francis Fukuyama), todo ha sido estandarizado y fordizado, tanto la producci\u00f3n de los seres humanos, resultado de puras manipulaciones gen\u00e9tico-qu\u00edmicas, como la identidad de las personas, producida durante el sue\u00f1o por hipnosis auditiva: la <q>hipnopedia<\/q>, que un personaje en el libro califica de <q>la mayor fuerza socializante y moralizante de todos los tiempos<\/q>.<\/p>\n<p>Se <q>producen<\/q> seres humanos, en el sentido industrial del t\u00e9rmino, en f\u00e1bricas especializadas \u2013los <q>centros de incubaci\u00f3n y condicionamiento<\/q>\u2013, seg\u00fan modelos variados, que dependen de las tareas muy especializadas que ser\u00e1n asignadas a cada uno y que son indispensables para una sociedad obsesionada por la estabilidad.<\/p>\n<p>Desde su nacimiento, cada ser humano es adem\u00e1s educado en unos <q>centros de condicionamiento del Estado<\/q>, en funci\u00f3n de los valores espec\u00edficos de su grupo, mediante el recurso masivo a la hipnopedia para manipular el esp\u00edritu, crear en \u00e9l <q>reflejos condicionados definitivos<\/q> y hacerle aceptar su destino.<\/p>\n<p>Aldous Huxley ilustraba as\u00ed, en esa obra, los riesgos impl\u00edcitos en la tesis que ven\u00eda formulando desde 1924 John B. Watson, el padre del <q>conductismo<\/q>, esa pretendida <q>ciencia de la observaci\u00f3n y control del comportamiento<\/q>. Watson afirmaba, con frialdad, que pod\u00eda elegir al azar en la calle a un ni\u00f1o saludable y transformarlo, a su elecci\u00f3n, en doctor, abogado, artista, mendigo o ladr\u00f3n, cualquiera que fuera su talento, sus inclinaciones, sus capacidades, sus gustos y el origen de sus ancestros.<\/p>\n<p>En <i>Un mundo feliz<\/i>, que es fundamentalmente un manifiesto humanista, algunos vieron tambi\u00e9n, con raz\u00f3n, una cr\u00edtica \u00e1cida a la sociedad estalinista, a la utop\u00eda sovi\u00e9tica construida con mano de hierro. Pero tambi\u00e9n hay, claramente, una s\u00e1tira a la nueva sociedad mecanizada, estandarizada, automatizada que se montaba en esa \u00e9poca en Estados Unidos, en nombre de la modernidad t\u00e9cnica.<\/p>\n<p>Sumamente inteligente y admirador de la ciencia, Huxley expresa, sin embargo, en esta novela, un profundo escepticismo respecto de la idea de progreso, una desconfianza hacia la raz\u00f3n. Frente a la invasi\u00f3n del materialismo, el autor entabla una interpelaci\u00f3n feroz a las amenazas del cientificismo, el maquinismo y el desprecio a la dignidad individual. Claro que la t\u00e9cnica asegurar\u00e1 a los seres humanos un confort exterior total, de notable perfecci\u00f3n, estima Huxley con desesperada lucidez. Todo deseo, en la medida en que podr\u00e1 ser expresado y sentido, ser\u00e1 satisfecho. Los seres humanos habr\u00e1n perdido su raz\u00f3n de ser. Se habr\u00e1n transformado a s\u00ed mismos en m\u00e1quinas. Ya no se podr\u00e1 hablar en sentido estricto de <q>condici\u00f3n humana<\/q>.<\/p>\n<p>Pero s\u00ed de <q>condicionamiento<\/q>, que no ha cesado de intensificarse desde la \u00e9poca en que Huxley public\u00f3 este libro y anunci\u00f3 que, en el futuro, ser\u00edamos manipulados sin que nos di\u00e9semos cuenta de ello. En particular, por la publicidad. Mediante el recurso a mecanismos sicol\u00f3gicos y gracias a t\u00e9cnicas bien rodadas, los <i>Mad men<\/i> de la publicidad consiguen que compremos un producto, un servicio o una idea. De ese modo nos convertimos en personas previsibles, casi teledirigidas. Y felices.<\/p>\n<p>Confirmando esas tesis de Huxley, a mediados de la d\u00e9cada de 1950, Vance Packard public\u00f3 <i>The hidden persuaders<\/i> (<i>La persuasi\u00f3n clandestina<\/i>), y Ernest Dichter y Louis Cheskin denunciaron que las agencias de publicidad intentaban manipular el inconsciente de los consumidores. En particular mediante el uso de la <q>publicidad subliminal<\/q> en los medios de comunicaci\u00f3n masivos. El 30 de octubre de 1962 se llev\u00f3 a cabo una verdadera prueba que demostraba la eficacia de la publicidad subliminal: durante una pel\u00edcula se lanzaba cada cierto tiempo mensajes <q>invisibles<\/q> acerca de unos productos. Las ventas de dichos productos aumentaron.<\/p>\n<p>Actualmente, la <q>publicidad subliminal<\/q> ha avanzado y existen t\u00e9cnicas m\u00e1s sofisticadas y hasta m\u00e1s perversas para manipular la mente del ser humano. Por ejemplo, mediante los colores que modifican nuestras percepciones e influyen sobre nuestras decisiones. Los especialistas en <i>marketing<\/i> lo saben y utilizan sus efectos para orientar nuestras compras.<\/p>\n<p>En un experimento conocido de finales de los a\u00f1os 60, Louis Cheskin, director del Color Research Institute, pidi\u00f3 a un grupo de amas de casa que probaran tres cajas de detergentes y que decidieran cu\u00e1l de ellas daba mejor resultado con las prendas delicadas. Una era amarilla, la otra azul y la tercera azul con puntos amarillos. A pesar de que las tres conten\u00edan el mismo producto, las reacciones fueron distintas. El detergente de la caja amarilla se juzg\u00f3 <q>demasiado fuerte<\/q>, el de la azul se consider\u00f3 que <q>no ten\u00eda fuerza para limpiar<\/q>. Gan\u00f3 la caja bicolor.<\/p>\n<p>En otra prueba se dieron dos muestras de cremas de belleza a un grupo de mujeres. Una en un recipiente rosa, y otra en uno de color azul. Casi 80 por ciento de las mujeres declararon que la crema del bote rosa era m\u00e1s fina y efectiva que la del bote azul. Nadie sab\u00eda que la composici\u00f3n de las cremas era id\u00e9ntica. \u201cNo es una exageraci\u00f3n decir que la gente no s\u00f3lo compra el producto <i>per se<\/i>, sino tambi\u00e9n por los colores que lo acompa\u00f1an. El color penetra en la psique del consumidor y puede convertirse en est\u00edmulo directo para la venta\u201d, escribe el publicista Luc Dupont en su libro <i>1001 trucos publicitarios<\/i>.<\/p>\n<p>Cuando la empresa productora del jab\u00f3n Lux empez\u00f3 a vender en color rosa, verde, turquesa, sustituyendo la pastilla habitual de color amarillo, se convirti\u00f3 en n\u00famero uno de jabones de belleza en el mercado. Los nuevos colores suger\u00edan delicadeza y cuidado, intimidad y cari\u00f1o, y los consumidores se mostraron entusiastas. Recientemente, McDonald\u2019s dej\u00f3 su m\u00edtico color rojo (tonalidad apreciada por los m\u00e1s peque\u00f1os y que suele estimular el hambre) a favor del verde, en un intento por reposicionar su marca hacia la comida saludable y un estilo de vida sostenible.<\/p>\n<p>La lectura de <i>Un mundo feliz<\/i> nos alerta contra todas estas agresiones. Sin olvidarse de las manipulaciones medi\u00e1ticas. Esta novela tambi\u00e9n puede verse como una s\u00e1tira muy pertinente de la nueva sociedad delirante que se est\u00e1 construyendo hoy d\u00eda en nombre de la <q>modernidad<\/q> ultraliberal. Pesimista y sombr\u00edo, el futuro visto por Aldous Huxley nos sirve de advertencia y nos alienta, en la \u00e9poca de las manipulaciones gen\u00e9ticas, a la clonaci\u00f3n y la revoluci\u00f3n de lo viviente, a vigilar de cerca los actuales progresos cient\u00edficos y sus potenciales efectos destructivos.<\/p>\n<p><i>Un mundo feliz<\/i> nos ayuda a comprender mejor el alcance de los riesgos y peligros que se presentan ante nosotros cuando de nuevo, en todos lados, <q>progresos cient\u00edficos y t\u00e9cnicos<\/q> nos enfrentan a desaf\u00edos ecol\u00f3gicos que hacen peligrar el futuro del planeta. Y de la especie humana.<\/p>\n<p>Fuente: <a href=\"http:\/\/www.jornada.unam.mx\/2015\/06\/27\/index.php?section=opinion&amp;article=022a1mun\" target=\"_blank\">http:\/\/www.jornada.unam.mx\/2015\/06\/27\/index.php?section=opinion&amp;article=022a1mun<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Ignacio Ramonet para La Jornada (v\u00eda rebelion.org) Se cumplen 80 a\u00f1os de la primera edici\u00f3n (1935) en lengua espa\u00f1ola de la gran novela rupturista Un mundo feliz (se hab\u00eda publicado tres a\u00f1os antes en ingl\u00e9s), del fil\u00f3sofo y 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